Por Antonio Ledezma

Nicolás Maduro intimó, otra vez, a los españoles, “a que paguen por los daños causados a nuestros indígenas”. Lo hace basado en su retórnelo nacionalista de condenar el añejo proceso de colonización que tuvo como protagonistas a hombres que salieron de España a descubrir el nuevo. mundo, engordando su voz, previa inflación de su pecho, con un aire de vanidad o soberbia, solicita a los reyes y gobernantes de la madre patria que pidan perdón. Es de suponer que los asesores de Maduro, en esos menesteres de nigromancia, estarán estableciendo los mecanismos para comunicarse con los espíritus de los muertos, partiendo de la creencia de que tales espíritus, a ser citados a rendir cuentas de sus actos de hace mas de 500 años, conservan un cuerpo material y por lo tanto es factible que estén en capacidad de establecer conversaciones con los seres vivos en circunstancias muy especiales, y esto lo creen así, sin duda alguna.

Maduro gestiona ante los estrados del Foro de Sao Paulo que se constituya un tribunal semejante al que se encargó de adelantar los juicios de Núremberg. “Esa experiencia debe ser calcada para que el hermano Evo Morales lo presida y entonces se haga justicia por todos esos saqueos y el genocidio que perpetraron Colon, Pizarro y Hernán Cortez”, declara Maduro preservando ese aire de altanería que le calza bien a la saña que le corre a sudores por su hinchado pecho. Citarán a declarar a Cristóbal Colon y a los reyes católicos. Mientras que Maduro colocará en ese estrado, como testigos a favor de su causa, a Chávez y a Guaicaipuro.

Pero pudiera mas bien “salirle el tiro por la culata”, a quien no ha cesado en hacer cada día mas próspera la conseja de que él no es mas que una figurilla de los cubanos. La imaginación es libre y vuela alto como para imaginar a un Chávez dándole una voltereta a ese interrogatorio, preguntándole a su causahabiente ¿por qué destruiste mi proyecto del Socialismo del Siglo XXI? Chávez, iracundo, pudiera mas bien reclamarle a Maduro la afrenta a su familia con la derrota reciente de Barinas. Le aclararía que los robos autorizados por él a su compinche, el “tuerto Andrade”, para financiar la revolución y sus aliados de América Latina y de Europa, por aquello de que “el fin justifica los medios”, no han debido terminar en las cuentas bancarias de los dirigentes, ni mucho menos de los chamos tuyos. ¿Y Guaicaipuro, qué le diría? Sin duda que agarraría a Maduro y lo menearía hasta sacudirlo contra el suelo, mientras le reprocha haber permitido que se acometa una erosión, sin parangón en el planeta, en el Amazonas Venezolano. Lo interpelaría para que explique por qué le cedió El Arco Minero a todas esas tribus de malandros que lo están saqueando. Le reclamaría que haya permitido la invasión de nuestro territorio por rusos, chinos, turcos, iraníes y cubanos. Y desde una de las sillas apostadas para los acusados en el estrado, un mordaz Francisco Fajardo le gritaría, “Maduro, tan guapo que se te ve aquí, acusándonos a nosotros que tenemos mas de 5 siglos de muertos, y no eres capaz de defender a los Waraos, a los Yanomamis, a los Wayuu ni a los pemones, que son acosados por los narcoguerrilleros que tú proteges en Venezuela, esos que están matando a la gente en Barrancas del Orinoco”.

Mientras tanto nosotros seguiremos insistiendo en que Maduro y sus capos rindan cuenta ante la Corte Penal Internacional por sus crímenes de lesa humanidad. Que paguen por todo el saqueo del que ha sido objeto el tesoro de la nación, por esos miles de millones de dólares robados, mientras siguen muriendo niños desnutridos y millones de ciudadanos huyen de la tragedia que él, entre muchos, han ocasionado, al extremo de ver morir ahogada en un rio del exterior a una criatura de 7 años de edad. Por los torturados, por los asesinados, por los presos políticos, civiles y militares, por la ruina a la que llevaron a miles de emprendedores, por todo eso pagaran. ¡Ah, y que quede claro, no es venganza, es justicia!

@alcaldeledezma

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.