LaHora

Muerte y crucifixión de Jesús en la Cruz

Ricardo Rodríguez Ball

Ángelus

No logro imaginar,
la alegre felicidad,
de tu manto,
tu vestido,
y tú cingulo,
cuando,
Gabriel el Arcángel,
apareció sin avisarte,
en medio,
dé tu vida modesta
y cambio,
para siempre tu esencia,
al anunciarte jubiloso,
desde la luminosa,
sombra de un granado,
tu destino glorioso,
y tu,
en tu florecida inocencia,
con natural desenfado,
sin edad para pedirlo,
sin dudar un instante,
sin mirar atrás,
aceptaste cumplirlo.

Hoy,
te pienso de nuevo,
en tu oscurecida tarde,
bebiendo,
hasta la última gota,
tu amargo cáliz,
te pienso,
en tus maderos,
en tu soledad con Dios,
tu que eres Dios,
con tus ropas jugadas,
tu costado desangrado,
tus manos clavadas,
tus pies clavados,
tu cuerpo exánime,
cuerpo sin sangre,
cuerpo transfigurado,
en gironés de carne,
pienso en tus hombros,
en tus rodillas,
en tus tendones,
en tu desfigurado rostro,
en tus pulmones colapsados,
en tu reseca garganta,
en tu dolor sin pausa,
en el vinagre en tus labios,
pienso en ti,
en éste viernes de agonía,
tu allí,
solo en tu Gólgota,
lavando en tus lágrimas,
todos los pecados del mundo,
cargando en tu dolor,
todos los dolores humanos,
tu,
Dios hecho cordero,
cordero de amor,
amor divino y profundo, incomprendido,
amor pan,
amasado por tus manos,
pan sacramental,
levado por tu sangre,
sangre de Dios,
horneado en tu muerte,
repartido en tu nombre,
hoy nuevamente,
pienso en ti,
como antes,
como siempre,
y me duele.

NAZARENO
Desde niño,
te veo pasar,
con tu corona de espinas,
tu manto rasgado,
y tus pies descalzos,
soy uno más,
que en la multitud,
te llora y te mira,
otros gritan y te increpan,
pero yo,
te observo en silencio,
te veo pasar,
con tu rostro ensangrentado,
con tu espalda,
tus hombros,
tus costillas,
y tu pecho
marcados,
a mordidas de latigazos,
mientras te veo,
siento estremecido,
que pasas por mi alma,
dejando en ella,
tu doloroso trazo,
de amor infinito,
por los que sufren y claman,
me quedo enredado,
en tu cabello largo,
en tu hirsuta barba,
me quedo,
dando traspiés en tus ojos,
que me van llenándo,
con la luz de tu dulce mirada,
siempre que te veo,
en tu vía dolorosa,
siento el ahogo,
de tu garganta reseca,
tan huérfana de agua,
siento las cortadas,
en tus manos calladas,
sosteniendo,
la cruz que te cabalga,
siento tu sangre,
marcando gota a gota,
la tierra avergonzada,
si supieras cuanto,
me dolían tus dolores,
cuando de niño
te miraba.

DOMINGO

Hoy te vi Señor,
estabas allí,
sentado bajo un árbol,
como si fueras,
parte de la acera,
allí estabas,
con tu piel curtida,
tu pantalon desgarrado,
tu pobreza,
cabalgando tus ojos,
tu franela manchada,
tu sucia,
e hirsuta barba,
yo,
no se que esperabas,
probablemente nada,
pero se,
que eras tú,
otra vez,
en tu vía dolorosa,
eras tú,
con,
tu mansedumbre infinita,
tus manos encallecidas,
tu ojos llenos de luz,
tus rotos pies descalzos,
tu desangrado costado,
tu corona de espinas,
tus oxidados clavos,
y tu amada cruz.
SABBATH

Cierro mis ojos,
y en mi mente,
veo tu cuerpo,
inerte yaciendo,
sobre la fría piedra,
qué hoy es tu lecho,
tu,
río de vida,
luz infinita,
camino de todos,
y hoy,
tan sólo,
tan en silencio,
allí,
en tu sepulcro,
en el aire,
que palpó y siento,
oscuro y frío,
aturdido,
yo intento,
en mi atormentado cerebro,
reconstruir tu rostro,
y lo veo rígido,
ensangrentado,
tan sin un gesto,
que se,
que no eres tú,
es solo tu cuerpo,
tu cuerpo llagado,
entumecido,
envuelto,
en su blanco sudario,
pero,
sin tus signos,
sin tus trazos,
cómo adivinar,
tu donde estás,
como saberlo,
yo,
que en ti creo,
recuerdo tus palabras,
recuerdo tus promesas,
recuerdo eres,
la originaria verdad,
así que,
levantó mi esperanza,
recojo mis sueños,
y sin dudarlo,
se que vendrás,
y te espero.

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