Por Antonio Ledezma

Los venezolanos no estamos respaldando esa agresión de Vladimir Putin contra el pueblo ucraniano, tal como lo viene declarando irresponsablemente el dictador Nicolás Maduro. Mal podríamos los ciudadanos de un país que aspiramos recuperar la libertad conculcada por esa tiranía, que él encabeza y que usurpa los poderes públicos de Venezuela, avalar semejante agresión contra un país libre y soberano que ahora es víctima de una andanada que está provocando una crisis de dimensiones insondables. Esa sumisión ante un sociópata -que en nada repara, al momento que ordena matar a miles de seres humanos de una forma brutal- es ajena a la dignidad y a la naturaleza pacifista y humanista que tradicional e históricamente nos ha distinguido como sociedad en Latinoamérica.

Nicolás Maduro confirma en que corporación criminal está asociado, y no es otra que esa que representa los intereses mas oscuros, en donde se entremezclan el terrorismo, los totalitarismos, el fascismo, el narcotráfico y los violadores de los mas elementales derechos humanos. Lo que ve el mundo ahora es la reedición de los desmanes acometidos durante y después de la II Guerra Mundial, conflagración en la que actuaban con la misma saña Hitler y Stalin, constituyendo campos de concentración y dirigiendo invasiones como la que consumaron contra Polonia.

Para quienes hemos venido siguiendo los pasos de los jefes de la tiranía que sojuzga a los venezolanos, esa frenética solidaridad de Maduro con Putin, no nos sorprende. Es la línea que vienen trazando desde que Chávez inició y suscribió acuerdos con los gobernantes rusos e iraníes, al mismo tiempo que cedía nuestra soberanía a los hermanos Castro, para que miles de efectivos castristas nos invadieran, al mismo tiempo que han ido desangrando las extenuadas finanzas públicas de Venezuela.

Por eso y mucho mas, Maduro no solo da motivos para ser enjuiciado por perpetrar crimines de lesa humanidad, sino que ante la historia tendrá que rendir cuentas por sus actos de traición a la patria, cuando es público y notorio que, no solo ha hecho de nuestro espacio geográfico la madriguera de los bandoleros de la FARC y del ELN, y de cuanto cartel de drogas se disputan las rutas del narcotráfico, sino que, algo mas grave, dio licencia para que fuerzas bélicas de Rusia y de Irán, instalen bases misilísticas en lugares estratégicos de nuestro territorio. Es descarada la pretensión de esos regímenes que ejecutan ese tipo de incursiones -como el que controla hoy Vladimir Putin- que bien se sabe tiene la mirada puesta en el eje geopolítico que conforman Venezuela, Cuba, Nicaragua, Brasil y Colombia.

Ante esa descomunal embestida los entes constituidos con el compromiso de garantizar la paz y la convivencia de los pueblos del mundo deben actuar sin vacilaciones ni demoras injustificables. La ONU, la Unión Europea y la OTAN, no pueden jugar a “deshojar la Margarita”, mientras la barbarie de Putin gana terreno y tiempo para armar y cometer esos desastres. Y lo hace con tal desparpajo sabiendo que un emisario suyo es, hoy por hoy, Presidente del Consejo de Seguridad de La ONU, cenáculo en que le regatean respaldos a los países que claman, justificadamente, la activación del Concepto de Responsabilidad de Proteger, sacando su naipe del veto cuando les interesa, y de esa manera mas bien apañar los desafueros de sus amigotes como Nicolás Maduro.

Pero la verdad es que una de las razones que inducen a Maduro “a tirarse al piso por Putin”, es porque tiene muchos millones de dólares depositados en cuentas bancarias en Rusia. Circula información que da cuenta de que, supuestamente, la entidad bancaria Gazprombank tiene en sus bóvedas recursos de PDVSA y de la Tesorería Nacional, para no hablar de las cuentas secretas personales de mas de uno de los capos de las mafias que han esquilmado el patrimonio de los venezolanos.

@alcaldeledezma

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