Ana Luisa Gandica Silva

El Antiguó Convento de San Francisco hoy Palacio Legislativo del estado bolivariano del estado Nueva Esparta es otro de los Monumentos Históricos-Culturales, que conforman el Patrimonio Tangible de la Ciudad de La Asunción, ubicado dentro del Casco Histórico del Municipio G/J Juan Bautista Arismendi, según lo delimitado por la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación,  publicado en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela Nº 31.114 de fecha 19 de noviembre de 1976. En esta oportunidad se reseñarán algunas de las memorias de ese acervo religioso, social y político, transitando por los inicio de su construcción en la otrora Provincia de Margarita hasta el presente.

       ANTIGUÓ CONVENTO DE SAN FRANCISCO

Imagen: Antiguo Convento de San Francisco hoy Palacio Legislativo (1571-1593)

Foto: Enrique Avril. “COJO ILUSTRADO” Nº 170 15 de enero 1899.

El antiguo Convento de San Francisco de Recoletos o de Recolección a la par del otro de San Antonio de Padua, ubicado en el actual estado Trujillo, eran espacios de recogimiento espiritual en eremitorios, acorde con la filosofía religiosa de su fundador el italiano Giovanni di Pietro Bernardone conocido posteriormente como San Francisco de Asís -1181-1226-. Por ello, esa Orden iniciada en ese País europeo durante el año 1209, se estima, que ese sacerdocio arribó a esta  Insularidad de la Costa de las Perla entre los años de 1512-1515. Cuya misión  estaba  destinada principalmente a darle cobijo a los más necesitados, atender a los enfermos y ser centros de adoctrinamiento religioso para los naturales aborígenes. En fin, sus Monasterios eran considerados como sitios de recogimiento religioso y de atención humana.

El antiguó Convento de San Francisco de La Asunción de la entonces Provincia de Margarita, estuvo bajo la autoridad del monasterio a la Provincia de Santa Cruz de la Española -Santo Domingo- y Caracas, cuya titularidad fue recibida 1577, siendo ocupado por los clericós de la Primera Orden de Frailes Menores como su fundador, conocidos anteriormente como «observantes». Los datos históricos sobre su construcción son controvertidos, para algunos historiadores fue fundado en 1593 por fray Juan Ortiz de Valdivieso. Sin embargo, hay evidencias que fue iniciado en 1571. Así lo afirma el Dr. Justo Simón Velásquez en su libro Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita)indicando al efecto: “ El P. Fr. Baltasar de Lodares cree muy probable que haya sido fundado en 1571, con los religiosos de la expedición franciscana traída por el Capitán don Juan Ponce de León, la cual arribó a la isla de Trinidad en 1570, les fué tan mal a dichos religiosos que algunos de ellos retornaron a España, y otros pasaron a Tierra Firme.” [1]

