Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE LA COSTA DE LAS PERLAS

ALDONZA DE VILLALOBOS Y MANRIQUE

                                        Imagen: Aldonza Manrique de Villalobos.

                                       Autor: Wilman Guerra. (1998).

                                       Ubicado: Museo Nueva Cádiz,

                                        La Asunción, estado Nueva Esparta.

En la narrativa sobre las “Mujeres Trascendentales en las memorias de Las Islas de La Costa de Las Perlas” se continúan con las memorias de Aldonza de Villalobos Manrique, simplemente conocida como Aldonza Manrique, hija de la aristócrata española doña Isabel Manrique de Villalobos, ponderada en la entrega anterior y, del licenciado, don Marcelo de Villalobos, oidor -juez- de la Real Audiencia de Santo Domingo o bien Audiencia y Cancillería Real de Santo Domingo. Hija primogénita de esa unión matrimonial nacida en 1520 en la isla La Española -Santo Domingo-, donde sus progenitores tenían constituida su residencia desde 1512, considerada como una de las “Familias Principales” más importantes en esa corte colonial por la convergencia del linaje familiar de su madre, distinguida entre los “Grandes de España emparentada con la Corona de Castilla y León, y el poder político-jurídico de su padre.

Por lo tanto, Aldonza fue criada con grandes privilegios junto con su hermana María, educadas e instruidas acorde con el linaje familiar y con su preminencia social en esa corte insular, donde estaba establecido el eje central de la elite gubernamental política, administrativa, judicial, social, religiosa y económica más importante de los dominios de España en las Indias Occidentales. Por esos efectos, su progenitor el jurista don Marcelo de Villalobos logró obtener de los parientes de su esposa, los reyes de España, Juana I de Aragón y su hijo Carlos I, una concesión del gobierno por dos vidas sobre la Provincia de Margarita, mediante la Cédula Real fechada el 18 de marzo de 1525.[1]

El licenciado Marcelo Villalobos murió repentinamente el 25 de julio de 1526, significando para su familia, el inicio de un calvario de penalidades, por cuanto él después de haberse distinguido en los social como un “Señor Principal” y de gran prestancia como magistrado de la Real Audiencia de Santo Domingo, los últimos días de su existencia fue deshonrado tanto en lo personal como en ese magisterio judicial. En el primer caso, conllevo al patrimonio familiar a la quiebra; y en el segundo, fue criminalmente juzgado con una inminente condena de encarcelamiento, dejando a su joven viuda Isabel y a sus dos hijas huérfanas, Aldonza y María al borde de la solemnidad. Caótica situación, para las Villalobos-Manrique, superada por la compostura de la gran matrona, doña Isabel Manrique de Villalobos, que, haciendo gala de un inusitado temple con notable inteligencia y sagacidad, sobrepasó esas adversidades, elevándose sobre las restricciones patriarcales de la época, logrando solventar esas penalidades.

Por esa razón, Aldonza fue reconocida por los monarcas Juana I de Aragón y su hijo Carlos I, mediante la Cedula Real datada el 14 de junio de 1527 como heredera de la concesión otorgada a su padre, Marcelo de Villalobos sobre la Provincia de Margarita, el 18 de marzo de 1525,  donde se le indicaba: “… vos mandásemos confirmar la dicha capitulaçión e asiento, como estaba fecho con dicho vuestro padre, para que vos como heredera pudiese efectuar lo contenido en ella e gozar de la dicha conforme a dicha capitulaçión. Y por sólo contar con seis años de edad, se nombró como su tutora a su madre, doña Isabel Manrique de Villalobos, referido así: “… e damos liçençia e facultad para que el dicho tutore curador e persona que toviere cargo de la administraçión de vuestra persona e bienes, durante el tiempo de vuestra menor edad o hasta que vos casáderes, pueda entender en hefetua lo contenido en esta dicha capitulaçión e asiento, según e como vos lo podrías fazer, siendo varón e de hedad cumplida;”[2]

