Dip. Omar Ávila

El 4 de febrero de 1992, se ha tornado como una fecha emblemática para la historia oficial contemporánea de Venezuela, pero aunque para muchos es un acontecimiento que inició un espiral de división entre los venezolanos, para otros representa “el rescate de la dignidad del pueblo”.

Este día solo ha servido para recordar quién fue el padre del odio, el resentimiento y de la peor crisis que ha atravesado nuestro país; no se trata de una fecha que exalte los valores democráticos, como pretenden hacer ver desde el gobierno de Nicolás Maduro.

Hay que recalcar que esta fecha fue el primer paso que ocasionó la ruina de la economía, marcó el camino del descalabro de un país que iba en vías de desarrollo, con aciertos y desaciertos políticos, pero siempre con la convicción de progreso, y con un sistema democrático que clamaba por perfeccionamientos, pero que hacía viable la vida institucional, tanto así, que el propio sistema permitió el arribo de Hugo Chávez al poder por la vía electoral y no por el camino de la insurrección.

Hoy más que nunca hay que trabajar para recuperar la esperanza, la unión, la reconciliación y así poder lograr la oportunidad de cambio.

No somos responsables del pasado, pero tampoco del presente que estamos viviendo. Somos víctimas de ello. Este gobierno que se jacta de democrático, no se puede olvidar que llegaron a la palestra pública a través de un golpe hace 30 años y que fue el expresidente Rafael Caldera el que liberó a su máximo líder –golpista- a través de un sobreseimiento de la causa.

Desde Unidad Visión Venezuela, nunca hemos estado de acuerdo con la violencia, -venga de donde venga-. Es momento de enterrar aquella frase célebre del difunto, que rezaba: “Por ahora”, esa misma que perduró 17 años y que lo único que trajo al país fue pobreza moral, mental, económica y social, así como las reiteradas violaciones a nuestra Constitución, además de las humillaciones y vejaciones al pueblo noble y soberano; por ello, nuestro lema debe ser: ahora o nunca, por el rescate del país.

Los líderes de la oposición venezolana deben trazarse metas y objetivos bien claros en búsqueda del bien común. Desde nuestra organización política lo venimos haciendo. Queremos ser ese país pujante con un porvenir exitoso, donde la falta de seguridad y producción nacional no eran problema, pues lo teníamos todo.

Debemos actuar con prontitud para lograr un proceso de entendimiento, que garantice la estabilidad y gobernabilidad en Venezuela.

El caos estructural que vive el país, demanda una solución política para lograr la reinstitucionalización del Estado y poder avanzar sin extremismos ni violencia, en aras de poner en primer lugar a los ciudadanos de a pie, que son los que sufren cada vez más; mientras la diatriba política tiene el país estancado, porque conversar no tiene por qué ser pecaminoso o un acto de traición, pecado es cerrarle el paso a la negociación, y negar el derecho del pueblo venezolano de lograr el cambio que quiere en paz.

La violencia no está de nuestra parte. Todos los golpes son malos, llámese 4F, 11 de abril, 30 de abril o cualquier otro. Los únicos golpes buenos son precisamente los que hoy le faltan a la mayoría de los venezolanos (desayuno, almuerzo y cena). Los demócratas jamás podríamos acompañar y/o estar de acuerdo en imponer un gobierno por la fuerza.

Han pasado 30 años de aquel fatídico 4 de febrero, en el que hoy no solamente hay mayores desigualdades sociales, sino que tenemos millones de familias disgregadas por el mundo.

Capítulos como estos no se deben repetir, y aunque el 4F marcó un antes y un después en la historia de nuestra Venezuela, esa llamada “rebelión” contra la desigualdad social y una democracia desgastada que despertó una esperanza de cambio, que se concretó seis años después a través del sufragio resultando un fiasco a las expectativas generadas al pueblo venezolano.

Definitivamente el 4F es una fecha que dejó una promesa incumplida de un cambio para mejor, o lo que es lo mismo que decir una traición a la confianza y soberanía popular de un pueblo que cifró sus esperanzas en un proyecto. Hoy podemos decir que la frase del expresidente Hugo Chávez “por ahora, los objetivos no fueron logrados” sigue más vigente que nunca.

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@OmarAvilaVzla

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