Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

LA CACICA ISABEL

      Imagen: La Cacica Isabel.

                                                                     Autor: Wilman Guerra (1998)

                                                     Ubicación: Museo Nueva Cádiz,

                                                    La Asunción, estado Nueva Esparta.

Isabel fue una aborigen nativa de la etnia guaiquerí, nacida en la población de Paraguarime entre los años de 1496 a 1500 donde estaba constituida su comunidad, en la isla de La Margarita, cuyo topónimo significa: “Parawa -mar; ime o ima -sitio o lugar-, en fin, “Sitio o lugar en el mar,” lugar ubicado a unos 2,5 kilómetros hacia el norte del Morro de Charamaya hoy en día conocido como Morro de Porlamar de la otrora Provincia de Margarita. Y según lo referido en el libro Caballeros del Mar los Guaiquerí, un pueblo con historia por los notables reivindicadores de la importancia histórica del indígena guaiquerí, los antropólogos, Cecilia Ayala Laffe-Wilbert, Pedro Rivas Gómez y Werner Wilbert (2017), murió en 1558 en El Panecillo -cerca de la actual población de Chuspa, actual estado La Guaira. A la presente fecha se desconoce su nombre autóctono, sólo el designado en su bautizo al catolicismo como “Isabel” posiblemente para ponderar a doña Isabel Manrique de Villalobos o por la Reina española Isabel I de Castilla y León “La Católica.”[1]

En el esquema genealógico de Isabel presentado en el citado libro Caballeros del Mar los Guaiquerí, un pueblo con historia,[2] aparece como hija del cacique Charamaya hijo del cacique Charaima, Señor del Valle de Maya del Litoral Central del actual estado La Guaira y, donde no aparece el nombre de su madre, pero sí, el de su abuelo materno el cacique Paraguarime, Señor del Valle de Margarita, lo cual conduce a establecer, que la madre de Isabel era una princesa Guaiquerí, porque los derechos de sucesión en esa comunidad nativa, los determinaba el orden matrilineal.[3] Permitiendo concluir, que Isabel heredo su cacicazgo por esa línea materna.

Por qué, al casarse el padre de Isabel, Charamaya de la estirpe Caribe con su madre de linaje Guaiquerí, quedaba obligado a residenciarse por un año en la localidad de su pareja, -la isla de La Margarita-, conforme con el servicio matrimonial -matrilocalidad-[4], cuyo lapso superado, al fallecer su pareja, le permitió quedarse definitivamente en ese clan como un cacique principal en representación de su hija hasta que ella pudiera asumirlo plenamente. El historiador Miguel Layrisse y Johanes Wilbert (1966) en su obra La Sociedad Indígena en Venezuela: sus grupos tipos sanguíneos, explican que: “El grupo local puede constituir de una o más familias extendidas y la comunidad generalmente constituye un linaje matrilineal, matrilocal.” [5]

Isabel durante el ejercicio de su liderazgo, como cacica Guaiquerí, obtuvo un merecido prestigio en su comunidad, caracterizado por una resistencia pasiva pero con el arrojo necesario para enfrentar al colono español, cuando pretendió despojar a su agrupación de sus querencias ancestrales, bajo engaño o por la fuerza, como bien lo refiere el gran cronista de esa época Juan de Castellanos (1589-1987) en su reconocida  Elegías de Varones Ilustres de Indias, así: Hiciéronse muy buenas heredades/ En los lugares más acomodados/ Y tomáronse muchas propiedades / De sitios para hatos de ganados.”[6]

Y entre otras oportunidades, cuando el Teniente Gobernador de la Provincia de Margarita, Pedro de Villardiga, durante el año de 1526-1527- bajo la administración de los Villalobos-Manrique, intentó con falsas acusaciones utilizar como esclavos a su pueblo guaiqueríes en las extracciones de los bancos perleros de la isla de Cubagua, manifestándole arteramente a la Corona de España  que: “los indios de dicha isla andan huidos y alzados y no quieren servir a los cristianos.”[7]  Isabel con gran arrojo desvirtuó esa infamia. Por ello la majestad real de Carlos I ordenó: “tratar a los indios como vasallos libres de Su Majestad.”[8]Aprecio de vieja data sostenido por su abuela materna la reina Isabel I de Castilla y León que los consideraba como: «mis caros, nobles y leales guaiqueríes» por «lo bien que le han servido con fidelidad y lealtad en todas las ocasiones que se han ofrecido[9] Estima de esa Monarca ratificada en el Codicilo de su Testamento concluido el 23 de noviembre de 1504, donde les requería a sus descendientes: “No consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, más manden que sean bien y justamente tratados.”[10] 

