Juan J. Prieto L.*

Todo estuvo listo al despuntar la mañana desde hace muchos años cada quince de julio ella sabía que lloraría, como todos los años.

Desde la ventana miraba el largo camino de tierra seca, con verdes eucaliptos en sus orillas. Seguía esperando, quería verlo regresar. Como todos los años.

A las doce campanadas del viejo reloj colgado en la antigua pared, tomaba entre sus manos dos pañuelos de lana tejidos con su sabia destreza para la ocasión, uno era blanco, rojo era el otro.

Con el blanco secaba lágrimas de despedida, con el rojo las del adiós para siempre, la guerra se quedaría con su amado para no volver jamás. Nunca en cién años.

Y otro, y otro como todos los años sacaba sus pañuelos, uno blanco, el otro rojo a llorar a su marido que más nunca volvió a ver. Y otro y otro año como todos los años.

*Periodista

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