Ana Luisa Gandica Silva

REGIÓN HISTÓRICA de LAS ISLAS de LAS PERLAS 

                Mapa de la Provincia de Venezuela (1635)

                Parte austral de la Provincia de Andalucia -Cuparte Austraili Novae Andalusiae-:

                Obra: José de Oviedo y Baños.

                Ubicación: Instituto Geografico de Venezuela Simón Bolívar. Caracas, Venezuela.

CAPÍTULO II

CUBAGUA. Desarrollo Historiográficos

La ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua fue distinguida con ese “señorío” por la Real Cédula Real emitida, el 13 de septiembre de 1528, por los soberanos Juana I de Castilla  y su hijo Carlos I de España y Emperador del Sacro Imperio Romano, reconocido como Carlos V. Llegando a convertirse en un emporio en las memorias de la economía de esa monarquía, sustentada en las riquezas de las haciendas de perlas de sus fondos marinos, instaurándose en la ciudad de Sevilla el centro comercial más importante de esa industria en la Europa del Siglo XVI y XVII, lo cual originó un comercio directo e indirecto a través de extensas redes transatlánticas recorridas entre el Nuevo Continente y España, posteriormente extendidas hasta África.

El cronista colonial Juan de Castellanos (1962) en su obra Elegías de Varones Ilustres de Indias en un canto octosílabo, como habitante de la isla durante la época referida, la describió así: La isla de Cubagua nos enseña/Este natural cambio claramente/La cual aunque es estéril y pequeña/Sin recurso de río ni de fuente,/ Sin árbol y sin rama para leña /Sino cardones y espinas solamente;/ Sus faltas enmendaron naturaleza/ Con una prosperísima riqueza. .[1]

En la escala mercantil el comercio de la perla cubagüense convirtió de manera directa al Imperio de España en una potencia de gran importancia económica y a los “Señores de Canoa,” [2] mercaderes castellanos en su gran mayoría, en prósperos negociantes, conocidos con ese eufemismo por ser los dueños de los menesteres de esa tarea, entre otros, las canoas, los aparejos y los esclavos utilizados en esas faenas. Enrique Otte (1977) en su  citado libro Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua,  en el aparte El Destino de Las Perlas. indica: “Una vez sacada de la ostra, la perla como el oro y la plata  fue en busca de los mercados de destino.”[3] Por lo tanto,  las riquezas extraídas con las lágrimas del esclavo africano de los fondos marinos de Cubagua, las perlas, fueron tan apreciadas en esa época por su belleza y calidad como el oro y la plata arrebatadas a los nativos Aztecas e Incas.

Y de manera indirecta la ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua beneficio  a la isla La Margarita como proveedora de los alimentos recolectados en sus fértiles valles y a la ciudad de Cumaná como surtidora de agua y leña. Así como, al comercio de importaciones venidas de otras  latitudes nacionales y europeas, requeridas por ese conglomerado, acorde con el estatus social-económico de “principales” y “subalternos.” Dándole paso a negocios de mercaderes y de mercancías. Generándose un hinterland[4] de dimensión trasnacional. Comercialización extendida hasta las costa de África en 1526 cuando la Corona de España autorizó el ingreso del esclavo africano a la isla de Cubagua, para laborar en la extracción de perlas en sustitución del esclavo Guaquerí.

Por lo tanto, la determinación anterior, le proporcionó a esa Monarquía un beneficio adicional por el impuesto pechado sobre esos ingresos a sus dominios ultramarinos, comercio realizado en gran escala por portugueses, holandeses y franceses. Así como, favoreció a los “Señores de Canoa” que podían disponer de una mano de obra de libre comercio con mayor resistencia física a la del Guaquerí e inmunes a las enfermedades europeas, permitiéndose solventar con la Corona de España sus diferencias sobre la esclavitud de ese autóctono, considerados como sus súbditos y con la Iglesia Católica empeñada en catequizarlos.

