LaHora

Una historia que contar …

Ernesto Sánchez Carmona

La mudanza de Cubagua a Rio Hacha, las reglas de la explotación indiana y la Caja de las 3 Llaves

En su tercer viaje, Colón adquirió unas perlas mediante trueque en las costas de Cumaná, frente a la isla Margarita. Estos hallazgos, pronto se difundieron en España y los comerciantes de Sevilla organizaron empresas, las que empezaron a equipar para iniciar las actividades de buceo. Fue el inicio de las sociedades perleras en las Indias. Desde sus comienzos en 1502, eran rancherías de palma y vara, tinglados simples y precarios para apenas guarecerse del fuerte viento y el sol inclemente. La primera aldea española establecida en 1520, en Cubagua se llamó Villa de Santiago, deviniendo luego como Nueva Cádiz en lo que llamaron “costa de las perlas”. Estas gemas eran de pequeño tamaño y se pescaban en cantidades numerosas[1].

La extracción perlera en Cubagua alcanzó su más alto apogeo entre 1530 y 1535; poco después se agotaron. Posteriormente, de Cubagua la actividad pasó a la isla La Margarita y a la costa continental de las actuales Venezuela y Colombia. En las islas, había bancos perlíferos que se extendían desde Río Hacha hasta el Cabo de la Vela.  Los habitantes de La Española (Santo Domingo) y de Puerto Rico (San Juan), se apoderaron del negocio perlero en el Caribe y, apoyados en Reales Cédulas, monopolizaron la explotación de los bancos de ostras.

Al principio se obtuvieron mediante el trueque, pero pronto los hispanos llegaron a establecerse en los sitios cercanos. El rey devengaba del quinto real unos 100,000 ducados sólo de las pesquerías venezolanas, lo cual revela la importancia económica que estas habían adquirido en la temprana época colonial. Conociendo de esta nueva fuente de riqueza, Felipe II promulgó en 1591 un reglamento para la explotación racional de las perlas.

Uno de los grandes problemas con el control Real sobre las perlas, era su facilidad para esconderlas y contrabandearlas. Una Real Cédula de 1528, pedía información al gobernador de Santa Marta, sobre Rodrigo de Bastidas, quien, cuando fue gobernador de esa provincia, hacía que a escondidas, le llevaran oro y rescates y joyas por la noche, para que los oficiales reales no pudieran saber lo que entraba en su poder y así no pagar debidamente el quinto real. Se ordenó que de allí en adelante el oro, perlas y otros rescates se evalúen debidamente.

Para 1588, el obispo de Santa Marta fray Sebastián de Ocando, contaba con sus propias canoas perleras y sugería a los explotadores de perlas, que se negaran a pagar el quinto real. En las costas e islas de Venezuela y Colombia, se utilizó mano de obra indígena esclavizada, para lo cual los organizaban en cuadrillas que subían a canoas u otras embarcaciones apropiadas y los llevaban al mar. Para evitar que flotaran, eran obligados a atarse sobre sus espaldas dos piedras, cada una a un costado, asidas a una cuerda; cuando requerían subir a la superficie, simplemente desechaban las piedras. Después de recibir alimento, se sumergían en varias ocasiones y regresan a sus canoas a entregar al mayordomo el producto de su buceo. Fernández de Oviedo indica, que se mantenían sumergidos por espacio de una hora, pero los investigadores han comprobado que esto es imposible. A los buzos se les obligaba a mantener su castidad porque de lo contrario tendían a flotar y se les hacía difícil sumergirse, esto les obligaba a la separación familiar forzada.

En esta primera etapa, se experimentó con la creación de equipo para extraer las perlas. Nicolás Federmann, conquistador de Venezuela hizo pruebas en el Cabo de la Vela con una rastra o red barredera de su invención, pero fracasó, por lo cual se recurrió a la mano de obra indígena y negra. También hubo otros inventores en España, Italia y Francia que ofrecían estos servicios de aparatos submarinos que anticiparon la campana de buceo, pero según el historiador alemán Richard Konetzke (1897-1980), estos intentos fracasaron.

Aún en el siglo XVIII, se continuaba sacando perlas en las costas de Margarita y Rio Hacha[2]. El estudio de José Polo, ha mostrado que los caciques mestizos de la Guajira, controlaron la actividad perlífera con gran éxito; en particular, el cacique mayor de la Guajira Cecilio López Sierra[3] quien además, era mediador entre los nativos y las autoridades españolas para conseguir que los primeros pagaran el quinto real derivado de las perlas. Los indígenas de la zona, también contrabandeaban perlas con ingleses, holandeses y vecinos españoles de Río Hacha, a cambio de armas de fuego y otras mercaderías; de tal forma que: Comerciantes rioacheros y contrabandistas extranjeros, entre otros, se daban cita en Carrizal para obtener las codiciadas perlas[4].

