Ana Luisa Gandica Silva

El Convento Nuestra Señora del Rosario conocido como Antiguó Convento de Los Dominicos, actualmente en estado ruinoso, es otro de los Monumentos del Patrimonio Tangible, ubicado dentro del Casco Histórico-Cultural de la Ciudad de La Asunción, Municipio G/J Juan Bautista Arismendi del estado bolivariano de Nueva Esparta, según lo previsto por la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, publicado en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela Nº 31.114 de fecha 19 de noviembre de 1976,  presentado así:

CONVENTO NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO conocido

                              como el  ANTIGUÓ CONVENTO DE LOS DOMINICOS

La Orden de Predicadores Dominicos conocida también como orden dominicana y sus miembros como dominicos fue fundada por el castellano, Domingo de Guzmán en Toulouse, -1170-1221, posteriormente conocido como Santo Domingo de Guzmán. Congregación religiosa, aprobada por el Papa Honorio III en Roma el 22 de diciembre de 1216 en la Bula «Religiosam Vitam.”  Y cuyo lema  es “Alabaré, bendeciré y predicaré” acorde con la vida de un monje. Dicha Orden se destacó notablemente  en el campo de la teología y el adoctrinamiento cristiano con la inspiración de figuras como: San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino. Algunos de sus miembros fueron integrantes de la  Inquisición de la España medieval. Y en la Escuela de Salamanca fundaron las cátedras de  teología, filosofía y economía.  Los clericós dominicos durante sus misiones en los territorios de América, África y Asia colonizados por las monarquías de España y Portugal lograron multiplicar esas vocaciones en esos espacios. En esta latitudes del Nuevo Mundo se destacaron notablemente por defender los derechos de sus naturales, los aborígenes.

Los primeros sacerdotes de la Orden de Predicadores Dominicos que llegaron a la Provincia de Margarita fueron los frailes Antonio  de Montesinos y Gregorio de Beteta  en 1518, que a su vez,  formaron  parte de la primera comunidad arribada en 1510  a la isla La Española -Santo Domingo- presidida por fray Pedro de Córdoba tras obtener del Rey español Fernando II  “El Católico” la licencia pertinente mediante la Real Cédula emitida el 11 de febrero de 1509. Misión y propósito concedía a 15 frailes y 3 laico de esa orientación religiosa.

La llegada de los dominicos a esa latitudes originó un cambio cualitativo en el proceso de la colonización en general, porque no sólo cumplieron con su misión evangelizadora de trascendencia notable con la población aborigen, sino que además, se convirtieron en sus defensores, denunciando públicamente los abusos y la brutalidad del español-colonizador, que  los sometían de manera desconsiderada al régimen de la esclavitud, ajenos al sistema previsto por esa Monarquía.

 Por ese efecto, el superior de ese grupo,  el fray Pedro de Córdova  le encomendó al fray Antonio  Montesino realizar el sermón del domingo 21 de diciembre de 1511, conocido como “Sermón de Adviento”, quien lo proclamó, así: Esta voz (dixo él) os dice que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué auctoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muerte y estragos nunca oídos habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y cognozcan a su Dios y criador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Éstos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto, que en el estado que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.”[1]

Predica, que generó grandes protestas por parte del gobernador de dicha isla, Don Diego Colón y Perestrelo, quien amenazó a fray Pedro de Córdoba de expulsar de esa insularidad a Montesino, sino se retractaba en el sermón del domingo siguiente. Oportunidad, donde nuevamente fray Antonio de Montesino de común acuerdo con sus colegas religiosos, divulgó con mayor énfasis los cinco principios de las leyes de la religión cristiana, ratificando que  ante los ojos de Dios, no existen diferencias raciales, ni esclavitud, ni servidumbre. Porque las leyes de Dios estaban por encima de las  leyes privadas y del Estado. En consecuencia, el aborigen debía ser civilizado en paz, respetando su libertad, sus bienes y su conversión al cristianismo convenía ser respetuosa y con ejemplos cristianos, porque Dios les había dado los mismos talentos que al hombre blanco.[2]

