La desnutrición es una afección muy presente en los Centros de Detención Preventiva (CDP) del estado Nueva Esparta, zona insular en el nororiente de Venezuela. Un buen porcentaje de los privados de libertad cuentan con este estado patológico debido a la carencia de alimento a la que se enfrentan todos los días mientras cumplen su condena.
Esta situación anímica complica las enfermedades presentes en las bases policiales de la región insular que van desde la tuberculosis, diabetes, hipertensión y VIH. Algunos privados de libertad no llegan a llevarse un plato de comida al día, muchos sobreviven con las sobras que dejan sus compañeros.

Una Ventana a la Libertad (UVL) monitorea 20 CDP en esta región, de los cuales 13 son civiles y 7 militares. Tienen una capacidad de albergue de 452 presos y en la actualidad hay 833 privados de libertad, por lo que el hacinamiento es de 184.29%. El sexo masculino predomina en los centros de detención de la entidad insular donde hasta enero de 2022 se contabilizan 806 hombres y 27 mujeres.

Son muchos los privados de libertad en la región insular que no son residentes de la isla de Margarita. Esta situación hace que la desnutrición se acreciente en los CDP, ya que no tienen familia o allegados que puedan llevarles comida.

Un funcionario del Instituto Autónomo de Policía del estado Bolivariano de Nueva Esparta (Iapolebne), que prefiere no identificarse destacó que el 70% de los presos de la entidad provienen de estados como Sucre, Anzoátegui, Miranda y Distrito Capital.

La lejanía de su lugar de origen complica que algún pariente pueda llevar comida con regularidad al detenido. Lamentablemente los cuerpos de seguridad no cuentan con un presupuesto para dar alimentación a los reos, aunque en oportunidades los ayudan con alimentos del sistema CLAP.

Ana Marcano, tiene a su esposo preso en el CDP de Pampatar, para ella es un reto poder alimentarse ella y sus dos hijos, y además llevarle comida a su pareja que tiene dos años tras las rejas.

“Desde que él está preso soy prácticamente madre soltera. Tengo que mantener a todo mi grupo familiar sin ayuda. Le llevo comida una vez a la semana. Puede ser una bolsita de un dólar de aliños, unas pocas sardinas, arroz y harina pan. No me da para más”.

Explicó que en una de las visitas conoció a la madre de un compañero de celda de su esposo, este es oriundo de Puerto la Cruz y ahora lo ayuda con la comida.

“La señora me hace transferencias para que le compre comida a su hijo. No es mucho porque ella tampoco tiene dinero. Esto ha sido de ayuda, ya que nos ayudamos mutuamente cuando ella tiene me da y cuando no, yo la apoyo”.

Aunque su esposo no tiene ninguna enfermedad como tuberculosis, hipertensión o VIH, reconoce que hay presos dentro de esta base que tienen muy mala salud y la desnutrición complica su cuadro.

“Hay un señor que está flaquito, sus compañeros dicen que tiene tuberculosis. Me imagino que la mala alimentación hace que su cuadro se complique mucho más. Ese no tiene familia y come las sobras de los demás. Da dolor todo lo que viven en ese calabozo”.

El médico infectólogo Germán Angeli resaltó que enfermedades como tuberculosis y el virus del VIH son infecciones crónicas, y hacen que la gente no tenga bien su estado inmunológico, lo que se agrava con la mala nutrición.

“Los problemas de desnutrición son severos en pacientes con VIH y tuberculosis, ya que estas enfermedades generan la mala absorción de los alimentos. Para los privados de libertad es más complejo ya que ellos viven en un hacinamiento continuo y esto es predilecto para la proliferación de la tuberculosis”.

Angeli dijo que al estar hacinados esta enfermedad se propaga muy rápido, sobre todo en aquellos reos que están mal alimentados.

“Todos sabemos que ahí falta la comida. El preso come si le llevan comida, sino se muere de hambre”.

Aunque desconoce la cantidad de privados de libertad que tienen el virus del VIH, agregó que las posibilidades de sobrevivencia de un paciente positivo son mucho más altas ahora.

El infectólogo recordó que en la actualidad gracias a ONG y ONU -Sida todos los portadores del virus reciben el tratamiento de antirretrovirales.

A pesar de que existen los tratamientos para tratar estas enfermedades, aseguró que es importante la buena alimentación para superar o llevar con bien estos padecimientos. Algo que muy pocos privados de libertad logran cumplir.

María Alfonzo, quien tiene a su hijo en el CDP de Polimariño, resaltó que hay personas que no hacen ni una buena comida al día.

“Yo le llevo la comida a mi hijo todos los días, su almuerzo y algo de cenar. A mi me queda cerca la base, pero hay gente que tiene que pagar dos buses y no le da el tiro”.

Resaltó que compañeros de celda su hijo comen las sobras que dejan sus compañeros y con eso sobreviven. “Eso no es alimentarse bien. Medio se calmará el hambre pero eso es mentira que pueden estar bien”.

Comentó que en el CDP hay una persona con tuberculosis que no cumple el tratamiento, ya que al tener el estómago vacío las pastillas le hacen daño.

“Mi hijo me ha contado que ese señor se toma esas pepas con dolor, si falla el tratamiento pierde todo y es de más de seis meses. Pero tiene una gastritis fuerte por tomar esas pastillas sin comer nada”.

Por su parte, la directora de la Dirección de Salud Respiratoria de Nueva Esparta, María del Valle Trejo comentó que toda persona que esté desnutrida cuenta con un factor de riesgo.

Resaltó que la inmunosupresión puede ser más frecuente en las personas que no se alimentan bien, pero además la tuberculosis puede afectar con más intensidad a las personas desnutridas.

Tal es el caso de los privados de libertad que tienen esta enfermedad, quienes no logran la carga calórica diaria en muchos de los casos.

Los especialistas de la salud, funcionarios de los cuerpos policiales y familiares concuerdan que mientras el hacinamiento y la desnutrición sean altos dentro de los Centros de Detención Preventiva (CDP) las enfermedades como la tuberculosis seguirán proliferando.

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