Ana Luisa Gandica Silva

Religión del Blanco Europeo

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Los españoles que arribaron a la otrora Provincia de Margarita profesaban la religión católica, cuyos dogmas de fe eran imperantes y sus liturgias de obligatorio cumplimiento en la mayoría de los reinos europeos y con gran arraigo en la España de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, quienes fueron distinguidos como los “Reyes Católicos” por el Papa Alejandro VI. Por ello sus súbditos estaban obligados de manera imperiosa e inflexible a cumplir con las normas de la sagrada disciplina del Cuerpo del Derecho Canónico -1140-1503- -Corpus Iuris Canonici- y a las Leyes Castellanas. Por ese efecto, esos preceptos teológicos debían acatarse en este Nuevo Mundo, descubierto por el Almirante Cristóbal Colón -1492-, por formar parte de su Imperio, cuyos colonos tenían el compromiso de imponer esa fe en esas latitudes. Y cuya evangelización estuvo a cargos de las Órdenes Religiosas, arribadas a esos espacios desde el mismo inicio de esa etapa, que tenían el deber de convertir y adoctrinar a esos autóctonos bajo las disciplinas del catolicismo.

El cristianismo es una religión monoteísta de origen semítico, fundamentada en un sólo Dios en la figura central del Padre creador de todo lo visible e invisible, que encarnó a su único Jesús en el vientre glorificado de su madre la Virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo, que es la tercera persona del dogma central de la naturaleza de ese Dios único y verdadero constituido que existe como tres personas distintas o hipóstasis: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo -Trimurti-. El cristianismo, se basa en la figura central de su fundador Jesús de Nazaret cuyos rasgos de partida son comunes con el judaísmo por ser ambos credos monoteístas a diferencias de las creencias del aborigen, que adoraban a diferentes dioses.
La devoción de convicción cristiana está perfectamente contenida en la oración del Credo donde se confirma la fe en un sólo Dios como creador del cielo y de la tierra y en los dogmas de ese testimonio. Rogativa instituida en el Concilio Ecuménico de Calcedonia celebrado en ciudad de Bitinia de Asia Menor entre el 8 de octubre y el 1° de noviembre del año 451, cuyas definiciones fueron reconocidas como infalibles por la Iglesia Católica de Roma y por la Iglesia Ortodoxa Cristiana de occidente, pero rechazadas por las otras Iglesias Ortodoxas de occidente y las asirias orientales, que defendían la doctrina del monofisismo. Por ello, la Iglesia romana discrepó a partir de esos tiempos con esas otras doctrinas. Actualmente, entre otras corrientes cristianas existen otras Iglesias, tales como: los testigos de Jehová, los pentecostales y los mormones que tienen una interpretación distintas a la del catolicismo sobre sus dogmas de fe, su ministerio y la forma de administrar sus sacramentos.
La doctrina cristiana-católica está contenida en la Biblia compuesta de dos secciones: “Antiguo Testamento” y “Nuevo Testamento.” En el Antiguo Testamento se asimila en parte a la narrativa judaica. Y en el Nuevo Testamento se comprende de manera global la genealogía de Jesús, desde su nacimiento, vida, ministerio hasta su muerte por crucifixión, resurrección y ascensión a los cielos en cuerpo y alma. Texto donde adicionalmente, se comprenden los acontecimientos de los Apóstoles y la Apocalipsis y otros anales de las primeras décadas del cristianismo. Destacándose el ministerio encomendado por Jesús al apóstol Simón Pedro que asumió, su legado para liderar la profetizar su Doctrina. Por ello, la Iglesia Católica a partir de esos tiempos hasta los actuales reconoce a Pedro como el vicario de Jesucristo y obispo de Roma, cuya responsabilidad se ha transmitido través de los tiempos en una representación viva, ungida actualmente en la figura del Papa, llamado también Supremo Pontífice de la Iglesia Universal o Jefe Espiritual de la Iglesia Católica como su pastor y cabeza del Colegio Episcopal, quien además, posee el título de soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. Dicho pontífice es elegido por el Colegio Cardenalicio reunido en un cónclave conformado por el Colegio Cardenalicio de la Iglesia de Roma. La Biblia latina comenzó a circular en España aproximadamente desde el siglo XV.

