Por Antonio Ledezma

Los déspotas que se entronizan en el tablero de control de los gobiernos de algunos países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, se empeñan en formar parte de las delegaciones que se congregaran en la Cumbre de las Américas, esta vez con cita en la ciudad de Los Ángeles en Estados Unidos de Norte América. O sea, esos tiranos que lo menos que saben es de respetar los derechos humanos pretenden estar ubicados en la misma galería en la que se reunirán los jefes de Estado y de gobiernos que, por lo menos, practican los más elementales códigos democráticos.

En Cuba tomaron el poder los hermanos Castro desde el 16 de febrero de 1959. Primero fue Fidel, ocupando todos los mandos hasta el 24 febrero de 2008 y su sucesor fue su hermano Raúl, quién a su vez le cede el timón a otro miembro de la casta tiránica para prolongar ese cruento caciquismo. ¿De qué pueden hablar esos dictadores, en una reunión en la que la agenda privilegia el tema medular de la libertad y el respeto a los más elementales derechos humanos? Si van, es para hacer representaciones cínicas, para continuar burlándose de la comunidad internacional, mientras evocan, muy ufanos, las puestas en escena desde el puerto de Mariel desde donde partieron en éxodo miles de ciudadanos cubanos. O tal vez podrán exponer las ventajas de las nuevas rutas relacionadas con “el tour de los volcanes”. En definitiva, qué experiencia democrática defenderán los déspotas castristas en una cumbre consagrada desde 1994 a procurar la consolidación de la libertad en nuestro Hemisferio Occidental.

Por otro lado están los dictadores de Nicaragua, los mismos que se instalan en el poder apoyándose en el uso de la fuerza bruta, persiguiendo a los disidentes, apresándolos o aventándolos al destierro, o simplemente los asesinan, como hicieron con la masacre del Día de Las Madres, aquel tristemente recordado 30 de mayo de 2018, cuando en las ciudades de Estelí, Chinandega, Managua y Masaya, efectivos de la Policía Nacional de Nicaragua, aliados con paramilitares dispararon fusiles de francotirador Dragunov y fusiles de asalto rusos AK-47, cegándoles la vida a decenas de seres humanos. Esos crimines permanecen envueltos en la más deleznable impunidad.

Otros que reclaman un sillón en esa nueva cumbre, son los matones de la revolución del Socialismo del Siglo XXI que aspiran a que Nicolás Maduro sea invitado de honor. ¡Que descaro madre mía! Estamos hablando de los que más que un gobierno, forman parte de una corporación criminal que maneja grandes negociados con las mafias del narcotráfico y las trasnacionales del terrorismo. Los mismos que se mofan de los diálogos, los mismos que se han especializado en perpetrar triquiñuelas de todo tipo para que la gente vote, pero eso si, nada de elegir, porque se han apoderado de la voluntad de los electores mediante todo tipo de irregularidades. ¿Qué puede aportar el dictador Maduro en esa cumbre en la que se debatirá sobre mecanismos para profundizar la cooperación entre los mandatarios de cultura y vocación democrática?

Pero esos tiranos saben articular sus narrativas, esas mentiras que exponen con sus “caras de cemento” ante cualquier escenario, tal como lo hacía Fidel Castro desde la tribuna de la ONU, jurando y rejurando que él no era comunista. Mienten descaradamente y además se agrupan en su Foro de Sao Paulo para protegerse unos a otros. Esas poses de mordacidad hay que ponerlas al descubierto, ya es hora de no ser tontos útiles.

@AlcaldeLedezma

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