En esta Nueva Cédula Real concedida a favor de Aldonza de Villalobos Manrique el 14 de junio de 1527, se modificaron dos condiciones: La primera, los colonos pobladores de esa isla debían ser oriundos: “… destos nuestros reinos e señoríos, e no de esa isla ni de las islas de San Juan e Cuba e Jamaica e Tierra Firme.” Y, la segunda a: “…los clericós que asimismo hera obligado a llevar a la dicha isla para el serviçio de culto divino e administraçión de los santos sacramentos sean aprobados en el nuestro consejo Indias o en la nuestra abdiençia real de dicha isla.”[3]

En relación con el primer requisito, de llevar colonos desde España a la Provincia de Margarita, resulto difícil de cumplir, por implicar una aventurarse de alto riesgo, cuando en condiciones inhóspitas debían realizar un viaje trasatlántico con un destino considerado como inhóspito e incluso salvaje. Y en relación, con la segunda exigencia, por depender los clericós de la Arquidiócesis de Santo Domingo esa situación estaba sujeta a ese mandato.

Porque, la insularidad de Cubagua y no la de Margarita era el destino apreciado para los españoles y otros europeos, que ansiaban incorporarse al lucrativo negocio de las extracciones de perlas de esos lechos marinos. Situación generadora de una migración de hombres casados dejando atrás a sus familias, lo cual dio cabida a una sociedad flexible donde se produjo una mixtura ética-social, logrando alcanzar el 13 de septiembre de 1528 el título de ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua, mediante la Real Cédula promulgada por el rey Carlos I de España. Cuyos individuos de mayor rango en esa insularidad eran distinguidos como “Señores Principales y Señores de Canoa” conviviendo algunos de forma pecaminosa con mujeres aborígenes, españolas e incluso con esclavas africanas, abundando por ende el amancebamiento y la bigamia, a espaldas de las reprobaciones eclesiásticas y de la monarquía. Por cuanto, posesionados ellos de la extracción de las riquezas de esos lechos marinos, imponían su propio orden, tanto en lo social como en lo político, situación oblicuamente soslayada por España por las ganancias percibidas.

Sin embargo, las inmensurables riquezas de Cubagua contrastaban con la gran aridez de su superficie carente de agua y otros insumos, cuyo su abastecimiento dependía mayormente de su vecina, la isla de Margarita, y de otras latitudes de tierra firme. El cronista colonial Juan de Castellanos (1962) en su obra Elegías de Varones Ilustres de Indias como su habitante durante varias décadas, la describió, así: “La isla de Cubagua nos enseña. –Este natural cambio claramente. – La cual, aunque es estéril y pequeña. -Sin recurso de río ni de fuente. –  Sin árbol y sin rama para leña Sino cardones y espinas solamente; Sus faltas enmendaron naturaleza Con una prosperísima riqueza.”[4]  

Por lo tanto, esa dependiente de Margarita que disponía de fértiles valles, ríos y riachuelos, condiciones propicias para el desarrollo de la ganadería y la agricultura, fueron autorizados por Doña Isabel Manrique de Villalobos desde 1528, el conocido escritor, profesor Héctor Granados (2010) en su libro El Siglos de Los Villalobos. Historia de Margarita del Siglo XVI, lo refiere así: “Mujer firme y valerosa y capaz, tocó a ella ser la fundadora y conducir los primeros pobladores a la isla en el curso de la primera mitad de 1528. Estableciendo el primer pueblo con el nombre de San Pedro Mártir, muy probablemente el 29 de junio, día de ese Apóstol, en un lugar entre la boca del rio, hoy casi seco, que bajaba del Valle a, y la punta donde hoy se levanta el faro de Porlamar. Pero para poder subsistir, era imperativo para los colonos fundar labranzas y crías de animales domésticos, y las tierras con agua más apropiadas estaban en la parte superior del valle, cuyo nombre indígena era Charaima, al cual dieron el de Espíritu Santo y también de la Margarita.”[5]