Por esos efectos, los Guaiquerí de Margarita y Cumaná nunca estuvieron sometidos al régimen de la encomienda, por ser considerados por la Corona de España como sus “caballeros reales”  ni se les exigió el pago de tributos, ni mucho menos ser tomados como esclavos, aunque muchos de ellos prestaron servicios remunerados a los españoles como criados o en naborías. Quedando protegidos por oficiales reales y por sacerdotes doctrineros pagados directamente por esa Monarquía. Así como también, se les permitió participar de manera directa en la explotaciones y comercio de los bancos perleros de los fondos marinos de las islas de Cubagua y La Margarita. Estipulaciones contenidas posteriormente en las Leyes de Indias, donde se recopiló todo el ordenamiento legal sobre los derechos indígenas, para regular su vida social, política y económica desde la segunda mitad del siglo XVI, hasta su promulgación por parte del rey Carlos II de España el 1° de noviembre de 1681.

Depuesto Pedro de Villardiga de su cargo por doña Isabel Manrique de Villalobos en ejercicio de la tutoría de su hija Aldonza de Villalobos-Manrique como concesionarios de la Provincia de Margarita, lo remplazó en 1527 don Francisco Fajardo “El Viejo” perteneciente al marquesado del Señorío de Montealegre, quien, como nuevo Teniente de la Gobernación de la Provincia de Margarita al prendarse en amores con la cacica Guaiquerí Isabel, procedió en consecuencia, a protegerlos incondicionalmente. Porque ella con gran astucia supo conciliar la convivencia pacífica entre ambos grupos, logrando que su pueblo alcanzara un mayor respeto a sus derechos y consideración a sus pertenencias atávicas. Por esos efectos, la Corona de Castilla la distinguió con el título honorable de “doña” gracia ostentada por los miembros de la nobleza hispana. El reconocido cronista y poeta español Juan de Castellanos (1589), en su “Elegías de varones ilustres de India”, que conoció a la Isabel entre los años 1542 y 1543, la ponderó así: “A quien grande respeto le tenía, toda la tierra firme circundante” y la describe como mujer “de gran poder, temple y buena fama.[11]

El hidalgo peninsular español Francisco Fajardo, nombrado por los Villalobos-Manrique, Teniente Gobernador de la isla de Margarita, hacia los años de 1527 o 1528 se desposó a la usanza indígena con la cacica Guaiquerí Isabel,  de cuya unión se procreó un hijo mestizo, bautizado con el nombre homólogo de su padre, Francisco Fajardo, [12] quien fue referido por el cronista Juan de Castellanos (1589) en su citada Elegías de varones ilustres de Indias, así: “Era hijo de generoso padre/Y reina de la isla fue su madre. / Doña Isabel la india se decía/ Señora principal, mujer bastante, / A quien grande respeto le tenía/ Toda la tierra firme circundante;[13]

Los Guaiquerí, han sido catalogados por la mayoría de nuestros investigadores en un primer orden como recolectores, cazadores, sobresalientes pescadores, diestros extractores de los bancos de perlas de sus entornos marinos y extraordinarios navegantes. En un segundo plano, considerados como incipientes agricultores, alfareros y otras actividades menores. Pero altamente apreciados como hábiles comerciantes con otros clanes de similitud cultural y lingüística. Así los cataloga, entre otras opiniones, el historiador venezolano Juan Carlos Silva Suniaga (2006) en su obra Los Guaquerí: enigma de un pueblo.[14]. Por ello, desde los mismos inicios de la colonización española fueron sus grandes colaboradores en la construcción de sus viviendas tanto en las islas de Cubagua como en La Margarita; también les suministraron alimentos; les sirvieron de intérpretes con otras tribus y cuando fueron requeridos por esos colonos se unieron a sus milicias como veteranos flecheros, para repeler a los caribes, los corsarios, los piratas y otros aventureros.  

