Eneida Valerio Rodríguez
(@eneidavalerio)
Un pulmón vegetal de 574 mil hectáreas con una longitud superior a 100 kilómetros, siembra la muerte de diversas maneras para los desesperados transeúntes que a diario lo cruzan.En siete días si tienen el privilegio de salir, entonces, advierten de no hacerlo a todos quienes en sus planes,incluyen el mortal eslabón.
El llamado asimismo,Tapón del Darién, ubicado entre Colombia y Panamá en un espeso bosque con navegables riachuelos que divide opiniones entre expertos. Para unos, la recomendación es conservarlo tal cual,dado su condición boscosa como recurso natural y otros, recomiendan la construcción de una carretera que una ambos países con menores riesgos mortales.
Ahora mismo, la grave situación, habla de setenta venezolanos desaparecidos hace varias semanas conformes testimonios de sus familiares. En el grupo, se cuenta un policía activo. Constituye el Darién,una fuga, incontrolable para ciudadanos que se pierden en el laberinto del desespero y absurdidad. La huida, como finalidad parece devorar la capacidad de racionalidad en los seres humanos
Después de la presión ejercida por periodistas y Medios de Comunicación ante la dramática situación que desde varios años, abrieron cubanos y haitianos como los primeros en atreverse, ahora, se suman venezolanos y colombianos quienes crean un mayor volumen de usuarios y en consecuencia, de peores dificultades .Y todo, en medio de tímidas posiciones de los gobiernos de Colombia y Panamá, cuyas primeras reuniones en torno al problema, no arrojan todavía pasos concretos para responder a tan desafiante situación.
El periodista Jasón Notlagh, quien ha escrito sobre el tema para los periódicos con los cuales trabaja, lo califica como; “el pedazo de jungla más peligroso del mundo”. Esta definición, pasa desparecida para los gobiernos de los países responsables del grave problema desde el punto de vista de la ubicación geográfica. La zona, recorrida por la muerte, tiene sin vacilaciones crueles formas para exhibirse, y va desde la luz del día hasta la noche. 24 horas de riesgos y exposición a la muerte. Vidas que se apagan junto a sus familiares en ocasiones, sin más invitación que abandonarse y sembrarse en el follaje que sigue verde a pesar de todo.
El director de la Cruz Roja en Panamá, Elías Solís, en su más reciente declaración sobre este asunto tan particular, admitió un 15% de cometimiento de delitos sexuales en el paso del Darién y asimismo, otras formas de violencia, como trata de personas, que conllevan irremediablemente a la muerte. Admitió el peligro del paso e informó que se colocaron zonas de agua potable porque el consumo sin tratamiento previo, transmite enfermedades hídricas que tampoco se atienden.
La trata de personas, se considera un problema en crecimiento y así, lo admiten organismos internacionales y entre los países en peores condiciones en esta materia de América Latina, Venezuela, conforma la tríade junto a Cuba y Nicaragua. Comparten tan perplejo escenario con otros asiáticos y africanos.
Si aquí, el problema es grave en materia tan sensible, como la trata de personas, podemos entender que los migrantes con el coraje traducido en desespero para pasar el Darién y lograr llegar a EE.UU. pueden en su desventura considerar que existiendo tales antecedentes en su país y como conocimiento de lo que significa tal calamidad, considerarse dispuesto abordarlo en su afán de huida.
Una triste realidad que retumba en los oídos de cada deseoso de la conveniencia del respeto de los derechos humanos.

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