Sin embargo, la ilustre historiadora , Ermila Troconis de Veracoechea (1950) en su libro Gobernadoras, Cimarronas, Conspiradoras y Barraganas refiere que antes de haberle otorgado la Corona de España  al licenciado Marcelo de Villalobos su concesión sobre la Provincia de Margarita el 18 de marzo de 1525, ya los españoles residentes de Cubagua se beneficiaban de los valles cultivables de la isla de Margarita, indicando: “En 1522 los cubagüenses tomaron posesión de Margarita y el Valle de San Juan, territorio del cacique Charaima, comenzaron la explotaciones agrarias e la isla. El primer cubagüenses que se estableció en dicho valle fue Pedro de Alegría. Como él y otros compañeros residían de fijo en Cubagua, sólo construyeron unos bohíos en Margarita, cuya agrupación se conoció con el nombre de Puerto Viejo.… Hubo una simbiosis entre Cubagua y Margarita y la población se desplazaba de una a otra isla, según la conveniencia.”[6]

En todo caso, conforme con lo previsto en las referidas Cedulas Reales del 18 de marzo de 1525 y 14 de junio de 1527, doña Isabel Manrique de Villalobos en nombre de su hija Aldonza tenía la potestad de: “…podáis partir los solares e agua e tierras de dicha isla a los vezinos e pobladores della, como a vos os pareçeis. damos licencia y facultad a vos, el dicho licenciado Villalobos, e a dichos pobladores de dicha isla para que podáis contratar con vuestras mercaderías en dicha Tierra Firme e todas las islas comarcanas…”[7]

Por esos efectos, esos poderosos “Señores Principales y de Canoa” concesionarios de los bancos perlero de Cubagua, a los fines de arrebatarle a la familia Villalobos-Manrique los privilegios enunciados sobre la Provincia de Margarita y con la conveniencia de monopolizar el comercio global Cubagua-Margarita, comenzaron una campaña de desprestigio en contra de ella, aprovechando las insuficiencias de sus finanzas, que la imposibilitaba cumplir con los compromisos contraídos en las Cédulas Reales del 18 de marzo de 1525 y 14 de junio de 1527. Los cubagüenses, confiados en poseer un poder económico y político superior a la descapitalizada familia Villalobos-Manrique consideraron oportuno anexar la Provincia de Margarita a la jurisdicción de Nueva Cádiz de Cubagua donde ellos ostentaban una gran potestad. Previendo sus futuros provechos, porque las haciendas de perlas desde el año de 1530, daban signos de decaimiento, originado por abusivas explotaciones. Por lo tanto, la isla de Margarita era un bien preciado por disponer de una extensa superficie con fértiles valles y agua para fundar hatos de ganado y fincas de vegetales y frutos. Y cuyos fondos marinos, estaban inexplorados. Por esos efectos, era menester hacerse del dominio de esa Provincia.

Y, a ese efecto, Pedro Ortiz de Matienzo en su carácter de Alcalde Mayor de la ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua presentó en 1532 ante la Real Audiencia de Santo Domingo una demanda de nulidad sobre los derechos sucesorios reconocidos por la Corona de España a Aldonza de Villalobos Manrique sobre la Provincia de Margarita, solicitando su adhesión a la jurisdicción de Nueva Cádiz de Cubagua, que contaba además, con la estructura política-administrativa de un Cabildo, legítimamente constituido de lo cual carecía la primera. Además, esa insularidad entre otros particulares, no estaba debidamente poblada, con los colonos requeridos ni con la construcción de una Iglesia principal ni con el Fortín, exigidos en las citadas Cédulas Reales. Situaciones improbables de ser honrada por la familia Villalobos-Manrique, que, después de haber saldado las deudas de don Marcelo de Villalobos e instalarse en La Española acorde con su estatus social, tenían una ajustada economía. Por lo tanto, no estaban en capacidad para cumplir con tales obligaciones.