Retomando el tema del ministerio público de Jesús, éste se inició con una data anterior al siglo I conocida como antes de Cristo -a. C-. Porque la posterior a su muerte esta distinguida como después de Cristo -d.C-. Según la historia su primeas predica fue en la provincia romana de Judea, a quien posteriormente se le fueron agregando los Apóstoles, cuyos ministerio pastoral se extendió por los territorios de la antigua Perea hoy Israel y Jordania y gran parte de las costas del mar de Galilea. En dichas predicas anunció su muerte, resucitación y ascensión al cielo, para unirse a su padre. Corintios 15:3-4.

Las precarias condiciones del Imperio Romano facilitó la difusión de la Doctrina de Jesús que exaltaba concederles mayores beneficios a los desposeídos, a las personas humildes de baja condición social y a las mujeres en general, que según las leyes de esos tiempos estaban oprimidas, sometidas de manera subalterna y despótica a la voluntad del hombre, oponiéndose a las leyes judías que las discriminaban, las repudiaban sin sentido de humanidad, llegando al extremos de someterla a castigos atroces como la lapidación, cuestionando por lo tanto, su desmedido modelo patriarcal. Porque, ellas como génesis de la prole de la familia y pilar fundamental de la sociedad, debían ser mayormente estimadas y consideradas.

Después de la muerte de Jesucristo y a pesar de las persecuciones del Imperio Romano en contra de los mensajes de su Nuevo Reino, sus Apóstoles y seguidores continuaron profetizando esos mandatos, sufriendo nefastas asechanzas, persecuciones y muertes atroces, que cesaron en el año 313 d.C. cuando el Emperador del Imperio Romano de Occidente y Occidente, Flavio Teodosio conocido como Teodosio I, “El Grande” declaró definitivamente al cristianismo como religión oficial de ese Imperio, que posteriormente lo dividió en herencia entre sus dos hijos: Flavio Arcadio Augusto llamado Arcadio, designado emperador de Oriente y Flavius Honorius Augustus conocido como Honorio nombrado emperador de Occidente, quienes al igual que su padre profesaban la fe cristiana.

La composición del canon neotestamentario afirma, que los textos del Nuevo Testamento de la Biblia católica estaban escritos en griego denominado koiné, la lengua franca hablada en el Mediterráneo Oriental durante la época abordada. Los eruditos sobre esa materia consideran que fue redactada originalmente en hebreo o arameo, la lengua semita hablada por Jesús y su entorno. El manuscrito más completo y antiguo de la Biblia cristiana es conocido como el Codex Vaticanus -códice del siglo IV-, escrito en griego y actualmente archivado en la Biblioteca Apostólica Vaticana.

La Iglesia Católica tiene una jerárquica eclesiástica encabezada por el Papa de Roma y consiguientemente por el Clero conformada por “los ministros que recibieron el sacramento del orden.» El Papa como se indicó, es la máxima autoridad y sus pronunciamientos son considerados infalibles. Dicha organización eclesiástica continua con escalafones descendiente en las tres “orden del “sacramento”: El Episcopado, el Presbiterado y el Diaconado, ministerios dedicados de manera plena y exclusiva a esas disposiciones eclesiásticas, que entre otras obligaciones está acatar el celibato y cuya envestidura sólo es ejercida de manera exclusiva por los hombres. El celibato en ese orden clerical no imperó durante los primeros siglos de la Iglesia, cuyo exigencia fue un proceso que culminó en el siglo XII, cuando se estableció como una condición de fiel cumplimiento e ideal para la vida sacerdotal, confirmada en el Concilio Ecuménico de Trento, celebrado al norte de Italia, de manera discontinua durante los años-1545-1563- , siendo ratificado hasta nuestros tiempos en otros conclaves. En una menor escala de ese “orden” están los Consagrados o Laicos conformado por personas agrupadas normalmente en institutos religiosos o seculares, quienes aceptan llevar una vida de clausura monástica o conventual, donde la mujer tiene participación como: Abadesa en las Abadías, o Monjas y Hermanas en los Conventos. Igualmente forman parte de esa Iglesia, pero sin jerarquía “sacramental de orden.” Y en menor escala de ese “estamento”, se comprenden los demás fieles seguidores de esa Doctrina, que son todos los bautizados bajo esa fe.