El estilo arquitectónico de ese Monasterio se correspondió con el estilo colonial de la época, el citado escritor, Justo Simón Velásquez en dicho libro Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita) lo describe así: “Constaba este edificio de una pequeña iglesia hacia el lado Norte, donde estaba la imagen de San Francisco en un tosco altar que tenía por techo lo que se llama ordinariamente media naranja. Al pie del altar había un sótano de 3 metros cuadrados de superficie por 1,50 de profundidad, sin salida para ningún punto del edificio: una especie de catacumba, cerrado por una losa de 50 centímetros cuadrados con su argolla de hierro para levantarla.- Aquí existe una divergencia entre los autores. El P. Guevara Carrera expresa : ‘»Cerca del altar mayor de la capilla (en realidad no era capilla, sino la iglesia del cenobio) del convento de Franciscanos se encuentra la entrada a un subterráneo que sería curioso explorar».- (…) Al lado Sur estaba el gran salón, que se comunicaba con la iglesia de San Francisco por medio de tres arcos completamente lisos, inclusive el arco grande de la iglesia que tenía comunicación con el presbiterio por sus dos puertas de sacristía, que conducían hacia el Este, donde estaba dicha sacristía, con su puerta de salida para un patio cercado con paredes antiguas de un metro setenta y cinco centímetros de alto, cubiertas de tejas de tres en tres, hasta terminar en la pared de la primera gran división del edificio hacia el Sur. Este gran salón tenía vina puerta que daba a la calle y salía al atrio o altonazo. Se supone que esta puerta la hicieron los franciscanos para los actos instructivos de su religión, (…) en la misma dirección, hacia arriba, y a tres metros, estaba una esquila, donde daban las horas, la cual tocaban del piso alto, porque todo el edificio tenía dos pisos, menos la iglesia y el salón descritos y la Capilla de La Soledad, que pudo ser la de la Orden Tercera, según opinión de Fray Cayetano, de adoratorio y forma raros por cierto, sita al lado Oeste del edificio. Los terciarios vendrían a misa a la Capilla de La Soledad: entraban por la puerta de arco que daba al Norte de la ciudad. Por el lado Oeste había otra igual, que pasaba por dentro de la capilla, y conducía por la de la misma forma que existe actualmente, al interior del convento, donde está el escudo de Venezuela y dice CASA DE GOBIERNO. (…) Pasemos ahora a la cocina, por una puerta de estilo ordinario, y nos encontramos con un patio rectangular de seis metros de largo por tres de ancho, con su desaguadero de loza agujereada. Al lado de la pared del Oeste estaba un lavandero. (—)Tenía además una puerta pequeña que conducía a ese patio, por donde se supone que salían de compra los administradores de la cocina.(…) con sus fogones de hornillas y su horno pequeño en otro fogón, (…) Frente a la fachada oriental del cenobio había una hermosa huerta.- Constaba, pues, el convento de un claustro de columnas y arcos en el primer cuerpo y otro cuerpo sobrepuesto de columnas sin arcos.”

Esa edificación religiosa fue objeto de variadas destrucciones motivado a la controversias mantenidas entre la monarquía de España con los otros reinos de  Holanda, Francia y Gran Bretaña, que generaron frecuentes invasiones a estas latitudes, tanto a la insularidad de  Cubagua como de La Margarita, letales incursiones realizadas por corsarios apoyados por esos adversarios monásticos, que apeteciendo los caudales de los banco de perlas, los yacimientos de sal y de otros bienes, localizados en esta Tierra de Gracia, asaltaban esas islas, generando caos y destrucción de su espacios públicos y privados.  Específicamente, se reseña el nefasto arribo de los filibusteros holandeses a La Asunción  en 1739,  que desbastaron entre otros espacio, el Convento de San Francisco, lo cual ameritó la intervención del Rey Felipe V, que ante la indigencia de esos prelados y los estragos ocasionados  a ese  Monasterio, emitió una  Real Cédula de fecha 18 de Abril de 1739, donde acordó: «Y habiéndose visto en mi Consejo de las Indias esta instancia con lo que sobre ella informaron el Governador, Cavildo secular y Vicario Eclesiástico de la mencionada Isla de Magarita he venido en conceder al referido convento de San Francisco de la ciudad de la Asumpcion e Ysla de Margarita por el término de seis años la limosna de vino, cera y aceite, consignándose en mis Cajas reales de la ciudad de Santiago de León de Caracas.[2]