Esta información es relevante en tanto y cuanto la región histórica representaba un hinterland, que se abría y cerraba, por los agotamientos de las haciendas de perlas, tanto de Cubagua y Margarita, como de Santa María de los Remedios, Rio Hacha y el Golfo de Darién. En este sentido, los exploradores lograron encontrar abundantes placeres en el istmo. Desde el Darién partieron hacia el sur, orientados por los indígenas que les habían hablado de otro mar; así llegaron los hispanos al Pacífico en 1513. El sitio de Acla, sirvió de base para explorar las islas y otros territorios aledaños. Y, entre 1514 y 1519 se habían empezado a explorar las aguas del golfo de la actual Panamá y las islas del archipiélago localizado al suroeste, al que se llamó luego el Archipiélago de las Perlas[5], a las que los indígenas llamaban Terarequi, en palabras de Gonzalo Fernández de Oviedo. Fue el propio Vasco Núñez de Balboa quien recibió en las islas 160 onzas de oro y 200 perlas grandes[6]. La pesca de perlas, fue la primera actividad económica extractiva de los descubridores españoles. Ya en el tercer viaje de Colón tuvieron noticias de la perlas. Las expediciones de Alonso Ojeda, Cristóbal Guerra y Per Alonso Niño en la región de Margarita, fueron con el objeto de “rescatar” perlas.

El “rescate”, es decir, el trueque de las perlas, contribuyó a la colonización en Cubagua y en tierra firme, toda la economía de Cubagua se basó en la pesca de perlas. Allí se desarrolla una ciudad con casas de piedra, de cal y canto. Es centro activo de comercio de mercaderes. La explotación directa y racional exterminó los ostiales y ya para 1535 la producción es ínfima. Luego se descubren placeres en el Cabo de la Vela. Para la segunda mitad del siglo XVI se pide por el Gobernador Osorio que las perlas corriesen como monedas. La pesca de perlas por el sistema de explotación directa, fortaleció el desarrollo de las relaciones de producción esclavista, que se presentaban de manera insipiente en el llamado sistema de rescate. Cuando se descubría un ostral de perlas, en el siglo XVI, los pescadores y sus esclavos se asentaban provisionalmente en sus cercanías, estableciendo un campamento, que les procurase una habitación mínima, que sirviera al mismo tiempo, como centro de confluencia, y, para las operaciones anexas a la extracción y almacenamiento de las cuentas. A estas concentraciones de chozas y bohíos, se les conoció como rancherías, y surgieron fundamentalmente en la región de Cumaná, Cubagua y Margarita.

Inicialmente, la provisionalidad con que se hicieron estos asentamientos de Señores de Canoas[7], esclavos, negros e indígenas, no precisaron más que el control del gobernador y los oficiales reales, en cuya jurisdicción se ubicaban. Pero las crecientes necesidades de control por parte de la corona sobre esta actividad, reclamaron la creación de un gobierno local simple, dependiendo de la importancia de la ranchería. Este gobierno local, de carácter provisional -como los propios ostrales-, se constituía por un alcalde ordinario y cuatro diputados elegidos, para periodos de un año, por el gobernador de la jurisdicción y por los señores de canoa; quienes, para ese efecto, deberían de tener en propiedad, como mínimo, una canoa aviada y no menos de doce esclavos negros. Se habían de elegir además, una serie de empleos, tales como, un procurador general, un escribano y un mayordomo receptor.

Debería de tenerse también, en la ranchería un libro con las cédulas, ordenanzas y provisiones concernientes a su actividad, depositado en una caja de dos llaves, las cuales, serían conservadas una por el alcalde ordinario y otra por el diputado más antiguo. Estas cajas de dos o tres llaves, eran los bancos donde se depositaban los valores en la época. Construidas de madera, cuero y hierro para el resguardo de los documentos y tesoros. En estos casos, cada responsable, poseía una llave y se habría con la presencia de los dos, acompañados a veces por un veedor.

Caja de 3 Llaves, receptoría de caudales y archivos coloniales

En la planta superior del Archivo de Indias, justo al subir las escaleras, se encuentra esta antigua caja de caudales, realizada entera de hierro. Parece ser que esta caja la compró la Casa de la Contratación al comerciante alemán Lázaro de Núremberg en 1537. Como otras cajas alemanas, ésta presenta un sofisticado sistema de cierre situado, de forma innovadora para la época, por debajo de la tapa de la misma, al contrario de lo que se estilaba en esos años. El cierre, consiste en un complicado mecanismo de resortes móviles que accionan dieciséis pestillos con el simple giro de la llave. La llave, se inserta en la cerradura de la parte exterior central de la tapa. Para completar el sistema de seguridad, en el frente hay otros dos pasadores para candados. Entre ambos existe una cerradura falsa para despistar a posibles ladrones. Para completar la información en torno al uso del arca de caudales, se transcriben algunas de las Ordenanzas para el AGI, respecto a ellas:

LXX Para la debida custodia de los fondos del Archivo ha de haber en el lugar mas resguardado de él un arcafirme y sólida con tres cerraduras diversas y otras tantas llaves, asegurada con todas las precauciones que dicte la prudencia. En ella se depositará, además del caudal existente, un libro de cargo y data.

