Ana Luisa Gandica Silva

Imaginario de las Mujeres Aborígenes, Españolas y Africanas

          Grabado metafórico de Europa sostenida por África y América.

                                           Autor: William Blake (1796).

                                           Ubicación: Desconocida. 

El termino imaginación en los tiempo de la antigua Grecia fue planteado como lo «visible» y lo «representativo«, con la supremacía de la razón, habida en la psique[1]psyche– que como la disciplina del alma de los seres humanos les permite conocer la realidad. Conducta íntimamente vinculada con lo social y lo histórico. Reflexiones consideradas como un enigma para los ilustres filósofos griegos, Platón -427-347 a.C.- y su alumno Aristóteles -384-322 a.C.- Aristóteles en su presentación literaria Acerca del Ánima,[2] incluye en esa temática a la biopsicología, donde involucra la psicología en el recuadro biológico, sosteniendo que el alma es la forma o esencia de cualquier cosa viviente, ajustada a las particularidades de cada especie y únicamente en los humanos es inmortal, porque cuando él muere, el alma -espíritu- abandona esa materia -el cuerpo-, que sólo le sirvió como un receptáculo temporal. En ese sentido presenta su visión sobre el individuo desde el punto de vista biológico-psicológico, influenciado por el entorno de su biosfera. En efecto, inicialmente se refiere al mundo vegetal, indicando que las plantas, tienen un tipo mínimo de sobre vivencia en base a su capacidad de alimentarse y reproducirse; continuando con los animales inferiores que además, tienen poderes de percepción sensorial y movimiento propio -acción-. Y finalizando con los humanos, que  además de lo enunciado poseen intelecto.

Y en su práctica sociológica el escritor Émile Durkheim (2001) presentó su teoría sobre el funcionalismo,  contenida en su obra Las Reglas del Método Sociológico, indicando: “La penetración de la fuerza colectiva en los individuos, es un factor necesario en la organización de la sociedad por estar esencialmente dentro de esas conciencias individuales y gracias a ellas, la sociedad se hace parte integrante de las personas, generando un flujo de energía externa que se manifiesta de distintas maneras. Por lo tanto, la naturaleza de la sociedad es una realidad específica, distinta de las realidades individuales, por cuanto todo hecho social nunca es un techo individual.”[3]

La mujer aborigen Guaquerí ante la presencia de los extraños personajes arribados en imponentes navíos a sus espacios insulares en la década del año de 1498, debió causarle gran desconcierto con sentimientos encontrados entre asombro, admiración y temor, en cuyo devenir haciendo alarde de su supremacía se impusieron en sus espacios atávicos, subordinando a su clan, lo cual  debió generar en ellas gran perturbación. Por ese efecto, fueron proclives a enamorarse de esos extranjeros desde esos  mismos inicios, originándose en el transcursos de esos tiempos ser correspondidas de igual manera y convertirse en la compañera de ese conquistador y en la madre de sus hijos. Por lo tanto el imaginario de esa mujer nativa necesariamente sufrió transformaciones.

Por lo tanto, en la Provincia de Margarita, como en el resto de las posesiones españolas de ultramar, el cruce hispano-aborigen se inició desde el mismo momento de su desembargo en estas Tierras de Gracia. Por ello, el Rey Fernando II de Aragón el 19 de octubre de 1514 a los fines de legalizar esas uniones de hecho donde muchas mujeres nativas convivían de manera voluntaria con los colonos españoles, emitió la Ley Canuleya de Indias, dando licencia para legalizar tales uniones. Legislación, que pretendió regularizar el nacimiento de hijos mestizos, que a comienzos de la colonización gozaron de gran prestigio porque sus padres generalmente eran conquistadores y sus madres de gran rango trivial, descendencia prioritariamente incorporada al grupo social español de manera subalterna.

Sobre ese particular,  fue de gran relevancia en esta Región Insular los amores de la Cacica Isabel con el hidalgo español Francisco Fajardo, cuyo hijo mestizo distinguido con el mismo nombre de su padre, presto un gran servicio militar a la Corona de España. Así como, el emblemático caso del  conquistador español, el hidalgo, Alonso de Ojeda en las postrimerías del año 1500, que prendido de amor por la princesa guaricha de Coquivacoa  llamaba Palaaira Jinnuu, bautizada con el nombre cristiano de Isabel por la Reina de España, se casaron y tuvieron tres hijos. Indistintamente, también hizo historia el nacimiento del Gómez Suárez de Figueroa conocido como el inca Garcilaso de la Vega-1539-1616-, representación sobresaliente de esa generación mestiza de ascendencia hispano-incaica, nacido en el territorio de la actual Republica del Perú. Hijo del conquistador español el Capitán Sebastián Garcilaso de la Vega, de la nobleza extremeña y de la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo, nieta del Inca Túpac Yupanqui y sobrina del Inca Huayna Cápac.

