Ana Luisa Gandica Silva

Las Hijas de Margarita, Heroínas Anónimas

                                 Imagen “Hermosa Margarita”

                         Autor. Franco Valdivieso

                                         Disponible: https://lahora.com/2020/06/14/regionales-gobernacion.

 Las mujeres en la narrativa histórica de la Colonia y la República estuvo mayoritariamente integrado o por un grupo de individualidades de características especiales, pertenecientes a las etnias: Guaquerí, blanca española y negra africana, que por la indolencia de los historiadores nativos y nacionales fueron omitidas o escasamente ponderadas o desconsideradamente amontonadas como: “las mujeres” en franco contraste con la exaltación de los hombres, identificados de manera encumbrada. En  efecto, es necesario sincerar  reescribir y reinterpretar la participación femenina como sujeto socio-político durante esos tiempos y no como una sombra sin conciencia de acción o como simples vasalla del hombre patriarcal. Por ello, en esta era contemporánea deben ser redimidas acorde con los registro oficiales de ese pasado histórico.

Porque ellas desde distinto espacios y en circunstancias disimiles tuvieron una participación en esos tiempos, donde estamparon su huella con decorosa responsabilidad y se proyectaron a través de su prole. Y, deslastrado el  País del colonialismo español, entrando en el periodo independentista , ellas, como herederas de la gallaría de su progenie se incorporaron a esos avatares apoyando al hombre patriota. Sin embargo, instaurada la Republica el patriota-vencedor, producto de su herencia obsoleta, nuevamente la observo sólo como madre, esposa, “ángel del hogar”, amante, hija, hermana, puta o santa, ocultándola en esas memorias, donde el hombre sólo escribió para el hombre.  

Las hijas de Margarita, Heroínas Anónimas conformaron un atípico imaginario, coherente con las condiciones de su insularidad, cuyos espacios tropicales, áridos en su gran mayoría fueron el escenario de sus proezas, cuando debía desplazarse por tortuosos caminos, para comercializar los productos de su ingenio en comarcas vecinas, ante la responsabilidad de suplir en el hogar el alimento de la familia por la ausencia del compañero de vida, lanzado a la mar en busca de la pesca o dedicado al arriesgado comercio del contrabando o cuando a un allegado lo reclamaba la Patria, ellas sin dilación, se incorporaron a esa aventura liberaría. Entonces debieron adaptarse a ese nuevo tiempo, transitando por vericuetos de arriesgados caminos, para  auxiliar al  compatriota clandestino, despistando al enemigo-usurpador.

Por ese efecto, sin distingo de condición social, económica y ética esas féminas asumieron el compromiso y lo afrontaron. Sin embargo, en los anales de ese pasado glorioso fueron subestimadas o desconocidas en los pedestales de la victoria, alcanzada por sus aportes, que en definitiva permitieron deslastrarse del dominio español y alcanzar la instauración de la República de Venezuela. Y así lo señala la historiadora Inés Quintero (2003) en su publicación  De la política contingente a la política militante, en el aparte Las heroínas de la guerra, cuando expone: “Ninguna de las proclamas de los precursores ni los documentos de la Independencia contemplaban que las mujeres participasen de manera activa y protagónica en la fundación de la República. Sin embargo, la magnitud del conflicto y la polarización de la sociedad fueron tales que no hubo manera de que las mujeres se mantuviesen al margen de la contienda.”[1]

En el libro de Jesús Manuel Subero N. (1997)  Matasiete Montaña de la Gloria, hace varias referencias sobre la subrayada participación de la mujer margariteña en la contienda independentista. Y particularmente por lo manifestado por el Gobernador de la Provincia de Margarita, el español Joaquín Urreiztieta, quien manifestó: Las mujeres no escapan al ensañamiento”. En relación con la ayuda que les brindaron al General Arismendi, escondido en la serranías del valle de Paraguachi, oculto en la cueva del Gato, situado en la Vecindad, indica: “Mujeres que aparentemente van al monte en busca de leña, le llevan alimentos.”[2]

En relación con una serie de historias épicas acaecidos en el territorio neoespartano, se distingue, la Batalla de Matasiete, librada  las cercanías de la Ciudad de La Asunción el 31 de julio de 1817,  cuyo escueto componente militar estaba al mando patriota, Coronel Francisco Esteban Gómez, integrado por un nutrido grupo de aguerridos margariteños, donde los nobles guaqueríes hicieron gala de su heroicidad, derrotando de manera contundente al veterano militar español, el General Pablo Murillo y Morillo,  que al mando de un veterano y nutrido componente militar,  fue vencido de manera contundente y en cuya logística participaron grupo de féminas insulares, asistiendo a esos compatriotas entre otras actividades, les recargaban con pólvora los arcabuces, atendían a los heridos, recogían los muertos y hasta empuñaron las armas en las primeras líneas cuando el deber y las circunstancias lo exigían.

