LaHora

Celebremos, pero con dignidad

Cèsar Malavé


“El Peor Maestro es un Maestro con miedo”

(Gabriela Mistral)

Una vez más nos aprestamos a conmemorar el Día del Maestro venezolano. De nuevo hay necesidad de hablar de aquel 15 de enero de 1932, cuando se inicia la siembra de la organización gremial pionera de las luchas de los educadores por la transformación del proceso educativo, cultural y social de Venezuela. Aquel día, un grupo de maestros, sin distingos de credos. Sin egoísmos limitadores, sin rencillas mezquinas, reunidos en un viejo caserón de la esquina de Socarràs, constituyen la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria (SVMIP), liderados, fundamentalmente, por dos margariteños asuntinos, Luís Beltrán Prieto Figueroa y Miguel Suniaga. La otrora SVMIP fue el nervio de un gran movimiento de proyecciones nacionales que se fijó como finalidad la lucha por las reivindicaciones del Magisterio venezolano, por el mejoramiento de la escuela, por los derechos del niño y por la superación del estado de incultura de los educadores. Entre el 25 de agosto y el 6 de setiembre de 1936, este gran movimiento convoca a su Primera Convención Nacional donde se resuelve transformar la SVMIP en la Federación Venezolana de Maestros (FVM). Se designa el 15 de enero como día del maestro venezolano y se acuerda pedir el primer aumento salarial para el magisterio, el cual se logra ese mismo año. Presidía la Federación el Maestro de América Luís Beltrán Prieto Figueroa. Este evento constituyó la primera movilización nacional de profesionales, realizada en el país hasta esa fecha. Esta Primera Convención Nacional del Magisterio no sólo abordó como puntos de su temario la consideración y análisis de los graves problemas confrontados entonces en el campo de la educación, la sanidad y la protección social y jurídica del niño, así como de otra serie de aspectos de índole política, económica y social, concernientes al maestro y a la sociedad en general, sino que acordó plantearse un ambicioso programa de trabajo, del cual derivarían acciones inmediatas por cumplir, tanto por las autoridades correspondientes del país, en cuantas tareas eran de su competencia, así como también por la propia Federación Venezolana de Maestros.

Cuarenta y ocho años más tarde, las perseverantes luchas magisteriales lograron la firma del Primer Contrato Colectivo de Trabajo. Con este acto el magisterio de la Patria del genio de América, entró a la historia, porque con nuestro esfuerzo, con nuestra tenacidad, con nuestro fervor, con el sacrificio de la tranquilidad y del reposo logramos llenar de sentido a una fecha, nueve de abril de 1984, que antes no tuvo ninguna. Desde aquel día se confundieron en un solo abrazo los trabajadores manuales e intelectuales del país. Hasta hoy hemos cumplido el reto difícil pero ineludible, hemos aportado las luces, sin pausas y sin desmayos, que convirtieron a las asociaciones civiles en sindicatos y a los sindicatos en lo que son hoy: Una trinchera de lucha por la liberación nacional, el desarrollo económico y la conquista de la democracia social, para poder consolidar la democracia política. Ese es nuestro reto permanente, a pesar de este paréntesis de neofascismo que hoy opaca la luz de la democracia conquistada en 1945 y rescatada en 1958.

De allí que el magisterio venezolano enfrente con absoluta decisión las pretensiones de un régimen que quiere involucionarnos a una etapa ya superada. La vivida en las dictaduras, caracterizadas por la ignominia, el irrespeto, la noche envilecedora en que apenas voces aisladas surgían de la oscuridad para dejar oír su lamento de horror y tragedia. Que sepan los enemigos de los maestros venezolanos que ochenta y nueve años de lucha dan suficiente experiencia y coraje para dejarnos aplastar. Para evitar que nos conviertan en Eunucos, en Non Cives. Ni siquiera en democracia y en gobiernos que nos simpatizaban fuimos permisivos. Siempre hemos pensado que Venezuela será lo que sus maestros quieran que sea y para eso no podemos ser tan simples para dejarnos mandar sumisamente por los que mandan, ni ser necios para hacernos valer por el empleo. En consecuencia hoy más que nunca los educadores estamos comprometidos con nuestra histórica actitud porvenirista, que ponemos a la disposición del pueblo venezolano para la construcción de una nueva sociedad. Una sociedad plural, democrática. Sin caudillos, autócratas, megalómanos o règulos imperiosos disfrazados de revolucionarios o socialistas, cuando sus dermis hieden a sudor fascista. Por eso, sí hay motivos para celebrar, pero con dignidad.
@cesarmalave53

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