El 30 de diciembre de 1532, la Real Audiencia de Santo Domingo recibió de la Corona de España el requerimiento de  informarle sobre el estado de la concesión otorgada a favor de Aldonza de Villalobos Manrique sobre la Provincia de Margarita: “… e si la dicha doña Aldonça a tenido causas justas para no aver cumplido de su parte hasta agora la dicha capitulaçión y del estado en que a estado e de presente está la dicha isla, así en la administración de la justicia como en el tratamiento e instruçión de los indios della, y de todo lo demás que os devaís informar…”[8] El Despacho de Santo Domingo cumpliendo con ese mandato Real después de realizar las averiguaciones pertinente, confirmó ser parcialmente ciertas las denunciadas presentadas por los cubagüenses. Porque la isla de Margarita efectivamente, se encontrada despoblada de los colonos pertinentes; las construcciones de un Fortín y una Iglesia Principal estaban en cimientos y, los Guaiquerí estaban ajenos al adoctrinamiento católico. Obtenido esa Real Audiencia el visto bueno de España para proceder en consecuencia, y por ese efecto, admitió el 13 de noviembre de 1534 la acción presentada por Pedro Ortiz de Matienzo en su carácter de Alcalde Mayor de la ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua, otorgándole el dominio solicitado sobre esa Provincia de manera cautelar. En consecuencia, se le retiraban provisionalmente los derechos titulados a Aldonza de Villalobos Manrique, representada por su tutora, Isabel Manrique de Villalobos sobre la Provincia de Margarita, hasta tanto se tomará una decisión definitiva sobre ese asunto.  Y, se ordenaba abstenerse de “… hasta tanto que por parte de la dicha doña Aldonça Manrique sea mostrado en el nuestro consejo el derecho que a la dicha isla e jurididición della tiene y cómo se ha guardado y cumplido lo contenido en dicha capitulaçión que así mandamos tomar con el dicho licenciado Marcelo de Villalobos, su padre, y en el dicho consejo se ha determinado lo que sea justicia…[9]  Quedando en consecuencia, privada la familia Villalobos Manrique de esa potestad de manera provisional.

Es de hacer notar, que la ambiciosa pretensión de los “Señores de Cubagua” admitida por la Real Audiencia de Santo Domingo era de manera temporal. Por cuanto, un pronunciamiento definitivo sólo podía ser dictado por la majestad real de la Corona de Castilla, autoridad única, que sólo a través de otras Cédulas Reales podía revocar sus propios mandatos. Por ese efecto, se le había dejado abierta a Aldonza la posibilidad de recobrar esa concesión. Bien por encontrarse con la capacidad económica mediata para cumplir con tales obligaciones o al alcanzar su mayoría de edad contar con la liquidez para honrar esos compromisos o al contraer matrimonio lo hiciera su consorte.

Por lo tanto, se evidenció la secundaria, pero poder inmediato, de los “Señores de Cubagua” de anexar transitoriamente la jurisdicción de Margarita a la de Cubagua, cuyos razonamientos colocó a los Villalobos-Manrique en lo inevitable. Pero también, en forma mediata y principal la Corona de España continuaba considerando a su parienta Aldonza como la legitima poseedora del derecho otorgado sobre esa Provincia, con el beneficio de recuperarla acorde con las posibilidades antes referidas

Doña Isabel Manrique de Villalobos con la agudeza de su intelecto y su férreo proceder estaba pendiente en esa corte colonial donde tenía gran preminencia como “Señora Principal” de encontrar un conveniente esposo para su hija Aldonza, que ya se encontraba en época casamentera por contar con catorce años de edad. Y precisamente por ser una mujer piadosa de buen proceder, Dios le dio una buena respuesta a sus plegarias, porque precisamente en 1535 arribó a la isla la Española, el hidalgo extremeño don Pedro Ortiz de Sandoval procedente de la conquista del Perú,  fiel compañero del prestigiosos don Hernando de Soto que, por haber combatido a las órdenes de Francisco Pizarro González en la conquista del Imperio Inca, era poseedor de una buena fortuna, que después de tan intensas aventuras había arribado a la isla La Española, desconociéndose el motivo de esa escala, en vez de haber viajado directamente a España, quizás buscando en esa importante metrópolis una mujer ideal para asentarse definitivamente en el prometedor Nuevo Mundo.