El cronista y poeta margariteño Francisco Lárez Granado (1975) en un discurso pronunciado el 31 de julio de 1975, en una de las conmemoración de esa “Batalla de Matasiete,” publicado bajo el nombre de “Gestas Neoespartanas” rememoró  lo siguientes: “Del campo desolado de la batalla recogieron a sus esposos, hijos, padres y hermanos muertos y heridos… Alzaron oraciones de gracias al Altísimo… Aclamaron a su bravo Jefe y a los Oficiales y soldados que le acompañaron… Y con el llanto por sus queridos muertos mezclaron el de la inmensa alegría que les causara el  triunfo obtenido por sus libertadores en la gloriosa acción de Matasiete…”[3]

Francisco Javier Yanes (2008), en la segunda edición de su libro Historia de Margarita, cuyo  prólogo tiene “Palabras de Presentación” escrito por el insigne maestro de todos los tiempos Luis Beltrán Prieto Figueroa (1948), hace referencias a: “las hijas de Margarita.” Y al efecto refiere: “Los hospitales no tenían otros medicamentos que las hierbas del país, ni otros asistentes que las mujeres que además se ocupaban en cuidar los conucos, elaborar el pan y llevar el rancho a la tropa, etc., etc.”[4]

En ese mismo orden, el citado autor, Francisco Javier Yanes (2008), continua refiriendo en Historia de Margarita,  en el aparte distinguido como: “La esposa de Arismendi”, transcribe fragmentos de la carta dirigida por el brigadier Juan Bautista Pardo al Gobernador Salvador Moxó, fechada 29 de enero de 1816, donde hacen mención sobre la participación de las mujeres en la contienda independentista, reflejando su morboso proceder, así: “La esposa de Arismendi ha dado a luz un nuevo monstruo. Esta y otra señora presa he mandado al Gobernador de Pampatar, las envié a La Guaira, donde deben estar sin comunicación. Arismendi, según voz general, ha hecho matar a nuestros prisioneros, y en este caso convendría decapitar a su mujer. También tengo entendido que dicha señora escribe a su marido, y este a aquella, y no conviene que esté aquí. Los naturales de Pampatar se van pasado a los enemigos, y los pocos que quedan, y mujeres nos venden. He pensado mandar desocupar el pueblo a todos los vecinos y mujeres: los que quieran, siendo buenos, irse, a la Costa Firme que lo hagan, y los malos echarlos a… espero me diga Ud. Su parecer. Los enemigos envían continuamente mujeres con niños  pequeños a llevar y traer noticias, y como es lastimoso matar a unos y otros se les echa otra vez, y esto puede costarnos caro; espero me diga Ud. también si todo los niños, sus madres, han de morir, o que se ha de hacer de ellos.”[5]

Continuando con el tema, el libro Historia de Margarita de  Francisco Javier Yanes (2008), en el aparte “Las Hijas de Margarita, Heroínas Anónimas”, las refiere en forma grupal como “las mujeres”, las amontona en un sólo manojo sin identidad, en evidente contraposición con los hombres, como se observa en los parágrafos primero y segundo del citado texto, que reza: “Margarita se jacta de tener en su seno otros tantos héroes, cuántos son sus hijos, y la posteridad mirará como sus redentores, y hará siempre grato recuerdo de Arismendi, Gómez, Joaquín Maneyro, Juan Miguel y Saturnino Lares, Celedonio Tubores, Nemecio Malaver, Juan Fernando Fermín, Francisco Campos, Pablo Ruiz, Domingo y Ceferino González, Luis Gómez, Gayetano Silva, Juan Bautista Cova, Manuel Rodríguez, Vicente González Juan Rodulfo, Andrés Mata, y Juan Galindo, Juan Manuel Fermín, Policarpio y Andrés Mata, Apolinar Lares, Gaspar Marcano, José Manuel Fermín, Francisco Adriano, Juan Bautista Espinoza, Manuel Lego, Benítez, Tenias y otros innumerables que con su valor y constancia libertaron la patria, sacrificando sus vidas y  propiedades, y sosteniendo una guerra de exterminio contra el enemigo feroz y brutal, sin más sueldo, ración ni recompensa que la dulce satisfacción de haber cumplido con el deber sagrado de libertar su patria de los tiranos. (..)Si la antigua Esparta se creía invencible por el entusiasmo de sus mujeres, las cuales animaban a sus esposos e hijos para que peleasen con valor, recibiendo con alegría la noticia de su muerte cuando habían seguido sus consejos. Margarita, la Nueva Esparta puede gloriarse de que sus hijas han hecho esto mismo y tal vez más. En efecto, todas las margariteñas han concurrido personalmente a la guerra contribuyendo para su sostén con todas sus galas, adornos y preseas; se han ocupado en el servicio del ejército conduciendo los pertrechos, cargando en hamaca los heridos, curándolos en los hospitales con los medicamentos que ellas mismas proporcionaban, haciendo la comida y cargando el agua para la tropa y, lo que es más, arrojando enormes piedras cuando los enemigos atacaba los puntos en que se hallaban, recibiendo siempre con una especie de alegría la nueva de sus maridos, padres, hijos y deudos quienes habían espirado en defensa de la patria.”[6] -El resaltado en negrillas es nuestro-.