LXXI El Gefe y los dos subalternos superiores por graduacion y antigüedad tendrán cada uno su llave: todos tres han de concurrir para abrir el arca, poner ó sacar dinero, y autorizar con sus firmas las partidas de entrada y salida de caudales.

LXXII El Archivero dispondrá la cobranza de la dotacion y otras qualesquiera cantidades pertenecientes á los fondos del Archivo, la paga mensual de los empleados , los gastos ordinarios de papel, cartones , plumas, tinta, cintas, hilo y demas cosas que regularmente se ofrecen para la oficina; y también otros extraordinarios menudos y urgentes. Los gastos, extraordinarios de alguna consideracion se acordarán en junta de Llaveros; y si todos tres conformaren en que son precisos, se executarán de orden del Archivero, no excediendo la cantidad de seiscientos reales vellon; pero si excedieren de esta cantidad, ó aun siendo menores, alguno los juzgase no necesarios, se me consultará en representación firmada de todos tres.”[8]

Al gobierno de la granjería de perlas, se le concedía así mismo, la facultad para nombrar, asignar salario y remover, en su caso, a los capellanes encargados del culto. El alcalde y los diputados, debían reunirse por lo menos una vez cada dos meses, con la convocatoria del alcalde o del procurador general, pudiendo hacerlo a cabildo abierto, si la gravedad del caso lo demandaba. Según esto, la principal vocación de la ranchería era, por un lado, la del descubrimiento de nuevos ostrales y la organización de los señores de canoa para tal fin, además, de cuidar de la constante vigilancia y defensa contra los ataques de corsarios, por el otro. Los diputados y el alcalde de la ranchería, eran investidos con la jurisdicción necesaria, para el cumplimiento de las ordenanzas en materia de pesquerías de perlas.

En general, la recopilación muestra, varias ordenanzas que tienen que ver con la organización de esta elemental institución perlera, no solo de Cubagua, Margarita, Rio Hacha y Darién, sino de otras zonas de influencia. A más de esta referencia estructural, existen estudios que exploran tales formas administrativas locales, genealógicamente conectadas con la diputación de minas, institución ésta, que comenzó a formarse en Cubagua y que se trasladó a Río Hacha, Guatemala, Yucatán y México, entre otras localidades, donde se inició la pesca de perlas, pero de donde devino la minería de otros rubros como las piedras preciosas, el oro y la plata. El más antiguo trabajo sobre estas diputaciones y gobiernos de minerías, data de principios de este siglo y es de Jones Garfiel Ossie (1971)[9]. Estas fueron instituciones que iniciaban el llamado Cabildo colonial. En él, se aborda el tema de las instituciones que para el gobierno local, fueron diseñadas por los españoles, a fin de poder administrar las diversas realidades que se les presentaron en sus colonias americanas.

El trabajo está basado en la Recopilación de Leyes de las Indias de 1680. Su principal mérito consiste en fijar la atención sobre algunas instituciones que, no obstante haber tenido efectiva aplicación en la realidad colonial, frecuentemente escapan al análisis de los historiadores del derecho; los cuales, han orientado su trabajo hacia organismos clásicos y más típicos de administración local. Tal es el caso de las rancherías de perlas, cuya organización aparece apenas esbozada en la Recopilación. Ossie Jones Garfiel (1971), realiza una somera descripción de las rancherías de perlas, pero no las relaciona con formas precursoras o conectadas con ella, en otras áreas coloniales que no sean las de las Antillas.

Esta información, centrada en los orígenes del poblamiento de Cubagua, Coche y Margarita, reconocidas como “las Islas de las Perlas”, el proceso de explotación de los ostiales, algunas normas del derecho de indias y demás procesos donde se inicia el abandono de Cubagua como centro de producción minera y el éxodo a Rio Hacha, encontramos historias de desencuentro de las culturas que enfrentadas por la dominación, a pesar de ello, prevaleció el carácter que fue conformando nuestra identidad y gentilicio. Un proceso largo, que vale la pena investigar, pues se trata de UNA HISTORIA QUE CONTAR …

[1] Diálogos Revista Electrónica de Historia ISSN 1409- 469X. Número especial 2008. Disponible: Dirección web: http://historia.fcs.ucr.ac.cr/dialogos.htm  Costa de las perlas. Siglo XVI. Tomado de: Mackenzie, Clyde, Luis Troccoli y Luis León. « History of the Atlantic Pearl-Oyster.