Adicionalmente, las “Perlas de Cubagua” ante la escases de moneda metálica alcanzó gran  preminencia en el mercado cambiario de la época de la naciente América de los citados siglos XVI y XVII, convirtiéndose sus gemas en un medio de liquidación comercial. Aceptación financiera referida por Enrique Otte en su libro Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua, así: “Toda Cubagua fue mercado de perlas. La perla fue medio principal de pago, si bien, como en toda América, la moneda de cuenta era el pero de oro, de 450 maravedíes. Medio oficial de pago era el marco e perlas comunes≫”, con un valor oficial en pesos de oro. Las perlas buenas y los lotes de perlas de diversas clases tenían el valor que dictaba el mercado, de acuerdo con la ley de oferta y la demanda.”[5]

Por esos efectos, los “Señores de Canoa”  instauraron en Nueva Cádiz de Cubagua su propio reinado,  manteniendo cordialmente alejados de sus ganancias oblicuas a los intermediarios de España. Por cuanto, en esa insularidad ejercían un control soberano en lo económico, político y social. En lo económico, como concesionarios exclusivos de ese cotizado mercado eran indispensables, casi intocables. Permitieron obtener mayores ganancias a través del contrabando de esos rubros, negociados directamente con piratas y corsarios, evadiendo  el pago del quinto real  y la tasa cobrada por el ingresos de esclavos a esa insularidad.

En lo político, conformaron en su totalidad el Cabildo de la Ciudad emitiendo ordenanzas a sus mejores conveniencias. Y, en lo social, crearon una exclusiva y excluyente elite, instituyendo una aristocracia piramidal en cuya cúspide como “principales” les estaban subordinados los otros estamentos cubagüenses como  “subalternos.”

Imagen figurativa: Nueva Cádiz de Cubagua antes de su destrucción.

                Recreación (1541) cortesía de Miguel Ignacio Lomba P.

Disponible: https://www.mapasilustrados.com.

Por ese efecto, en Nueva Cádiz de Cubagua, los “Señores de Canoa” y otros “ Señores Principales”  construyeron una ciudad con un porte urbano en paralelo con la distinción ostentada , cuya visión desde el mar debía proyectar la reminiscencia totémica de los regidores gaditanos.[6] Estructura urbana construida como la matriz de la isla La Española -Santo Domingo- y acorde con  la Regla de Cordel.[7] Reticulada con edificaciones de piedras de considerable importancia y magnitud, acorde con la relevancia de sus señoríos. La importancia de Nueva Cádiz de Cubagua fue vislumbra en el plano urbanístico-arquitectónico levantado de forma imaginaria por el reconocido arqueólogo José María Cruxent Roura, basado en las excavaciones arqueológicas realizadas entre los año de 1955-1961, contenidas en su obra Nueva Cádiz, testimonio de Piedra (1955) donde reseña la secuencia planimétrica de esa Ciudad estructurada en forma de “L” construida en la zona plana del lateral  sureste de la Isla con vista frontal a su inmenso entorno marino. Mostrada sobre un trazado rectilíneo compuesto por 5 calles cortas y 2 más largas tipo “avenidas” actuales, formando manzanas, cuyospavimentos eran de lajas, realizadas con una roca arenosa laminada, machacadas con conchas de nácar y extendidas sobre la superficie de especial blancura, cuyas edificaciones son las siguientes:[8]  