Por esas razones, se hicieron merecedores del afecto de la Corona de España. Asistencia demostrada fehacientemente, cuando el 23 de julio de 1528 al aparecer frente a las costas de la ciudad Nueva Cádiz, el mayor navío visto hasta entonces, un galeón francés distinguido como La Rochelle comandado por el  pirata Diego Ingenios, quien conocedor del lugar bajo la excusa de intercambiar mercancía por perlas, pretendió apoderarse por la fuerza de esas riquezas, cuyos cubagüenses detectada esas malignas intenciones, organizados por su alcalde mayor Pedro de Herrera, le hicieron un precario frente, viéndose compelidos a solicitar refuerzos a  su vecina, la isla de La Margarita, acudiendo en ese apoyo, el hidalgo Francisco Fajardo “El Viejo” y  la cacica Isabel acompañada con una inmensa flotilla de piraguas de aguerridos nativos guaiqueríes, cuyos  dardos envenenados y su ingenio marino, lograron frustrar el ataque de esos bandoleros, que después de perder su poderío invasor levantaron anclas sin haber conseguido ningún botín. Victorioso acontecimiento registrado en nuestros anales histórico como la primera batalla naval librada en el Nuevo Continente datada el día 25 de esa mismo mes y año.[15]

El peninsular español Francisco Fajardo “El Viejo” una vez depuesto de su autoridad provincial por parte de los Villalobos-Manrique y renuente a entregar ese cargo, fue instruido en su contra un proceso criminal por la Audiencia Real de Santo Domingo, siendo desterrado en definitiva de la isla de La Margarita. Posteriormente logró viajar a Sevilla donde ingreso en la corte del arzobispo de esa ciudad, como maestresala y alcalde de Cantillana.[16] Situación que significo para su esposa guaiquerí, Isabel, su hijo homologo y ese conglomerado indígena, la pérdida de un máximo protector por cuanto su sustituto el Teniente Gobernador, Juan Juárez de Figueroa, hombre inepto, se dedicó a avivar las diferencias entre españoles y guaiqueríes.

Y una mayor desgracia, se le avecino a los guaiqueríes, cuando a finales de 1534 como consecuencia del juicio incoado por ante la Audiencia Real de Santo Domingo por el Alcalde Mayor de Nueva Cádiz de Cubagua, Pedro Ortiz de Matienzo, cuando cuestionando los derechos de los Villalobos-Manrique sobre La Provincia de Margarita, logró obtener su jurisdicción cautelar con: “… la facultad de repartir sus solares y tierras de la isla vecina,” que aprovechado por Francisco de Villacorta,  “…informó a la corona que un grupo de indios esclavos de Cubagua se habían refugiado en el Macanao y fueron protegidos por los indígenas de la Margarita, pidiendo permiso para hacerles guerra y repartirlos como esclavos.  Así como señalando que: “… guaiqueríes no merecieron, a los ojos de los españoles un trato mejor que otros indígenas del Caribe. [17] Por lo tanto, solicitando permiso real, para tomar por la fuerza a los integrantes del clan Guaiquerí para esclavizarlos en las extracciones de los bancos perleros de Cubagua.

Afortunadamente el rey Español Carlos I, negó contundentemente la pretensión de Villacorta, que permitió salvar a los guaiqueríes del infortunio de la esclavitud, cuando de manera contundente,  ratificó lo dictaminado por él y su madre la reina Juana I de Castilla en la Cédula Real del 18 de mayo de 1525 relativa a la concesión otorgada por dos vidas al licenciado Marcelo de Villalobos sobre la Provincia de Margarita, que estipulaba: “… que los indios que al presente ay y oviere de aquí adelante en dicha isla tengáis mucho cuidado que sean tratados como nuestros vasallos e libre…”[18] Por ese efecto, los naturales Guaiquerí de Margarita siguieron siendo fieles a esa Corana y así lo refiere el afamado escritor Enrique Otte en su libro Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua, así: “Siguieron siendo leales a los españoles, ayudándoles en sus empresas, como intérpretes y en otros conceptos. Pero vivieron en precario estado de libertad y perdieron sus tierras, si bien la corona en vano intento impedirlo.”[19]

