Por Antonio Ledezma.

La tragedia que experimenta Venezuela no tiene parangón en ninguna otra parte del mundo. Se sabe que hay países que padecen uno que otro desequilibrio, pero no que acusen, a la vez, traumas en todas las variables económicas, financieras, monetarias y sociales. La excepción es el caso venezolano en donde, al mismo tiempo, se producen hiperinflación, devaluación, endeudamiento, déficit fiscal, decrecimiento económico, agudización de la pobreza, escasez de bienes esenciales como alimentos y medicinas, así como crisis de servicios públicos. A esa descomunal catástrofe se suma otra de dimensiones inimaginables cuando por el planeta corre la noticia de que son buscados por la DEA, nada mas y nada menos, que los capos y cabecillas que usurpan las instancias públicas y gubernamentales en Venezuela.

La conclusión es que para los que están involucrados con esa narcotiranía resulte normal que personas enredadas con carteles de drogas, ocupen posiciones en el alto gobierno, desde la Presidencia de La República hacia abajo. Es normal que roben, trafiquen y cometan crímenes de lesa humanidad. Para ellos lo excepcional seria que aparezca en ese line up un ciudadano libre de los tentáculos de esas mafias.

Lo normal es que diariamente se produzcan apagones, por eso ya nadie se asombra cuando ¡se va la luz! Eso es lo normal para miles de familias en los estados Táchira, Lara, Mérida o Yaracuy. Lo excepcional es que haya una pequeña porción de la población que pueda disponer de plantas eléctricas para suplir ese servicio interrumpido. Porque la inmensa mayoría tiene que apelar a las tradicionales velas para encender una lumbre.

Lo normal es que en cualquier carretera del país te asalten los integrantes de mega bandas que controlan esas zonas de Guárico, Aragua y Carabobo. Lo excepcional es que haya una pequeña porción de ciudadanos que puedan contar con vehículos blindados o puedan pagar servicios de protección especiales.

Lo normal es que en más del 67% de los hogares venezolanos no llegue el agua potable con regularidad y dependan entonces del pipote para almacenar el preciado líquido. Lo excepcional es que hay un reducido porcentaje de familias que han podido habilitar tanques con dispositivos de bombas que se activan para impulsar el chorrito milagroso.

Lo normal es que, para poder tramitar un pasaporte, una licencia de tránsito o para registrar un documento, igual para certificar una partida de defunción, el solicitante se vea forzado a pagar una coima, lo excepcional es que tengas la suerte de que se te aparezca un ángel y te resuelva la dificultad sin pasar por esa coima.

Lo normal es que viajes en vagones del Metro sin puertas de seguridad, que se produzcan incendios mientras te desplazas de una línea a otra y que cuando logres salir de ese enjambre “le eches pierna” a las escaleras de concreto porque las mecánicas están fuera de servicio. Lo normal es que si te dispones a viajar desde Maiquetía a cualquier destino del mundo -ya son contados con los dedos de las manos y sobran los pulgares- te informen que “se suspendió el vuelo” y no te quede mas remedio que dormir varias horas en el piso de ese terminal.

Lo normal es que todo se compra y se paga con dólares, en un país en donde se han producido tres reconversiones monetarias y la moneda criolla que lleva el nombre del Libertador que tanto manosean esos pillos, la han reducido a cero valores.

Lo normal es que dentro del territorio venezolano se muevan “como Pedro por su casa” los bandidos de la FARC y del ELN. Lo excepcional es que existamos mas de 7 millones de venezolanos, en forma de diáspora, que nos hemos visto compelidos por la persecución política y la catástrofe humanitaria que ha engendrado esa falsa revolución, a emigrar por todo el mundo.

En definitiva, cuando uno lee o escucha a alguien decir que la situación de Venezuela se “está normalizando”, porque abrieron unos bodegones o inaugurarán un lujoso restaurant, hay que responder que eso es más bien la excepción de la normalidad invertida. Porque en un país en donde crece la informalidad a la par del desempleo que se agiganta; un país en donde todos los estados son de hecho una “zona franca”; un país en donde la dolarización se produce de manera fáctica; un país que se trastoca en lavandería de capitales ilegítimos y en donde hay factores de la oposición que son simultáneamente aliados del régimen, la conclusión que hay en ese país desgraciadamente es que los valores están transpuestos.

Por todo eso se requiere que lo normal sea contar con un liderazgo comprometido y decidido a luchar por la libertad de Venezuela, en donde la ciudadanía se sienta normalmente comprendida y normalmente representada.

@Alcaldeledezma

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