Innegablemente, durante el proceso de la colonia, se engendraron hijos producto del amor entre el hombre colonizador y mujeres nativas. Pero no faltaron los producto de la violencia brutal tanto del hombre español hacia la mujer aborigen como del hombre aborigen hacia la mujer blanca, cuando en algunos casos, ellas fueron raptadas por esos naturales y sometidas a vivir en sus colonial triviales, lo cual generó cruentos enfrentamientos pero también hijos mestizos productos de esas violencias.

Como se indicó, la ausencia de la mujer europea en los inicio coloniales de estas Regiones permitió el amancebamiento de españoles con féminas indígenas mientras esperaban la llegada de sus esposas y no obstante el  arribo de ellas a esta insularidad no detuvo que sus maridos continuaran cohabitando con sus concubinas, que no tenían las inhibiciones de sus recatadas esposas y cuyos encantos, refiere el historiador Isaac J. Pardo (1991) en su obra denominada Estudio de las Elegías de Varones Ilustres, que haciendo referencia a las crónicas de Juan de Castellanos, indica: “Las mujeres indias dejaron huella honda en nuestro Beneficiado, y su recuerdo le arranco versos de mal contenida emoción en más de una oportunidad.” Y en ese sentido continua refiriendo: “Y en general es este mujeriego/De bien compuesto miembros y lozanos,/Ninguna cosa duras al entrego/ Que suelen recibir lascivas manos:/Derretidas en amorosos fuegos,/Grandes aficionadas a cristianos,/Serenos ojos, blandos movimientos,/Causadores de tiernos sentimientos. (I.-XII.-I) Dieron en unas grandes poblaciones/Do no faltaron amorosas llamas,/Pues por ser de tan buenas proporciones. (II.-I.- II)   Son Mujeres de tanta hermosura,/Que se pueden mirar por maravilla, /Trigueñas, altas, bien proporcionadas/En habla y en menos agraciadas. (II.- Introd.)”[4]

Y en el caso, de los hombres solteros ibéricos a pesar de convivir con mujeres aborígenes no contrajeron matrimonió con ellas, porque aspiraban casarse con mujeres coterráneas que satisficieran sus ambiciones socio-económica y concebir una descendencia sin mácula, “pureza de sangre”, que les permitiera a sus hijos acceder a los cargos de relevancia política y gubernamental acorde con las exigencias de España.

Por esos efectos, se dieron dos situaciones extremas: Cuando el hijo permanecía junto a la madre en el ambiente aborigen, era un mestizo-aindiado, pero cuando se criaba en el entorno del padre, se convertía en un mestizo-hispanizado; estos últimos tuvieron una actuación notable, sobre todo, durante la segunda mitad del siglo XVI. Dualidad social y lingüística, que permitió equilibrar  el imaginario español-aborigen. Ante esa situación a determinados hijos mestizos se les reconocieron limitados derechos como: El ejercicio de determinados oficios y privilegios; portar armas y ser caciques en sus pueblo, derecho  a la educación, laborar con remuneración en cargos medios de las fincas o haciendas de su progenitor, adquirir bienes y casarse con mujeres mestizas o pardas cuya “impureza étnica” los ubicaba en un nivel de  desventaja social. El afamado escritor Carlos Siso (1982) en su libro La Formación del Pueblo Venezolano, Estudios Sociológicos Estudio Sociológicos, refiere: “A medida que el hijo del español, ya criollo, se hacía más americano y que las relaciones con la mujer india o negra era más afectivas, su carácter evolucionaba sufriendo transformaciones volitivas, que le hacían descender en rango hasta llegar a olvidarse de las diferencias de razas tan comunes en su época y tan propia de la nación de su padre”[5]