Sobre el concepto de la tenencia de la tierra en el” imaginario colectivo” del pueblo Guaiquerí, citamos lo expuesto por los renombrados escritores,Cecilia Ayala Lafée-Wilbert y Werner Wilbert (2011) en su publicación Memoria Histórica de Los Resguardos Guaiquerí. Propiedad y Territorialidad Tradicional, donde indican: “Aunque los guaiqueríes, igual que otros pueblos indígenas americanos, no concebían la tierra que ocupaban como territorio-propiedad en el sentido de posesión particular de determinado ámbito geográfico, sus tierras sí constituían un elemento trascendente de su asociación identitaria. Era el hábitat o lugar geofísico de residencia propia donde proyectaban su vida comunitaria en un espacio definido para sus viviendas, áreas de sembradíos, pesca, cacería y lugares sagrados. En su entorno se configuraba su mundo mítico y religioso, se realizaban diversos rituales familiares y colectivos, yacían sus muertos, y por ende, habitaban los espíritus de sus antepasados. –  Las tierras guaiqueríes se vinculaban a un sistema de posesión colectiva. la valoración de las mismas no era entendida como una propiedad de evaluación comercial sino como parte esencial de sus modos de vida y producción dedicadas a la propia supervivencia, tanto en el manejo de sus recursos naturales como para el uso telúrico y cosmológico, que probablemente no diferenciaban. En conjunto, las tierras eran vida, la raíz de su fuero étnico, la base de su crecimiento como pueblo y, ante todo, pertenencia cognitiva de su etnicidad.”[20]

Por tales razones, la comunidad Guaiquerí quedo compelida a sobrevivir entre dos enemigos principales, en un menor orden el ataque de sus pares, los nativos Caribes, que periódicamente incursionaban de manera violenta en la isla de Margarita, para apoderarse de sus haberes, los cuales eran repelidos por los españoles con el apoyo incondicional de los aguerridos flecheros guaiqueríes. Y en mayor medida, por ese mismo colono español, que valiéndose de su supremacía los despojaba de sus mejores tierras de cultivo, lo cual afrontaron con el ingenio de una taimada apacibilidad, superando esos abusos, cuando esos extranjeros les requerían su apoyo para vencer en francos combates a esos indeseables caribes o a otros indeseables como: corsarios, piratas y aventureros. Por ello, como se refirió, la Corona de Castilla no escatimo esfuerzos en protegerlos de sus súbditos peninsulares, que de manera desconsiderada aplicaban la letra muerta de los mandatos reales con el aprovechamiento de: “Obedézcase, pero no se cumpla” o “Acátese, pero no se cumpla.[21] 

Discernida actitud de los guaiqueríes, que evitó el exterminio de sus pueblos, permitiéndose superar con su cognición ancestral esos arduos tiempos, asegurándose su permanencia en parte de sus espacios atávicos, donde ese invasor les modificó su imaginario ancestral. Y en ese sentido, los ilustres investigadores, Cecilia Ayala Laffe-Wilbert, y Werner Wilbert (2011) en su reseñado libro Memoria Histórica de Los Resguardos Guaiqueríes. Propiedad y Territorialidad Tradicional, refieren: “Durante el período colonial los guaiqueríes sobrevivieron a la conquista española y sus consecuencias: el despojo de sus tierras, el mestizaje y la aculturación, tres hitos que modificaron en forma drástica la trayectoria evolutiva de su cultura, sus formas de vida tradicional y su territorio. A partir de entonces, tuvieron que transitar por continuos cambios impuestos por los disímiles escenarios de dispersión que les tocó enfrentar. Sus microespacios locales fueron poco a poco incorporándose al macro espacio insular durante ambos períodos, colonial y republicano, de acuerdo a las leyes y modelos económicos aplicados por los diversos gobiernos que se sucedieron en el país hasta la primera década del siglo XX, cuando cuatro de estos resguardos fueron obligados a ejecutar el reparto o partición de los territorios indígenas que para entonces conservaban en comunidad, por la ley Sobre Resguardos de Indígenas  promulgada el 8 de abril de 1904, por el presidente Cipriano Castro.” [22] Acotación reseñada porFray Cesáreo de Armellada, en su obra Fuero Indígena Venezolano. (Período de la República, 1811 a 1954.)”[23] Actualmente esa etnia está agrupada en la insularidad de Margarita bajo la reconocida “Comunidad Indígena Francisco Fajardo.”

