Ana Luisa Gandica Silva

Mujeres Trascendentales en la Historia Colonial de la Región Insular de la Costa de Las Perlas

La trascendencia de la mujer insular de Cubagua, Margarita y Coche en la historia de la Región Insular de la Costa de las Perlas, habitada por su etnia la Guaquerí, se inició desde el mismo momento que el Almirante Cristóbal Colon y la tripulación de su tercera expedición, descubrió esa Región, el 15 de agosto de 1498, donde esas féminas, en comparación con otras naturales, se distinguían por su esbeltez y singular belleza, adornada espléndidamente con cuantiosas perlas de su entorno marítimo. Por ello, indiscutiblemente, esos expedicionarios debieron alucinar ante ese escenario. Situación  referida en la metáfora presentada por el famoso antropólogo José María Cruxent (1955) en su artículo Nueva Cádiz, testimonio de Piedra, así: “Venezuela aparece a los ojos del conquistador en un collar de perlas que decora un pecho de india. Así, en un deslumbramiento, comienza Cubagua, la primera ciudad de Venezuela y la de América del Sur.”[1]

 Imagen: Collar de perlas precolombinas de la isla de Cubagua.

 Colección privada de Peter Balogh.

 Ubicación: desconocida.

Mujeres insulares, que en el transcurso de los tiempos subsiguientes a ese avistamiento extranjero, se le fueron uniendo paulatinamente, otras féminas, procedentes de España como colonizadoras y de África como esclavas, donde todas ellas sin distingo de raza, credo o condición social quedaron sometida a los limitantes parámetros del hombre español, cuyo régimen patriarcal, las sometió a una sociedad donde física e intelectualmente, eran consideradas minusválidas en la lectura de la letra pequeñas de la legislación de España y de sus cánones religiosos.

Mujeres todas, que en el devenir de esos tiempos tuvieron un papel significativo en el desarrollo de una sociedad heterogénea, iniciada con el referido avistamiento por parte del Almirante Cristóbal Colón -1498-, en el consiguiente periodo Colonial de los siglos XVI, XVII-XVIII y posterior etapa independentista del siglo XIX, donde a través de esas épocas sufrieron una transformación trascendental en sus estilos de vida. En efecto la mujer europea arribada a estas latitudes como colonizadora, conquistó junto a sus pares espacios hostiles, imponiendo de manera privilegiada su bagaje social-religioso, donde constituyó su hogar y nació su prole “criolla”, en cuyos espacios continuo bajo el orden de su nativa Legislación. En cambio, la mujer aborigen desalojada de sus espacios atávicos, sin alternativa, fue obligada a adaptarse a un orden territorial-social-religioso pre-clasista, impuesto por ese engreído colonizador y sometida a sus Leyes de Indias. Y la mujer africana desprovista totalmente de su mundología como esclava, quedo sometida al yugo de su opresor bajo la Ley del Látigo.

Sin embargo, en el devenir de esos tiempos, todas ellas desde distintos espacios  tuvieron un papel protagónico en el consiguiente desenvolvimiento del Nuevo Mundo, engendrando una sociedad heterogenia, donde se enlazaron tres continentes América, Europa y África, configurándose una particular identidad, conformada por la etnicidad de mujeres “blancas”, “mestizas”, “mulatas”, “negras” o “pardas” que en el trascurso de los tiempos y como progenitoras de la generación nativa, fue la constelación de la génesis de una nueva generación “la criolla”, lo cual “… generó un largo proceso de enajenación en el cual Hispanoamérica se dio cuenta de su propia identidad tomó conciencia de su cultura, [y] se hizo celosa de sus recursos.”[2]

La ilustre historiadora venezolana, Ermila Troconis de Veracoechea (1988) en  su artículo Más allá del abanico y el peinetón. La mujer en la sociedad colonial venezolana, indica con la agudeza de su notable redacción y destacada  investigadora, lo siguiente: “Las escasas referencias al papel de la mujer en la historia latinoamericana, papel mucho más importante en la práctica que en su reflejo bibliográfico, llevó a la autora a una imprescindible y necesaria investigación en fuentes de primera mano, como son los archivos civiles y eclesiásticos, y el resultado ha sido verdaderamente sorprendente. Centrando su búsqueda en la época colonial, pudo comprobar que la participación de la indígena y la esclava negra en la economía de los primeros tiempos fue relevante. En cuanto a las mujeres blancas, su rol en la vida colonial de los siglos XVI, XVII y XVIII fue mucho más activo de lo que en un principio se suponía, desempeñándose muchas de ellas como encomenderas, traficantes de esclavos, intermediarias en la exportación de perlas a España, dueñas de tierras o comerciantes en general, además de que tuvieron una actuación personal en la conquista y colonización del territorio. En Venezuela, como en el resto de América Latina, fue importante también la presencia de la mujer en la vida conventual y en los refinados actos sociales y religiosos de su tiempo.”[3]