Jesús Manuel Subero (1997), en su indicada obra, Matasiete Montaña de la Gloria describe en forma magistral el espíritu del margariteño, que se enfrentó con tenacidad el poder del invasor, resultando indomable ante la adversidad cuando le toco defender su espacio, equilibrando por igual la heroicidad del género universal hombre-mujer. En este sentido expresó: “La muerte por la patria se tomaba con espartano ejemplo. Hombres, mujeres y niños ofrendaban su sangre sin inmutarse. Se había reprimido el sentimiento. Había insensibilidad ante el dolor. La patria lo merecía todo. Lo pedía todo Se le brindaba todo.[7]

Por su parte, el escritor positivista Eduardo Blanco (1981) en su epopeya Venezuela Heroica, exaltada la participación de las mujeres margariteñas en la gesta emancipadora, enalteciéndolas por su desprendimiento a lo material y las aclama por sus diligencias y activas participaciones patrióticas, describiéndolas de la manera siguiente: “Las margariteñas, no menos generosas, se arrancan del cuello sus collares de perlas, y los entregan a Arismendi, junto con todas las joyas que poseen, para ser cambiadas por pólvora y fusiles.- Nobles mujeres: a ellas les cupo no escasa gloria en tan heroica lucha. No conformándose con cuidar solamente a los heridos y abastecer con su trabajo las necesidades de las tropas, muchas de ellas, como las mujeres galas, tomaban parte activa en los combates y estimulaban a los hombres con propia intrepidez y sus exhortaciones patrióticas. (…) Tales eran las hijas de margarita en aquella época de patriótico entusiasmo.”[8]

Exaltando el valor y la colaboración de la mujer margariteña en la proeza independentista, la historiadora Lila Mago de Chópite (1995) en su publicación  El Papel de La Mujer dentro de la Estructura Social Venezolana de Siglo XIX,  citando a la  escritora , Evelyn Cherpak (1985), destaca el protagonismo de las mujeres margariteñas, reseñando: “En Margarita las mujeres tenían grandes aptitudes para la guerra. Cuando Pablo Murillo intentó invadir la isla según testimonio de un extranjero que viajó a Venezuela, encontró que estas galantes amazonas operaban constantemente los cañones en el batallón que estaba bajo las órdenes del general Francisco Esteban Gómez; y los estragos que hacían en las filas del enemigo probaban bien su aptitud y su destreza para el manejo de la artillería.”[9]

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En ese convulsionado proceso de emancipación la mujer margariteña trascendió más allá de sus fronteras insulares, cohesionándose espacial con los compatriotas combatientes de tierra firme, aportándoles pertrechos y alimentos a las otras Provincias, devastadas por el enemigo usurpador, que ante la derrota, destruían todo a su paso, quedando poblaciones enteras carentes de alimentos y el ejercito patriota-vencedor en precarias condiciones con el entendido que ese tipo de auxilio eran prestados por esas féminas, Francisco Javier Yanes, (1943) en su libro Relación documentada de los principales sucesos ocurridos en Venezuela desde que se declaró Estado Independiente hasta el año de 1821, destaca: “Al llegar la legión irlandesa a Margarita en agosto de 1819, contribuyeron “todos los habitantes de la isla a su manutención, cuando el Gobierno no podía hacerlo al momento, de modo que ésta no les faltó durante su mansión en Margarita.[10]

En ese mismo sentido, la historiadora venezolana Mirla Alcibíades, (2010) en su libro Mujeres e independencia. Venezuela: 1810-1821, destaca que las mujeres margariteñas con gran sentido de entrega a sus devotos ideales no sólo suministró alimentos a su coterráneos, sino además, los envió a tierra firme, cuando la tropa acantonada en la isla de Margarita se trasladaban a esos espacios, indicando: “quiero llamar la atención es en el efecto multiplicador, desde el punto de vista simbólico, que tuvo el trabajo de las margariteñas que habían criado unas gallinas, las atraparon, enjaularon y enviaron a otra provincia (en la que, muy probablemente, nunca habían puesto un pie), para garantizar la vida de un soldado al que tampoco habían visto el rostro.” Continuando: “… esa lejanía territorial que nunca habían visto, probablemente nunca verían, pero que ya vislumbraban como propia.”[11]