  • Plaza Mayor como modelo medieval europeo era foco el central de esa planimetría en cuyo entorno se distinguían las edificaciones de mayor relevancia religiosa y política, ubicado al lado sureste de la ciudad. Y en cuyo espacio abierto se realizaban los actos políticos, festivos y de carácter disciplinario -evidenciado por una picota de castigos-.     
  • La Iglesia Mayor de Santiago situado dentro del perímetro de la Plaza, pero de manera aislada, rompía con la alineación de las otras edificaciones circundantes. En su fachada frontal se distinguía el portón principal con dos puertas laterales, una con miras al oeste y la otra al sur; construcción torreada cuya escalera conducía al campanario, cuyos sonajeros anunciaban la misa dominical, los actos públicos o las alertas. La nave central de su parte interna estaba franqueado por el bautisterio, cuyo pared del altar mayor separaba la sacristía; disponiendo de dos celdas para presos. Edificación de bases sólidas de piedra, con paredes estucadas en un blanco impoluto  conocido como “Blanco España” y con  hermosos pisos de ladrillos importados desde Sevilla.
  • El Ayuntamiento, presumiblemente construido a los alrededores de la Plaza Mayor con frente hacia la Iglesia Mayor, cuya fachada contaba con su portal de acceso en cuya parte superior estaba colocado el escudo esculpido en piedra del Rey Carlos I de España. Edificación de características diferentes a las del conjunto anterior, debía estar correspondida con la tradición medieval europea. Edificado sobre bases de piedras fragmentadas de duro coral, subyacente en las playas de la Ciudad. El techo era de una sola ala construido con listones de madera sobre barro y sus paredes estucadas con el “Blanco España.”
  • La Casa Fuerte situada frente al mar al final de una de las calles principal de la Ciudad, considerado lugar estratégico defensivo con una vista dominante al horizonte en 180 grados. Construido, con la similitud de las características señaladas.
  • Las Residencias-Almacén de los “Señores Principales” o “Señores de Canoa.” Arquitectura y decoración acorde con el “señorío” del propietario, estaban ubicadas al sureste de la Ciudad con fachadas frontales a la calle principal, construidas sobre sólidas bases de piedra con paredes externas e internas frisadas de bahareque, estucada en color “Blanco España” con techos “altos o soberbios” de dos plantas; algunas torreadas con sus respectivas escaleras. Generalmente, conformadas por dos núcleos: uno supeditado al negocio u oficio  de su propietario como  tienda y almacén, cuya construcción y acabados estaba acorde con el fin. El otro, espacio, estaba destinado al ambientes familiar, disponiendo de importantes área de: salones, comedor, habitaciones,  cocina, despensas  y de servicios, lujosamente amueblado y decorados, con pisos de ladrillos importados de España.
  • El Convento de San Francisco centrado en el oeste de las afueras de la Ciudad. Edificación de gran dimensión, contando con dos importantes núcleos en cuya fachada principal estaba un gran portón  en cuya parte superior estaba colocada una escultura de piedra representando las “Llagas de San Francisco,” entorno  externo ornamentado con una variedad de gárgolas, -halladas por Cruxent durante sus excavaciones arqueológicas. En su interior, una gran cruz y un bautisterio presidían su  nave principal, contando con sacristía, campanario, claustros y otras áreas de servicios y despacho; en el suelo de este recinto se encontraron varia tumbas. Por el norte, se accedía a un huerto y a otras edificios. Recinto de hermoso diseño con paredes de tapia o tierra pisada, estucadas en “Blanco España” con techos de madera y pisos de ladrillo importados de Sevilla. Construcción resguardados por un muro planimétrico con solidas paredes estucadas en ese mismo color blanco.
  • El Cementerio Principal dispuesto en un gran lote de terreno aledaño al referido Convento, donde estaban sepultados los miembros de las “familias principales” y otros de menor rango social-económico-político. Cuyos espacios según ese orden, estaban perfectamente delimitados.
  • La Ermita de Notre Dame conocida también como Oratorio de Notre Dame, documentada como hospital o ermita con la distinción de ≪Nuestra Señora de la Concepción≫, según Enrique Otte (1977) fue: “Sin duda,  el primer edificio público construido por los cubagüenses…”… Situado , “… a unos 800 metros de la ciudad, en la punta nororiental de la isla, se escogería por la incomparable belleza del lugar, frente a la hermosa silueta de Macanao, y por estar rodeado de bosques de pinos …”[9] En cuya capilla estaba entronada la “Virgen Purísima”, posteriormente trasladada a la vecina isla de Margarita en los principio del año 1530  según el Hermano Nectario María, donde hoy en día es conocida y venerada como la “Virgen del Valle.”[10] Misteriosas construcción localizada por el antropólogo y arqueólogo, Jorge Armand, reseñada en un viejo mapa francés del Siglo XVI, reproducido en su libro Investigaciones Arqueológicas y Reflexiones sobre Venezuela.[11]
  • El Muelle considerado de mediana profundidad por sus bajos coralinos, era de menor calado. Y por las importaciones requeridas en Cubagua, se presume la existencia de otros atracaderos de mayor profundidad, no localizados aun. Cuya  aduana, debía estar ubicada estratégicamente en la metrópoli.
  • El barrio de viviendas  de los “segundones” estaba conformada por vivienda de modesta construcción, elaboradas con materiales perecederos, con techos de paja y paredes de bahareque, en cuya área circundante se encontraban las barracas de los esclavos aborígenes y africanos que laboraban en el negocio directo e indirecto de los bancos perleros.
  • Y en lo más  apartada de la Ciudad, se observó la construcción de dos hornos  ubicados al norte y al sur de la Ciudad donde era procesado el estuco conocido como “Blanco España”, cuyo material se encontró allí y en otras zonas.
  • El mercado público ubicado en un espacios abierto retirado de la urbe.