Y precisando sobre la temática de la historiografía contemporánea, la escritora María Carmen García-Nieto París (1986) en el Prólogo del libro Ordenamiento Jurídico y Realidad Social de las Mujeres, plantea el compromiso que tiene la historia con las mujeres que supieron enfrentar las novedades de épocas pasadas, cuyo desbalance debe corregirse en este presente con una disciplina científica y en ese sentido, indica: “De esa forma una nueva conceptualización y una metodología global harán avanzar la investigación, no sólo hacia una historia de las mujeres, imprescindible para el conocimiento de hechos, sino que nos abre el camino hacia algo que es necesario, pero difícil y ambicioso: integrar a las mujeres en la historia. Es decir, reconstruir la historia para que no sea esclava de la limitación de unas formas de análisis que sólo narran lo que ven, y no preguntan lo que realmente acontece y por qué.  (…) Así se llegará a la construcción de un discurso histórico compresivo y explicativo del pasado globalmente, y que repercuta al mismo tiempo en la construcción de una vida colectiva en la que para  hacer cosas significativas sea preciso ser simplemente humano, mujer/hombre. No hay historia sin aplicación práctica.”[4]

A lo anterior, añadimos el trabajo de la Antropóloga, Iraida Vargas Arenas (2010), titulado Mujeres en Tiempos de Cambio, quien sobre el particular expone: “Ello nos permite comprender las implicaciones individuales y colectivas que tiene un orden social que divide culturalmente a los agentes; nos proporciona examinar así mismo las implicaciones de las nociones naturales de masculinidad y feminidad que se expresan en la sociedad; potencia nuestra capacidad para percibir los procesos de construcción de las subjetividades masculina y femenina. Nos ayuda construir una historia diferente a la tradicional, en la cual los protagonistas no sean solamente hombres. Nos permite entender -con nuevas miradas- la economía, el arte y las ciencias, trascendiendo la visión estrecha que las redujo al campo de acción masculina.[5]

En efecto, es preclara la necesidad de armonizar la inherencia y el protagonismo de las mujeres aborígenes, europeas y africanas en los anales históricos de las épocas abordados, cuyas presencias  en la etapa de la Colonia fueron el espectro del hombre, sin embargo, fueron un factor importante en la construcción y desarrollo de una Nación. Así como, en el siguiente períodos de la “Guerra de Independencia”, donde esas presencias concurrieron con el hombre-patriota en los avatares de la instauración de una la República, sin embargo, continuaron siendo una sombra del hombre-vencedor o mencionadas como mujeres sin rostros, sin identidad.

Por ello, es menester apreciar los antecedentes de nuestra emancipación del colonialismo de España, iniciados con los  acontecimientos del 19 de abril de 1810, cuando un cauteloso grupo de hombres de ideas modernas, pudieron contar con mujeres atemporales, que constituyeron sus hogares, en un centro de tertulias clandestinas para conspirar en contra del invasor español, espacios abiertos a la disposición de un nutrido grupo de personajes de la sociedad colonial, donde se  fijaron las estrategias, que en definitiva, permitieron  la disolución del Cabildo de la ciudad de Caracas, conformado solamente por los enquistados “señores principales” nativos de España y presidido por Vicente de Emparan y Orbe como gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela. Resistencia superada, que permitió de manera prudente crear un nuevo sistema de gobierno bajo la mención de “Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII”, escuetamente conocida como “Junta Suprema de Caracas” integrada de forma armoniosa por los representantes de la sociedad colonial española-criolla y conveniente por españoles-ibéricos, quienes con gran ingenio desplazaron las inconvenientes autoridades españolas.   

