LaHora

Paradigma: La coronación del Samurai

Manuel Avila



Cuando José Antonio González empezó la carrera por la Alcaldía de Mariño mucha gente lo vio como un suicidio político porque era un desconocido en el mundo político. Nadie calculó que esa sería su principal fortaleza en una campaña atípica con pandemia, partidos políticos vueltos papilla, anuncios de abstención, crisis económica y una unidad resquebrajada por las ambiciones de poder. Pero el hijo del Chino Oliver y Lula Millán decidió dar un salto mortal para buscar consolidar un Municipio Mariño destrozado por gestiones municipales amorfas que solo pensaron en llenar sus alforjas y solo eso.
Arrancó hace año y medio picando cauchos con la Fundación Manzanillo para resolver problemas sociales de los porlamarenses y le gustó la tarea harto compleja de ayudar a su gente del municipio que lo vio crecer. Trajo en su mochila de colores su juventud factor importante para este tipo de tareas, su coraje indomable y las ganas de cambiar el mundo de un solo soplido. También traía su experiencia como gerente exitoso en la empresa privada lo que le dio un aval importante en una sociedad que hace rato dejó de creer en la política y en los políticos por sobradas razones de la quiebra del país.
No se imaginaba el Chino González que ser independiente y empresario serían las valoraciones que lo llevarían a cristalizar una victoria a futuro. Pero es harina de otro costal, pues lo importante era hacer trabajo social junto a su esposa Daniela Parra. Eso le generó algunos roces familiares porque unos querían y otros no que el Chino participara en política. Eso empezó a solventarse porque cada ser humano hace su plan de vuelo y sus saltos los programa de acuerdo a sus sueños.
Las jornadas sociales empezaron a dar sus frutos en los sectores de Mariño y vinieron los encuentros con familiares y amigos para la consulta del salto a la política porque entendió El Chino González que solo con la Fundación no podía llegar hasta los más necesitados. En ese momento decidió iniciar su carrera política de cara a la gente y sin la coraza de la Fundación Manzanillo. Era el momento de salir con el pecho pelado y con la cara en alto a buscar sus legítimas aspiraciones a Alcalde de Mariño. A muchos le pareció una locura, pero a José Antonio le pareció interesante ese salto a la selva política donde sabía se iba a encontrar con enemigos de toda naturaleza y lo asumió con hombría de samurái de las luchas por el poder.
Con la experiencia de su hermano Oliver, la experiencia de Richard Fermín, ex Alcalde de Arismendi y con su fiel amigo Jesús “Chichí” Marval como hombre de la tecnología empezó a escalar posiciones hacia su consolidación como candidato. En el camino se encontró con Neptalí Figueroa y su esposa Chris, con Elio Sánchez, con Alfredo Alfonzo, la doctora Karla encargada de todo el aparataje jurídico, con Lieska Boadas en la parte electoral, con Irene Martínez, con Alfredo Alfonzo, Con Rocío Figueroa, con Celis Hernández y con todo un equipo de muchachos que engranaron con el candidato para armar una legión de guerreros que salieron a dar la cara como Ramón Araña, Víctor y Enrique que dieron todo por la causa. Y con tantas otras piezas que armaron un equipo que no descansó a sol y sombra para obtener el triunfo en Mariño.
No puedo dejar de mencionar a sus choferes Gerardo Pérez Gil “Pantera”, el hombre de los chistes y la seguridad, Ricardo, el negro y Melwin Briceño, cuatro baluartes de la seguridad y la conducción que aportaron a la causa China.
Esas tareas pasaron a mayores a medida que avanzaba la larga travesía por el desierto político. Y con la aparición de Morel Rodríguez como candidato a la Gobernación se fijaron nuevas expectativas para juntos consolidar el triunfo de Nueva Esparta.
No fue nada fácil preservar la candidatura porque muchos políticos y sus organizaciones empezaron a lanzar cañonazos contra el submarino chino que estaba preparado para aguantar los petardos de quienes querían ocupar su lugar. Unos argumentaban que no tenía experiencia política, que los partidos impondrían sus propias candidaturas y que no tendría el aguante para los momentos más complejos. Pero Morel Rodríguez lo apoyó y lo protegió con todas sus armas para mantenerlo como al candidato de Mariño.
Una vez montado Morel como candidato la lucha continuó bien dura y le correspondió irse a la calle a seguir batallando. Ya los porlamarenses empezaron a verlo como la mejor opción ante la Primera Dama y el Vice Ministro que vino con todo el poder nacional a su favor. La pelea no sería nada fácil porque peleaba con la esposa del Gobernador y con el protegido del grupo de Tareck El Aisami y Héctor Rodríguez.
En varios actos políticos empezó a verse el poder del Chino González por la movilización de la gente y los llenos de la Arboleda, Ciudad Cartón y la campanada de Los Cocos dieron una clarinada que algo bueno se venía para Mariño.
La Chinomanía había nacido en la Ciudad Marinera y la canción del Chino era bailada y celebrada en cada barriada, las vallas de la campaña fueron una campanada, las redes se inundaron de videos y fotos y la gente se metió en la campaña para apoyar a la mejor opción que tenía Mariño para resurgir de las cenizas. Se estaba gestando el cambio y la Porlamaridad empezó a ver algo nunca visto una gestión de un candidato que se ocupó de resolver los problemas de la ciudad sin estar en el poder.
Vinieron los incidentes de los Delfines por la reparación de una cloacas con más de 10 años rota, el asfalto del Santiago Mariño, El Piano de Conferris, el Mural de la Alegría y las intromisiones de la policía en las obras que ejecutaba el Chino en la Ciudad.
Todos esos acontecimientos sembraron “La Chinomanía” en Porlamar y este 21 N en una campaña épica electoral José Antonio González, el nieto de Sabina e hijo de Oliver y Lula se coronó como Alcalde de Mariño, Porlamar decidió votar por “EL Cambio” y muchos protagonistas anónimos pusieron su granito de arena para cristalizar un triunfo que costó un mundo y donde participaron muchos factores que hoy celebran “la Coronación del Samurai”.

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