El  cronista Juan de Castellanos Castellano (1857) rememorando ese pasado la describió, así: “Vereís llenas caminos y calzadas/Detrafagos, contratos y bullicios,/Las Plazas y las calles ocupadas./De hombre que hacían sus oficios,/Este de tapia, aquel de cal y canto,/Sin que futuro den espanto./ (…) A la nueva ciudad que se hacía,/ En navío traían materiales/ Y cuanto tal obra requería;/Porque la grosedad de los caudales/Estas costas y mucho más sufría, /Y con salir tan caras estas cosas/Allí hicieron casas suntuosas.[12]

En el mayor apogeo de esa Ciudad se estimó contar con una población de aproximadamente 1000 habitantes de los cuales, 300 eran españoles y el resto indios, negros y otros,  cuyo tránsito y espacios ocupacionales estaban delimitados por el orden  impuesto por  los “Señores de Canoa” y los” Señores Principales. Así, lo refiere Isaac J. Pardo (1955), en su obra titulada Esta Tierra de Gracia, citando unos versos de Juan de Castellanos, donde además parangona esa urbe como la nueva Sodoma y Gomorra del siglo XVI, al describirla así: “Vuelven los potentísimos empleos,/hay fiestas, regocijos, hay torneos./Con muchos cortesanos ejercicios;/Hay damas, hay galanes, hay paseos. (I.-XIII. -II.)  Y como ya bullía la moneda,/Veriadeds mil damas y galanas/Con ropas costosísima de seda /Granas, veinte y cuarenta perpiñanes.   (…) Todos los usos son de mercaderes,/Letrados, escribanos, negociantes,/Y para presentes menesteres,/Convites y lascivias de mujeres,/Ejercicios de lánguidos amantes;/Diferentes de los que fueron antes,/De manera que personas todas,/O los más, son de fiestas y bodas. (H.-Santa Marta- I)).[13]

Y en relación  con: “Los Grupos Marginados, Las mujeres.” Juan de Castellano refiere a la más famosas, así: “Señoras principales de Cubagua, dueñas de su idilio pastoril de la Margarita, bella y colérica Francisca Gutiérrez, burgalesa de Hato, estirpe clara y generosa; Isabel de Reina, hermosa pero virtuosa; María de Lerma, joven malograda, y su hermana Juana de Ribas, encarnación de la perfección humana.”[14] Situación, más notoria por los amoríos pecaminosos de sus habitantes que por sus matrimonios. Por ello, Nueva Cádiz de Cubagua se llegó a conocer como una sociedad mal trecha, llena de crueldad y de lujuria, donde proliferaron los amancebamientos entre españoles con mujeres aborígenes y africanas, estigmatizadas como “esclavas mozas”, proliferando los hijos “bastardo,” lo cual fue denunciado  por el vicario Francisco de Villacorta a España. Por ello, Carlos I emitido el  3 de agosto de 1533 una Cedula Real, referida por Enrique Otte en su mencionado libro, así: “… los titulares de gobierno y justicia de Cubagua tomaran muy en serio las amonestaciones generales de la corona lanzadas contra algunos casados que tienes indias libres en sus casas e las toman por sus mancebas, e a estas causas no hazen vida maritadable con sus mujeres, ante algunos dellos las dexan desnudas e pobrese se van con las dichas sus mancebas,  …[15]