Nueva modalidad de representación y doctrinariamente pertinente ante la crisis política ocasionada por la invasión napoleónica a España y la consiguiente abdicación de sus monarcas Carlos IV y Fernando VII a favor del Emperador Napoleón Bonaparte, que conllevo a la coronación inmediata de su hermano José Bonaparte como rey. Vació de poder, que le devolvía a las colonias ultramarinas españolas, el derecho de ejercer su propia soberanía y desconocer por lo tanto, la autoridad usurpada por ese invasor francés. Doctrinariamente, justificaba con la constitución de un nuevo Cabildo, integrado en consonancia con los interese del pueblo, quienes en ese nombre ejercieron ese derecho de representación soberana. Por ello, se negaban a subordinarse a la Junta Suprema de España, suplantada posteriormente por el Consejo de Regencia y en definitiva conocida como la Corte de Cádiz, esperando mantener con esa representación,  solamente, una cordial diplomacia.

Proceso constituyente iniciado en Caracas capital de la Provincia de Venezuela el referido 19 de abril, donde la  “Junta Suprema”, convocó al resto de las Provincias, que formaban parte de  la Capitanía General, a seguir su ejemplo. Uniéndose a ese movimiento durante ese mismo año de 1810, las Provincias de: Cumaná y Barcelona -27 abril-; Margarita -4 mayo-; Barinas -5 mayo- y Mérida, Trujillo -9 de octubre- y Guayana, retirada posteriormente y sin la participación de las provincias de Maracaibo y Coro. Pronunciamiento participado al Consejo de Regencia de Fernando VII, donde se les indicaba: “…que los americanos habían procedido como los españoles en aquellas difíciles circunstancias, estableciendo un gobierno provisional hasta que se formase otro legítimo para todas las provincias del reino. Comunicación que irrito a esa Regencia, respondiendo de manera soberbia y airada, así: “… á las finezas y urbanidades de la Junta, con declarar insurgentes, amigos de escándalos y rebeldes á los venezolanos, y mandar que fuesen bloqueados los puertos de las provincias traidoras. (…) “Han cometido los venezolanos, el desacato de declararse independientes y crear una Junta para ejercer la pretendida autoridad : mal tan escandaloso en su origen como en sus progresos; atentado que es menester reprimir en odio de los facciosos, tomando medidas para oponerse á la desatinada idea de Carácas, cuya causa no es otra que la desmesurada ambición de algunos de sus habitantes, & c.” [6]

Por lo tanto, esas Provincias unidas se constituyeron bajo la distinción de: “Confederación Americana de Venezuela”, unidas por ideales comunes,  teniendo por norte confirmar la soberanía del pueblo con “el derecho al sufragio de todos los hombres libres.”  Y al efecto,  el  10 de junio de 1810 elaboraron el Reglamento General de Elecciones a los fines conformar el primer Congreso Constituyente. Ideario ciudadano donde la mujer fue excluida y además emparejadas con personas físicamente incapaces y con otros personeros cuestionados civil y penalmente. Situación establecida en dicho texto, así: “Las mujeres, los menores de 25 años, a menos que estén casados y velados, los dementes, los sordomudos, los que tuvieren una causa criminal abierta, los fallidos, los deudores a  caudales públicos, los extranjeros los transeúntes, los vagos públicos y notorios, los que hayan sufrido pena corporal, aflictiva o infamatoria y todos lo que no tuvieren causa abierta o poblada, esto es, que vivan  en la de otro vecino particular a su salario y  expensas, o en actual servicio suyo;  a menos que según la opinión común del vecindario, sean propietarios, por lo menos, de dos mil pesos en bienes muebles o raíces libres.”[7]

Cumplido ese proceso eleccionario en todas esas Provincias, el 2 de marzo de 1811 se instaló  en Caracas el electo “Congreso General de las Provincias Unidas de Venezuela”, quedando relevada de sus funciones la “Junta Suprema de Caracas”. Pero ante el recrudecimiento de  los abusos de esa Corte de Regencia en contra de estas localidades, que las declaró: “ insurgentes, amigos de escándalos y rebeldes a los venezolanos.” Y ante la presión del pueblo y de  la notable “Junta Patriota,”[8] que como una voz consonante, le exigían al Poder Legislativo  declarar la independencia definitiva de España. Consecuentemente, el 5 de julio de 1811 ese máximo Organismo de representación popular, proclamo: (…) declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos, declarar la guerra, hacer la paz, formar alianzas, arreglar tratados de comercio, límite y navegación, hacer y ejecutar todos los demás actos que hacen y ejecutan las naciones libres e independientes…[9]

Acordando además dicho Poder Legislativo identificar a esta nueva y soberana nación como  “Confederación Americana de Venezuela” promulgando en consecuencia, el 21 de diciembre de 1811 la “Constitución Federal para los Estados de Venezuela” redactada bajo los principios del constitucionalismo moderno republicanos de los inicios del siglo XIX, que marcó el inicio de un sistema de gobierno descentralizado bajo la designación oficial de “Estados de Venezuela.[10] Declaración independentista, que generó cruentos enfrentamientos entre los rebeldes patriotas y el ejército realistas enviadas a estas latitudes por la Corte de Cádiz, para someterlos nuevamente bajo sus despóticos dominios.