Precaria condiciones que sólo permitió alojar en ese desmantelado Convento a cuatro sacerdotes, quienes para el 31 de diciembre de 1805 quedaron sometidos a la “Ley Fundamental” dictada por el Congreso de Angostura el  28 de Julio de 1821, en la cual se ordenaba suprimir  los conventos menores que no tuvieran ocho religiosos de misa, excepto los hospitalarios, y los dedicados a la enseñanza pública. Ley de base Constitucional, que fue refrendada el 7 de abril de 1826 por parte de  Francisco de Paula Santander -quien por la ausencia de Simón Bolívar-, era el Presidente Encargado de la Gan Colombia. Mandato revocado por nuestro El Libertador, Simón Bolívar, cuando retomando sus obligaciones como Presidente, derogó ese mandato mediante el Decreto dictado en fecha 10 de junio de 1820, donde ordenaba restablecerle a esos conventos religiosos los beneficios concedidos por el Estado. Sobrevenida situación, que sepultó los esfuerzos de Bolívar en favor de la misión religiosas, apostadas en Venezuela, afectadas de manera directa por la disolución de la  Gran Colombia de Bolívar, cuyo nuevo Poder Legislativo constituido en la ciudad de Caracas en 1830 como Congreso de la República de Venezuela, acordó el 21 de febrero de 1837 acoger el contenido de la  derogada Ley -07-04-1826- dictada por el Congreso de Angostura.

Por lo tanto, quedaron totalmente  eliminados los subsidios del Estado en favor del Clero Católico del País, con el criterio de implementar la educación pública, desestimando la instrucción religiosa. Dictamen refrendado por el Poder Legislativo, el 23 de ese mismo mes y año por el Vicepresidente del Consejo de Gobierno, José María Carreño Blanco bajo la Presidencia de José María Varga, que dictó en efecto un Reglamento el 1° de marzo de ese mismo año de 1837, donde se incluía de manera específica la negatoria de cualquier tipo de patrocinio para los conventos cristianos del País y se ordenaba además, incautarles todos sus bienes. Medidas gubernamental, que generó serias confrontaciones entre el Gobierno de la República y la Iglesia Católica. Por ello, fue expulsado el arzobispo Ramón Ignacio Méndez, en dos oportunidades, entre los años de 1830 y 1836.  Leyes, decretos y enfrentamientos que afectaron de manera directa, la sobrevivencia del sacerdocio del Convento Franciscano de La Asunción, el cual debieron desalojar.[3]

Materializado la expropiación del Antiguo Convento de San Francisco y en propiedad del Estado venezolano, durante esa etapa de la Republicana fue objeto de una gran cantidad de modificaciones. Durante la Guerra de Independencia fue convertido en un hospital. Posteriormente, adecuado en 1833 a la instalación de las escuelas náuticas, se eliminó el aljibe de su patio central, para darle espacio a los colegios nacionales y las escuelas primarias del Colegio de La Asunción integrado por un cuerpo de un ilustres rectores, directores y docentes.[4] En esa oportunidad tenía áreas separadas con el Juzgado del Distrito, acorde con el decreto dictado el 5 de Julio de 1833 por el Vicepresidente de la República, Don Andrés Narvarte. [5] Luego funcionó la Gobernación de la Provincia de Margarita, donde falleció en una de las celdas del segundo piso, el día 06 de agosto de 1853, el General Francisco Esteban Gómez en ejercicio de su cargo, en cuya estancia está colocado en el dintel de la puerta de entrada una placa que dice: «Descubríos! /En este recinto/ falleció el 6 de agosto de 1853/ el Ilustre Vencedor en Matasiete/ General/ Francisco Esteban Gómez.”[6] Y en las primeras décadas del siglo XX se le realizó otra intervención acorde con el funcionamiento del Gobierno Ejecutivo y de la Cámara Legislativa. Subsiguientemente, el Despacho de Gobierno se trasladó a una nueva sede en 1982 en la avenida Constitución de la Ciudad.

