Manuel Avila

La idea de partir el billete y dar a cada uno la mitad es la filosofía del compartir para lograr llegar juntos a la meta. Por eso no se entiende como algunos gobernantes que llegaron juntos a la meta se enfrenten a solo 7 meses de gobierno para mostrar el rostro de una oposición dividida.
Asumir posiciones alocadas cuando todavía avanzamos por el camino de la consolidación de la gestión es buscar excusas para probar que tener el control municipal es parte de las comedias repetidas de figuritas de la política que asumen posiciones disímiles solo para demostrar que se grita más alto que el rival.
El billete rojo hace alusión a la unidad por encima de todas las cosas y romper las relaciones políticas ahora cuando la gente anda encopetada por ocupar cargos de gobierno es parte de la inmadurez política que solo deja huellas de sangre en las filas de la oposición.
Con gestiones exitosas en varios municipios del estado no quedan dudas que gobernanza es un oficio que requiere de mucha magia para llevar las riendas del gobierno en tiempos de crisis. Sin dudas que el Gobierno Nacional atraviesa la misma crisis que se ve en las calles del país con la gente pasando ronchas y sin conseguir como sobrevivir a los avances de una crisis mundial que amenaza hasta a las grandes potencias mundiales.
No escapa Venezuela a la crisis mundial que después de la pandemia con mucho tiempo con las industrias cerradas y los comercios en quiebra es parte de la resaca del covid que sometió a las naciones a la peor recesión de su historia. En todas las naciones se sometió la sociedad al sacrificio económico para poder salvar las vidas de los ciudadanos. Cayó el poder interno bruto, vino la quiebra de la banca mundial y las grandes cadenas de comercios fueron condenadas a la debacle económica.
Ahora cuando volvemos a la normalidad con muchos casos de covid todavía en el ámbito mundial, entramos en un proceso de cambios que solicita a los ciudadanos una mejor visión a la hora de seleccionar a sus candidatos.
En Venezuela tenemos un partido de gobierno molido por las pésimas políticas y aunque venden espejismos por todos lados la pobreza es la reina de la parranda y condena al gobierno a su peor prueba de los últimos tiempos. Por eso la oposición está obligada a pegar el billete roto porque es necesario la unidad para poder tener algún chance en las elecciones del 2024.
La oposición y el gobierno tienen en su óptica el proceso electoral del 2024 y ya trabajan para tal fin, pues es evidente que nos jugamos el futuro de la patria en un proceso que mostrará al desnudo la situación crítica de una sociedad moribunda. Eso sí el gobierno tiene grandes ventajas porque la judicialización que le aplicaron a los partidos más importantes abrió una brecha enorme entre las dos caras de la moneda. Ese proceso de reconciliación entre los bandos opuestos marca el rumbo de una sociedad que ya no aguanta más porque sus cimientos están a punto de ceder.
En Nueva Esparta las peleas hostiles entre los bandos de AD recorrieron el planeta en algunos videos y grabaciones, sino que la gente se formó un criterio bárbaro de la forma de hacer política. En el resto de los partidos han ocurrido batallas internas interesantes que enfrentan a institucionales y judicializados.
Por eso hay el gran reto de unir a la militancia de los distintos bandos partidistas para poder tener opción y si los partidos judicializados vienen a jugar al torpedeo para beneficiar a su aliado circunstancial no queda ninguna duda que estamos atrapados en una trampa caza bobos.
Creer que es fácil ganarle las elecciones al régimen es una posición muy frágil, pues es evidente que si bien es cierto que la oposición cuenta con el 69% de las preferencias es también verdad que lograr la unidad nacional es casi un milagro. Por eso y sin ánimo de ser pesimista los rojos con ese escuálido 15% mantienen fortaleza por la unidad monolítica de sus cuadros. Sería un milagro que se cristalizara la unidad nacional y a eso apostamos los que estamos presos en este valle de lágrimas y soñamos con la salvación del país.
Por eso la tesis del billete roto cobra más fuerzas porque en la oposición, donde todos nos necesitamos para poder salir de la pesadilla hay un arroz con mango que no permite a los políticos razonar como ciudadanos de un mundo civilizado y poner por encima los intereses del país.
Esa es nuestra realidad que nos agobia y somete a pruebas a ver si sabemos soltarnos del nudo y enfrentar en un solo equipo a un régimen que mantiene su hegemonía aun cuando la pobreza nacional cada día se acentúa como producto de un gobierno que no ha entendido la realidad de un país muerto de hambre y condenado a la miseria.

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