Pedro González Silva

El miércoles 21 de diciembre, a las 5:49 de la tarde, el Sol hace su ingreso al signo de Capricornio, y se produce el solsticio de invierno, cuando nuestro astro rey se encuentra en la parte más alta del zodíaco, iluminando con su brillo a la humanidad; es el momento en que se produce la noche más larga del año en la latitud norte, y una energía muy especial inunda al globo terráqueo, es el momento de la llegada del Espíritu de la Navidad.

Solemos en esta fecha hacer nuestra lista de deseos. En esta ocasión habrá una oportunidad cósmica maravillosa, pues en este 21 de diciembre, nuestro satélite estará a pocos días de llegar a su fase de Luna Nueva, cuya energía es muy especial para proyectar nuestros anhelos al universo.

Así que este 21 de diciembre, visualicemos con fuerza nuestros deseos, y ellos se sembrarán en el universo, para comenzar a gestarse pocos días después, el 23 de diciembre, momento en que ocurrirá la Luna Nueva en Capricornio, favorable para dar estructura y forma física a aquello que primero visualizamos en nuestra mente.

Capricornio es un signo con una gran capacidad de trabajo, es perseverante, tenaz, concentrado en sí mismo, es el estructurador del zodíaco, el que concreta, el que da forma a las cosas, es el signo de la responsabilidad, del esfuerzo sostenido.

Necesita sentirse útil y es a la vez utilitarista, es decir, mide las cosas y personas de acuerdo a su utilidad. Se asocia a la cabra montesa, que escala grandes cimas con tesón y paciencia, y no descansa hasta llegar a la cúspide de la montaña; así es Capricornio, va ascendiendo poco a poco, venciendo obstáculos y dificultades, realizando las tareas que deba realizar con humildad y dedicación, hasta llegar a su meta, a lo alto de la cima.

A Capricornio se le relaciona con lo material, con el ejercicio del poder real, no el que se ostenta sino el que de verdad se ejerce, es el que controla, el que estructura, el que impone leyes, disciplina, el ser maduro que con su sentido de la responsabilidad se gana los cargos de dirección, es también el que administra con pulcritud y rigidez los presupuestos.

No obstante esta relación con lo material, Capricornio es también uno de los signos más espirituales, es capaz de llegar al ascetismo, al sacrificio, es capaz de sufrir duras pruebas por defender su verdad. Capricornio se asocia a la madurez, a la sabiduría.

Saturno es el planeta regente de Capricornio, es el astro de la restricción, la disciplina, de la concentración. Es el que estructura, por eso rige los huesos, e impone límites, por eso se le relaciona con la piel.

Los antiguos le consideraban maléfico por las dificultades que se asociaban a su tránsito; lo cierto es que Saturno puede darnos grandes logros, éxitos y reconocimientos como consecuencia de todo aquello que hayamos cultivado con esfuerzo, con perseverancia.

Saturno es el gran maestro que con su sabiduría y severidad nos encamina por el camino correcto, nos da dificultades para que aprendamos a no repetir esquemas errados, nos da fuerza de carácter para trazar nuestro rumbo con responsabilidad, nos impone su ley para aprender a vivir en sociedad y entender que nuestros derechos terminan en donde empiezan los de los demás, ese es el límite que impone Saturno.

Las “pruebas” de Saturno son la consecuencia de nuestro actos anteriores, y si nuestros actos pasados están guiados por la rectitud, las consecuencias que cosecharemos serán siempre beneficiosas. A Saturno lo llaman “maléfico” porque es implacable con los errores, porque es un maestro muy severo que nos quiere ver por el camino correcto. En la antigua mitología era el padre que se comía a sus hijos para escupirlos perfectos.

Ese maestro, dentro de su severidad es amoroso, quiere guiarnos por el camino del bien, es la conciencia crística que se hace presente por estos días, y nos lleva a un viaje hacia el interior de nuestro espíritu para conmemorar la Navidad, el nacimiento de Cristo, que es un acontecimiento cósmico, es la primera manifestación de vida en la naturaleza, el principio de todas las manifestaciones.

Cristo debe nacer en cada alma humana como principio de luz y de amor divino y en tanto el hombre no posea esa luz y ese amor, el Niño Jesús no puede nacer en él; puede celebrarlo, puede esperarlo, pero nada va a ocurrir. Lo que falta es que cada uno tenga el deseo de hacerlo nacer en su alma, ese es el verdadero significado del espíritu de la Navidad.

La Luna Nueva que se dará luego de la llegada del Espíritu de la Navidad, marca el inicio de una etapa de 28 días, de manera que si nos conectamos con este momento, daremos mayor energía a nuestros propósitos, así que el año próximo podremos empezarlo con metas claras y con algunos logros ya en las manos.

** Nos despedimos hasta enero del próximo año. Les deseo una Navidad llena de espiritualidad y bendiciones y un año nuevo 2023 lleno de realizaciones.

Ilustración: Pedro González Rondón
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