Más de 80 % de los 301 hospitales nacionales está “en ruina y abandono” desde hace muchos años, afirmó el presidente de la Federación Médica, Douglas Natera

El desabastecimiento de insumos en los 40 centros públicos más importantes es de 70 % en quirófanos y de 44 % en emergencia, según reporte de la ENH entre enero y febrero pasado. Los cardiológicos no disponen de Hemodinamia, a pesar de que la enfermedad del corazón es la primera causa de muerte en el país. Una expresión del deterioro del sistema de salud pública que aceleró el Convenio Cuba Venezuela, hace 22 años, señalan especialistas.

No hay paciente que al entrar a un hospital en el país tenga garantizado el acceso oportuno a una asistencia integral. La salud pública muere de mengua en cualquier centro asistencial.

Leonor Prisco lleva más de un año esperando ser operada de un tumor en el ovario, con “un dolor intenso que viene y se va”. Lo intentó en el Hospital Dr. Domingo Luciani de El Llanito, durante siete meses en 2021, pero no logró la atención adecuada. “Venga en 15 días”, le dijo una enfermera de la Unidad de Ginecología, por semanas consecutivas, relata. “Se me vencieron los exámenes preoperatorios que en julio me costaron 130 dólares en otros laboratorios, porque esos servicios no los hay en el hospital. Y mi historia también se extravió”. La paciente busca desde enero “mejor suerte” en otro hospital.

Este centro de salud adscrito al IVSS, de ser uno de los más modernos de América Latina desde 1987, es en la actualidad uno de los más colapsados: carece de insumos básicos y los pacientes los deben llevar; no tiene suficiente personal de salud formado, ni dispone siempre de servicios públicos adecuados, y es apenas receptor de “políticas de reparación y mantenimiento” de equipos esenciales que están dañados desde hace años.

Más de 80 % de los 301 hospitales nacionales está “en ruina y abandono” desde hace muchos años, afirmó el presidente de la Federación Médica, Douglas Natera, que el miércoles pasado volvió a reclamar la urgencia de “implementar un plan de recuperación hospitalaria”.

“La situación de crisis en la salud es tan grave que en los hospitales no hay medicinas, agua, electricidad, ascensores, camillas, equipos quirúrgicos. Ni tampoco comida para los enfermos ni bioseguridad para el personal. Las salas de emergencia están prácticamente cerradas por falta de herramientas de trabajo y no hay vigilancia policial”.

En el inventario incluyó el abandono de más de 7000 edificaciones de ambulatorios, entre los cuales están los de la misión Barrio Adentro y hospitales del IVSS.

Ante esto, Nicolás Maduro ordenó, el 21 de abril en la noche, restablecer la Misión Barrio Adentro, en su 19° aniversario: recuperar los abandonados módulos de CDI, ambulatorios y todas las instalaciones de la salud “que se deban arreglar, reconstruir o recuperar se tiene que hacer a puertas abiertas”, para atender a los venezolanos.

Hospitales sin insumos ni corazón

Desde 2018, la Encuesta Nacional de Hospitales apoyada por la organización Médicos por la Salud, ha descrito con cifras la realidad de los 40 centros asistenciales más importantes.

En el reporte de febrero de 2022, indica que el desabastecimiento de los 20 insumos indispensables en quirófano, en los dos primeros meses del año, fue de 70 %. Esto indica la poca capacidad de los hospitales para realizar intervenciones quirúrgicas. Y además no funciona casi 100 % de equipos, como tomógrafos.

Mientras, el desabastecimiento en emergencia fue de 44 %, en el mismo lapso. La falla de los antihipertensivos fue de 37 %. “Esto resulta alarmante para un país cuya primera causa de muerte son las enfermedades cardiovasculares”, destaca.

Es técnicamente imposible que el Estado garantice atención, indicó el médico internista Gustavo Villasmil, miembro de la organización Médicos por la Salud, a Transparencia Venezuela.

“La asistencia médico-hospitalaria no existe. Sí, hay hospitales abiertos, en los que se hace lo que se puede, pero ninguno opera corazón ni hace trasplantes. Tampoco puede ofrecerse una atención idónea a una persona quemada ni a un politraumatizado”.

Martha Lucía lo constató con su mamá, en el Centro Cardiológico de Maracay, estado Aragua, un centro de referencia en el área cardiovascular. Sus espacios fueron rehabilitados con refacciones, pintura y ventilación, por la gobernación en agosto de 2020, informó la empresa Constructora de Aragua por VTV, pero no el servicio de Hemodinamia: perdió la capacidad de hacer cateterismos.

“Le dio un infarto hace siete días, tenían que hacerle un cateterismo pero en el Cardiológico ya no lo hacen. Los médicos tienen la misma mística que tenían antes de que el chavismo se lo quitara a la fundación y lo entregara al sector público. Pero no hay insumos para operar”, dijo.

Casi todos los hospitales cerraron estos servicios por falta de recursos. Solamente el Hospital José María Vargas y, más recientemente, el HUC, lo mantienen, indica Pablo Zambrano, secretario ejecutivo de Fetrasalud. “Las listas de pacientes son inmensas y todos deben comprar los insumos, pueden contarse hasta 3000 y algunos fallecen”.

