Manuel Avila

De David Brito y Estilita nació Luís Anibal Brito a quien los robleros llamaron Oreja de Campana y el mismo se auto proclamó “Culo e’Gato” porque a todo el mundo llamaba de esa manera se defendía con el lenguaje a la hora de las discusiones.
Desde muy joven buscó alternativas de trabajo porque se formó porque le gustaba laborar y encontró en la pintura de brocha gorda una fuente de ganar dinero. Por eso siempre andaba en ropa de faena con un jean o pantalón de caqui con huellas de pintura. Nunca le faltó la brocha y la espátula en sus bolsillos y la escalera y la estopa eran sus compañeras de faena. Hizo con Evelio Rosas, el hermano de Chendo y Pedro Agustín una escuela del trabajo diario y honesto. Eso sí nunca decía que no al trabajo porque muchos empresarios y comerciantes de Porlamar los buscaban para pintar sus fachadas e interiores.
Nunca tuvo vehículo y por eso cada mañana, mediodía y tarde era en carrito por puesto la forma de transportarse del famoso “Culo e’ Gato” que dejó huellas en Porlamar de su capacidad de trabajo y su profesionalismo a la hora de embellecer fachadas de casas y edificios.
A Luís Anibal Brito lo marcó para siempre su enamoramiento bobo con Elena Guerra, su compañera de bailes en el Bar La Gloria de Pitoco González donde al son de los pasodobles españoles se desplazaba esa pareja como los bailarines más reconocidos del pueblo. Esa era la dupla más importante de las bailantas robleras y de esa forma Luís Anibal se fue enamorando de Elena que nunca le dio el sí al pintor de brocha gorda. Eran los tiempos del linaje roblero y de los complejos de castas y quizás por ese olor a pintura y kerosén no pudo cristalizar “Culo e’ Gato ese amor no correspondido. En verdad Luís Anibal siempre estuvo enamorado de Gladis Avila, la hija de Cándido Avila e Isabel, pero le faltó coraje para terminar la faena y dejó que se le escapara a La Guaira la bella muchacha roblera.
Una vez que los negocios de pintura empezaron a menguar decidió Luís Anibal construir en el terreno de su familia entre Rosendito y Licho José y frente a la Cancha “Agustín Rojas” de Los Robles un bar al que le puso el nombre de “Bar Marino”, cuyo nombre pudiese provenir de que su padre David Brito que maneja es nombre con frecuencia. Otros llegaron a creer que era debido a su fanatismo por los Tiburones de La Guaira y no se sabe de dónde le vino ese fanatismo a Luís Anibal por los escualos y algunos que lo conocieron bien suponían que era producto de las visitas que hacía a su hermana Estilita en los predios de Macuto.
Ese Bar Marino del cual puede hablar mejor que yo el fraterno Jhonny Guerra porque Luís Anibal le dio la responsabilidad del trabajo de administrador, jefe del equipo, de la custodia y seguridad de sus instalaciones a la guerrada que conformaban Jhonny, Carlitos “El Pelúo” Salcedo. Nunca los hijos de Hilda se sumaron a las responsabilidades del Bar Marino porque nunca fueron amigos del trabajo. A “Pulmonar” Licho Toño solo se le conoció el trabajo ocasional del Puerto del Guamache, a Cupaño su experiencia en nutrición y a Carlucho Mendoza solo el juego de caballos le ocupaba el tiempo de vidas.
Los chinchorros eran colgaderos en el Bar Marino exhibidos por los Guerra, los Salcedo y los Mendoza y entre chistes y chistes de cada noche nació para ellos el nombre de Hotel Las Flores. Por varios años ahí estuvieron los muchachos trabajando con Luís Anibal y aunque era medio duro para pagar por lo que Carlitos agarró rumbo a Macuto, Jhonny se fue a encontrar con Chibly Abouhamad Hobaica en la escuela de derecho de la UCV y con su hermano de vida “El Polaco”, un mendigo caminante que le sacó más de una lágrima a Jhonny René, pues El Polaco su gran amigo se le murió en sus brazos una noche cualquiera. Al final el Bar Marino se quedó sin nadie que lo custodiara y no le quedó más remedio a “Culo e gato” que dejarlo al abandono porque no le consiguió comprador
No se perdía Luís Anibal un solo inning de los juegos de los Tiburones y gozó un imperio con los triunfos de la escuadra de Pedro Padrón Panza cuando el equipo litoralense tuvo aquella camada grande integrada por Enzo Hernández, José Herrera, Oswaldo Blanco, Ángel Bravo, Gustavo Polidor, Norman Carrasco, Oswaldo Guillén y tantas super estrellas que hicieron a La Guaira casi imbatible por varios años.
A Luís Anibal lo incluyeron sus amigos Pedro Simón Navarro y Cándido Avila en el Centro Ideales del Municipio Aguirre donde compartió muchos años trabajando para el desarrollo y crecimiento de Los Robles. Esa fue la época de oro de una institución que trabajó a brazo partido para hacer crecer a ese pueblo y que por años estuvo encargado con el equipo de Pedro Simón Navarro de las festividades de La Virgen del Pilar y San Judas Tadeo, así como también del Velorio de La Ermita. Por supuesto las acciones sociales, de salud y de las mejoras de los sitios del pueblo también lo llevó a cabo el CIMA, una institución que no ha podido ser superada por ningún otro grupo roblero que muchos lo han intentado, pero se han quedado en solo equipos emocionales que no han terminado cuajando algún proyecto social interesante, sino saraos y brincaderas.
Por años Luís Anibal estuvo solo hasta que llegó Elvia Millán a su vida y con ella hizo pareja por años hasta que Dios lo llamó al cielo porque necesitaba un pintor de brocha gorda para que le pintara los arcoíris y las nubes.
Los recuerdos de Luís Anibal con su cigarro echando humo, su espátula y brocha en los bolsillos traseros de su jeans, su camisa por dentro, su perfume de marca y su hablar intermitente casi tartamudeando dejaron gratos recuerdos en un alma noble que vio muchos desprendimientos de la vida metaforizada cuando las bombáceas de la Mata de Ceiba lanzaban sus adornos de navidad sobre los espacios robleros.
Ese fue Luís Anibal un amigo, un caballero y un hermano con quien compartí muchas experiencias de la disciplina peloteril, el amor por el trabajo, la terquedad y la sapiencia para aprender a manejar la conducta de los seres humanos.
Entre sus hermanos de esta familia enorme Emelina, Estilita, Hilda, Leonor, Ángel David “Chiquitín”, José Ángel, Jesusita “Chucha”, Elio, Justa Pastora, Emilio Martínez, Georgini y Ruth Milena, pero Luís Anibal era uno de los menores de la familia y el consentido que siempre vivió con David Brito y Estelita como compañero en esa casa grande que está ubicada en los predios de la Plaza de Los Robles frente a la centenaria Mata de Ceiba.

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