Sonia Palacios

Esos amigos con los que pasaste un buen rato recordando vivencias, sacando conclusiones de las situaciones pasadas, riendo y también llorando.
Es más, no es despedir porque estará aquí, estará cuando lea algo de historia y aunque no lo pueda llamar, igual le preguntaré en voz alta si lo que leí es verdad.
Y estará allí todos los jueves en la noche recordándome que edite la columna que saldrá por aquí.
También estará allí cuando escuche un tema en la radio y le diga en voz alta: ¡hey esa la pusimos una vez en el programa y te acuerdas que me regañaste porque no era el corte del programa y al minuto nos escribió un oyente de otro país hablando maravillas del tema.
Que buenos momentos pasamos “peleando” y al final reírnos de nosotros mismos.
Gracias a Dios te dije muchas veces que me sentía feliz conversando contigo en tu casa o en la mía. También te “regañé” infinitas veces por tus desarreglos y tú hábilmente cambiabas el mensaje y terminaba yo regañada: “cállate vieja fastidiosa”, me decías.
También me da tranquilidad el haberte dicho que me sentía muy bien aplicándote algunos cuidados que aprendí gracias a mi mamá.
En fin, no te despido, cambio el discurso y ahora te hablaré en voz alta y estoy segura que igual me escucharás y a tu manera me responderás…mientras, me tomo un café en tu nombre (pero con azúcar) y me fumo un cigarro.

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