Por esa razón, el Gobernador Colón aupado por otros españoles, encomendaderos y otras órdenes religiosas le solicitaron al Rey Fernando II de Aragón la expulsión de los dominicos de sus dominios de ultramar del  Nuevo Mundo. En consecuencia, desde La Española fue enviado a España un representante de ese Gobernador y de los encomenderos, el franciscano fray Alonso de Espinar y  por parte de los dominicos fue fray Antonio de Montesinos. El Rey después de oír a ambas posiciones y convocada una  reunión de notables teólogos y juristas en Burgos en 1512,  promulgó el 27 de diciembre de ese mismo año las Leyes de Burgos donde se implementaron las funciones protectoras y humanizadora para esos naturales, basado en la dignidad, el trabajo y la libertad, considerados como vasallo del rey no sujetos a esclavitud.

Es de hacer notar que Bartolomé de las Casas, conocido como el gran benefactor y defensor de los derechos del aborigen de este Nuevo Continente fue uno de los primeros colonos españoles en arribar  a esa isla, La Española -Santo Domingo-, quien en esa insularidad después de haber sido encomendadero, abandonó su vida como laico y se consagro como sacerdote en las ordenes menores, posteriormente como presbítero, y en definitiva en 1523 profeso la doctrina de la Orden de Predicadores Dominicos, dedicándose a ultranza a defender los derechos de esos nativos de los abusos de los colonizadores, logrando limitar su explotación y librarlos del sistema de trabajo forzado de la encomienda. Bondades que lo conllevaron a aceptar la esclavitud del negro africano, lo cual cuestionó posteriormente por los excesos cometidos en contra de esa etnia por parte de sus beneficiarios. Por ello, fue considerado, más allá de cualquier leyenda, el precursor en la defensa de los derechos humanos. Sus obras más reconocidas fueron:  Historia de las Indias -1527- publicada en Madrid en 1875 en cinco tomos y  La Brevísima relación de la destrucción de las Indias divulgada en 1552.

Y en relación con la Provincia de Margarita, ésta pertenecía eclesiásticamente a los Anejos Ultramarinos del Obispado de san Juan de Puerto Rico  fue visitada  por  primera vez, por el Obispo Monseñor Rodrigo de Bastidas, durante el  año de 1568. Posteriormente, entre los años de 1578 y 1579 se inició la construcción en el Valle de Santa Lucia del primogénito Convento de Predicadores en territorio venezolano, el cual fue distinguido como Convento Nuestra Señora del Rosarioen los terrenos comprados por Fray Juan de Manzanillo a Antonio Carrasco y a su esposa, situado en la entrada del barrio El Copey, cerca de la hoy Plaza Arismendi. En esa época el gobernador de la Provincia de Margarita era Don Miguel Maza de Lizana. Estimándose que fue construidos con la colaboración de otros clericós dominicos y lugareños.”[3]

Puntualizando  sobre el Convento Nuestra Señora del Rosario, referido como “Santo Domingo”, el Dr. Justo Simón Velásquez, (1958)  en su libro Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita) lo describe, así: “Por entre las verduras de El Copey se erguía la filigrana del Convenio Dominicano. Su iglesia era un   aljófar, y tenía su cementerio. (…) Estuvo situado en la parte Noroeste de La Asunción, cerca del río «El Copey”, y dividido de la ciudad por una calle que partía del Castillo «Santa Rosa»‘, y venía a salir al río, donde se construyó un puente, que aún existe, para la salida de los pueblos del Norte de la isla. Del pie de las faldas del Cerro de Copey al lugar donde estuvo situado el convento habrá apenas cuatro kilómetros.- Su entrada, constituida por una escalinata empedrada, se hallaba donde está hoy la casa que fué del señor Vidal Sanabria, que hace esquina frente a la Plaza «Arismendi».- Tenía una salida hacia el río de La Asunción, que comunicaba su fondo con dicho río, por medio de una calle que atraviesa la que ahora se llama «Unión».- Comenzaban las posesiones de Santo Domingo donde está ubicada actualmente la Plaza «Arismendi «. en la cual se levanta el busto del adalid margariteño. (…)  La estructura de esa edificación abarcaba aproximadamente diez mil metros cuadrados de superficie. El bachiller Rafael Cayetano Marcano aseveraba que conoció en el terreno donde estuvo el Convento de Santo Domingo una pared de barro moldeado con incrustaciones de mampostería, en la cual había cuatro alacenas destruidas, de sesenta centímetros de alto por treinta de ancho, cada una. El supone que en ese lugar debió estar el comedor o refectorio del monasterio, puesto que muy cerca de allí se encontró un pilón de mármol, que bien pudo ser un lavamanos, con orificio para el renuevo del agua.”[4]