Durante el siglo XVIII, surgió un crecimiento demográfico de la prole mestiza, lo cual alarmó a los grupos dominantes, tomándose en cuenta, que a mediados del siglo XVII llegaron a conformar en Hispanoamérica una población del 3,5%. Y así lo expone, Ángel Rosenblat (1954) en su obra: La Población Indígena de América desde 1492 hasta la actualidad. Esta tendencia demográfica, se acentuó un siglo después, siglo XIX, cuando la población mestiza, representaba el 28% de la población, convirtiéndose en un elemento significativo dentro de la estructura demográfica de la sociedad venezolana.[6]

La monarquía de España a través de las Leyes de Indias pretendió regularizar las uniones triviales de los aborígenes quienes ajenos a las normas legales-religiosas de esa monarquía practicaban la poligamia como un derecho ancestral, contradiciendo su moralidad socio-religiosa. En ese sentido el escritor Matías Ruiz Blanco (1984) en su estudio, El Papel de la Mujer Venezolana en la Sociedad Precolombina, aborda el tema así: “Entre los Characuare, donde los caciques o principales llegaban a tener hasta 5 mujeres, amancebándose -dice el cronista- hasta con madre e hija al mismo tiempo. La poligamia, según Ruiz Blanco, era una de las causas principales del rechazo a la conversión al catolicismo por parte de los indios. De la misma manera, las mujeres se negaban a amamantar a los hijos de otras mujeres. Es evidente que los indígenas se negaban a convertirse a una religión que destruía las bases de la organización laboral y de la acumulación de valores y prestigio social representada por la posesión de la fuerza de trabajo de varias mujeres. Al mismo tiempo como vemos, las mujeres parecen haber considerado la lactancia como una prolongación de los vínculos de consanguinidad y de filiación establecida por la maternidad.”[7]

El  relación con el “imaginario” de la mujer europea arribada a esta Regiones Insulares procedentes de España, para unirse a sus esposos colonizador, se vieron  obligadas, además de superar riesgosas travesías y adaptarse a espacios ajenos a sus lugares de origen, aceptar en sus hogares a los hijos bastardos de sus maridos, concebidos durante su ausencia, bien con la nativa aborigen o con la esclava africana, quienes a pesar de no ocuparon el mismo lugar social ni político de los hijos nacidos dentro de esa unión matrimonial, ellas se vieron compelidas a aceptar esa situación con gran tolerancia, no obstante alterar esa situación sus costumbres familiares, sociales y religiosa. Por ese efecto, su “imaginario” fue afectado ante la dignidad acallada por la supremacía del esposo patriarcal.

     Disponible: https://www.google.com.

El problema resultó más alterado cuando en estos espacios ultramarinos del dominio español, se inició el tráfico de esclavos, para laborar en las minas y las haciendas de los colonizadores, cuyas mujeres esclavas tuvieron relaciones sexuales con eso señores y con los autóctonos aborígenes. Por lo tanto, se  originó  un mestizaje singular por las consecuencias de esos apareamiento, generándose los hijos distinguidos con las etnias siguientes: aborigen-blanco “mestizo”; blanco-negra “mulatos”; aborigen-negra “zambo”; y “aborigen-blanco-negro “pardos”.

No obstante, a esas mujeres negras se les permitió casarse con hombres de su propia etnia, acorde con lo establecido en las Leyes de Indias -Recopilación VI, Título V, Libro II-, donde entre otros particulares se estableció: Cuando una esclava paría de un hombre español, éste tenía la prioridad de mantenerlo en sus predios como esclavo o concederle su libertad o venderlo  al mejor beneficio patrimonial de su amo.

También indicaba, que el matrimonio entre esclavos, sólo le daba derecho al amo del hombre-esclavo de adquirir esa mujer-esclava. Por lo tanto, la mujer esclava africana subordinada a los caprichos de sus amos y sometidas a ese despotismo, se vio obligada a ocultar sus sentimientos en  recónditos espacios de su ser; porque el látigo de su amo y el yugo de una religión ajena la obligaba  romper con los lazos de su mundo atávico. Por esos efectos, su “imaginario” sufrió una alteración inevitable .

Es de hacer notar,  que la nueva genética producida en la población venezolana fue ingresada principalmente, a través de los hombre europeos, que ejerciendo su supremacía se colocaron por encima de los cánones legales y morales de la Corona española. En efecto, sin restricciones continuaron cohabitaron a sus conveniencias con mujeres, aborígenes o  negras en formas de amancebamiento, de concubinato, de barraganato o incluso se casaron en segundas nupcias sin recibir sanción como bígamos. Por lo tanto, ellos aplicaron el aforismo obedézcase pero no se cumpla.[8] Imponiendo su superioridad cuya gobernabilidad los elevaba sobre el bien y el mal, lo correcto y  lo incorrecto, haciendo lo querido y los débiles sufriendo lo debido, aplicando en consecuencia, la Ley del más Fuerte,[9] donde las mujeres aborígenes, españolas y africanas, desde distintas perspectivas, estaban subordinación al antojo masculino.