Y en relación a los amoríos desenfrenados en Cubagua, Enrique Otte continua indicando entre otros a: El caso del Alcalde mayor Pedro de Matienzo y Antonia Camacho “La Camacha” quien era la madame de un prostíbulo; el hidalgo Francisco Fajardo, sucesor de Villardiga en la Gobernación de la Provincia de Margarita, amante de la cacica Isabel de cuya unión nació el mestizo distinguido con su mismo nombre. El prominente comerciante Rodrigo de Funes, amigo de la cacica doña María,y después amancebado con la prima de ésta, Teresita esclava de Pedro de Alegría; Juan Juárez de Figueroa, sucesor de don Francisco Fajardo en el gobierno de la Isla, quien vivió con una esclava suya, y después con la hija de ella de nombre Francisquita. Pero en cambio, sí fueron condenadas por amancebamiento, cuatro mujeres cubagüenses consideradas de orilla, como: Isabel de Guillar, Mencia Hernández, Elena Delgado y Catalina Salas.[16]

Sin embargo, cuando la expoliación perlera en Cubagua comenzó a mostrar sus primeros síntomas de agotamiento entre los años de 1528 y 1531[17] por la merma de sus lechos, los “Señores de Canoa”  con la autorización de la Audiencia de Santo Domingo y del rey español Carlos I, iniciaron su exploración -cata- por la Costa de las Perlas,  encontrando en Cabo de la Vela -Guajira  Colombia-, nuevos bancos, donde fundaron la población de Nuestra Señora Santa María de los Remedios. Actividad comercial y administrativa gerenciada desde la isla La Margarita. No obstante, en los fondos marinos de la  Región Insular hacia el año de 1573 se descubrieron otros placeres de perlas, resurgiendo el interés hacia esa zona, pero su auge sólo se extendió hasta finales del año de  1600.

Por ello, la venida a menos de la isla de Cubagua fue un proceso pausado debido al referido agotamiento de sus bancos de perlas, cuyas ultimas extracciones, no generaban los suficiente beneficios, para mantener ese negocio de alto costo por la carencia de insumos para sobrevivir en esa desértica Isla. Aunado a la resistencia de los jóvenes esclavos en prestar servicio en esas exhaustas  labores de atroces consecuencias, donde algunos preferían inmolarse, otros perdían la vida devorados por especies marinas o quedaban discapacitados, además de ser alojados en barracas infrahumanas con una alimentación escasa. Así como, por el desastre natural que azoló la Isla el día 25 de diciembre de 1541, que generó un considerable éxodo a otras latitudes. Y, contundente por la incursión de los hugonotes franceses durante el año de 1543 que al mando del corsario, Flocques Jacques de Soresen protegido del Rey Francisco I de Francia, arrasó los vestigios de la Ciudad, saqueando, destruyendo y quemando edificaciones religiosas, públicas y privadas, que precariamente habían superado el fenómeno natural de 1541,  lo cual originó la huida definitiva de sus escasos pobladores. Sin embargo, en una mermada escala, se reseñó un regreso de aproximadamente 100 personas, dedicadas a explotar los pequeños yacimientos petróleo encontrados en ese árido suelo y al cuarenteo de ganado vacuno, quienes en su gran mayoritariamente eran  funcionarios españoles, que la habitaron hasta finales de 1574, cuando la abandonaron definitivamente. Actualmente, entre los escombros de Nueva Cádiz de Cubagua, sólo existen algunas rancherías de fortuitos pescadores.

      Fotografías de las Ruinas de Nueva Cádiz de Cubagua. Expedición de José María Cruxent.

En Resumen, La ciudad de Nueva Cádiz tuvo una gran relevancia, en varios sentidos, en: El orden económico, las riquezas de sus bancos de perleros le dieron el título de ser  la tierra de las perlas como mercado  fundamental en la Europa de los siglos XV y XVI. Y, en lo histórico esos beneficios le permitieron ser  “El centro de Venezuela,” [18]  utilizada por  España como su plataforma para colonizar el resto del territorio nacional y expandirse hasta otros, de la costa central y occidental sudamericana.