No obstante, el Congreso Nacional Constituyente, se mantuvo en sesiones permanente hasta el 6 de abril de 1812, cuando quedo disuelto por la Capitulación de San Mateo, suscrita el 25 de Julio de 1811 entre el General Francisco de Miranda por parte del vencido Ejercito Patriota y el General Juan Domingo de Monteverde y Ribas por parte del triunfante Ejercito Realista, que había logrado restaurar el sistema monárquico en la Provincia de Venezuela, ocupando la ciudad de Caracas, asumiendo el mando de la  Capitanía General de Venezuela y la Presidencia de la Real Audiencia de Caracas e imponiendo la “Ley de Conquista,”[11] en el resto de la otras Provincias. Ley, que justificaba actos de guerra en contra de las fuerzas adversas, permitiéndose en forma atroz, perseguir a esos revolucionarios sin distingo de sexo, edad o condición social o religiosa, aplicándoles a esos rebeldes a sus familiares o allegados, la tortura, el cepo, la detención arbitraria, el encarcelamiento en bóvedas inhumanas, la condena a muerte sin juicios, la confiscación de sus bienes y cualquier otro tipo de castigo, que resquebrajara esas  intenciones independentista.

Capitulación que marco la caída de la Primera República -1810-1811-. Posteriormente retomado el País por los patriotas, entre el período de 1813 a 1814 siendo nuevamente derrotados más no vencidos. Y cuya recuperación definitiva se produjo en la Tercera República, transcurrida desde 1817 hasta 1819 cuando en definitiva se logró la instauración definitiva de la República soberana de Venezuela. Etapas asignada por los historiadores contemporáneos para enumerar los diversos tiempos, que conllevó la independencia definitiva de Venezuela del colonialismo de España.

En dichos periodos de la “Guerra de Independencia” la mujer margariteña en/y en esa etapa se vio compelida a romper con la temporalidad de las tradiciones, cuando fue requerida por el padre, el esposo, el hermano o el compañero de vida, que la reclamaba a abandonar el escenario domestico e incorporarse a lidiar junto con ellos, en los nuevos escenarios vislumbrado por esa realidad bélica, cuya conmoción las  colocaba  en nuevos escenarios con rumbos donde debían asumir responsabilidades y acciones propias de ese género masculino con sus consiguientes consecuencias. Y ellas  sin dilación, se incorporaron a esos momento críticos de complejas circunstancias, prestando sus servicios desde diversos espacios, algunas fungieron como anfitrionas o promotora de tertulias liberarías en sus hogares, creando espacios conspirativos en contra del enemigo común. Otras con privilegios económicos hicieron grandes donativos, aportando bienes y fortunas para comprar armamentos y contribuir con el mantenimiento del hombre-patriotas. Indistintamente, otro grupo se prestó a servir como mensajeras, o incursionando como espías, socorriendo al patriota prisionero o el escondidos en las serranías de la isla o en cualquier situación que el deber las reclamaba. Otras, produjeron alimentos para su prole y el sustento de esos revolucionarios, cultivando y criando animales en sus espacios, utilizando además, su empoderamiento doméstico y  comercializándolo en áreas vecinas, cuyos frutos ofrecían a la causa. Y, las más audaces se incorporaron a la lucha armada apoyando a sus compañeros en reñidas contiendas, prestando sus servicios como enfermeras auxiliando a los heridos y en la logística pertinente, alimentándolos y recargando sus arcabuces e incluso batallar en primera línea cuando era menester.