En la Revista de Humanidades y Educación. Nº 53 año 2019 en el artículo  Semblanzas Biográficas de Los Frailes Dominicos en Venezuela (S. XVI- XXP) se señala:“Margarita y Cubagua fue visitada por los frailes, dejando un precario convento en la primera de ellas; el cual nunca llegó a ser más que un pequeño conventillo. En su época de mejor esplendor llegó a tener seis religiosos. Los dominicos, según Fr. Agustín Dávila Padilla (1562-1604), habían llegado a Margarita, por primera vez, en 1518, llevados los religiosos por Fray Pedro de Córdova.”[5]

Monumento religioso, que también sufrió las consecuencias de la infausta incursión de Lope de Aguirre  y sus marañones en la isla de Margarita durante el año de 1561, donde con gran crueldad y ensañamiento cometieron todo tipo de crímenes y atropellos, tanto a los habitantes del conurbanismo del Valle del Espíritu Santo, como a las edificaciones privadas, gubernamentales y religiosas. En esa relación el citado Dr. Justo Simón Velásquez (1958) en su citado libro Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita) acota: “Aguirre odiaba con saña sanguinaria a los dominicos y franciscanos y mató a varios de ellos durante su estada en Margarita. Refiere Fray Pedro de Aguado que una vez se expresó de esta manera: «… que él tenía presupuesto y lo pensaba efectuar y hacer así, de pasar a cuchillo todos cuantos frailes topase de la orden de Santo Domingo, y no dejar con la vida a ningún religioso de la orden de San Francisco. (…) El rebelde mató en Margarita a dos frailes dominicos y a tres franciscanos. Entre éstos últimos a Fray Andrés de Valdés, «un santo hombre que era amado y respetado por todo el mundo.”[6]

Imagen de la Virgen del Rosario

El conocido escritor margariteño Ángel Feliz Gómez en su solicitud de “Declaratoria de La Asunción como Patrimonio de La Humanidad ante La Unesco, refiere: “Para 1579 se habían edificado tres celdas y la capilla. La iglesia del convento estaba armada de madera y se terminó en 1581. Ya para 1681 estaba muy ruinoso, según lo constató el Gobernador e ingeniero Juan Fermín de Huidrobo. Y el mismo autor  en su libro LA ASUNCIÓN: Razones Patrimoniales en el aparte 11- Defensa de La Ciudad, señala que la destrucción definitiva del Convento de “Nuestra Señora del Rosario”  fue motivado por la incursión acaecida: “… el 24 de enero de 1677 el conde de Maitenon, al frente de corsarios franceses destruyó La Asunción, sobre todo al convento de Santo Domingo y a la imagen de Santo Domingo le quitaron la cabeza y las manos. La imagen de Nuestra Señora del Rosario de la iglesia del convento, la conservó hasta su muerte el sacerdote de La Asunción fray Agustín Costa. Hoy se ignora su paradero.   En ese convento para 1727 existían  la Cofradía de la Santa Veracruz y la Cofradía de Santa Rosa de Lima.-   Así mismo tuvieron los dominicos, una rica posesión agrícola y pecuaria conocida desde aquellos lejanos tiempos como La Estancia, nombre que conserva hasta hoy día.”[7] Representación de la “Virgen del Rosario” de gran valor religioso-cultual esta observada anteriormente, acorde  con su reproducción contenida la Página Nº 45 del citado libro Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita). Cuya  ubicación actual, es desconocida.