Originándose una nueva reforma con el fin de adecuarlo a la única ocupación del Poder Legislativo estadal, iniciada  durante los años de 1904-1905, cuando se demolió totalmente el lado sur, donde se encontraba la Capilla de La Soledad, según las instrucciones del doctor Francisco Jiménez Arráiz,  gobernador de la Sección Oriental del Distrito Federal en el periodo presidencial del General José Cipriano Castro Ruiz -1899-1908-. Después en los años de 1940-1941 fue derribada totalmente la iglesia ubicada al lado norte del Convento, con la inclusión de la torre y la cúpula, conforme con las instrucciones del Gobernador-Presidente del estado Nueva Esparta, señor Renato Rodríguez, durante la presidencia del general Isaías Medina Angarita. Destrucción de esa reliquia severamente cuestionada por la comunidad regional y nacional, justificada con la necesidad de ampliar una calle lateral para darle acceso directo al gran salón protocolar y modernizar esa fachada.

La fachada actual de esa edificación ancestral, observar en la imagen, se aprecia su tipo arquitectónico neoclásico, con una decoración uniforme. Demarcando su acceso principal una antesala resaltada por una cornisa sostenida por sendos pilares en cuya parte central está colocado el escudo estadal coronado la distinción de “PALACIO LEGISLATIVO.” En su lateral se ubican cuatro ventanas con balcones, dividas por pares por otra puerta secundaria en cuyo marco superior también esta reproducido ese escudo estadal.  En una de sus esquina se aprecia un reloj de sol o reloj equinoccial diseñado en 1612 durante la época de la gobernación de Don Bernardo de Vargas Machuca -1608-1614.  Así como, se aprecias otra construcción anexa con características similares a ese conjunto. El interior cuenta con dos pisos en cuya planta baja está ubicado el salón principal de reuniones y eventos propios a la  Cámara de Legisladores, cuyas paredes están resaltadas con vitrales de colores, contando con tres entradas, una principal y dos laterales, comunicando uno de esos acceso a un patrio-jardín central donde está colocado un busto del G/J Juan Bautista Arismendi. Y el segundo piso bordeado por corredores con vista a ese patio-jardín anteceden otros recintos privados y oficinas.[7]

 Esa edificación colonial, constituye uno de los principales Patrimonio Tangible de la Ciudad de La Asunción, que  además de ser parte de una reliquia heredada desde tiempo memorables, también tiene sus misterios, cuentos y leyendas. Por lo tanto, a ese valor material, se le añade un “imaginario nativo” conceptuado en las ciencias sociales, como los mitos de la mente. Definida por el francés Edgar Morin filósofo, sociólogo e historiador entre otros títulos universitarios, así: “Los diferentes niveles y las diferentes virtualidades de lo imaginario viven mezclados en el seno de las grandes mitologías, Pero cada gran mitología tiene sus propias estructuras y cada cultura orienta dentro de sí relaciones propias entre los hombres y lo imaginario. Una cultura es, en fin de cuentas, una suerte de sistema neuro-vegetativo que riega, a través de sus canales, la vida real con lo imaginario y lo imaginario con la vida real. ( …) A menudo, estas representaciones fantasiosas de la realidad llegan a trascender las mismas circunstancias que se han producido en el mundo real y adquirir la fuerza y la belleza del mito, convirtiéndose en los iconos de toda una etapa en la historia de un pueblo.[8]

Concretando algunos mitos atribuidos a la historia de ese particular Convento, el Dr. Justo Simón Velásquez, (1958) en su citado libro Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita) refiere: “Los datos siguientes me los comunicó por tradición mi estimado amigo, el señor don Napoleón Narváez ( q. s. g. b.).-  Cuando el general Donato Villalba iba a atacar a La Asunción, algunas mujeres, por temor, se escondieron en una de las celdas del antiguo convento de los frailes franciscanos observantes de dicha ciudad y se cerraron por dentro. Siendo muy de noche oyeron los pasos de un caballo, que, al llegar frente a la celda donde estaban, se paró en sus patas traseras repentinamente.- José León Coronado, picapleitos, encontrábase una vez en el local del Juzgado del Distrito, situado en el edificio del mismo monasterio. Al oir una voz, que tal vez le llamaría la atención, profirió una insolencia. La misma voz le contestó una palabra descompuesta y, lleno de estupor, cerró las puertas del tribunal.- Un señor Morao fué jefe de policía en La Asunción durante el gobierno del general Asunción Rodríguez. Al asumir el poder su sucesor, el doctor Francico Jiménez Arráiz, aquél no fué reemplazado y una noche vió a una mujer, vestida de negro, cogiendo agua de una vasija en el edificio del precitado cenobio. Morao le llamó la atención y trató de ir hacia ella, pero la mujer huyó por entre las celdas del convento, y luego desapareció. “[9]