Y de forma indirecta, proporcionó diversos beneficios, tanto los derivados del mercadeo con la vecina isla de La Margarita y de otras latitudes nacionales; como, los obtenidos por los exportadores europeo. Y, el lucro derivado del comercio esclavista. Generándose en consecuencia, un hinterland entre este Nuevo Mundo, Europa y África.

En el orden Arqueológico, la isla de Cubagua es notablemente apreciada desde el Período Prehispánico acorde con las indagaciones remontadas a una data de 4.000 años atrás, donde se ejemplarizo el modo de vida caribeño con el aprovechamiento de recursos marinos y terrestres, hasta el Período Colonial reseñado anteriormente. Investigaciones y estudios realizados por notables profesionales, entre otros, por: M. Centeno Graü (1940); Pablo Vila (1943); Julio Febres Cordero (1947); Miguel Acosta Saignes (1950) que dirigió la comisión científica con colaboradores como: Armas Chitty (1951), publicando como: Cubagua y otros Pueblos Venezolanos, con la colaboración de Jesús de Mata Gregorio y José María Cruxent Roura (1954-1955)  publicado en Nueva Cádiz, testimonio de Piedra; Casto Fulgencio López (1940), reseñado en  La Margarita. Isla venezolana de las Perlas; Alfredo Boulton (1952) en su obra La isla Afortunada;  Enrique Otte (1977) en Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua y Francisco Emilio Castañeda Malavé (2001) en su edición: El Periodo Prehispánico Neoespartano; y Jorge Armand (2010) en libro Investigaciones Arqueológicas y Reflexiones sobre Venezuela.

Y en el orden étnico-social, en el conglomerado de la ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua se  conformó un laboratorio de interesantes características, producto de la mezcla de tres razas, tres culturas, tres continente, donde interactuaron sus respectivos acervos, moldeándose una estructura de gran singularidad, conformada por el acervo de la natural simpleza y la cosmovisión del autóctono Guaquerí insular, invadido en todo su contexto por el colonizador, aunado al bagaje del español castellano en cuyo espacio logró alcanzar un “señorío” de espalda a sus lugares de origen y lo donado por el factor multiplicador del aborigen de la África subsahariana  arribado a esos espacios de manera precaria. Cuyo resultado generó una interesante etnicidad y cultura de variados matices.

En otro sentido, se permite anotar, que las memorias, de la isla de Cubagua  fueron archivadas incorrectamente en la sección de la isla de Cuba del Archivo General de Indias -AGI-, ubicado en Sevilla, España. Situación, detectada por los buenos oficios del historiador Antonio Muro cuando en 1935, se percató de tese descuido. Encontrándose actualmente los recaudos de Cubagua, Margarita y Coche archivados en su justo lugar.

Por consiguiente, las ruinas actuales de esa Ciudad fastuosa de corta vida -30 años-,  deben recibir el debido tratamiento y mantenimiento de las disciplinas de la ciencia moderna por  la preminencia de su invalorable patrimonio tangible e intangible. No obstante, de haber sido declaradas  Monumento Histórico Nacional según lo publicado en la Gaceta Oficial Nº 31866 del 20 de noviembre de 1979. En este presente, continúan en franco deterioro como un espectro de esas memorias y en ese sentido, el  poeta y cronista Juan de Castellanos en sus “Elegias de Varones Ilustres de India, la refirió: “Cubagua fue sin freno y sin medida/.  (…): “… a la sed inextinta del beodo/de su codicia, por hacer la cuenta/que hacen los que dicen a su modo/comamos y bebemos y asolemos/ahora que mañana moriremos.”[19] 

