Pedro González Silva

Estamos en un ciclo en el que el karma colectivo se encuentra en Escorpio, por cuanto el Nodo Sur, el de los arraigos del pasado, se encuentra transitando por este signo; y ahora que el Sol entrará a esta franja zodiacal para activar su energía esencial, se hará más evidente la manifestación del karma escorpiano.

Entendemos por karma a toda acción pasada cuyas consecuencias están pendientes,
y en este caso, está pendiente la manifestación de las energías más elevadas de Escorpio, cuyo karma se relaciona con estar en la oscuridad, a la espera de cumplir la misión que implica evolucionar, transmutar, desprenderse de ataduras y elevarse como el águila a lo más alto de la cima espiritual.

El Sol entra a Escorpio el 23 de octubre, activando su energía transformadora. Y dos días después, el 25, se eclipsa de manera parcial, acentuando el proceso de transmutación recién iniciado, que se prolongará por espacio de seis meses, que es el ciclo en que se manifiestan los efectos de un eclipse.

De por sí, un eclipse ejerce un efecto transformador, similar al de Plutón, regente
De Escorpio, y al darse en precisamente en este signo, su efecto es aún más intenso.

En varias ocasiones hemos relacionado una de las más conocidas novelas del escritor alemán Hermann Hesse, “Demian”, con las energías escorpianas; esta novela narra el proceso de intensa transformación que vive el joven Emilio Sinclair, personaje central de la obra: nos habla de sus miedos y arraigos, sus crisis, sus turbulentas emociones y su deseo de “volver a nacer” dejando atrás sus ataduras del pasado.

Al inicio del libro encontramos esta frase: “Para nacer hay que destruir un mundo”. Así como el pájaro que nace destruye el huevo, el niño “rompe fuente”, abandona la cálida protección del vientre materno para nacer a la aventura de la vida mundana.

Todo esto se relaciona con la misión fundamental de Escorpio. Al activarse la energía escorpiana, el ambiente nos dispone para intensos cambios, donde debemos “destruir un mundo” y prepararnos para nacer de nuevo. Y más aún si se trata de un karma (tarea pendiente) que se acentúa al producirse un eclipse solar.

Esta tarea no debe atemorizarnos, al contrario, esa es la esencia de la vida. Morir y nacer son los extremos que se tocan. Morir es igual a no haber nacido, y justamente ese estado de muerte es el que permite que algo nazca.

Por eso la muerte no es el fin, es la transformación o transmutación. En ese proceso de cambio debemos desprendernos de algo que ya no nos sirve, que ya nos molesta o nos hace peso, debemos permitir la “muerte” de una situación, para dar paso a lo nuevo, para regenerarnos, para vivir nuevas experiencias y evolucionar.

Algo así ocurre en nuestro propio organismo: cada semana mueren células y nacen otras y eso permite que nuestro cuerpo se regenere, y cuando ya el cuerpo cumple su ciclo, la muerte nos permite nacer en otro plano más elevado, porque en realidad “nada muere, todo se transforma”.

En tiempos de Escorpio aprendemos por tanto a soltar los apegos (mantener apegos y obsesiones es un karma no superado), a aceptar los cambios luego de un período de “crisis”. Plutón, el planeta regente de Escorpio, es el que destruye y nos deja el terreno limpio para que luego podamos construir lo nuevo.

Escorpio es el signo de la evolución, por eso se le asocia a tres animales: la serpiente, que es el estado menos evolucionado y de bajas pasiones; el escorpión o alacrán, que representa un grado un tanto más elevado de evolución, y finalmente el águila, que es cuando finalmente alzamos el vuelo y desarrollamos una poderosa visión interna que nos permite ver la verdad a través de las apariencias.

No obstante, al momento de ponerse Mercurio directo, se encuentra recibiendo la poderosa influencia de Neptuno, que desde Piscis le hace oposición, y la energía de este astro tiene cualidades muy contrastantes con el planeta de la comunicación, por tanto hay que tomar este aspecto con mucho cuidado.

En su lado positivo, Neptuno frente a Mercurio puede favorecer alianzas que representen un complemento a nuestros planes, pues la tendencia al servicio, al análisis y al trabajo que nos da Mercurio en Virgo, se puede enriquecer con las cualidades espirituales, intuitivas y creativas de Neptuno, que se encuentra también en su casa, que es Piscis.

Sin embargo, hay efectos negativos que podrían darse si no tenemos cuidado; la influencia de Neptuno sobre Mercurio puede atraer estafas, relaciones llenas de confusión y malos entendidos, y malas influencias tales como vicios o situaciones ilícitas.

Es momento, por tanto, para desarrollar con más énfasis, nuestro poder de atención, de observación y análisis; que no nos agarren distraídos ni nos tomen por ingenuos, es momento propicio para analizar a fondo las decisiones que vayamos a tomar, y con quien nos vamos a relacionar.

A todas estas energías que se exteriorizarán con Mercurio en su movimiento directo frente a Neptuno, se le unirán el intenso efecto que manifestará Plutón al ponerse también directo el 8 de octubre, una semana después que Mercurio.

Plutón mueve fuertes energías transformadoras; en su fase retrógrada, es como el volcán en estado pasivo, con su energía contenida, y al avanzar, ese volcán hace erupción.

Todos aquellos procesos mentales que gestó Mercurio y que ahora pueden exteriorizarse, tendrán el empujón transformador de Plutón que también avanzará, y desde Capricornio estará en un aspecto armónico (trígono) con Mercurio, provocando que las energías transformadoras, aunque intensas e impactantes, fluyan favorablemente. Es momento de tomar decisiones que nos lleven a nuevos caminos, y que nos desprendamos de todo aquello que ya cumplió su ciclo y hoy día se convierte en un peso que nos puede impedir avanzar. Es tiempo de renacer.

Ilustración: Pedro González Rondón
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