Manuel Avila

Cuando Los Robles era un pueblo de paso por los años 60 el cultivo de la tierra era parte importante de la economía de un pueblo de cazadores, agricultores, pescadores y jugadores que se batía entre vivir o morir. Los agricultores sembraban con pasión los terrenos de La Portada, La Sabaneta, los Caraballos, Cu, Mundo Nuevo, El Mango, Ño Tadeo, Curiepe y tantas tierras agrícolas que eran sembradas por agricultores con oficio que labraban la tierra rojiza y veían la cosecha como su trofeo de la competencia.
De ese modelo económico atrasado dependían los robleros que también vivían de la crianza de chivos, vacas y ovejos, pero que también iban a Playa Moreno a la pesca y circulaban por los cerros de Los Robles en la caza de pájaros y conejos.
La agricultura fue uno delos fuertes de los pilarenses y las competencias por ser el campeón de la cosecha de maíz, del frijol, la caraota y las patillas. La siembra en La Sabaneta de Facho Suárez, en las Piñas, El Negro Chocolate en La Sabaneta. Manuel González en El Muco y en los terrenos de los Navarro donde Perucho y Viviano Rosas sembraron por largo rato, Concho Avila, Canguito Avila, Braulio Avila y Andrés Avila, y Diego y Nicho sembraron por la vía de Punta Brava. A Loreto Navarro le tocó cultivar La Portada por años y cada día pasaba rumbo a sus espacios en su burra y Bocho en los terrenos de los Caraballo sembró mucho pepino criollo, maíz, berenjena y ají por largo rato. Ventura Carlita también fue un gran sembrador y Tingo Chaco por los lados de La Portada sembró hasta más no poder.
Cada terreno tenía su rancho donde no solo comían, reposaban y guardaban la cosecha los agricultores que con el azadón a cuestas sembraban grandes extensiones de tierra que al final producían caraotas, frijoles, maíz, patillas, melones, quimbombó, berenjenas, ají y tomate margariteño.
A Tingo Chaco lo acompañó Carlita que fue primero mujer de Ventura Carlita y de ahí le quedó el nombre. Bocho y la Negra de Bocho se quedaron en el Alto en los terrenos donde hoy día la Urbanización El Oasis. Ahí en esos espacios Bocho y su hijo Agustín se fajaban duro de sol a sombra sembrando y deshierbando sui tierra rojiza.
La competencia por ser el rey del maíz se la repartieron los robleros por años y cada quien sacaba sus cuentas de cuánto sembraban por sacos o fanegas. Después venía la recolección del maíz una vez seco y el tuseo para desgranar el maíz donde participaban los familiares de cada sembrador para evitar la repartición y que todo quedara en familia.
Tingo Chaco con su fiel Carlita sembraba en los terrenos de Los Caraballos y por años le correspondió a Carlita vender en su mara los productos del campo y cada día recorría las calles de Los Robles donde visitaba a sus clientes cada día. Hay que resaltar que Carlita fue primero mujer de Ventura y terminó con Tingo Chaco en los predios de
En La Portada de Los Robles el trabajo era intenso de los hermanos Avila donde Concho, Braulio, Canguito y Andrés y su descendencia estuvieron por años cultivando la tierra. En esos mismos terrenos Loreto Navarro y sus hijos Héctor estuvieron por años sembrando la tierra a fuerza de azadón y machete. Para esta época no se utilizaba el arado como equipo de siembra, ni se hablaba de arado para el cultivo.
A Diego y a Nicho le correspondió cultivar los frijoles por los lados de Punta Brava y por años a Nicho le correspondió defenderse del humor de los robleros que siempre le decían que le quitarían los terrenos lo que hacía entrar en ira al personaje de la agricultura roblera.
Casto Jiménez, Mocho y Darío sembraban en los terrenos de Las Piñas y mucha fue la cosecha que lograron con el trabajo diario.
Carrolo estuvo por años sembrando la tierra y viviendo de su producción agrícola y de la jalada del guárame y el tutuel, de la caza de conejos y del uso de lazos para agarrar tortolitas.
Antonio Mendoza cultivó la tierra en los predios dl Pozo Roble donde la ciruela sobraba y se cruzaba con la cereza para dar un cromatismo rojizo a la vegetación de esos espacios mágicos.
Los González no dejaron de sembrar en predios de La Sabaneta y la Piñas donde por años su familia vivió de la agricultura como fórmula para vivir de la tierra.
La agricultura en Los Robles fue una forma de vida que fue explotada por los pilarenses por años y mientras los asuntinos vivían de la panadería, los porlamarenses del comercio, los pampatarenses de la pesca, los gomenses de la arcilla, los zapatos, la cestería, la agricultura del maíz y los chinchorros y hamacas, los sanjuaneros del dátil y la dulcería y otros habitantes de la isla se la ingeniaban como sobrevivir en tiempos de crisis.
En estos tiempos los nuevos conquistadores de tierras quieren aparecer con documentos sacados de las catacumbas de la historia después que la usucapión los mató en el tiempo y abogados que ni siquiera se han paseado por la prescripción adquisitiva o mortuoria aparecer como fantasmas reclamando tierras que vendieron en el tiempo y que ahora sus raíces no le sirven para reclamar litigios que ya intentó Mago Brito en el pueblo hace años y que perecieron por ser solo fábulas de Ño Pernaletes del derecho modernos. Es posible que con títulos de egresados de universidades sin rango los hagan ver fantasías de convertirse de la noche a la mañana en latifundistas sin tierras que apuestan a la locura del país para intentar saltos ficticios son asideros en las leyes venezolanas.
Esa situación de invasores disfrazados portando títulos de abogados y sindicalistas quebrados por el paso del tiempo no pueden forzar los línderos de la legalidad porque la tradición legal mantiene fortificaciones de acero para sostener cualquier ataque de filibusteros y piratas. Esos son terrófagos alquilados que buscan picapleitos mal formados académicamente y que solo les queda inventar documentos y tirar anzuelos a ver si pescan en el mar del olvido.

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