El otro afamado escritor insular,  José Joaquín Salazar Franco -Cheguaco- (2000) en su libro LA ASUNCIÓN Ciudad Procera en el aparte El Convento de Los Dominicos, apunta: Que en 1604 se pidió ayuda para mejorar la Iglesia pero que en 1681 se hallaba bastante empobrecido a causa de los destrozos que le hicieron los corsarios franceses en el año 1677 cuando pasaron por la Isla.”[8]

 Y, Justo Simón Velásquez, (1958) en su indicado libro Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita) reseña: “Los R. R. P. P. dominicos, como los franciscanos, tuvieron necesidad de salir de Margarita, y el edificio quedó abandonado, por no haber quien lo ocupase, y lo explotaron hasta su completa destrucción.”[9] En ese recinto religioso, ya convertido en ruinas, se han realizado algunas incursiones donde se encontraron un pilón de mármol y una lápida mortuoria, indicando: “En el sitio donde existió el convento fué tallada una losa tallada rectangular, de noventa centímetros de largo por siete de ancho, que está actualmente en el Museo y biblioteca «Nueva Cádiz» de La Asunción. Dicha losa contiene la inscripción siguiente : A SEPULT DEL S° F.RAN R»S. DE AN.DRADAY Y D SVS KEREDRS, AÑO D 1642, o sea: A Sepultura del señor Francisco Ros Andraday y de sus herederos, ano de 1 642. Abajo hay una calavera y dos tibias atravesadas en forma de aspa. El señor Narciso López me informó que había otras parecidas en el cementerio del convento.”[10]

Mayores detalles sobre esas edificación está suministrados en el registro de la Alcaldía de G/F Juan Arismendi fichado como “Patrimonio Cultural: así: “El Convento de los Dominicos Nuestra Señora del Rosario, que existió dentro del perímetro de la ciudad por el lado Norte Sur se extendía hasta muy cerca de la margen derecha de río y hacia la campiña del Copey, Actualmente todos estos terrenos se encuentran edificados y solo quedan unas ruinas en la parcela ubicada hacia la actual calle Lárez. El esquema de distribución de las ruinas sugiere una edificación en forma de L. Su frente se retira de la ca11e 4 m. aproximadamente. por lo cual rompe la continuidad del borde urbano. Los restos de su posible fachada dan indicios de un acceso central, a partir de una imposición simétrica. Este es el muro que mejor se ha conservado de la edificación, probablemente intervenido en más de una oportunidad. Se hayan él cinco vanos, aparentemente, todos para puertas, los cuales rematan en arcos campanales. solo se mantiene uno de ellos abierto, e! central. La decoración presente en estos vanos consiste en molduras lisas de borde y pillastras de fuste liso que se apoyan sobre un zócalo bordeado por una tabla o moldura plana. ¡El resto de! muro es liso con zócalo interrumpido por cada una de las aberturas, muro remata con una cornisa sencilla y un parapeto decorado con motivos florales. La presencia del parapeto permite inferir que las cubiertas fueron planas en algún momento. Esto lo confirman las huellas que aún se observan en la parte interior y en algunos de los muros que conservan su altura original.- Al traspasar la fachada se ingresa a un vestíbulo que se comunica a ambos lados con sendos recintos, siguiendo el eje de entrada se pasa a lo que probablemente fue un corredor, volcado sobre un pequeño patio; el resto de la edificación se desarrolla hacia la izquierda del patio, donde se ubican dos estancias separadas entre sí por una torre. La edificación debió ser de una sola planta. La estructura era muros de carga de mampostería; salvo la torre, donde se empleó adobe crudo, según se puede apreciar por los restos de la misma. También se aprecian restos de los frisos, los cuales fueron lisos, de mortero de barro y cal. En uno de los muros de la torre se puede observar, en su parte superior, un óculo elaborado con cuatro tejas. Sobre el mismo muro, aproximadamente a la mitad de su altura, se encuentran otras tres aberturas, también realizadas con tejas, posiblemente para ventilación. Sobre el muro opuesto se observa un vano rectangular con remate de arco carpanel, para ventana, a juzgar por sus dimensiones. Los restos de la edificación se ubican en la manzana comprendida entre las calles Lárez, Tenias, la plaza Arismendi y la calle Unión, como parte de un contexto urbano predominantemente residencial. de viviendas tradicionales. La altura predominante es de una sola planta. En manzana del frente se ubica la Casa Natal de Arismendi al lado de ésta un terreno baldío.”[11]

                   Imagen actual: Convento Nuestra Señora del Rosario – Antiguó Convento de Los Dominicos

                   Catalogo del Patrimonio Cultural Venezolano, Ministerio de La Cultura.