Don Pedro Ortiz de Sandoval introducido en esa sociedad conoció con el protocolo de la época a doña Isabel Manrique de Villalobos, figura notable de esa elite social y política, no sólo por ser la viuda del licenciado Marcelo de Villalobos, sino además por su parentela con la Corona de España, conociendo también a su hija Aldonza de quince años de edad, destacada en ese círculo por su juvenil belleza. Dicho noble caballero prendado de esa infanta de inmediato comenzó a cortejarla, convenientemente aceptado por su madre Isabel, que, lo visualizaba como un aliado adecuado e idóneo esposo para su hija.

Por su parte enterado don Pedro Ortiz de Sandoval sobre los avatares de esa familia Villalobos-Manrique y cumplido con el cortejo protocolar sin más demoras, solicitó en matrimonio a Aldonza quien, a pesar de no disponer de una dote, por la precaria situación de su familia, esa criolla de atractiva juventud y real alcurnia, tenía una valiosa concesión, la Provincia de Margarita, avecinada marítimamente con Nueva Cádiz de Cubagua y poseedora de fértiles tierra y agua para el desarrollo de cultivos y de ganaderías. Visualizando ese fogueado hidalgo, que los parabienes de la unión de las dos familias Ortiz-Sandoval y Villalobos-Manrique le iban a dar la potestad de gobernar la isla de Margarita y marcar un hito en esas memorias, donde podía obtener sustanciosas ganancias en ese cotizado territorio y en cuyos fondos marinos debían existir otras haciendas de perlas. Razones lógicas por las cuales los “Señores Principales y de Canoa” de Cubagua, ambicionaban esa Provincia.

Por lo tanto, ese enlace se efectuó prontamente en 1535 entre el experimentado hidalgo, Pedro Ortiz de Sandoval y la joven de quince años, Aldonza de Villalobos Manrique. Por ello, partir de esa unión matrimonial, doña Isabel Manrique de Villalobos apreciaba haber concluido responsablemente con la tutoría de su hija Aldonza sobre los derechos obtenidos sobre la Provincia de Margarita, que había defendido de manera férrea. Y, como madre estaba complacida con el matrimonio convenido con un hombre de buen prestigio y poseedor de una sólida estabilidad económica, asegurándole a su hija un mejor destino.

Esa nueva familia Ortiz-Sandoval Villalobos Manrique, se le auguraba un futuro prometedor. Convirtiéndose ese distinguido caballero en el patriarca de esa nueva familia, cuyos derechos y acusaciones de los ambiciosos cubagüenses, defendería no por las armas profesionales de un valeroso hidalgo-conquistado, sino por la legitimidad correspondida por herencia a su joven esposa sobre la Provincia de Margarita, bajo el complaciente amparo y beneplácito de la Corona de España.  Parte de las crónicas reseñadas, se tomaron del libro Daniel Arveras Alonso, (2021) DE MUCHO MÁS HONOR MERECEDORA. Doña Aldonza Manrique la gobernadora de la isla de las perlas.[10]

Por ese efecto, Aldonza de Villalobos-Manrique de Ortiz con el apoyo de su marido, Pedro Ortiz de Sandoval logró frustrar la acción judicial que había presentado en su contra en 1532, don Pedro Ortiz de Matienzo en su carácter de Alcalde Mayor de la ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua ante la Real Audiencia de Indias de Santo Domingo, a los fines de despojarla de su dominio sobre la Provincia de Margarita, con la intención de anexarla a la jurisdicción de Nueva Cádiz de Cubagua, logrando en un principio apoderarse de esa valiosa propiedad por la medida cautelar dictada por ese Tribunal, que posteriormente por una sentencia definitiva la revocó el 17 de marzo de 1539, que a pesar de ser apelada por la parte vencida fue desestimada por la instancia superior el Consejo Supremo de la Corona de Castilla, que el 1° de febrero de 1541 la declaró sin lugar. En consecuencia, recobrados los derechos de Aldonza sobre dicha Provincia su gobernabilidad quedaba por derecho conyugal bajo la potestad de su esposo don Pedro Ortiz de Sandoval.