2 AGI, Panamá, 234, L.3, F. 151v-152v.

3 PATIÑO RODRÍGUEZ, Víctor Manuel. (1993). Historia de la cultura material en la América Equinoccial, Bogotá, Colombia: Banco de la República. Editorial Instituto Caro y Cuervo. Libro IV. p. 3.

4 PAYNE IGLESIAS, Elizet. (2008). Las perlas de la reina. Explotación Perlífera en el Pacífico de Centroamérica (1522-1850). Escuela de Historia CIHAC Universidad de Costa Rica.  file:///D:/Downloads/31188-Texto%20del%20art%C3%ADculo-90826-1-10-20171107%20(1).pdf

5 MACKENZIE, Clide. (1999). “A History of the Peral Oyster Fishery in the Archipielago de las Perlas, Panama”, Marine Fisheries Review. Panamá: Editorial Panamá, Marine Fisheries. Review.  

6 POLO ACUÑA, José. s.f. Etnicidad, poder y negociación en la frontera Guajira. 1750-1820, Bogotá, Colombia: Universidad de Cartagena, Ministerio de Cultura y Observatorio del Caribe. Ediciones Uniandes. p. 29-35.

7  SÁNCHEZ CARMONA, Ernesto. (2011). La Ciudad de La Asunción, Identidad y Gentilicio Insular. Trabajo de Grado, Maestría en Historia Regional. Archivo y Biblioteca Universidad de Margarita (UNIMAR). “Los Señores de las Canoas, eran los empresarios explotadores de las perlas. Asimilados a otros adjetivos usados en tierra firme como los Amos del Valle, los Barones de Provincia o los Grandes Cacaos”.    

8 Novísima Recopilación de la Leyes de España. Tomo II, Libros III, IV y V. N° 24-12. http://fama2.us.es/fde/ocr/2006/novisimaRecopilacionT2.pdf

9 OSSIE, Jones Garfiel. (1915) (1971). Parliamentary Procedure at a Glance: Group Leadership Manual for Chairmanship and Floor Leadership. Australia: Editorial Penguin Books Australia (1 de enero 1990) Revisada y reimpresa por Hawthom Books.  


[1] Diálogos Revista Electrónica de Historia ISSN 1409- 469X. Número especial 2008. Disponible: Dirección web: http://historia.fcs.ucr.ac.cr/dialogos.htm  Costa de las perlas. Siglo XVI. Tomado de: Mackenzie, Clyde, Luis Troccoli y Luis León. « History of the Atlantic Pearl-Oyster.

[2] AGI, Panamá, 234, L.3, F. 151v-152v.

[3] PATIÑO RODRÍGUEZ, Víctor Manuel. (1993). Historia de la cultura material en la América Equinoccial, Bogotá, Colombia: Banco de la República. Editorial Instituto Caro y Cuervo. Libro IV. p. 3.

[4] PAYNE IGLESIAS, Elizet. (2008). Las perlas de la reina. Explotación Perlífera en el Pacífico de Centroamérica (1522-1850). Escuela de Historia CIHAC Universidad de Costa Rica.  file:///D:/Downloads/31188-Texto%20del%20art%C3%ADculo-90826-1-10-20171107%20(1).pdf

[5] MACKENZIE, Clide. (1999). “A History of the Peral Oyster Fishery in the Archipielago de las Perlas, Panama”, Marine Fisheries Review. Panamá: Editorial Panamá, Marine Fisheries. Review.  

[6] POLO ACUÑA, José. s.f. Etnicidad, poder y negociación en la frontera Guajira. 1750-1820, Bogotá, Colombia: Universidad de Cartagena, Ministerio de Cultura y Observatorio del Caribe. Ediciones Uniandes. p. 29-35.

[7]  SÁNCHEZ CARMONA, Ernesto. (2011). La Ciudad de La Asunción, Identidad y Gentilicio Insular. Trabajo de Grado, Maestría en Historia Regional. Archivo y Biblioteca Universidad de Margarita (UNIMAR). “Los Señores de las Canoas, eran los empresarios explotadores de las perlas. Asimilados a otros adjetivos usados en tierra firme como los Amos del Valle, los Barones de Provincia o los Grandes Cacaos”.    

[8] Novísima Recopilación de la Leyes de España. Tomo II, Libros III, IV y V. N° 24-12. http://fama2.us.es/fde/ocr/2006/novisimaRecopilacionT2.pdf

[9] OSSIE, Jones Garfiel. (1915) (1971). Parliamentary Procedure at a Glance: Group Leadership Manual for Chairmanship and Floor Leadership. Australia: Editorial Penguin Books Australia (1 de enero 1990) Revisada y reimpresa por Hawthom Books.  

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