LaHora

La hendija en el mar

Juan J. Prieto L.*
A Carlos y Mariela
…por el frente de la iglesia
Su paso es lento, despacio, muy despacio. El sol, que nunca se movió detrás de él, alargaba su figura haciéndola parecer una hendija en el mar sereno, tranquilo. Camina, pero no acorta el camino. Todos impávidos, esperan ver pasar al peregrino para saberlo de cuerpo y alma, su piel. El muelle antiguo a merced del salitre ahoga sus carnes y huesos por la costumbre de amar, de amar al mar, aun en sus costados guarda las raspaduras amorosas de barcos que venciendo distancias desde el continente nos trajeron la bulla de las desgracias, pero también el brillo de la abundancia.
Ese día, como nunca, el candelero del alba nació por el norte, nubes violetas desafiaron la vista de los alcatraces deteniendo el vuelo en la altura, los peces vagaron adormilados, ahítos de comer estrellas arrancadas del firmamento por la desilusión de un día raro, tranquilo, como la misma mar. Aquel tiempo desconocido, segado de horas imprecisas, jugaba al hechizo con cartas marcadas por el destino incierto de una iglesia mirando al frente laderas sembradas de fierros que escupen truenos. Es la iglesia vieja, la del viejo, que un día llegó por una hendija en el mar y después no quiso irse. Allí está protegiendo con el milagro las gentes de donde vengan, honrado su nombre, lo celebramos.
*Periodista

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