El estado presente del Conventos de Los Dominicos, como se indicó, consagrado como “Convento Nuestra Señora del Rosario” es apreciado en la fotografía anterior, reproducida en el Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Región de Oriente. Estado Nueva Esparta. Municipio Arismendi, Página 21, donde se evidencia su estado de abandono. Estructura colonial con una fachada de gran sencillez arquitectónica, de una sola planta, en cuyo frente existen cinco aperturas, cuatro selladas, una estrecha puerta, evidenciando una de sus paredes frontales el uso de piedra, tierra y arcilla.

 El Convento “Nuestra Señora del Rosario” en una memorias del acervo religioso de un pasado colonial, hoy en día está devastado y es propiedad del Estado, como otras edificaciones religiosas expropiadas en el Reglamento el 1° de marzo de 1837 dictado bajo la Presidencia de la Republica de  José María Varga Ponce -1835- y refrendado por el Vicepresidente del Consejo de Gobierno, José María Carreño Blanco, bajo el criterio de implementar la instrucción pública, se les eliminaron los subsidios a las órdenes religiosas, con la consiguiente  incautación de sus bienes. Por ese efecto, se aprobó el  primer Código de Instrucción Pública, -1843-.  Proyecto fracasado por cuanto el Estado no contaba con los recursos suficientes, para superar la  precaria situación de un sistema destruido, la alta tasa de analfabetismo y la exclusión social de la época. En ese sentido, el  escritor Guillermo Luque (2010)  en su artículo La educación venezolana en la primera mitad del siglo XX 1899-1950, indica: “El Dr. Vargas toma la idea de la educación popular con una escuela elemental, básica gratuita y obligatoria.[12]

Y en relación a ese particular, es pertinente referir, el otro Decreto emitido sobre gratuidad de la educación en Venezuela, presentado por el Presidente de la República, Antonio José Ramón de La Trinidad y María Guzmán Blanco, simplemente Antonio Guzmán Blanco, durante su  primera  presidencia -1870-1877  por desavenencia con  la Iglesia Católica, ordenó expropiarles el resto de sus  propiedades y expulsó del País a variadas de esas órdenes eclesiásticas. Y en relación con la estructura del sistema educativo, promulgó un marco jurídico, estructurado, en el Decreto de fecha 27 de junio de 1870, redactado por el ministro Martín J. Sanabria, donde entre otros particulares, se establecía: “Todo padre, madre, tutor  o persona, a cuyo cargo esté un niño o niña mayor de siete años y menor de edad, está obligado a enseñarle los conocimientos necesarios  o a pagar a un maestro que se los enseñe, y en caso de no poder hacerlo ni una ni otra, deberá mandarlo a la escuela pública del lugar.”[13]

Lo  pretendido por el Poder Ejecutivo de esos tiempos, por imponer el beneficio de la educación pública en detrimento de las ordenes franciscanas y dominicas, debieron ser conciliadas e implantadas sin excesos, por cuanto la expropiación de inmuebles religiosos sin un mejor destino, avalan la indolencia observadas en el trascurso de esos tiempos a una serie de edificaciones coloniales, que por no haber sido apreciadas debidamente en su justo valor histórico, algunas lamentablemente desaparecieron y otras, actualmente se encuentran en estado de gran deterioro.

Órdenes religiosas afectadas por intereses mezquinos, cuando gracias a sus labores misioneras en esa convulsionada etapa colonial, los nativos de estos espacios del Nuevo Mundo lograron, ser  protegido de la avidez del colonizador por despojarlos no sólo de sus espacios ancestrales, sino además, de esclavizarlos en las explotación de las riquezas de estas Tierras de Gracia. Por ese efecto, los clericós dominicos inicialmente lograron que el Rey Fernando I de Aragón promulgara en 1512 las Leyes de Burgos. Así como, el fraile dominico Bartolomé de las Casas influencio notablemente sobre el Rey Carlo I de España  para aprobar  las Leyes Nuevas de Indias -1542- que conllevo posteriormente a la Recopilación de las Leyes de los Reynos de las Indias -1681- por el Rey Carlos II. Compendios legislativos, que a través de esos tiempos, fueron favoreciendo en mayor medida los derechos de los nativos aborígenes de esas latitudes, consideradas por los eruditos de esa materia como:  “…Por encima de todas las fragilidades de toda obra humana constituyen un monumento de los que honran a sus autores. [14] Además, del habido aporte  de los dominicos y otras órdenes religiosas en la enseñanza católica y educativa durante esas épocas y sus respectivas colaboraciones en  obras  sociales y  fundaciones de  pueblos de estas geografías, donde edificaron hermosas construcciones, hoy en día consideradas como un patrimonio nacional por su  preminencia arquitectónica.

