Manuel Avila

La normalidad de la historia de la tradición de los palmeros asuntinos recibió su primera estocada con la incursión de la política en su desandar. Por centurias no había incursionado la política ruda en el mundo de las tradiciones, pero ahora cuando el país anda trastocado por jugadas peligrosas hasta las tradiciones son penetradas por tácticas abusivas.
Dirigen esta actividad los Palmeros de La Asunción que son los expertos en los caminos, la ruta y el espacio donde se consigue la palma. Esa actividad ha sido prohibida en varios pasajes de la historia y en otros años por las denuncias de los ambientalistas que han denunciado el corte indiscriminado de su reservorio en el Cerro Copey; también se controló el corte de esta especie y en otros momentos limitaron esa actividad hasta restringir la cantidad de palma que se iba a cortar.
Por supuesto muchos feligreses más allá de recibir la palma el Domingo de Ramos nunca han investigado su relación con el Concilio de Trento que fue la asamblea realizada por la iglesia católica en Trento, Italia y cuyo objetivo fue disciplinar sus miembros condenando la Reforma Protestante considerado por la Santa Sede como una herejía.
Los asuntinos tenían muchos años disfrutando su tradición y si la política se inmiscuía no pasaba de disfrazados que con caretas de cargadores y palmeros creen que engañan al pueblo al mostrarse como personajes de la identidad palmera. Por eso nadie los molestaba en su trajín cada 30 de marzo con protagonistas de la ASUNTINIDAD que suben al mediodía cada 30 de marzo cada año para celebrar la aventura de acampar en grupos de amigos o compañeros de tradición. Y bajan el 31 al medidía con la carga de la palma real que es supervisada y controlada por los guardianes forestales de INPARQUES para que no haya excesos.
Ese ritual lo realizan los asuntinos cada año religiosamente celebrando con camaradería su tradición en una actividad familiar donde todos se conocen. No hay alcalde o concejal que no participe de esta milenaria experiencia que ha sido trasmitida de generación y generación con toda la formalidad histórica que hace grande esta tradición margariteña. No se conoce de Gobernador que haya intentado subir al Copey, pero si sus representantes reciben a los Palmeros como un gesto de cortesía y reconocimiento a su trabajo laborioso. Tanta ha sido la trascendencia que la Unesco nombró a la Asociación de Palmeros Asuntinos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Eso habla de una tradición milenaria que ha mantenido su permanencia en el tiempo dando fortaleza a la creencia religiosa de la comunidad asuntina y que le da un toque a los protestantes que abundan en esta sociedad difuminados entre un vaivén de mentiras y verdades ocultas.
La política y sus protagonistas quedan atrás y entre los asuntinos se organiza la entrega de la palma real en la Casa de Los Palmeros para repartirla equitativamente entre la feligresía de distintas localidades de las parroquias eclesiásticas de la región.
Este año 2023 la tradición de los Palmeros tenía una sorpresa y mientras el Alcalde Alí Romero estaba conversando con ellos en su sede, recibió una llamada que lo hizo moverse rápidamente al Palacio Municipal para anunciarle el arribo del Presidente de la Sub Comisión de Religiosidad y Doctrina de la Asamblea Nacional. No le quedó otra al burgomaestre que ponerse a tono con el visitante para incorporarlo al recibimiento de los palmeros.
Por supuesto esa aparición fantasmal del hijo del Presidente y diputado nacional cayó muy mal entre la comunidad que lo hizo aparecer en escena al ser percibido como un acto de politiquería burda la intromisión del personaje de marras en la tradición asuntina. Eso generó escritos duros de personalidades que salieron con su pluma a criticar la politización de las tradiciones y por otra parte sacó su espada Leopoldo Espinoza para defender al intruso hacer una analogía entre las visitas de Capriles a la misa pontifical del 8 de septiembre en honor a la Virgen del Valle, pero la diferencia es que el ex Gobernador de Miranda viene cada año en esta fecha y el otro es la primera vez que incursiona en estas lides de la palma real .
Dicen los habitantes de Arismendi en defensa de su tradición que la presencia del político nacional aunque haya venido investido de credencial empasteló la tradición y formó un alboroto político jamás visto por estas latitudes. No es suficiente la defensa de Leopoldo argumentando beneficios religiosos para el Altar Mayor y cuadros valiosos, pues es evidente que esas dádivas no justifican la contaminación política del evento tradicional y que para los analistas solo refleja el estado de angustia de un partido nacional que anda muy mal en la conexión con la gente y por eso envían sus protagonistas a romper barreras en las comunidades para intentar recuperar el eslabón perdido.
Nadie de oposición o de gobierno tiene derecho de vulnerar los espacios tradicionales y los que quisieron contaminar la tradición de los palmeros asuntinos saben que bajar con las palmas lejos de darle ventajas electorales, solo los perjudica ante este pueblo que ya conoce la esencia de la política y vive cada día las angustias ocasionadas por quienes prometieron salvar al pueblo y lo condenaron a la calamidad histórica más grande la historia.
Celebro la aparición en escena de quienes hace rato han debido hacer su entrada en defensa de los accidentes históricos de su pueblo cuando se robaron el Escudo de Armas, cuando pintaron de zapolín verde y a brochazos los bustos y estatuas de la Ciudad, los que ni una piedra lanzaron cuando borraron el Boulevard Vargas Machuca y le cambiaron los nombres a todas las calles, los que celebraron el beso de la Mujer Araña al General Juan Bautista Arismendi, los que le pusieron la panty anaranjada como mordaza en la boca y una botella de ron a la estatua del Maestro Prieto Figueroa, los que se robaron el busto de Andrés Eloy Blanco y tantos abusos contra la historia de la Ciudad de La Asunción.
La Ciudad del Silencio tiene derecho de reclamar los abusos contra sus tradiciones porque son eventos de muchos años que estoy seguro que ningún asuntino de esos que sienten su historia y sus tradiciones estén de acuerdo con la politización de su cultura.
No puedo aprobar lo que hacen el resto de mis colegas de contar la historia de los palmeros y repetirla hasta siempre, pues lo nuevo en estos momentos es el intento de convertir la búsqueda de la palma real en un show mediático que le permita a mucho político ganar centimetraje en las redes y solo eso.
Esa tesis de literaturizar la extracción de la palma es ese afán de perder el tiempo repartiendo frases hechas para tratar de mostrarse como titanes de la historia regional, pues de lo que se trata es de sembrar conciencia histórica para que se preserven las tradiciones de los pueblos. Solo que para los repetir datos y es más fácil narrar la historia y continuar perdiendo el tiempo repitiendo como loros cuentos que por milenios han sido los mismos relatos y fantasías de la nada.
Qué fácil es ignorar la politización de nuestras tradiciones y pasar agachados ante las aberraciones de la política que ahora ofrecen migajas para arreglar el altar mayor y reparar cuadros de valor artístico, pero que solo es parte de la táctica para penetrar la riqueza de nuestras tradiciones ancestrales. Así es muy fácil concebir la historia y apartarse de la polémica que fue la única nota gris en la tradición de los palmeros asuntinos. Si dejamos correr la arruga el próximo año vuelven con otras ideas y borran del mapa la verdadera esencia de los Palmeros Asuntinos y su tradición.

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