El afamado historiador margariteño Joaquín Salazar Franco -Cheguaco- (2000) en su libro LA ASUNCIÓN Ciudad Procera en su aparte El Espíritu del General Francisco Esteban Gómez, sobre el tema tratado, indica: “Se decía que el General Francisco Esteban Gómez hasta después de su muerte rondaba por la Ciudad. Que durante las noches oscuras y silenciosas, por las distintas calles y callejones del casco poblado y de sus alrededores, escuchaban el trotar de su caballo, de manera muy especial por sobre los empedrados, y oían con resonancia el eco de su fuerte y enérgica voz de mando; la misma que usó en la memorable acción de Matasiete y en tantas otras donde tuvo destacada figuración.”[10]Y en ese efecto,  en otro aparte del citado libro, en el aparte Convento de San Francisco, relata otros misterios yciertos cuentos, así: “Se han tejido leyendas de fantasmas y aparecidos en ese sagrado recinto, y hay quienes aseguran que allí existía una boca del famoso «Túnel de La Asunción». También pertenecían al convento las tierras del lado este hasta la cercanía del cementerio viejo, donde está actualmente la «Plaza de la Juventud» y las cuales cultivaban los propios frailes.[11] 

Y en al particular titulado como El Sótano el Convento, relata:  “Al pie del Altar (del Convento de San Francisco) había un sótano de tres metros cuadrados de superficie, por 1,50 de profundidad, sin salida para ningún punto del edificio: una especie de catacumba, cerrada por una losa de cincuenta centímetros cuadrados con su argolla de hierro para levantarla.-  El Padre Guevara Carrera expresa: «Cerca del altar mayor de la Capilla (en realidad no era Capilla, sino la iglesia del cenobio) del Convento de Franciscanos, se encuentra la entrada de un subterráneo que sería curioso explorar». – El Bachiller Rafael Cayetano Marcano (q.e.p.d) sostenía que el sótano es la entrada de una catacumba, lo cual corrobora la opinión de Fray Cayetano de Carrocera, quien afirma que fue un enterramiento de varios personajes ilustres, porque en la lápida que sirvió de entrada al subterráneo hay una inscripción que dice: «Este entierro es de Francisco González de Lugo y de Doña Luisa Villafañe y Doña Luisa de la Cerda y sus herederos. Por las abreviaturas y forma de letra se infiere que sea probablemente del siglo XVII». («Los Templos de La Asunción», Justo Simón Velásquez).[12]

