LaHora

El Taparo: Un árbol útil aún

Por Cruz Moreno

Pese a que en estos tiempos que estamos viviendo donde el plástico, el vidrio y el acero se han impuesto en una multiplicidad de utensilios y diversas formas y herramientas para usos caseros y personal, aún quedan pequeños espacios para aquellas que proceden de un modesto árbol, mejor conocido como la tapara o taparo, es muy común verlo en predios, solares y fondos de casas en Guacuco y sus alrededores.

En mis tiempos de niño resultaba muy común tomar guarapo, una especie de bebida hecha colando de nuevo el café, es decir poniendo a hervir la borra a la que se agregaba un trocito de papelón y con eso se mojaba un pedazo de pan, era el desayuno para ir a la escuela y el entrenamiento inicial para convertirse en adulto bebedor de café. Que tiempos aquellos.

Recuerdo que ese guarapo se tomaba en totumas, el utensilio anterior al pote, al pocillo y luego a la elegante tasa , con las que hoy seguimos disfrutando de un buen café desde las primeras horas de la mañana.

Es pasar un día mal salir de casa sin disfrutar de varios sorbos de café, temprano en el día, cuando se disfruta de una arepa rellena para salir a batirse por la vida.

Algunos preparados muy populares que se vendían por las calles de muchos pueblos de Oriente y por encargo y de consumo muy alto en aquellos tiempos, como el majarete y el arroz con coco, se vendían envasados en pequeñas totumas y toporos de cocos.

En aquellos años de muchacho la totuma tenía demasiado valor. Fue el envase para disponer del agua para un refrescante baño en los patios de las casas. Permitía sacar el líquido de un tambor viejo que servía de depósito. No había baños como tales. Ciertas necesidades se hacían en letrinas y el baño era al aire libre. Se construía un tinglado con palmeras o láminas de cualquier material que servía para tapar, al fondo de las casas y allí se bañaba la gente.

A veces lo hago en el fondo de la casa en Guacuco: disfrutar de un placentero baño al aire libre siempre me ha gustado. Es como recordar aquellos viejos tiempos.

La totuma, que se fabricaba con las taparas, procedente de este modesto árbol. Lo de modesto es porque no es tan alto. Tiende a ser pequeño y pequeño da sus flores y en poco tiempo lo vemos cargado de unas bolas verdes que con paso de los días se van madurando y gotean. Caen al suelo la útiles taparas.

Recuerdo haber visto cantimploras hechas con ese fruto, muy originales, con su tapón de corcho. Dicen que el agua se conservaba muy, pero muy fresca para calmar la sed , como la de los tinajeros de antaño. Las maracas, que como dicen los grandes chefs, ha hecho maridaje con el cuatro, es simbólico de lo propiamente nacional, compañero obligado de parrandas y del acompañamiento cuando en familia le cantamos a alguien el cumpleaños feliz.

Soy amante del cuatro, su sonido y me siento muy orgulloso de haber sido alumno del maestro Freddy Reyna. Para mi, el mayor exponente de este prodigioso instrumento de 4 cuerdas..

Ese modesto instrumento, las marcas, que suenan como la cola de un cascabel y que las fabrican introduciendo en ellas unas semillas secas de una plantita muy hermosa que llaman capacho. Le permiten emitir un sonido muy particular al cual se une la habilidad que tenga el maraquero, ejecutante de este instrumento.

Hay personajes que las hacen sonar de tal manera que se constituyen en un verdadero espectáculo por si sólo.

Las maracas y su sonido le ponen mucho sabor al joropo y por supuesto a la gaita y al galerón margariteño.
En la via para Guacuco hay un personaje que desde hace mucho tiempo se dedica a construir diversos utensilios y los coloca a la venta, junto a varias especies vegetales, en un modesto puesto de venta, lo que muestra que pese a los cambios de usos y costumbres aún la tapara es un árbol util.

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