Juan José Prieto Lárez*

Los invito a hacer un ejercicio de supervivencia. Esta semana que comienza hoy es el ideal escenario para ello. Cuando una pandemia nos ataca inmisericorde que nos quita a familiares y amigos de un día para otro, la presión de una situación económica muy ruda, una situación política con adversidades confusas reflejada en los medios sociales como otra batalla a la que debemos darle frente.

Lo que les propongo es sumamente sencillo, podrá hacerlo desde la comodidad de su hogar, o en algún sitio donde se sienta a gusto para leer poesía. Ella tiene ese poder de abstracción que se necesita en casos de angustias interiores, de ansiedad. Cuando la mente quiere volar en busca de alivio por el entumecimiento producido por el desconcierto semana tras semana que ya tiene muchos meses.
“La primera tarea del poeta es desandar en nosotros una materia que quiere soñar”, esto lo afirmó Gastón Bachelard, y está en lo cierto, esa debe ser la tarea del poeta y de la poesía. Hacer soñar y soñar alimenta de tal manera el espíritu que vuela en mil direcciones porque la poesía es la libertad de lo que llevamos sin saber. La cuestión es fácil, abra un poemario acaricie sus páginas, luego comience la aventura de leer e imaginar eso escrito, pase las hojas con cuidado porque la poesía es frágil, y como tal ella también siente, su papel fundamental, es hablar con ustedes para que sientan sus vibraciones, las vibraciones con las que fue escrita.
“La poesía es amor y el amor es poesía, que palpita muy adentro del cofre del pensamiento”, Rosalía de la Cruz Acosta es la autora de esta cita donde desvela una realidad presente en cada verso, en cada estrofa. Escoja el poemario que quiera, o algún autor recomendado por alguien cercano, viaje por ese cofre que es su pensamiento, se dará cuenta que es infinito, podrá percibir sus actos frente a la vida, frente a sus semejantes, la poesía posee la magia de abrirnos hasta el corazón para visualizar lo colectivo más allá de lo personal.
“Grande o pequeño, todo hombre es poeta si sabe ver el ideal, más allá de sus actos”, con estas palabras de Henrik Johan Ibsen pone al descubierto lo humano de la poesía, y la reflexión en el hombre es quizás el acto más reverencial de su existencia, muchas de sus actuaciones vienen precedidas por una introspección que le permite vislumbrar, inclusive, la salvación en caso de un inminente caos. Pensemos en la poesía como el ungüento de sanación puesta en práctica a diario por cada uno de nosotros, estaríamos apostando por la felicidad del mundo, por la sonrisa de los más oprimidos, de los excluidos. “La poesía debe ser hecha por todos”, Laurence Sterne.
Estoy seguro que después de realizar este benigno ejercicio usted se sentirá diferente, atraído por un aura de conciencia realmente humana, sentirá que le ha dejado libre de un peso que llevaba, sin darse cuenta, por años aprisionándolo, sentirá un olor a prójimo cercano, estará con disponibilidad de acercar su mano solidaria al necesitado.
“Solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que nos dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”, Pablo Neruda. Cualquier otra frase estaría demás en esta cita de este entrañable poeta que nos dejó esta excelsa lección de humanismo. Esta semana haga de la poesía su mejor aliada, le aseguro que podrá contar con ella el resto de sus días. Por eso no pongo en duda que la poesía salva. “La poesía no es de quien la escribe sino de quien la necesita”, Azimut.
peyestudio54@gmail.com
*Periodista

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