Y continuando sobre ese tema y sus especulaciones legendarias, Joaquín Salazar Franco -Cheguaco- (2000) en su libro LA ASUNCIÓN Ciudad Procera, refiere: Los Túneles de La Asunción,  lo siguiente: “La historia de Margarita nos habla de un sótano o catacumba al pie del altar mayor de la Iglesia del Convento de San Francisco, en La Asunción. También nos dice la historia, acerca de la cisterna existente en el Castillo de Santa Rosa, destinada a almacenar agua de lluvia, la cual percibió sangre patriota en la matanza del año 1815, cuando el asalto a dicha fortaleza. Pero a pesar de todas estas aseveraciones históricas, mucha gente, de manera especial la de edad avanzada, aseguran que tanto el primero como la segunda, no son sino las bocas de largos túneles, construidos en la época de los españoles, que atravesaban la Ciudad en distintas direcciones.- De todas maneras, al hablar de los nombrados túneles, se decía y se dice, que existía uno de San Francisco al Castillo Santa Rosa; otro de San Francisco a la Iglesia Matriz (actualmente Catedral), otro de este templo a la Casa Capitular o Casa del Cabildo, y que este mismo continuaba hacia el Convento de los Dominicos, en la entrada de El Copey, y de allí seguía hacia una salida secreta en el río.- (…) En tal sentido, mucho se ha hablado y se habla todavía acerca de los misteriosos túneles, no habiéndose logrado concretar nada al respecto, ni siquiera encontrar vestigios de ellos en las edificaciones que últimamente se han venido realizando, ni en las acometidas de tuberías para las aguas blancas y negras, que han requerido excavaciones a considerable profundidad.- Últimamente, un hundimiento ocasionado en la vía adyacente a lo que fue la parte norte del presbiterio de la Iglesia del Convento de San Francisco, dejó a descubierto construcciones subterráneas hechas con adobes y ladrillos cocidos, sin encalar, divididas en pequeños compartimientos en forma de tanques, que más bien daban la impresión de parecerse al aludido sótano (o catacumba), del que han escrito el Padre Gustavo Carrera, el Bachiller Rafael Cayetano Marcano y el Doctor Justo Simón Velásquez, pero que mucha gente aseguraba que era la boca de los antiguos túneles. Algún día se logrará poner en claro si lo dicho es leyenda o realidad. Hasta ahora nada se ha justificado.”[13]

Por lo tanto, el  Antiguo Convento Franciscano de La Asunción, es uno de los  Monumentos del  Patrimonio Tangible Históricos-Culturales de la Ciudad, que por su trascendencia  religiosa, social, cultural y política  debe ser apreciado como un acervo de incuestionable valor en este presente y en el devenir de las futuras generaciones. Espacio de arquitectura colonial donde desde el mismo inició de su construcción en el Siglo XVI, se desarrollaron importantes acontecimientos y vivencias de la microhistoria de la capital, de la Región Insular de La Costa de Las Perlas. Y, en cuya memorias de ese  recorrido histórico de gran trascendencia insular,  LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…


[1] VELÁSQUEZ, Justo Simón (1958) Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita) La Asunción: . Imprenta del estado Nueva Esparta. Oficina de Información, Prensa  y Publicaciones Estado Nueva Esparta. Pp. 25  y ss.

[2] Ibid. Pp. 34-35.

[3] Ibid. Pp. 36 y ss. Y en ÁLVAREZ GILA, Óscar. (1998). Artículo Misiones y misioneros vascos en Hispanoamérica, 1820-1960.  España: editado por el Instituto Labayru Ikastegia. P. 16

[4]  Ibid. 28-30.

[5] Ibid. Pp. 37 y ss.  .

[6] GÓMEZ,  Ángel Félix Revista “MARGARITA 1897 en el aparte ANTIGUO CONVENTO DE SAN FRANCISCO. Fundación Museo del Mar. Fondo Editorial del estado Nueva Esparta. P. 4.

[7] Disponible: https://iamvenezuela.com/2016/08/palacio-legislativo-antiguo-convento-de-san-francisco.

[8] MORIN,   Edgar (1962) El Espíritu del Tiempo título original L’ESPRIT DU TEMPS, ESSAI SUR LA CULTURE DE MASSE. Paris, Francia: Editorial: Bernard Grasset. P. 99 y ss.

[9]  Ibid. P. 42

[10] SALAZAR FRANCO,  José Joaquín -Cheguaco- (2000) LA ASUNCIÓN Ciudad Procera. La Asunción, Isla de Margarita. Editores: SENECA  Alcaldía de Arismendi. Segunda Edición. P. 98.

[11] Ibid. P. 25

[12]  Ibid. P. 26

[13] Ibid. Pp. 11 y 112.

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