Es de hacer notar, que desde el Mundo Antiguo -4500-1200 a.C.- hasta la Edad Media -Siglos IV-XV-, incluso en el Renacimiento -Siglos XV- XVI- y gran parte de la Edad Moderna -Siglos XV-XVIII-, la mujer en las creencias cristianas fue desfavorecida por su condición sexual y su supuesta debilidad física y mental, cuya minusvalía, se fundamentó en el Génesis del Antiguo Testamento de la Biblia -Genesis 2,17-, donde se indica, que ella fue creada por Dios de una de las costillas del hombre y la llamó “Varona” y Adán la llamó Eva por ser la madre de todos los vivientes y donde se le responsabiliza la pérdida del Edén, porque, precisamente su debilidad le permitió ser seducida por el diablo en la figura de la serpiente, incitando a Adán a comer la fruta del árbol prohibido por Dios. Desobediencia, que significo la “caída” de ellos, al quedar manchados con el “pecado original” y su consiguiente expulsiones del paraíso terrenal.
No obstante, las mujeres en el Antiguo Testamento bíblico judaico-cristiano, ejercieron un liderazgo, tanto en la vida religiosa, como en la civil, política y familiar. Texto donde se privilegiaba el ministerio profético concedido por Dios a cierto ungidos, para comunicarle a través de ellos, sus designios al pueblo. Entre éstos, se citan a María, nombrada por Dios como líder de Israel, junto con Moisés y Aarón. -Miqueas 6:4-. También se menciona a Hulda, que ejerció su ministerio durante el reinado de Josías -Crónicas 34-, mensajera de Dios para trasmitir su voluntad a los pueblos, quien promovió una reforma religiosa de gran alcance.

También, en ese Antiguo Pacto, se relatan las vidas de varias mujeres, que alteraron el curso de la historia: entre ellas, Ester y Débora, consideradas intermediarias entre Dios y el pueblo. En el caso de Débora, cuando el pueblo de Isael enfrentó tres clases de dificultades: desintegración religiosa, derrota militar y falta de liderazgo político. Ella se distinguió como profetisa y juez, permitiéndose ese conglomerado disfrutar de 40 años de paz. También, se nota cuando Dios le dijo a Abraham que le hiciera caso a su esposa Sara en cuanto a su hijo Ismael -Génesis 21:9-12. A los casos anteriores, se le agregan otros, cuando el Ángel del Señor le anunció sólo a Manoa, el nacimiento de su hijo Sansón, que liberaría al pueblo de Israel, ¿Por qué Dios no transmitió ese mensaje tan importante al padre de esa criatura, quien era el líder espiritual de la familia? A lo largo del diálogo se aprecia que Manoa, era la menos preparada de los dos pero ante los ojos de Dios, ella era más sensible a su voz.

Uno de los ejemplos más llamativos fue el de Junía, a quien Pablo menciona en Romanos 16:7, donde la saluda junto a Andrónico, diciendo que «son muy estimadas entre los apóstoles». Y en ese sentido menciona a cuatro mujeres que trabajaban en la obra del Señor: María, Trifena, Trifos y Pérsida -Biblia. Romanos 16:6,12-. El verbo utilizado por Pablo para referirse a estas mujeres es «kopiao», que se sujeten a personas como ellas, es decir, que las ayuden a trabajar -kopiounti-. Dadas las condiciones que anteceden, significa entonces, que Pablo el Apóstol, a quien se le atribuye haber propiciado la mayor segregación de la mujer en la Iglesia Católica, relegándola a una posición de subordinación frente al hombre, no es del todo cierta. Por otro, lado San Lucas narra como Priscila evangelizó a Apolo, -Hechos 18, 26-. Y Clemente de Alejandría que ponderó la importancia de la mujer de esa época, cuando realizaron una misión evangelizadora en los harenes, donde sólo ellas tenían acceso. -Stromata, III, 6, 53-.
En todo caso, en esas épocas, se tenía un universo conceptual de minusvalía de la mujer frente al hombre, cuya postura fue rechazada por Jesús. Porque él la percibía como un ser amoroso -Lucas 7,36-50-. Y mirando en el interior de las personas: no establecía diferencias entre el hombre y la mujer. A ese efecto, dio una clara enseñanza sobre el incidente de la mujer sorprendida en adulterio, que debía ser juzgada de igual manera que al hombre -Juan 7,53-8,10-. También, se pronunció sobre los órganos sexuales y las secreciones mensuales de la mujer, visto en todas esas culturas como algo “impuro” -Levítico 15,1-30.
Por lo tanto, Jesús en su proyecto liberador, contenido en el Nuevo Testamento quebrantó los tabúes de su época, manteniendo una profunda amistad con mujeres como Marta y María -Lucas 10,38-. Conversó públicamente y a solas con la samaritana, conocida por su mala vida, de forma que sorprendió incluso a los discípulos -Juan 4,27-. Se dejó tocar y ungir los pies por una conocida prostituta -Lucas 7,36-50-. En efecto, fueron varias mujeres atendidas por él, como la suegra de Pedro -Lucas 4,38-39-; la madre del joven de Naín -Lucas 7,11-17-; la mujer encorvada -Lucas 13,10-17-; la pagana siro-fenicia (Marco 7,24-30); la que perdió la moneda -Lucas 15,8-10- y la viuda enfrentada con el juez -Lucas 18,1-8-.