Y retomando el tema, sobre los Monumentos  Tangibles de la Ciudad de La Asunción, que esperan ser rescatados en este presente de la indolencia de ese pasado y erigirse como un acervo histórico-religioso-social del mundo por parte de la Organización de Las Naciones Unidas para La Educación, La Ciencia y La Cultura -UNESCO-, el Dr. Alí Romero Farias, Alcalde del Municipio G/J Santiago Mariño, venciendo las frustraciones de otros tiempos y, con el propósito de lograr ese objetivo de gran prestigio internacional, conformó  Equipos de Trabajo de acreditados profesionales y técnicos, dedicados a lograr ese loable fin y a ese efecto dictó el Decreto Nº 008-2020 del 3 de febrero de 2020, publicado en la Gaceta Municipal Ordinaria Nº 062 del 07 de febrero  de 2020, donde LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…


[1] SERMÓN de ANTÓN MONTESINO según  Bartolomé de LAS CASAS. Conmemoración de los 500 Años del Sermón de Antón Montesino y  La Primera Comunidad de Dominicos en América. 21 diciembre 1511 – 2011. Y comentario Gustavo Gutiérrez.  Pp.  6 y 7. Disponible https://www2.dominicos.org.

[2] ANABITARTE, Héctor (1991) Grandes Personajes. Bartolomé de las Casas. Madrid, España: Editorial Labor S.A., Edición Colaborativa del 75 Aniversario. P. 83.

[3] https://basilicadelvalle.com. Diócesis de Margarita, estado Nueva Esparta.

[4] VELÁSQUEZ, Justo Simón (1958) Los Templos de La Asunción  (Isla de Margarita) La Asunción:  Imprenta del estado Nueva Esparta. Oficina de Información, Prensa  y Publicaciones Estado Nueva Esparta. Pp. 43 y 44.

[5] Revista de Humanidades y Educación. Nº 53 año 2019. Semblanzas Biográficas de Los Frailes Dominicos en Venezuela (S. XVI- XXP) Caracas, Montalbán. Pp. 239-240. Disponible: https://revistasenlinea.saber.ucab.edu.ve..

[6] Ibid. P. 54

[7] GÓMEZ Ángel Félix (2021) LA ASUNCIÓN: Razones Patrimoniales en el aparte 11- Defensa de La Ciudad. Isla de Margarita, Venezuela: ©2021fundacion Dr. Ángel Félix Gómez. Digitalizado por Talleres de Producciones VAVOS. P. 73.

[8] SALAZAR FRANCO, José Joaquín -Cheguaco- (2000) LA ASUNCIÓN Ciudad Procera. La Asunción, Isla de Margarita. Editores: SENECA  Alcaldía de Arismendi. Segunda Edición. Pp-27 y 28.

[9] Ibid. P. 43

[10] Ibid. Pp. 44 y 45.

[11] Disponible: REGISTRO DEL PATRIMONIO CULTURAL -RPC- https://rpc-venezuela.gob.ve, y   http://www.ipc.gov.ve/ipc/.

[12] LUQUE, Guillermo (2010). La educación venezolana en la primera mitad del siglo XX 1899-1950. Caracas, Fundación Editorial El perro y la rana. P.11.

[13] DECRETO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA, GRATUITA Y OBLIGATORIA de Antonio Guzmán Blanco. Un Referente Histórico- Educativo. Monografía del Dr. Alirio Abreu. Disponible:  alirioabreu2010@hotmail.com.

[14] FRAGA IRIBARNE, Manuel (1996)  Nuevo Orden Mundial«. España:  Editorial Planeta. Edición 1a P. 101.

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