Sin embargo, con el tiempo la cacica Isabel con su ingenio logró aminorar esas divergencias y al efecto dirigió su vida con un nuevo destino, se casó con el cubagüenses, el español Alonso Carreño procreando dos hijos: Alonso y Juan, criados bajos los mismos lineamientos de la influencia española-guaiquerí de su medio-hermano, Francisco Fajardo. En consecuencia, fueron alistados a esas milicias en las empresas conquistadoras y fundadoras en beneficio de la Corona de Castilla, que les amerito el servicio prestado. A tales efectos, hacia el año de 1557 Isabel acompañó a sus hijos, los mestizos Francisco Fajardo, Alonso y Juan Carreño en sus viajes por tierra firme, actuando como embajadora de su tribu y antecedida por su honorabilidad y prestigio, fueron recibidos por los clanes de otros nativos con la cordialidad de pueblos hermanos y parlantes de su propia lengua el choto maimur. Por ello, esos mestizos fueron recibidos de manera especial por su tío paterno el cacique Naiguatá, el más poderoso señor de la costa central, hermano de su padre Charamaya, que le permitió a Francisco trabar amistad con los demás caciques habitantes de esa importante zona y de otras latitudes.

Doña Isabel murió en el año de 1558 como consecuencia del envenenamiento de los pozos de agua ubicados en el Valle del Pan -Panecillo- cerca de Chuspa del actual estado La Guaria, perpetuado por el cacique Paisana o Paisa en protesta por los abusos de los españoles y donde su hijo Francisco Fajardo inicialmente había fundado una ranchería de consiguiente prosperidad convertida en aldea de labranza, donde ella se instaló junto con otros integrantes de su tribu. Ámbito territorial dominado por el cacique Guaicamacuare cuyo dominio compartía con el otro cacique Paisana, latitud de mayor extensión donde también gobernaba el cacique Naiguatá. Asentamiento que siempre contó con el beneplácito de esos jerarcas salvo el de Paisana, quien en contraposición con sus pares adversaba a Francisco, generándose entre ambos severos enfrentamientos armados, donde siempre resultó derrotado.

Y, Paisa aprovechando la ausencia de Francisco de esa aldea y al no haber logrado vencerlo por las armas, materializó su venganza con la contaminación de los manantiales que surtían esa aldea, -Panecillo- cuya calamidad origino su abandono y la muerte de Isabel y de sus acompañantes guaiqueríes. Pero, enterado, Francisco de ese fatal acontecimiento de inmediato se trasladó nuevamente a dicho lugar, apresando a Paisana con la condena de ser ahorcado, bajo el cargo de traición por haber violado los acuerdos de paz convenido entre ambos. Ese acontecimiento ha generado en nuestras memorias históricas controversias sobre la figura de nuestro honorable mestizo Francisco Fajardo, quien en sus nueve años de conquistas logró implantar variados poblamientos; combatió en diversas batallas con el “imaginario de un guerrero mestizo” que formó parte de la milicia española, acompañado siempre de sus hermanos y de otros miembros de su pueblo Guaiquerí y  nunca cometió ningún tipo de vileza en contra de su estirpe aborigen.[24] Pero, por haber formado parte del componente militar de su padre, España, y haber ajusticiado la ignominia del cacique Paisana, se le ha cuestionado de manera severa sin tomar en cuenta el orden filosófico de la época de su vivencia, como bien lo esboza la Escuela de los Anales.[25]

