Manuel Avila

Las aguas comenzaron revueltas en todo el país con el nombramiento de Jorge Rodríguez como Presidente de la Asamblea Nacional el PSUV pone su mejor pieza para el manejo mental de las fichas de la revolución. Y es que los rojos han colocado al siquiatra como el mago que hace magia cuando la barca roja pierde terreno y popularidad por la crisis económica y social que atraviesa el pueblo de Venezuela.
Todas las encuestas ponen al PSUV y su candidato con escasos 14% lo que le complica las aspiraciones el Presidente, pero el trabajo táctico realizado con anterioridad por el TSJ al dividir a los principales partidos políticos al convertirlos en institucionales y alacranes, la contaminación de las ambiciones partidistas al tener más de 20 candidatos a la Presidencia de la República sepultan ese 69% que le dan las encuestas nacionales a la oposición unidad. No es un chiste es una verdad del tamaño de un templo porque es la única teoría válida que la oposición en medio de la decepción de un pueblo que perdió el rumbo con una revolución equivocada no tiene otra tesis que unirse para derrocar al poderoso PSUV. Pero lo saben los chavistas y opositores que no hay la fórmula mágica para lograr la unidad opositora y eso los tranquiliza en un ambiente contaminado de política y donde cada partido de la oposición navega en su mara particular.
El país anda a tientas dando bandazos en medio de la oscuridad y sin que el gobierno pueda ofrecer alguna alternativa de desarrollo. Nada pueden ofrecer porque nada tienen y solo parches como las bolsas Clap y los pocos bonos bolivarianos que han mantenido para tener a la clase pobre a los pies del amo. Solo la ONAPRE, el gas, el agua y uno que otro proyecto para sostener un régimen que se cae a pedazos porque nada ha hecho para dar felicidad a los venezolanos.
Las protestas de los empleados públicos y de todos los funcionarios de la administración pública muestran que el país entero está inconforme y por eso reclama mediante protestas pacíficas para que el gobierno reaccione y entienda que el pueblo no tiene como sobrevivir a un momento histórico tan complejo.
Eso lo dicen los estudios de opinión y lo saben muy bien la gente del gobierno que ruegan a Dios que no aparezca un candidato independiente con tabaco en la vejiga porque hasta ahí durará el reinado del comando rojo en Venezuela. Por ahora la oposición venezolana sigue dividida entre partidos institucionales y alacranes que cada uno rema para donde diga el jefe de la tropa, pero que en el fondo hay un interés manifiesto por terminar esa película de terror que mantiene a un pueblo entero padeciendo las consecuencias de un modelo político fracasado que condenó a la República al hambre y la miseria con los servicios públicos colapsados y un con el poder centralizado para hacer y deshacer con el poder en sus manos
Lo que viene ocurriendo es que en esos partidos abundan una cantidad de pescadores de ilusiones que creen que son los dueños de la oposición venezolana y que su inteligencia está por encima de Dios, pues sin votos y sin liderazgo aparecen unos señores sin tropa a creer que jugando a la presión política con un poder ficticio apuestan a cambiar la realidad política de las regiones.
En este año 2023 complejo los hospitales seguirán siendo los cementerios de los ciudadanos porque carecen de condiciones y el pueblo muere a menguas por unas políticas de salud de cualquier pueblo africano. La gente se pregunta y cómo llegó Venezuela a tal extremo cuándo nos ofrecieron un modelo político superior donde el pueblo disfrutaría de las bondades del gobierno y eso nunca ocurrió. No dirán que la gente recibe las mejores atenciones en los centros de salud porque caer en ese plano es condenarse a la muerte inminente, ya que los mejores exponentes de nuestra medicina se fueron al exterior y nos dejaron en manos de inexpertos galenos que nada tienen que ver con la medicina que cura y sana.
La educación colapsó con docentes mal pagados y las condiciones de deterioro de las escuelas y liceos venezolanos y en lo relativo a las universidades fueron condenadas a funcionar sin presupuestos y sepultadas bajo las aguas del abandono. Más nadie quiso ser maestro en estos tiempos, se acabó la pasión por la enseñanza y los salarios son parte de la tragedia de una sociedad que perdió el rumbo en los caminos de la ignorancia. A eso apostaron los ideólogos del proceso al crear una sociedad de pendejos que aplauden y gritan consignas políticas para apoyar al régimen, pero en sus casas no existen condiciones mínimas para la vida.
De los servicios públicos ni se diga porque el agua, la electricidad, el gas doméstico, la telefonía, el aseo urbano y la vialidad quedaron sepultados en el cementerio de la incapacidad gubernamental. Un desastre de país que pasa por un modelo político colapsado donde la coacción y la amenaza acabó con la libertad de expresión porque el aparato comunicacional está supervisado por el régimen y nadie lanza una sola piedrita por temor a ser cerrados de inmediato y los periodistas ni se atreven a realizar una crítica por temor a las sanciones por parte del régimen.
Estamos atrapados en la burbuja de las improvisaciones gubernamentales que maltratan a una sociedad entera y mientras tanto los partidos políticos los salvadores de las democracias están entregados en cuerpo y alma a un gobierno que los seca en el medio del sol para convertirlos en disfraces de la política nacional.
Por eso la gente dejó de creer en las organizaciones con historia democrática que se entregaron al régimen para dejar desguarnecido a un pueblo que entró en modo silencio a la espera que aparezca el gran mesías que los libere de este régimen que terminó aplastando a una nación que por momentos caminó hacia el desarrollo y hoy después de 23 años de gobierno comunista solo somos una especie de país condenado a la involución y al atraso.
Por esa razón la mayor parte de los ciudadanos ha emigrado buscando sueños maravillosos en otras latitudes porque en tierra venezolana los ciudadanos solo viven de las migajas de un gobierno que condenó a la gente a la nada ciudadana. Hoy día se acabaron las posibilidades de ascenso social y solo los hombres del régimen disfrutan de la riqueza y los hombres del común de los mortales están condenados a sobrevivir en este valle de lágrimas.
Eso es lo que hay y Venezuela se quedó guindada en una alambrada de los cerros capitalinos desde donde los pobres que votaron para cambiar de modelo hoy mueren a menguas porque no tienen siquiera un trabajo digno para mantener a sus familias. Ese era el gran proyecto liberador que no vendieron los ideólogos del proceso para convertir Venezuela en uno de los países más pobres del planeta y donde lo condenados de la tierra ven pasar los días y las noches sin esperanzas de vivir mejor. Esperemos soplen vientos de cambio porque la ruina nacional salpica a oficialistas, opositores independientes. Esa es la verdad de un país en bancarrota que desanda entre hambre, miseria y muerte.

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