Pero, no fue sino hasta el 30 de junio de 1542 cuando la pareja Ortiz Sandoval-Villalobos Manrique como vencedores de ese litigio de seis años, efectivamente pudieron materializar su potestad plena sobre esa Provincia. A continuación, se transcribe parte del contenido de la sentencia de cosa juzgada, dictada el 17 de marzo de 1541 por dicha Real Audiencia de Indias de Santo Domingo donde se ordenó: “…debemos mandar e mandamos que le sea vuelta y restituida a la dicha Doña Aldonza de Villalobos la jurisdicción de la isla de la Margarita para que sea della e de todo lo contenido en la Capitulación y asiento que su majestad tomó con el dicho licenciado Marcelo de Villalobos su padre e después fue confirmada e de nuevo concedida a la dicha Doña Aldonza de Villalobos para que lo goce y tenga y use dello según e como por el tiempo y con las condiciones en las dichas capitulaciones contenidas sin embargo de la provisión dada a favor de la ciudad de [Nueva] Cádiz isla de las perlas sobre la jurisdicción de la dicha isla de la Margarita e sobre las otras cosas en la dicha provisión contenidas que por parte de la dicha Aldonza fue suplicada.”[11]  

Superado ese asunto judicial la familia Ortiz-Sandoval-Villalobos-Manrique- e instalada en la isla La Española -Santo Domingo- compartiendo vecindad residencial con la gran matrona Isabel Manrique de Villalobos, les recompensó disfrutar con mayor placidez sus vivencias cuyas reuniones sociales contaba con el boato de sus acaudalados haberes y distinguido linaje real que, encumbrados con los privilegios de las “ Familias Principales” de esa metrópolis colonial, recibían frecuentemente a miembros de la nobleza castellana, importantes transeúntes políticos y comerciantes, en cuya urbe estaba fundamentado el poder político, económico, social, eclesiástico y judicial de las colonias de las Indias Occidentales, cuyas consiguientes memorias se continuaran narrando, porque LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR …


[1] Cfr. Cedulario de las Provincias de Venezuela (1500-1550) 1984: 138-144, Nº 87.  Archivo General de Indias.

[2] Cfr. Cedulario de las Provincias de Venezuela (1500-1550) 1984: 228-231. Nº 138. Archivo General de Indias.

[3] Ibid.

[4] CASTELLANOS, Juan de (1857) Elegías de Varones Ilustres de Indias. Edic. 2da Biblioteca de Autores Españoles. Madrid España: Editor-Impresor Rivadeyra. Primera Parte. Elegida XII. Canto Primero. P. 141.

[5] GRANADOS Héctor (2010) en su libro El Siglos de Los Villalobos. Historia de Margarita del Siglo XVI. La

Asunción, estado Nueva Esparta, Venezuela: Editado por la Gobernación del estado Nueva Esparta. Impreso por Miguel Ángel García. S.R.L. Pp. 253-254.

[6] TROCONIS de VERACOECHEA, Ermila (1950) Gobernadoras, Cimarronas, Conspiradoras y Barraganas. Caracas: Alfaldil Ediciones. P. 18.

[7] Ibid. Cfr. Cedulario de las Provincias de Venezuela (1500-1550) 1984: 144-147. Nº 88.

[8] OTTE, Enrique (Edición y estudio preliminar) Cedulario de La Monarquía Española relativo a la isla de Cubagua (1532-1550) Tomo I (1523-1534) Edición Conmemorativa del Sesquicentenario de la Independencia de Venezuela. Publicada Fundación John Boulton y la Fundación Eugenio Mendoza, Caracas (1961) Pp. 195-197.

[9] Ibid. GRANADOS Héctor (2010) El Siglos de Los Villalobos. Historia de Margarita del Siglo XVI.  Pp. 280-281.

[10] ARVERAS ALONSO, Daniel (2021) DE MUCHO MÁS HONOR MERECEDORA. Doña Aldonza Manrique la gobernadora de la isla de las perlas. Madrid, España: Sierra Norte Digital, S.L. SND Editores. Pp. 109 y ss.

[11] MORÓN, Guillermo (1974) Historia de Venezuela. Sexta Edición. Caracas, Venezuela: Cromotip Itagrafica. Impresores-Editores SRL. Sentencia incluida en el Juicio de Residencia de Aldonza Villalobos. Tomo. II. P. 17

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