El mestizo Francisco Fajardo fue un mestizo sin caudales de fortuna, nunca busco el Dorado ni codicio el poder, la nobleza de su estirpe guaiquerí-española, estuvo dirigida a conquistar espacios y poblarlos con una interrelación cordial entre españoles y aborígenes y alcanzar una mayor prosperidad para los involucrados. Por ello, siempre fue seguido por sus hermanos maternos Alonso y Juan Carreño, y por  un importante contingente de su pueblo Guaiquerí, permitiéndose lograr esos objetivos en diversas latitudes de tierra firme; así como,  a todo lo largo del centro-norte y  parte de la costa de ese litoral central de nuestro País, entre otras localidades, fundó el pueblo de El Collado hoy en día Caraballeda, estado La Guaira, donde abrió operaciones, estableciendo posteriormente  una ranchería en la margen izquierda del río Guaire del Valle de Caracas, que hoy ocupa el Fuerte Tiuna, donde asentó en 1560 el Hato San Francisco, génesis tres año después de la ciudad «Santiago de León de Caracas» instaurada el 25 de julio de 1567 por el conquistador don  Diego de Losada y Cabeza de Vaca, acorde con la Real Cédula emitida en 1563 por el rey español Felipe II.

Ultima misión de Fajardo que terminó de manera trágica, cuando después de regresar a la Provincia de Margarita procedente de esa otra, la Provincia de Venezuela, en busca de nuevos refuerzos para concluir su misión en esa región central, fue requerido por un solapado enemigo, el español Alonso Cobos, Alcalde Mayor de la Provincia de Nueva Córdova, quien con traidoras palabras logró su desembargo en la ciudad de Cumana en 1564, cuyo objetivo era obstruirle el éxito de esa importante misión. Coba luego de recibirlo con falsas atenciones, lo apreso y con un juicio adulterado lo condenó a muerte, que según la prestigiosa escritora Gloria Stolk, (1968) en su obra Francisco Fajardo, crisol de razas, murió así: “Cobos le hace condenar a la horca y porque la gente que lo admira no lo arranque de manos de sus verdugos, lo hace matar allí mismo a palos, por los criados, y es sólo su cadáver el que sale luego, atado a la cola de un caballo que lo arrastra al sitio del suplicio para ser colgado en la horca por los pies  atado a la cola de un caballo que lo arrastra al sitio del suplicio, donde fue colgado en la horca por los pies.”[26]

Por ello, un nutrido grupo de enardecidos guaiqueríes y de otros vecinos de Margarita, enterados de la lamentable tragedia, la muerte, de su incuestionable líder, se dirigieron a Cumana apresando a Alonso Cobos, entregándolo a la Real Audiencia de Santo Domingo, donde fue juzgado y condenado a muerte por ahorcamiento cuyo cuerpo fue arrastrado por las calles de esa ciudad y descuartizarlo en cuarto partes, para ser regados por los caminos de ese lugar en señal de haber incurrido en el descrédito de haber falseado un juicio y asesinado al ilustre mestizo, Francisco Fajardo. Atroz condena de ese español, que constituyo una novedad en la política-jurídica de esa época colonial. Por cuanto, Francisco Fajardo “El Joven” había sido reconocidos de manera ponderada por el monarca español Felipe II con el título honroso de “don”, merecedor de un gobierno perpetuo de todo lo que poblase, cuya merced no pudo disponer por haber llegado ese despacho después de su desgraciada muerte.[27]

La singular personalidad de la cacica Isabel, se puede apreciar a groso como una mujer de notable inteligente y perspicacia, logrando con atino beneficios para su pueblo y cuya influencia ante la Corona de España le permitió ser la mediadora entre los complicados asuntos relacionados entre españoles y guaiqueríes, poniéndole limite a los desafueros de esos colonos, lo cual evitó perder mayores espacios ancestrales y la extinción de su población, como sucedió en otras latitudes de este Nuevo Mundo. Acompañó a sus hijos Francisco Fajardo, Alonso y Juan Carreño en sus viajes por tierra firme para vincularlos con sus parientes y otros caciques, en procura de fundar prósperos poblados. Por ello, fue una líder amada por su tribu Guaiquerí y apreciada por otros clanes aborígenes; así como, distinguida por la Corona de España, cuya memoria y la de su hijo Francisco, cuando éste fue asesinado de manera vil por un español, se le impuso a ese maldiciente un severo castigo, lo cual marco pauta en la jurisprudencia de la política-jurídica de esa época colonial, donde se antepuso los derechos de un mestizo criollo sobre los de un español peninsular.