El Programa Nacional de Prevención y Control de Enfermedades Cardiovasculares, que fue creado por el cardiólogo Juan José Puigbó, junto a otros colegas en 1959, para monitorear la situación de este mal en forma eficaz, fue eliminado en el año 2000

La salud sin servicios

“Los hospitales en Venezuela están muy lejos de estar en condiciones adecuadas, lo cual pone a nuestros pacientes en posición de vulnerabilidad y en muchas ocasiones se pierden vidas de manera innecesaria”, advierte el reporte de la ENH.

La deficiencia de los servicios de luz y agua también afectaron seriamente a centros de salud pública en los dos primeros meses del año. La crisis se ha vuelto una constante.

Para los primeros meses de 2022, los hospitales pasaron cuatro horas a la semana sin luz. “La situación no ha mejorado en lo absoluto desde 2019. La única diferencia es que los cortes duran menos, pero ahora son más frecuentes y esto afecta de igual forma al desempeño hospitalario”.

Apenas 8 % de los hospitales reportaron tener planta eléctrica instalada, pero no operativa. A pesar de que están instaladas en las áreas críticas del hospital, que son emergencia, quirófano y terapia intensiva, en teoría, el resto de las áreas quedan sin electricidad.

“Esto evidentemente entorpece la atención que el hospital puede brindar y hace que no sea capaz de atender a los pacientes que lo necesitan”, indica el reporte.

El pasado 20 de abril, el Hospital Andrés Herrera Vegas del Complejo Hospitalario del Algodonal quedó sin luz durante hora y media, cuando los médicos realizaban una histerectomía.

Para mediados de marzo de 2022, 1,2 % de los hospitales informó no haber tenido suministro de agua ningún día y 21 % reportó intermitencia en el servicio. Un porcentaje que no mejora desde 2019.

En coma desde el año 2000

Especialistas señalan que el deterioro progresivo de la red pública de hospitales lleva más de 5 décadas. Un indicador es la tasa de camas disponibles en relación con el total de la población. Desde 1980 hasta 2011, el número de camas de hospital se redujo de 27 camas x10.000 habitantes a 10,85 por 10.000 habitantes. Mientras, la población se duplicó de 14.7 millones de habitantes a 29.2 millones. La tasa internacional, según la OMS, es de 30 camas por 10.000 habitantes.

“Se redujo 2,6 veces en 30 años”, calculó el médico internista José Félix Oletta, exministro de Sanidad y autor del estudio sobre Evolución de la Cobertura de Hospitales Públicos en los últimos 50 años.

Sin embargo, la situación de la red es apenas una muestra del mal que aqueja a todo el sistema de salud pública nacional desde el año 2000 con la entrada en vigor del Convenio Cuba-Venezuela, durante el naciente gobierno de Hugo Chávez, que partió el sistema en dos.

“En lugar de oxigenarlo, lo asfixió”, asegura Oletta, coordinador de la Sociedad Venezolana de Salud Pública. “Este acuerdo madre suscrito entre Fidel Castro y Chávez fue el sustento general y financiero de un sistema paralelo de salud que fue ejecutándose en forma progresiva”.

La red entró en coma por falta de la inversión y se privilegió al Convenio y a su brazo ejecutor, la misión Barrio Adentro. “Privó el despilfarro, la fragmentación del sistema de la salud y su gasto ineficiente”.

Sin oxígeno presupuestario

Por vía presupuestaria, la Fundación Misión Barrio Adentro recibió 24.683,8 millones de bolívares en aportes por partidas asignadas a los ministerios para la Salud y Desarrollo Social, entre 2010 y 2016, según registro de la Ley de Presupuesto Ordinario. Además, se le transfirió créditos adicionales y Fonden 3 veces más que el recurso ordinario. Y Pdvsa le dio aportes anuales por 22.271 millones de dólares desde 2003 hasta 2016.

Mientras el financiamiento del Ministerio para la Salud a hospitales, e inclusive programas de inmunizaciones, fue inferior, de acuerdo con las Memoria y Cuenta de 2014 y de 2016.

Para el ejercicio de 2022, el presupuesto del Ministerio de Salud para 213 hospitales y otras unidades de atención ambulatorias es de 3157 millones de bolívares. De ese total, 14 % serían para remuneraciones. Para el IVSS, que agrupa más centros de salud, son 897 millones de bolívares. En estas asignaciones están contemplados los 42.489 trabajadores calificados en la Ley como “personal médico en órganos e instituciones dependientes y manejadas por el Estado”.

Volver al principio

Mientras la atención de la salud empeora por falta de inversión pública, la Academia Nacional de Medicina y las sociedades médicas urgen la intervención del Estado. Especialistas se preguntan de dónde saldrán los recursos para recuperar los olvidados módulos de Barrio Adentro, según la orden de Maduro.

“No ha habido rendición de cuentas, evaluación de resultados ni auditoría de la gestión de Barrio Adentro desde su inicio hace 19 años. Una vez declaré que nunca antes en Venezuela se gastó tanto dinero en salud, para obtener tan pobres resultados”, indica Oletta. “Gasto en salud, ineficiente, sin control, y paradójicamente, con deterioro de los indicadores epidemiológicos de salud”.

Fuente: CrónicaUno

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