Impresiones de gran pesar, presentado en la pluma del novelista Enrique Bernardo Núñez (2016) en su obra “Cubagua Don Pablos en América”, así: “Nueva Cádiz fue sacudida por tormentas y terremotos, atacada por los piratas y caribes. Cuando cesó el tráfico de esclavos los vecinos huyeron. No había ya quien llevase agua ni leña. La ciudad quedó abandonada y el mar sepultó sus escombros. Quisieron hacer una ciudad de piedra y apenas levantaron unas ruinas.”[20] Por lo tanto, hoy en día las ruinas de la ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua son el despojo de ese prospero pasado, que en esté presente son el objeto de un conmovedor desafecto donde sus memorias y LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…


[1] CASTELLANOS, Juan de (1857) Elegías de Varones Ilustres de Indias. Edic. 2da Biblioteca de Autores Españoles. Madrid España: Editor-Impresor Rivadeyra. Primera Parte. Elegida XII. Canto Primero. P. 141.

[2] SEÑORES de CANOA.  Los dueños de las empresas de explotación de las granjerías de perlas,  conocidos por ese eufemismo, por ser los propietarios de las canoas, aparejos y de los esclavos utilizados en esas tareas. Ibid. Pp. 49-50.

[3] Ibid. P. 55

[4] HINTERLAND. Palabra alemana que traducida al castellano significa “tierra detrás.” En un concepto amplio, se refiere a la esfera de influencia entre diversas latitudes, unidas por intereses comerciales. Enciclopedia Británica.  USA: Editor: Enciclopedia Británica, Inc.

[5] OTTE, Enrique (1977) Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas: Fundación John Boulton. P. 66

[6] GADITANO. Gentilicio de la persona nacida en la ciudad de Cádiz, Andalucía, España. Diccionario de la lengua española. Real Academia Española. (1970) -RAE- Madrid, España: Editorial Esparsa, Calpe, S.A.

[7] REGLA de CORDEL. Rasgos comunes de las ciudades y las villas coloniales, conocido como “Calles y Solares a que conformaron las urbes hispanoamericanas, en su diseño arquitectónico-urbanístico en forma de damero. MANZANO MANZANO, Juan (1956) Historia de las recopilaciones de Indias. 2a ed. Madrid, España: Editorial Cultura Hispánica, Caja de Ahorros de Ronda, Granada.

[8]   CRUXENT ROURA, José María (1955) Nueva Cádiz, testimonio de Piedra. Caracas, Venezuela: Revista El Farol Nº 160, Octubre, 2-5.

[9]  Ibid. P. 258.

[10] NECTARIO MARÍA, Hermano. (1963) Un Gran Santuario Mariano de Venezuela.  Historia de la Virgen del Valle. Madrid: Imprenta,  Juan Bravo.

[11] ARMAND, Jorge. (2010) Investigaciones Arqueológicas y Reflexiones sobre Venezuela.  España: Revista Dialnet Investigaciones Arqueológicas. Cuadernos Unimetanos 22 abril 2010. Editor: Fundaciones Dialnet..

[12]  CASTELLANOS, Juan de (1857) Elegías de Varones Ilustres de Indias. 2da. Elegida XIII. Canto Primero. P. 143.

[13] PARDO, Isaac J. (1991) Juan de Castellanos Estudio de las Elegías de Varones Ilustres de Indias, Segunda Edición Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para La Historia Colonial de Venezuela Pp. 332, 333,338.

[14] Ibid. Pp. 350-351.

[15] Ibid. P.354

[16]  Ibid. Pp. 351-354.

[17] VILA, Marco Aurelio (1980) Síntesis geohistórica de la economía colonial de Venezuela. Vol. XIII. Caracas: Banco Central de Venezuela. Colección histórico-económica venezolana. Vol. XIII.  Pp. 131-133.

[18] RAMOS, Demetrio (1961) Alonso de Ojeda, en el gran proyecto de 1501 y en el tránsito del sistema de descubrimiento y rescate al de poblamiento. España: Universitat de Barcelona.  Boletín americanista, 1961, N.º 7. Pp. 33-87.

[19] Ibidem.

[20] NÚÑEZ Enrique Bernardo (2016) en su  novela “Cubagua Don Pablo en América” Caracas, Venezuela: Monte Ávila Editores Latinoamericanos C. A.P. 69.

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