Juan J. Prieto L.*

  Un respiro profundo, jamás sentido en mucho tiempo, nos despertó entregándonos un pálpito nuevo. Y nos dimos cuenta que la cultura, nuestra cultura, está de fiesta luego de una ruda pesadilla ya conocida por quien pise este planeta. No es un sueño, hemos visto al maestro Francisco Narváez abrir las puertas de su casa y entrar con un alboroto de gente que hacía muchas luces esperaba este momento. La sensación de alivio impregnó toda la isla, la mar se hizo más azul, brilló el cielo como si también sintiera como nosotros.
   De nuevo la mano del maestro nos condujo a mirar y admirar los espacios de su imponente hogar: volvimos a juntarnos en medio de la bullaranga cotidiana en el Museo de Arte Comtemporáneo que lleva su nombre inscrito en la piedra que es su palabra y su aliento. Volver a su recinto es algo así como vivir su propia retrospectiva, a no sentirlo inadvertido como en tanto tiempo, cuando temíamos que el caos lo hiciera su presa. Cuantos momentos de sentirnos con la dicha de tener un hijo de esta tierra en el umbral de una constelación insuperable de creación, de imaginería por lo hermoso, que tal vez le vino por mucho amar su terruño asido al milagro de la gracia.
   Y con él vuelven sus discipulos que no han dejado de transitar su legado por la forma, lo primigenio y también lo humano y cariñoso con sus coterráneos. Así era el maestro y se hizo perpetuo, nos toca preservarlo como patrimonio  nuestro que es, ese legado tan pertinente que Docha, Valentín, Cazorla, Chuito, Asdrúbal, Arturo y un sin número de artistas plásticos que han aprendido la lección al pie de la piedra, el caballete y la pasión por las bellas artes. Volvamos a aprender en el Narváez como otrora con conciertos, tertulias entre amigos, conversatorios con artistas llenando de luz y fantasía la estrechez de las calles porlamarenses. Yo quiero volver al Narváez.
   Gracias maestro por estar donde siempre.

*Periodista 

Un comentario

  1. Excelente artículo. El Maestro Narváez es la referencia obligada de lo sublime llevado a la Piedra esculpida con la pasión insular. Un abrazo inmenso Poeta.

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