 Por lo tanto, la mujer margariteña no sólo desempeñó un papel trascendental en esos convulsionados avatares; sino que además, sufrió sus consecuencias, porque el déspota español las persiguió sin misericordia; las sometió a humillaciones públicas; las encarceló en horrendas celdas infrahumanas; les invadieron sus hogares; les incautaron sus bienes y además, debieron afrontar con estoicismo la perdida de familiares y en cuyos devenires muchas perdieron la vida. Sin embargo, alcanzado el objetivo e implementada la República, ellas nuevamente fueron confinadas al subalterno espacio del régimen patriarcal, omitida en esos protagonismo glorioso, consideradas como mujeres sin rostro o el espectro del hombre vencedor, el patriota-criollo. Porque, ellas estaban estigmatizadas como la hija desconocida, discriminada y maculada como una bastarda. Doctrina de ciudadanía hipócritamente invocada por el hombre-republicano de la nueva Venezuela que en tiempos modernos, no supero la antigua  herencia del patriarcado de España.

En efecto, se permite concluir, que las mujeres de todos esos tiempos y espacios marcaron un audaz contraste generacional, la gallardía de su esencia superó los viejos perjuicios como súbditas del hombre patriarcal, que cuando le exigió sobre pasar esos límites, ellas les respondieron con total devoción, lo cual jamás le fue recompensado equitativamente. Por ese efecto, la historia negada no les era trascendental, no necesitaban reclamar reconocimientos, su génesis vestido con el colorido tricolor de la bandera nacional dejo en evidencia su gentilicio patriota cuyas virtudes y hazañas trascendieron más allá de esas mezquindades subalternas.

En efecto, todas esas mujeres de particular personalidad y de características únicas,  engendraron una sociedad con una herencia singular, conformada por la nobleza de la mujer Guaquerí aunado a la indiscutible gallardía de la española e impregnada con la textura de la indomable africana, en cuyos espacios de esta Tierra de Gracia,  LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR….


[1] CRUXENT,  José María (1955) Nueva Cádiz, testimonio de Piedra. Caracas, Venezuela: Revista El Farol Nº 160, octubre,  2-5. P. 2. 

[2] LYNCH, John (1985) Las revoluciones hispanoamericanas, 1808-1826. Barcelona, España: Editorial Ariel S.A. P. 9.

[3] TROCONIS DE VERACOECHEA,  Ermila de (1988) Más allá del abanico y el peinetón. La mujer en la sociedad colonial venezolana. Buenos Aires, Argentina. Revista Nueva Sociedad Nº 94 Marzo-Abril 1988.

[4] GARCÍA-NIETO PARÍS,  María Carmen (1986). Prólogo del libro Ordenamiento Jurídico y Realidad Social de las Mujeres, Madrid: Ediciones de la Universidad Autónoma de Madrid; Instituto Universitario de la Mujer. Pp. VII-VIII.

[5] VARGAS ARENAS, Iraida (2010). Mujeres en Tiempos de Cambio. Reflexiones en Torno a Los Derechos Sociales, Políticos, Económicos y Culturales. Caracas: Archivo General de la Nación; Centro Nacional de Historia, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Coordinación Editorial: Felgris Araca. Pp.13-14.

[6]  LARRAZÁBAL, Felipe (1885) La Vida y Correspondencia General del Libertador Simón Bolívar. New York, USA: Andrés Cassard Imprenta Eduardo O. Jennis. Tomo I. Pp.65 y 66.

[7] BREWER-CARIAS, Allan R. (2008).Historia Constitucional de Venezuela, Tomo I. Caracas: Editorial Alfa. Pp. 235-236.

[8] SOCIEDAD PATRIÓTICA o Club Patriótico. Fundada por Juan Germán Roscio en julio de 1810 fue una asociación política revolucionaria partidaria de la independencia de Venezuela del colonialismo de España, cuyos miembros eran conocidos como los «socios», entre otros: José Félix Ribas, Antonio Muñoz Tébar, Vicente y Pedro Salías, Francisco José Ribas, Simón Bolívar, Miguel José Sanz, Pedro Pellín, Carlos Soublette, Francisco de Miranda  -incorporado en diciembre de 1810- y un nutrido grupo de mujeres y otros personajes sin distingo de condición social o étnica. Cuyo órgano de difusión era “El Patriota de Venezuela.” Disponible: https://www.google.com.

[9] Ibid. Tomo I. P. 84.

[10] BREWER-CARÍAS, Allan R.  (2021) Los inicios del proceso constituyente hispano y americano. Caracas: Editorial BID y & Co. Editor Colección Historia. Pp. 75 ss.

[11] POLANCO ALCÁNTARA, Tomas. Simón Bolívar: Ensayo de una Interpretación Biográfica a través de sus Documentos. Mérida, Venezuela: Universidad de los Andes. Biblioteca Digital Andina. Capítulo VI PP. 231-236.

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