Manuel Avila

La búsqueda de La Asunción como Patrimonio Histórico de la Humanidad que propone Alí Romero, Alcalde de Arismendi no deja de ser interesante y atractivo para el estado Nueva Esparta. Dios quiera que las reparaciones menores que realiza el burgomaestre en la Catedral, Convento de los Dominicos y en las calles de La Asunción sirvan para convencer a los funcionarios de la UNESCO sobre las condiciones de la Ciudad para entrar por la puerta grande a ocupar un espacio entre las ciudades consideradas por esa institución como Patrimonios de la Humanidad.
Pero no basta solo con reparar, maquillar o rehabilitar el casco histórico de La Asunción porque no es fácil vencer los obstáculos que establecen los organismos internacionales para que una Ciudad como La Asunción con reconocimiento nacional e internacional por las festividades del Nazareno en Semana Santa, por la industria artesanal del Pan dulce, por tener sitios históricos de relevancia y por tener historia para tirar para el techo. Debe realizar la Alcaldía esfuerzos supremos para mejorar los servicios públicos de agua, luz, aseo urbano, seguridad, salud y un trabajo intenso con una escuela de ciudadanos para formar a muchos que no entienden que esta Ciudad está luchando por entrar a la élite del Patrimonio Histórico Mundial.
El sueño de Ernesto Sánchez Carmona que se lo dejó en herencia al burgomaestre asuntino es ambicioso y de grandes connotaciones internacionales. Es posible que Alí se haya emocionado cuando el Ministerio del Poder Popular para la Cultura le otorgó el premio de Patrimonios Artísticos de la Nación a Cuerdas Espartanas, primero y en la segunda avanzada a Los Topo Topos y Diversiones de Coche. No es igual vencer los obstáculos nacionales que ir más allá de las fronteras internacionales para lograr un objetivo supremo que en Venezuela solo Coro ha logrado alcanzar. Y que por haber descuidado la Ciudad Histórica de Falcón ha estado en tela de juicio y siendo evaluada por la UNESCO porque no solo es la concesión del reconocimiento sino de mantener las condiciones del patrimonio, la ciudadanía y los valores de esos pueblos.
Por otra parte tener en cada ciudad un bien protegido por la UNESCO es el sueño de toda localidad y no basta la presencia en los medios de comunicación locales, nacionales e internacionales y hay que cumplir con muchos requisitos tales como: ser una genialidad creativa del ser humano, dar fe de un intercambio de valores y conocimientos humanos durante un largo período de tiempo o dentro de una región cultural del mundo en el desarrollo de la arquitectura, tecnología, artes monumentales o el urbanismo, Aportar un testimonio único o por lo menos excepcional de una tradición cultural, ser un edificio o un paisaje que sea ejemplo en una etapa de la historia humana, un ejemplo relevante de una tradición o asentamiento humano que sea representativa de varias culturas, estar directa o tangiblemente asociado con tradiciones o acontecimientos vivos, con creencias, ideas, trabajos artísticos y literarios de una cultura de destacada significación universal.
Lo complejo de las exigencias de la UNESCO para formar parte del listado de Patrimonio de la Humanidad son las obligaciones que debe cumplir cada región como preservar los monumentos cosa que no se cumple en la región porque La Asunción ha sido maltratada en el tiempo ante los ojos de sus propios hijos y nadie pega un grito para evitar que los desnudos nocturnos se hagan costumbre en la Ciudad, los besos al General Arismendi, el robo del busto de Andrés Eloy Blanco, el robo del Escudo de Armas, la mordaza a Prieto Figueroa, la inseguridad. Esto quiere decir que hay que crear leyes que protejan los monumentos de cualquier atentado contra su valor histórico.
Es importante destacar el valor universal y los valores culturales o naturales deben ser únicos e irremplazables y tener condiciones de integridad y tener un sistema de protección y gestión que garantice su salvaguarda. Por eso la ciudadanía juega un papel fundamental en esta mención porque son los protagonistas de la conservación de los valores patrimoniales y en una sociedad donde los mismos protagonistas del día a día celebran y aplauden que un borrachín bese, abrace y se monte en la escultura del General Juan Bautista Arismendi o que cuatro protestones le pongan una mordaza a la estatua del Maestro de América, o el robo del Escudo de Armas, o la desaparición del busto del Poeta Andrés Eloy Blanco, o la destrucción del Paseo Vargas Machuca, el arquitecto de la Ciudad o el cambio del nombre de las calles in consultar al pueblo, o la pintada de sapolín verde a brocha gorda de los bustos y esculturas de la Ciudad. Todo eso es Ciudadanía y no escapa a las condiciones de la UNESCO para preservar los valores históricos y naturales de los pueblos.
Cada día es más complejo de entrar a esa larga lista de ambiciones y de sueños porque todo el mundo quiere ser parte de esa cofradía del mundo y no es nada fácil, pero como Alí quiere ser Gobernador esa es una carta grande para ganarse el derecho de ser candidato a Gobernador por el PSUV y tiene su derechos de soñar cada día, pero la principal juagada es poner orden en el municipio para que se respeten los elementos históricos y culturales, cosa que no ha venido ocurriendo en el último medio siglo.
Dios quiera que La Asunción entre a ese listado y se cumpla el sueño de Ernesto Sánchez Carmona y sus seguidores, del Cronista de la Ciudad, del Alcalde y de todos los que soñamos que se reconozcan en el mundo los valores históricos y tradicionales de una gran Ciudad, pero reclamamos orden y control para evitar que en cada festividad se alboroten los desadaptados y carguen contra los bienes patrimoniales de esta Ciudad empedrada que no solo quiere ser patrimonio de la Humanidad, sino preservar sus tradiciones y su historia.
Ojalá rescaten el Convento de San Francisco para que los legisladores puedan ejercer sus funciones en un valioso espacio arquitectónico digno de su remozamiento, pues de verdad da pena exhibir que en esos espacios se hacen las leyes insulares y se haga la refacción del Castillo Santa Rosa que no siga deteriorándose por falta de mantenimiento. Y todos los bienes de la Ciudad que deben ser atendidos por sus alcaldes para poder mostrar una gobernanza adaptada a los nuevos tiempos.
Con ese deterioro moral de los valores ciudadanos hay que comenzar por incorporar al cofre de la historicidad una cantidad de principios que contribuirían a la consolidación de ese Municipio Ciudadano que Felipe III por Real Cédula proclamó en El Pardo el 27 de noviembre del año 1600.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *