LaHora

Los jorobados de Nuestra Señora

Juan J. Prieto L.*

En silencio, como el propio silencio que ha envuelto a La Asunción desde sus inicios, cuando las noches eran azules y la blancura en el copo del Matasiete semejaba un manto de mañana tierna e impoluta. En ese silencio destacaba la raspadura que causaban las hojas de palma sobre el resto de las hojas y basura cualquiera en la piel del cemento, todavía emulan, pues, un carraspeo en la garganta de las madrugadas, que despiertan a las primeras horas del alba. Todos los días.
El trabajo de los barredores o barrenderos, son los madrugadores del mundo, de un mundo quedado atrás de los avances en materia de maquillar las ciudades, sus calles, sus callejones muy oscuros porque las bombillas inútiles se vuelven cómplices de la dura faena de perseguir una basurita con las vainas deshechas de la hoja de palma. Se conjugan con algunas implicaciones como por ejemplo, la lluvia, que desbarata los arrumes de hojas para regarlas nuevamente perdiéndose el trabajo engorroso, los dolores en las coyunturas de las muñecas por ese vaivén que desgarra las rugosas superficies.
Estos hombres, y ahora se le suman mujeres, a esta jornada masculina por su naturaleza, luego comienzan a sufrir de un lumbago perenne, su espalda le punza profundamente y solo con doblarse logra aliviar la dolencia, pero poco a poco le va apareciendo una joroba. Así tenemos a muchos hombres marcados por una digna curvatura producto de un digno trabajo. Pero esto pareciera no importarle a nadie que haya llegado a tomar decisiones sobre la salud de la gente de esta ciudad, con una generación de hombre y mujeres que se van doblando y sus ojos se van acercando a la tierra, que como paradoja pensarán: ¡espérame, que a mi paso estaré contigo pronto!
La sed de trabajo va ganando adeptos y de esta manera los muchachos y muchachas barrenderos o barredores se harán viejos pronto, sin la esperanza de erguirse para mirar el rostro de Nuestra Señora de La Asunción cuando pase en procesión, y a alguien se le ocurrirá nombrarlos: “los jorobados de Nuestra Señora”.
*Periodista

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