Indiscutiblemente, la cacica, doña Isabel le hizo honor a su gentilicio Guaiquerí con arraigado coraje lideró a su pueblo y los amparó en tiempos difíciles de los abusos de un colonizador ambicioso y feroz, ajenos a respetar los mandatos de la Corona de España, que además de apreciar sus reclamos la estimó por su referida visión de armonizar la convivencia colonizadora con los intereses de  su pueblo y con otras  tribus de tierra firme, lo cual permitió que sus hijos y ella fueran honrados como “súbditos reales” y su linaje aborigen perdurara hasta nuestros tiempos. Por esos efectos, en los anales de la Región Insular de La Costa de Las Perlas, Isabel merece un mayor reconocimiento con proyección nacional, como una adalid, que marco una pauta en otrora Provincia de Margarita hoy en día distinguida como estado Nueva Esparta donde LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…


[1] LAFÉE-WILBERT, Cecilia; Pedro Rivas Gómez y Werner Wilbert (2017) Caballeros del Mar: los Guaiquerí, un pueblo con historia. Volumen I. Caracas, Venezuela: Academia de la Historia del estado Nueva Esparta Fuentes para la Historia Colonial del estado Nueva Esparta. P. 133.

[2] Ibid.

[3] MATRILINEAL (Del lat. mater, matriz, madre + lineal.) es un sistema de linaje en el que, en oposición al patrilinaje, la adscripción del individuo se realiza por vía materna, por lo que los ancestros familiares principales son parientes de la madre. Cada individuo se considera principal o únicamente descendente de la madre, formando parte de su grupo o clan familiar, y compartiendo las propiedades familiares o herencias con los demás familiares de la madre –que incluyen a sus hermanos, tíos maternos, abuela materna, tíos abuelos maternos.  https://es.wikipedia.org.

[4] MATRILOCALIDAD o matrilocal -Uxorilocal-. En antropología, lugar donde debe constituirse el hogar de la pareja matrimoniada, que debe estar ubicado en el mismo círculo trivial de la esposa y su consiguiente descendencia. Disponible: https://www.educalingo.com.

[5] LAYRISSE, Miguel; Johannes Wilbert y Tulio Arends (1958) Frenquecy of Blood Group Antigen in the Descendants of Guaquerí Indians. Revista American Journal of Physical Anthropology. N° 16. U.S.A.: Editado por Trudy Turner. P. 311.

[6] CASTELLANOS, Juan de (1589-1987) Elegías de Varones Ilustres de Indias. Desde La Formación del Lenguaje hasta nuestros Días. Madrid España: Edic. 2da Biblioteca de Autores Españoles Editor-Impresor Rivadeyra. Primera Parte. Elegida XIV. Canto Primero Pp. 151 y ss.

[7] OTTE, Enrique (1977) Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas: Fundación John Boulton. P. 357.

[8] Cfr. CEDULARIO de las PROVINCIAS de VENEZUELA (1500-1550), 1984:185, Nº 117. Archivo General de Indias.

[9]  VÁZQUEZ de ESPINOSA, Antonio (1948) Compendio y descripción de las indias occidentales. Volumen 108. Washington, D.C., USA. Smithsonian Institution. P. 801.

[10] BIBLIOTECA NACIONAL de ESPAÑA, Madrid. Sección de Manuscritos, Sig. Vit. 6-6 antes T. 301 Fs. 195-198.

[11] Ibid. CASTELLANOS, Juan de (1589-1987) “Elegías de varones ilustres de India.”

[12] MONTENEGRO, Juan Ernesto (1974) Francisco Fajardo. Origen y perfil del primer fundador de Caracas. Caracas, Venezuela: Edición Concejo Municipal del Distrito Federal. Pp. 26 y ss.

[13] Ibid.

[14] SILVA SUNIAGA, Juan Carlos (2006) Los Guaiquerí: enigma de un pueblo. Caracas, Venezuela: El Perro y La Rana, Colección cada día un Libro. Taller Editorial del Ministerio de Cultura. P. 13

[15] SILVA MONTAÑÉS, Ismael (1983) Hombre y Mujeres del Siglo XVI Venezolano, Tomos I-IV. Caracas: Biblioteca Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela Editor: Academia Nacional de la Historia. Tomo II. Pp. 395-397.

