LaHora

El Maestro Prieto y su Sancocho de Pescado Fresco.


*José Rodríguez Suniaga.

Afortunadamente, desde muy joven, tuve la dicha y el honor de compartir espacios y encuentros prolongados con el Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa. Ello me permitió, además de afianzar mi admiración y profundo apego a su magistral obra, conocer también su lado humorístico y la genialidad de sus ocurrencias. En cierta ocasión el Maestro Prieto vino a la Isla de Margarita y permaneció aquí varias semanas. Esto, con el propósito de refrescar ideas y situaciones para la culminación de su excelente trabajo poético, Isla de Azul y Viento. Un día me invitó lo acompañara a la población de Boca de pozo, Península de Macanao, Municipio pesquero del Estado Nueva Esparta. Allí acudimos en compañía de Leopoldo Espinoza Prieto, Felipe Natera W. y Carlos Brito, chofer del vehículo que le asignara para esa oportunidad y misión el Profesor Alberto Bittar, quien para la época fungía de Presidente Del Concejo Municipal del Distrito Mariño. El Maestro Prieto aprovechó su presencia en Boca de Pozo para hacerle entrega de cajas contentivas de libros, folletos, revistas y periódicos a la recién inaugurada biblioteca de esa comunidad, la cual llevaba su nombre. Concluida la entrega, los encargados de la biblioteca nos invitaron a almorzar, ofreciéndonos para ello, sancochos de pescado fresco y de gallina. El Maestro Prieto, Felipe Natera y yo preferimos pescado y Leopoldo y el señor Brito optaron por gallina. Al servir los sancochos, observamos en los platos de los de pescado que al lado de grandes ruedas de Sierra, nadaban trozos de zanahoria, papas y repollo, cosa inaceptable en un sancocho de pescado oriental y menos margariteño. Inmediatamente notamos la sorpresa y disgusto del Maestro, quien tomando una cuchara extrajo los referidos vegetales y los arrojó en la cesta de las arepas; luego tomó una de las arepas, se las migó a la sopa y se la comió. Leopoldo nos alertó sobre la calentura de Prieto. Nadie comentó nada y terminamos nuestras comidas en silencio absoluto. Nos despedimos de nuestros anfitriones y emprendimos la marcha de regreso. Así fuimos dejando atrás Boca Chica, El Manglillo, Guayacancito, El Horcón, Boca del Rio y al llegar a la altura de Chacachacare, el Maestro Prieto le pidió al chofer que entrara a esa población para observar y refrescar las actividades del astillero de esa comunidad. Al descender del carro, Leopoldo, creyendo que se había roto la tensión, producto de la sopa de pescado, expresó: “qué bueno estaba el sancocho que nos brindaron en Boca de Pozo”. A lo que Prieto al rompe respondió… – Sería la tuya, Leopoldo José…- ¿A quien se le ocurre que en la meca del pescado se le eche zanahoria, papas y repollo a un sancocho de pescado fresco?…- Mira, prosiguió prieto, – El sancocho de pescado fresco es con topocho tierno y ají dulce…no importa que no lleve pescado…Ah sí le ponen pescado mejor!. *Socióloga. Docente Universitario.

Articulista. cheitocarobo1957@gmail.com

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