    Obra: Cristo y la  Mujer Adúltera (1546-1548).
     Autor Jacopo Comín conocido como Tintoretto.
      Ubicación: Galería Nacional de Arte, Roma, Italia.

Significa entonces, que Jesús presentaba a la mujer como hija de Dios, destinataria de la Buena Nueva e invitada junto con el varón, a conformar la nueva comunidad. Ratificando, que ellas fueron sus más fieles seguidoras. -Lucas 8,2-3-, que lo acompañaron a lo largo de su trayectoria como predicador y hasta cuando sus discípulos lo abandonaron, afirmándose: «lo seguían muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él” -Lucas 23,27-. Y en referencia al Juicio Final de la Humanidad, se indica, que tanto el hombre como la mujer serían juzgados conforme con sus individuales sin discriminación de sexo, expresado así: “Dijo Jesús: Yo os lo digo: aquella noche en la que vendrá el Reino estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada.” Lucas 17, 34-35-.
La práctica, más no la esencia, de la Doctrina Cristiana, se fue adecuando a la evolución de los tiempos, acorde con los estudios y los aportes de notable teólogos y eruditos personajes, dedicados a cumplir con ese objetivo. Influyentes, conocidos colectivamente como los “Padres de la Iglesia”, quienes ajustaron tradiciones ortodoxas al mundo en curso y cuyos criterios fueron aprobado en los pertinentes Concilios Ecuménicos. Interpretaciones teológicas sobre la Biblia, que permitieron introducir nuevas tradiciones y consolidar gran parte de la liturgia cristiana. Oportunidades todas, donde la mujer fue segregada, y observada con mayor rigor en el siglo I, cuando se inició el estudio, análisis de varias obras religiosas, que conformaron la versión completa del Viejo y Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, continuando a todo lo largo del siglo III y consumándose en forma radical en el siglo VIII con los criterios de los referidos “Padres de la Iglesia.” Criterios ajenos a las enseñanzas de Jesús a los relatos anteriores e incluso a los propios criterios de esos teólogos. Porque ellos, paralelamente habían reconocido a las “Madres de la Iglesia” como las primeras romanas en testimoniar el cristianismo al convertir sus hogares en centros de propagación de esa la nueva fe, aportando adicionalmente, capitales, para beneficiar y ayudar a los pobres, los enfermos y los necesitados, cumpliendo con la disciplina de Jesús, expresada en su nuevo orden, así: «Cuanto lo hicisteis a uno sólo, el más pequeño de estos mis hermanos, a mí lo hicisteis «-Mateo 25:40.