[16] OTTE, Enrique (1977) Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Pp. 272 y 273.

[17] Ibid. 359.

[18] CEDULA REAL. SANTO DOMINGO 18 Nº 4.R.I1. Archivo General de Indias -AGI-. Ibid. AYALA LAFÉE-WILBERT, Cecilia A; Pedro Rivas Gómez y Werner Wilbert (2017) Caballeros del Mar: los Guaiquerí, un pueblo con historia. P. 151.

[19] Ibid. Pp. 275, 359 y 360.

[20] AYALA LAFFE-WILBERT, Cecilia y Werner Wilbert (2011) Memoria Histórica de Los Resguardos Guaiqueríes. Propiedad y Territorialidad Tradicional. Caracas, Venezuela: Ediciones Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas -IVIV-. Instituto Caribe de Antropología y Sociología Fundación La Salle de Ciencias Naturales. – Centro de Antropología Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Coordinación Editorial: Pamela Navarro. P. 31.

[21] OBEDÉZCASE, PERO NO SE CUMPLA o Acátese, pero no se Cumpla. era una fórmula administrativa del derecho castellano medieval que tenía como objetivo comunicarle al rey o el emisor de una Real Cédula o Provisión Real que la misma era injusta o no se ajustaba a derecho, capacitando al receptor a acogerse a obedecer como muestra de respeto al rey, pero eximiéndolo de cumplirla. GONZÁLEZ ALONSO, Benjamín (1980) La fórmula «Obedézcase, pero no se cumpla» en el Derecho castellano de la Baja Edad Media. Madrid, España Revista Dialnet Nº 50 (Ejemplar dedicado a Alfonso García-Gallo y de Diego) Fundación Dialnet. Pp. 469-488.

[22] Ibid. AYALA LAFFE-WILBERT, Cecilia y Werner Wilbert (2011) Memoria Histórica de Los Resguardos Guaiqueríes. Propiedad y Territorialidad Tradicional. P. 18.

[23] ARMELLADA, Cesáreo de, Fray (1954) Fuero Indígena Venezolano Tomo II (Período de la República 1811-1954). Recopilación de Leyes, Decretos, Resoluciones, Reglamentos, Convenios y aclaraciones sobre la materia. Prólogo de Walter Dupouy.  Caracas: República de Venezuela.  Ministerio de Justicia, Comisión Indigenista. Pp. 261 y ss.

[24] Ibid. MONTENEGRO, Juan Ernesto (1974) Francisco Fajardo: origen y perfil del primer fundador de Caracas. P. 106.

[25] ESCUELA DE LOS ANNALES, es una corriente historiográfica fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch en 1929, que ha dominado prácticamente toda la historiografía francesa del siglo XX y ha tenido una enorme difusión en el mundo occidental. Su nombre inicial se correspondió con la distinción de la revista francesa Annales d’histoire économique et sociale, donde se publicaron por primera vez sus planteamientos. Esta corriente desarrolla una historia que no se interesa por el acontecimiento político y el individuo como protagonistas típicos del trabajo de la Historiografía contemporánea, sino por los procesos, las estructuras sociales y, después, por una amplia gama de temas cuyo acercamiento con las herramientas metodológicas de las Ciencias sociales le permitió estudiar. El historiador en esta corriente se adhiere a un modo de escribir la historia desde el planteamiento de problemas que resolver o preguntas que contestar,​ postura heredada de las ciencias naturales exactas y, en segundo término, de las sociales. Además, a diferencia de la historiografía clásica, estos autores toman conciencia de que no están escribiendo sobre el pasado reproduciéndolo de modo fiel sino interpretándolo, partiendo de sus propios conceptos y subjetividad, así como de teorías, para escribir su versión del fenómeno histórico sobre el que trabajan. Disponible: https://es.wikipedia.org.

[26] STOLK, Gloria (1968) Francisco Fajardo, crisol de razas. Caracas: Editorial Churúm-Merú. P. 19.

[27]  Ibid. OVIEDO y BAÑOS, José de (2004) Historia de La Conquista y Población de La Provincia de Venezuela. P. 133.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *