Eneida Valerio Rodríguez
(@eneidavalerio)

De muy baja estatura, apenas sus pies rozaban el piso cuando hablaba muy cerca de la orilla de la silla. Representaba el comunismo de Marx y esperaba que occidente lo implantara como posibilidad cierta para realizar cambios a fondo y contribuir a desaparecer todo vestigio del capitalismo. Creía en consecuencia, que aquella visión destructora y colectivista del modelo comunista, afianzado en Rusia, después de la Revolución Bolchevique, era mejor al capitalismo.
Lenin, afirmó de manera reiterada, en la entrevista concedida en 1920 al periodista británico H.G. Wells,(1868-1946) apoyado-escribe- en una hojarasca de papeles para responder las preguntas con brazos agitados y sin nunca reír, en aquel afán por crear nuevas estructuras sociales, porque las existentes, debían desaparecer, incluyendo la clase campesina, que gozaba de privilegios en el primer tiempo del régimen bolchevique, sin significar, estar excluida de las intenciones del nuevo gobierno.
Vladimir Lenin, estaba exiliado, llegó a Moscú suscitado aquel hecho histórico que acabó con Petrogrado, para citar un ejemplo. Una de las ciudades más bellas, que vio reducir su población de 1.700 mil habitantes a 700 mil y quienes sometidos, al régimen expoliador, esperaban esclavizados el reparto de sus raciones alimentarias cada día, dándole forma concreta a la indigencia identificadora del país euroasiático.
Lenin, era repetitivo, acota Wells para, llamar a occidente a adoptar el mundo comunista y también porque convencido, señalaba que la “Revolución rusa, era el comienzo de experiencias ilimitadas”.
No se ha dado, a más de 100 años, de aquel evento, cambio alguno de la doctrina principista comunista y observamos, que los comunistas han seguido pies juntilla, el mismo modelo desvencijado en el tiempo.Un buen ejemplo es el copiado por Venezuela, cuya fortaleza en el aniquilamiento de nuestra institucionalidad a través del mal llamado socialismo del s.XXI se ha mezclado con otros vicios, legándonos asimismo, la destrucción de la nacionalidad. ¡Salta a la vista!
Esto, es el hombre nuevo, del que nos habla el régimen.El hombre nuevo, levantado sobre la decadencia del país, otrora, modelo de crecimiento económico y social de la Región.El hombre nuevo, que recorre las calles en busca de medicinas inalcanzables a su capacidad de compra. El hombre nuevo que recibe pensión de 7 bolívares y que no puede asistir a centros de salud porque estos,carecen de insumos apropiados para atender al paciente.El hombre nuevo que no regresa a su patria porque queda sembrado en el mundo.
Somos el nuevo indigente, como aquel de Petrogrado, esperando por la ración definida en un bono de guerra de 10 bolívares. Es el hombre nuevo del socialismo del s. XXI
No son diferentes las consideraciones, en el régimen cubano y nicaragüense, que solapados en el oscurantismo social, económico y humanitario, como resultado de alucinaciones autoritarias, la palabra socialismo, suficientemente manoseada, enloquece la conciencia de cuantos resisten esos modelos y no tienen esperanza.
Todo indica, que a Rusia, parece avecinarse una grande y profunda crisis como la de 1920 luego, de las medidas restrictivas recientemente, impuestas por occidente. Siempre occidente-decimos-.Se ha desinflado el temido país,cuyos líderes precipitados y con ausencias de análisis y racionalidad políticas, erraron al medir las consecuencias del conflicto que lo desmerita y lo avizoramos, en una enredada complejidad para desatar.
El mundo se ha puesto en un santiamén, al lado de Ucrania. Un giro sin precedentes,en que La humanidad cerró filas contra la invasión rusa de tradición expansionista.Ucrania, arrastró con su comportamiento definirse como el novedoso icono de la resistencia. El tamaño, sigue siendo menor y el riesgo nuclear sigue latiendo en medio de una opinión pública que condena la desventura y nos regresa al siglo pasado, el mismo de Lenin y posteriormente, de Josep Stalin considerado uno de los hombres más sanguinarios no solo de Rusia,sino de la humanidad.
Stalin, muerto a causa de una apoplejía masiva en1953 tiene largos y dolorosos capítulos de muertes inútiles bajo su consentimiento. No hay una historia justa de respeto a los derechos humanos en ese país, tampoco una tradición significativa en las obligaciones de observación de las leyes en favor de las mayorías.
Hemos leído que se han dictado condena entre 10 y 15 años para los críticos de Putin.
Son los hechos los que cuentan la historia en su dimensión exacta y no la que se pretende contar. Dos cuestiones disímiles, aunque Putin no esté en capacidad de entenderlo y menos de aplicarlo.
Después de los sucesos con Ucrania,la duda para la Rusia de Putin a corto plazo agobia el pensamiento y constituye una fijación mental, tomando en cuenta las sanciones económicas y hasta morales que perfilan un futuro incierto e indigente, como aquella bolchevique .

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