Es evidente entonces, que tanto hombres como mujeres de esta Tierra de Gracia después de haber sufrido más trescientos años de colonialismo, lograron emanciparse de esa tiranía a través de cruentos combates conocidos como la “Guerra de Independencia” donde se suscitaron batallas épicas, alguna de magnitudes de epopeyas, lo cual desbastó al País. Por ello, el hombre-criollo compelidos a superar esa etapa épica, donde ellas fueron mártires y heroínas, no le resulto fácil construir una naciente Republica en un Nuevo Mundo, donde con una novata visión, debía conciliar complejas circunstancias tanto en lo social como en lo político y económico. Porque esa Nación se construyó con los esfuerzos mancomunados de una sociedad heterogénea, donde la lógica indica, que nuestras féminas fueron participantes activas. Sin embargo, en los relatos histórico oficiales de ese Estado-Nación, ellas aparecen ignoradas, ausentes, invisibilizadas o sin rostro. Porque, sólo al hombre-vencedor, le fue reconocido el éxito alcanzado y coronado con los laureles de la victoria.

Innegable es, que la margariteña durante la época presentada -1498-1825 le hizo honor a su insularidad, que tiene nombre de una flor, de una mujer o de las perlas de su entorno marino. Por lo tanto, no se pretender alterar la historia, lo contrario, se reclama verificarla con una rigurosidad científica aplicada a una realidad innegable, donde se deben superen los perjuicios obcecados del sistema patriarcal, “donde ellas están colocadas a la espaldas de ellos, lo cual desequilibra la armonía y la avenencia del género humano hombre/mujer. Desequilibrio denunciado magistralmente por Simone de Beauvoir, S. (1976) en su emblemática obra  El Segundo Sexo en francés –Le Deuxième Sexe-, destacada escritora, filósofa y profesora defensora de los derechos humanos en general, y de los derechos de la mujer en particular, cuando refiere: “No es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica; es su insignificancia histórica lo que las ha condenado a la inferioridad.” Por lo tanto, en esa realidad LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR….


[1] QUINTERO, Inés, (2003). De la Política Contingente a la Política Militante contenido en el libro Las Mujeres de Venezuela Historia Mínima. Caracas: Fondo Editorial de la Fundación de los Trabajadores Petroleros y Petroquímicos de Venezuela FUTRAPET. P. 16. 

[2] SUBERO N., Jesús Manuel (1997)  Matasiete Montaña de la Gloria. Pampatar, isla de Margarita, estado Nueva Esparta: Consolidada de Ferris, C.A. CONFERRI.

[3] LÁREZ GRANADO,  Francisco (1975) Gestas Neoespartanas. La Asunción: Imprenta Oficial del estado Nueva Esparta. Pp. 7 y 8.

[4] YANES, Francisco Javier (2008). Historia de Margarita, y Observaciones del General Francisco Esteban Gómez. Caracas: Fundación Editorial el Perro y La Rana, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Gobierno Bolivariano de Venezuela. Pp. 48-49.                                                                                  .

[5] Ibid.  Pp. 48-49.                                                                                 

[6]  Ibid. P. 105.

[7]  Ibid.  P. 34.

[8] BLANCO, Eduardo, (1981).Venezuela Heroica. Barcelona, España: Colección Ameritexto, Editorial Lía, S.A.  Pp. 270-272.

[9] MAGO DE CHÓPITE, Lila (1995). El Papel de La Mujer Dentro de la Estructura Social Venezolana de Siglo XIX,  Capítulo IX. Enciclopedia La Mujer en la Historia de América. Caracas: Congreso de la República de Venezuela, Banco Central de Venezuela Organización de Estados Americanos (OEA) y otros. Caracas, Venezuela:  Editorial Arte, S.A. P. 299.                                                                                                                                                                                                                                                                                    [10] YANES, Francisco Javier (1943). Relación documentada de los principales sucesos  ocurridos en Venezuela desde que se declaró Estado Independiente hasta el año de 1821. Caracas: Academia Nacional de la Historia. Tomo II. P. 64.

[11] ALCIBÍADES, Mirla (2010) Mujeres e independencia. Venezuela: 1810-1821. Caracas, Venezuela: Preprensa e impresión Fundación Imprenta de la Cultura. Comisión Presidencial Bicentenaria de La Batalla y La Victoria de Carabobo Pp. 69 y 70.

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