El mayor exponente de esa segregación fue San Agustín de Hipona -354-430-, considerado el más eminente doctor de la Iglesia occidental, que sostenía: “La mujer es un ser inferior y no está hecha a imagen y semejanza de Dios. Corresponde a la justicia, así como al orden natural de la humanidad que las mujeres sirvan a los hombres.(…) “La mujer sólo es fuerte en el vicio y daña la valiosa alma del varón” Otro, fue Santo Tomás de Aquino -1225-1274- filósofo católico de la Orden de los Predicadores y principal representante de la tradición escolástica, sostenía, que mujer debía estar sujeta al hombre, porque en el hombre predominaba la razón.
La académica Laura Swan (2001)en su libro Las Madres Olvidadas del Desierto: Vidas e Historias de Las Primeras Mujeres Cristianas, resume la referida situación así: “La historia de las mujeres a menudo ha sido relegada al mundo de las sombras: se siente pero no se ve. Muchos de nuestros Padres de la Iglesia se hicieron prominentes gracias a las mujeres. Muchos de estos padres fueron educados y apoyados por mujeres fuertes, y a algunos incluso se les atribuye el mérito de haber fundado movimientos que en realidad fueron iniciados por las mujeres en sus vidas.”

Reflexionado sobre la vida de Jesús, las mujeres tuvieron un gran protagonismo en sus vivencias, narradas en el Nuevo Testamento, iniciado con su nacimiento, cuando el Arcángel San Gabriel le anunció a su madre, María Santísima, su venida al mundo como el mesías; continuando entre otros particulares, con el curso de su predica donde ellas lo siguieron con devoción y donde condenado por sus detractores a morir crucificado, al final de su martirio solamente fue acompañado por: «… su madre y la hermana de su madre, y también María, esposa de Cleofás y María de Magdalena» -Juan 19,25. Y, cuando se cumplió su ciclo terrenal y resucito entre los muertos, ellas fueron las voceras de ese extraordinario acontecimiento. -Marco 16,1-.
Lo antes expuesto, confirma, que nuestro Señor Jesús no aceptó la discriminación de la mujer, la consideró tan digna como el hombre y la defendió cuando fue injustamente censurada, porque para él, ella era el vaso frágil, que debía ser respetada, cuidada y apoyada. Esas posturas significaron una ruptura con la situación política-social imperante en esa época arcaica. No obstante, actualmente la mujer, dentro de la Doctrina Católica no ha sido debidamente apreciada conforme con los lineamiento de esa figura divina, Jesús de Nazareth, quien es precisamente el fundador de esas enseñanzas.
Por lo tanto ¿Por qué las mujeres fueron borradas de la historia oficial de la Iglesia? Si en las citadas versiones del Viejo y Nuevo Pacto, no se observaron esas radicales exclusiones. Significando entonces, que el hombre ejerciendo la supremacía de su poder logró alejarlas del liderazgo social, económico, religioso y político, limitándolas a su mejor conveniencia al ámbito familiar, a la crianza de los hijos y a frivolidades sociales. Resultándole, más conveniente omitirlas en los anales históricos de los orígenes del cristianismo, ocultando el pasado de un colectivo igualitario donde Jesús cuestiono precisamente la discriminación de género.

Por las consideraciones anteriores, las mujeres europeas arribadas a estas latitudes insulares de Cubagua y Margarita, consecuentemente, estaban sometidas a los férreos cánones religiosos de España, que por circunstancias inusuales se flexibilizaron en esta Tierra de Gracia. Porque el cristianismo hispánico no fue ajeno a la yuxtaposición de los aportes de las otras culturas, tanto de la autóctona aborigen como la aportada por los africano, generándose consecuencialmente, una religiosidad popular con características propias más extendida que la rígida liturgia europea.

Situación perfectamente observado en las conmemoraciones fervorosas de la Iglesia Católica en esta Tierra de Gracia, donde entre otras, se encumbran con gran preponderancia las devociones del milagroso Cristo del Buen Viaje de Pampatar; la Semana Santa Asuntina; la Virgen de La Asunción y del Valle y otras advocaciones marianas y santorales de ese panteón religioso, caracterizadas por la espontaneidad y gentilicio de los insulares margariteños en las procesiones, festividades y variadas memorias de esa tradición religiosa-histórica, pintada con la paleta del colorido de ese folklor, expresado con alegorías de interpretaciones musicales e incluso con una gastronomía típica acorde con cada ocasión, exaltaciones afines a ese tornasolado imaginario místico-religioso, que sin alterarse la esencia de esa Doctrina cristiana ni sus dogmas de fe, en esas actividades LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR

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