Sin embargo, la mujer aborigen, la española y la africana supieron elevarse sobre sus mermados espacios, como madres, esposas concubinas, barraganas, amancebadas o simples compañeras de vida del hombre patriarcal, que sin condición social o étnica, fueron la génesis de una nueva raza “la criolla”, cuyas silenciosas huellas marcaron destinos en su respectivas asociaciones familiares, convirtiéndose en mujeres de todos los tiempos, porque: «no se nace mujer: se llega una a serlo.» [10] Criterio formulado por la notable filosofa  Simone de Beauvoir (1949)  reflejado en su obra El Segundo SexoLe Deuxiéme Sexe- donde concluye que la inferioridad de la mujer frente al hombre no es derivable de su conformación biológica ni pertenece al orden de la naturaleza, porque: “… el cuerpo femenino debe ser la situación  y el instrumento de la libertad de las mujeres, no una esencia definidora y limitadora.”[11]

Y Judith Butler (1956) filósofa posestructuralista estadounidense-judía que ha realizado importantes aportes en el campo del feminismo en su obra El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad (2001)sostiene: “el género es una instancia edificada culturalmente.[12]  En el orden de esas notables ideas, nos permitimos concluir, que la biología de la mujer marca su destino, porque su cuerpo no es una cosa, sino una situación, donde  LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR….


[1] PSIQUE. Conjunto de procesos conscientes e inconscientes propios de la mente humana. Diccionario de la lengua española. Real Academia Española. (1970) -RAE-.

[2]ARISTÓTELES su obra  Acerca del  Ánima. Introducción, traducción y notas de Calvo Martínez, Tomas. Barcelona, España: Edición: RBA, Libros, S. A. 2020.

[3] DURKHEIM, David Émile. (2001) Las Reglas del Método Sociológico. Segunda reimpresión. Traducción de Ernestina de Champourun.  México: Fondo de Cultura de México. Pp. 7-205.

[4] PARDO, Isaac J. (1991) Juan de Castellanos Estudio de las Elegías de Varones Ilustres de Indias, Segunda Edición con Enmiendas y Adiciones -211-Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para La Historia Colonial de Venezuela P. 319.

[5] SISO, Carlos (1982) La Formación del Pueblo Venezolano, Estudios Sociológicos Estudio Sociológicos. Premio Cultura Hispánica 1951, Sexta Edición, Madrid: Publicado por el Escritorio Siso, Tomos I. P.169

[6] ROSENBLAT, Ángel. (1954). La Población Indígena y el Mestizaje en América desde 1492 hasta la actualidad. Tomo I “La Población Indígena 1492-1950”. Buenos Aires, Argentina: Instituto Filología de la Universidad de Buenos Aires, Institución Cultural Española Editorial Nova Biblioteca Americanista.

[7] SANOJA OBEDIENTE, Mario (1995). Ensayo El Papel de la Mujer Venezolana en la Sociedad Precolombina, Capítulo I, El Papel de la Mujer dentro de la Estructura Social Venezolana del Siglo XIX, contenido en la enciclopédica La Mujer en la Historia de América, Caracas: Congreso de la República de Venezuela, Banco Central de Venezuela, Organización de Estados Americanos (OEA) y otros.  P. 20.

[8] OBEDÉZCASE PERO NO SE CUMPLA. Figura jurídica aplicada en la Indias españolas del siglo XIV generalizado como un medio válido, para dejar de aplicar normas de conveniente desaplicación Disponible: http://www.milenio.com.

[9] LEY DEL MÁS FUERTE, es un aforismo sobre el origen de la moral, con un doble sentido, descriptivo y prescriptivo. Disponible: https://es.wikipedia.org.

[10] BEAUVOIR, Simone de.  (1949). El Segundo Sexo en francés –Le Deuxiéme Sexe-. Paris, Francia: Editorial Gallimard.

[11] Ibid. P. 34

[12] Butler,  Judith (2001)  El Género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica, S. A.

Un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *