Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

MUJERES MARGARITEÑAS DE LA GESTA INDEPENDENTISTA

                    Imagen alegórica.  Disponible: https://www.kioscodelahistoria.com

La presente temática está dirigida a exaltar el protagonismo de las “Mujeres Margariteñas en la Gesta Independentista de España, donde convergieron las mujeres aborígenes, europeas y africanas, quienes desde  distintas perspectivas étnicas-sociales, acorde con lo presentado en las publicaciones anteriores, contribuyeron en el proceso histórico de la convulsionada “Guerra de Independencia”  cuya etapa superada triunfalmente y constituidas las bases de la República de Venezuela, una Asamblea Constituyente, acordó el 28 de marzo de 1864,  modificar su estructura política-administrativa, mandato debidamente promulgado en la Constitución del 13 de abril de ese mismo año de 1864, quedando en consecuencia la otra Provincia de Margarita distinguida como el estado Nueva Esparta,[1] en honor al aporte de sus aguerridos naturales durante ese proceso independentista, emulándolos con el heroísmo de los héroes espartano en la Guerra del Peloponeso -l 460 al 446 a.C.- y  -l431 hasta el 404 a.C. C.- En cuya sociedad las mujeres espartanas jugaban un papel importante dentro de la defensa del Estado y cuyo mayor culto estaba representada en una divinidad femenina, la diosa como su protectora  Atenea.[2]

En efecto, durante el  períodos de la “Guerra de Independencia” del dominio español, las mujeres estaban bajo el sistema del patriarcado, controlada sin derechos por el hombre, cuya forma de vida le estaba subordinado, por ser reconocidas como un ser débil física y mentalmente, condiciones propias de su “’sexo biológico.” Barrera superada cuando el padre, el hermano, el esposo o el compañero de vida, necesitó incorporarla a esa insurrección donde desde distintos ángulos algunas fueron reconocidas como mujeres patriotas y otras se empinaron como mujeres heroicas hasta el pináculo de la batalla armada. Consideradas todas de vital importancia en esa gesta por su entrega y arrojo.

 La conocida activista feminista Josefina Ernst de Marín en el Prólogo del libro Mujeres de la Independencia. Seis biografías de mujeres venezolanas de la destacada periodista y escritora Carmen Clemente Travieso, (1964), refiere:  “No podría ser de otro modo. Las luchas de los hombres repercuten en la vida de las mujeres, porque no son las luchas de los hombres sino de la sociedad en la cual ellas también forman parte. Son choques entre los diversos estamentos y ellas son elementos integrantes de éstos.” (…) Por ello, cuando los pueblos son sacudidos por movimientos violentos que amenazan a los cimientos mismos de la sociedad, las mujeres se colocan al lado de los hombres, en el bando que les corresponde de acuerdo a su extracción social. (…) En las luchas de liberación nacional, nobles contiendas de países que anhelan adquirir fisonomía propia, las mujeres han participado siempre en la medida de sus posibilidades. En el movimiento independentista venezolano estuvo presente en las jornadas cívicas, como lo atestiguan historiadores contemporáneos que mencionan la presencia de mujeres en las reuniones de la Sociedad Patriótica en el año de 1811. Luego, cuando comienza la lucha armada, algunas se incorporan a las filas del ejército patriota.”[3]

Indudablemente, las mujeres margariteñas fueron parte esencial de ese gentilicio, donde en esta Tierra de Gracia, se antepusieron a una sociedad asfixiante, rompieron las ataduras del estereotipo de  subordinación  a la voluntad el hombre, constreñida al interior del hogar, cuyo espacio debían limitarse a su  administración, la crianza de la prole, una controlada vida social y religiosa, además, de un negado derecho académico. Y las de mayor estatus social desarrollar actividades triviales y religiosa. Sumisión considerada como un sinónimo de “’femenino” en contraposición con lo “masculino” cuya supremacía le permitía ser una persona ilustrada, incursionar en diversas actividades públicas y privadas, y con gran distinción en el orden político y  militar. Sin embargo, cuando fueron requeridas por el hombre-patriota, ellas se le unieron en los objetivos, debieron armonizar el espacio interno del hogar con el espacio externo donde estaban excluidas. Diferencias en el concepto de genero muy marcada en la época aborda y, precisado por la  historiadora española Aurora García Ballesteros (1985)en su libro ¿Espacio Masculino, Espacio Femenino? Notas para la Aproximación Geográfica al Estudio del Uso del Espacio en la Vida Cotidiana, refiriendo al efecto: Las diferencias entre la experiencia masculina y femenina del espacio. (…)  Se asocia a las mujeres con los espacios interiores y a los hombres con los exteriores.”[4]

En relación con el presente tema las “Mujeres Margariteñas en la Gesta Independentista” todas ellas sin distingo de clase étnica, social o económica, marcaron huellas imborrables no sólo en la génesis de un PUEBLO ÉPICO, sino además, la forma audaz y aguerrida como cambiaron estereotipos ante una realidad, la  historia las reclamaba sin dilación. Eduardo Blanco (1981) en su libro Venezuela Heroica define en forma general a los nativos de esa insularidad de la manera siguiente: “Así como el campo dulcifica, el mar endurece; la constante lucha con las olas, hace que el hombre le cobre poco apego a la vida, y que la idea de la muerte pierda mucho de su lúgubre prestigio. Un pueblo de pescadores es siempre un pueblo de ánimos resueltos, capaz de todos los heroísmos, después de sentirse enardecido. Su maestro en la lucha ha sido el mar, y quien no teme a los abismos no teme al hombre. Así como el campo dulcifica, el mar endurece; la constante lucha con las olas, hace que el hombre le cobre poco apego a la vida, y que la idea de la muerte pierda mucho de su lúgubre prestigio. Un pueblo de pescadores es siempre un pueblo de ánimos resueltos, capaz de todos los heroísmos,  después de sentirse enardecido. Su maestro en la lucha ha sido el mar, y quien no teme a los abismos no teme al hombre.- Mientras más restringido es el pedazo de tierra que nos alimenta, más se le ama: los habitantes de las grandes comarcas son de suyo menos de su país que los habitantes de las islas; límites no pocas veces imaginarios, dividen a los primeros de los pueblos vecinos; a los segundos los limita el mar, valla difícil de salvar. El insular es consustancial con su isla, ella solamente, o por lo menos en primer término, es su Patria; a ella todo lo cree deber, y por ella se sacrifica con orgullo. Rodeada de escollos, de olas furiosas, de insondables abismos; azotada por todos los vientos en medio de la desierta inmensidad, y reducida por fuerza al constante asedio de las aguas; el insular y la isla se estrechan y se confunden hasta formar una sola masa, una misma personalidad. Las arenas de las playas, las rocas de los montes, los valles, los arroyos, son otros tantos objetos que se aman como los muebles del hogar; una encina secular, a cuya sombra han descansado muchas generaciones, es venerada como un abuelo bondadoso; en el estrecho límite en que se agite, vive, se desarrolla y crece aquella gran familia; todo evoca recuerdos, y el sentimiento patrio no se extingue jamás cuando el pasado vive en el presente, más prestigioso a proporción que de más lejos nos viene a visitar. Agregad a esto, que la ruda mano que sabe manejar el remo y el arpón, es siempre apta para manejar el fusil, y comprenderéis que Margarita, una vez exaltada, no podía ser vencida. A tan heroicos insulares, Morillo los llamó gigantes. La Patria les debió en mucha parte la gran conquista de sus derechos y de su libertad.[5]

En efecto, la Provincia de Margarita, en la época de la Colonia dadas sus condiciones de insularidad, la mujer desarrolló una condición de vida diferente a la mujer de tierra firme, como bien lo refiere  anteriormente Eduardo Blanco en su libro Venezuela Heroica. Porque  ella, se vio obligada a forjarse de un temple especial, adecuado a los rigores de su insularidad. Además, afrontó una situación familiar atípica, que la compelía a erigirse como patrona de su hogar ante la ausencia prolongada del marido, que se iba “a la mar” en labores de pesca o de la riesgosa tarea del “contrabando” o cuanto lo abandonó por unirse al “movimiento “patriota” para liberar a su amado terruño de la dominación español. En esa vida cotidiana la mujer insular, le correspondió asumir esas ausencias con responsabilidad, atendiendo directamente los negocios familiares, otras laborando por su propia cuenta ponderaban su ingenio en el mercadeo de la panadería, la cestería, la cerámica, la artesanía, la venta de comidas y en otros elementos de intercambio lucrativo. Las más afortunadas gerenciaban su comercio desde espacios propios y  las menos favorecidas debían recorrer a pie o en mula, los vericuetos de los hostiles caminos insulares para vender sus productos en comarcas vecinas. Además, de cumplir con las tareas domésticas, la crianza de los hijos y prestarle auxilio a otros familiares y compatriotas.

En la “Guerra de la Independencia” la mujer margariteña afrontó la magnitud del conflicto armado, esquivó con prudencia y cautela el  acoso del enemigo, soporto estoicamente el allanamiento de sus domicilios, cuando lo invadía en busca del hijo, el hermano, el padre o el esposo, que en caso de ser apresados los asistían en sus cautiverios, sirviéndoles de mensajeras con el exterior y cuando estaban en la clandestinidad les cubrían sus necesidades.    Y, en otras circunstancias colaborar con las tareas requeridas en esa logística revolucionaria o se incorporaban al movimiento armado cuando era necesarios. En consecuencia, esa mujer isleña dejó de ser la simples expectante de una realidad, porque: “Sintieron en carne propia las injusticias de la opresión extranjera y no conformándose con hacer de espectadoras frente a la lucha sangrienta entre patriotas y realistas, se lanzaron al torbellino de la conspiración o del combate armado.”[6] Así lo refiere, la activista femenina Josefina Ernst de Marín en el Prólogo del libro: Mujeres de la Independencia. Seis biografías de mujeres venezolanas de la notable escritora venezolana Carmen Clemente Travieso (1964).

Por tales efectos, esas féminas a espalda del tirano extranjero se unieron en la lucha clandestina, distribuyeron propaganda, sirviendo de mensajeras y como espías burlaban con  cautela al enemigo, se infiltraban en sus filas, obteniendo información para su unidad patriota; algunas se despojaron de sus bienes para comprar armamento. En fin, de una u otra forma todas ellas estaban presentes y/o daban su apoyo donde las circunstancias lo exigían; y, las más osadas acompañaban a sus padres hermanos o esposos en la primera línea del combate armado,  rellenándoles los arcabuces de pólvora, proporcionándoles alimentos y bebidas para mantenerlos en sus puestos; cuando caían heridos o muertos tomaban sus armas, para no romper filas; se desplazaban entre fuegos cruzados prestándole auxilio a los heridos como enfermeras; recogían los muertos;  arengaban a sus compañeros para afrontar el furor de la batalla con dignidad donde debían vencer y jamás rendirse o ser vencidos. Porque el orgullo de esas féminas margariteñas al igual que las espartanas: “… no permitía que sus hombres volvieran a casa habiendo perdido su honor en la batalla.Alegóricamente asimilado a la mujer valerosa de Espartacuando despedían a sus seres queridos con la conocida frase: “espartanos, volved con vuestro escudo o sobre vuestro escudo.”[7]

Sin embargo, esas adalides margariteñas de especial característica ante esas circunstancias no perdieron la esencia de su femenina, continuaron distinguiéndose con el colorido de sus vestimentas, armonizadas con su cosmovisión insular, adornadas con la flor de su isla y engalanada con las “perlas” de sus riquezas marinas. Pero, manteniéndose feroces en la  defensa de su identidad, de su terruño y de sus afectos ancestrales. Por ello, cuando le correspondió traspasar la fronteras de su condición subalterna ante el hombre, lo igualó en un proceso histórico, como bien lo demostraron en la  Batalla de Matasiete, para derrotar al arrogante contendor español, el general Pablo Morillo y su poderoso ejército. Esencia de esa naturaleza distinguida por el historiador costumbrista y cronista, José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco) (1984) en su libro El General Francisco Esteban Gómez en la memoria del pueblo, reseñandoen el aparte: Francisco Esteban Gómez y Las Mujeres de Matasiete, así:  “Según versiones de los que han escrito acerca de la historia de Margarita, corroborada por los que han venido recibiendo a través de las generaciones la historia hablada, las mujeres tuvieron una participación destacadísima durante la lucha emancipadora, al extremo de que muchas de ellas por su arrojo y valentía merecieron el reconocimiento de heroínas conque pasaron a la posteridad.- El papel que generalmente desempeñaban las mujeres en el propio campo de batalla se limitaba por lo regular y con muy contadas excepciones, a recoger las armas de los caídos en las refriegas y llevárselas a los que más las necesitaban; cargar cartuchos y distribuirlos entre los combatientes; acopiar y repartir las raciones y hasta poner el bocado en los labios de los peleadores; atender a los heridos y hacerles las curas de emergencia; darle agua a los que tenían sed y algunas otras cosas de igual categoría, y no fue sino hasta el 31 de julio de 1817, día de la Batalla de Matasiete, cuando el Gral. Francisco Esteban Gómez, viendo que le clareaban las líneas por efecto de los caídos y no encontrando a la mano por los momentos hombres con quienes reponerlas, aceptó a las mujeres su propuesta de incorporación al frente, con los mismos derechos y privilegios que los hombres. De esta heroica resolución el Dr. Horacio Bianchi dice lo siguiente: «Pero nada desanima al ejército libertador y su Jefe no desmaya un momento, aunque sólo ve en derredor suyo un reguero de heridos y muertos. Hay que llenar las filas que han sido clareadas por la metralla enemiga y se han escaseado los hombres. Para ello se ofrecen las mujeres que toman las armas de los caídos y van resueltas a la contienda.” (…) De allí que se tenga que aceptar sin regateos el dicho popular de que las mujeres contribuyeron grandemente al triunfo de los margariteños en la memorable Batalla de Matasiete.”[8]

Y ese loable escritor margariteño, José Joaquín Salazar Franco, (Cheguaco) gran relator del acontecer y costumbres insulares, en su libro Rastrojeos de La Historia Margariteña, nos continúa recreando con su virtuosa pluma, cuando nos reseña a esa mujer insular como las transeúntes de abrasadores caminos y las adalides de un combate histórico. Expresado así: “Las rocas, los breñales, lo escarpado del terreno, los cocales y hasta las antiquísimas empalizadas son mudos testigos de esa acción portentosa que día a día nos están contando y por ende recordando la constancia y valor de las aguerridas huestes margariteñas que se inmolaron en ese sublime altar de la libertad que fue el cerro de «Matasiete», Montaña de la Gloria, por legarnos una Patria libre y soberana.”[9]

De igual manera, el célebre historiador Eduardo Blanco (1981) en su libro Venezuela Heroica le reconoce el valor de nuestras heroínas en su participación en la gloriosa Batalla de Matasiete, así: “Detrás de las columnas patriotas que se empeñan en tan recia jornada, muévense a prisa innumerables bandas de mujeres y hombres desarmados, lazando estrepitosos gritos, a la vez que arrebatándoles las armas a los que caen por tierra muertos o heridos, para a su turno acometer al enemigo con indecible encono e irreflexivo empuje. Tales eran las hijas de Margarita en aquella época de patriótico entusiasmo. (…) Las mujeres llevan a sus esposos, a sus padres o a sus hijos, que combaten en la primera línea, pan, municiones y refrescos, alentándolos siempre a no ceder el puesto a sus contrarios.”[10]

Por todo ello, no es menos importante, citar al conocido y contemporáneo historiador del periodo de nuestra Independencia, Francisco Javier Yanes (1948), quien en su obra Historia de Margarita, y Observaciones del general Francisco Esteban Gómez, anotando que la población de la isla de Margarita era de unas 13.000 almas y en cuanto a su organización militar narra su visión sobre la participación de nuestra  referidas insulares en la Batalla de Matasiete, así: “Si la antigua Esparta se creía invencible por el entusiasmo de sus mujeres, las cuales animaban a sus esposos e hijos para que peleasen con valor, recibiendo con alegría la noticia de su muerte cuando habían seguido sus consejos, Margarita, la Nueva Esparta puede gloriarse de que sus hijas han hecho esto mismo y tal vez algo más. En efecto, todas las margariteñas han concurrido personalmente a la guerra contribuyendo para su sostén con todas sus galas, adornos y preseas; se han ocupado en el servicio del ejército conduciendo los pertrechos, cargando en hamaca los heridos, curándolos en los hospitales con los medicamentos que ellas mismas proporcionaban, haciendo la comida y cargando el agua para la tropa y, lo que es más arrojando enormes piedras cuando el enemigo atacaban los puntos en que se hallaban, recibiendo siempre con una especie de alegría la nueva de sus maridos, padres, hijos y deudos quienes habían expirado en defensa de la patria.[11]

Gesta de mujeres, destacadas en el torbellino de  la “Guerra de Independencia” de España como: mártires, victimas, combatientes o colaboradoras y así también, lo expone la notable historiadora Inés Quintero (2003) en el libro Las Mujeres de Venezuela Historia Mínima en el contenido: “De la política contingente a la política militante”, así: “La nómina es numerosa. Están las que murieron en manos del opresor, las que se sacrificaron al igual que lo hicieron las mártires de la cristiandad y ofrendaron sus vidas antes que aceptar la usurpación española; las que fueron sometidas a prisión; las perseguidas, juzgadas y condenadas al último suplicio por su fervor patriótico; las que empuñaron las armas en defensa de la república las que ofrecieron su caudal para apoyar la causa de la Patria; las que armaron sus propios ejércitos; las que fueron humilladas y vejadas por los sátrapas de las tropas realistas; las que alimentaban a las tropas, las que la vestían, las que acompañaban a sus hombres para no quedarse desamparadas en sus hogares.”[12]

Por lo tanto, indagar en la temática emprendida es un reto donde se pretende reivindicar a nuestras heroínas margariteñas con un merecido reconocimiento por su invalorable aporte y entrega incondicional, durante la convulsionada etapa independentista del Imperio español. Participación femenina nuevamente exclamada en esa oportunidad por el citado historiador Francisco Javier Yanes en su Historia de Margarita y Observaciones del general Francisco Esteban Gómez (1948), así: “Las mujeres son tan patriotas y belicosas como los hombres, y además tienen otras virtudes superiores a éstos, virtudes que si estuvieran barnizadas con lo que por moda se llama civilización, presentarían un modelo de civismo que dejaría muy atrás lo que con razón o sin ella se cuenta de las amazonas, de las griegas y romanas. Ya se ha visto lo que han hecho en el incendio de la guerra, y es indispensable advertir al lector que en el tiempo de la paz se ocupan en la labranza y cría del ganado cabrío, en conducir por vía de especulación el pescado, la carne, las aves y los víveres de unos pueblos a otros; en coser, lavar y aplanchar, hilar y tejer en husos y telares, siendo muy dignas de aprecio las hamacas que hacen del algodón y colores que produce sin mayor cultivo la isla, y las medias de tres pelos que tejen de un musgo que se da en el valle de San Juan, cuyas manufacturas son muy apreciadas en la Costa Firme lo mismo que en las colonias extranjeras, y son tanto más dignas de admiración cuanto que se fabrican con instrumentos o máquinas muy imperfectas y groseras que le hace multiplicar infinitamente el tiempo y el trabajo personal. El auxilio y protección que el gobierno dispense a esta parte de la educación popular, y que imperiosamente reclama la isla Margarita, será una obra tan grata a los ojos de Mercurio, como han sido a los de Marte sus esfuerzos por la independencia y libertad.”[13]

Lo complejo de la temática, que abarcar el universo femenino de nuestra Región Insular es un interesante desafío, que nos exige continuar explorándolo con todas las implicaciones denunciadas, entre otras, por la carencia de reseñas confiables hacía esas vivencias, donde gran parte de esas individualidades se han reseñado de manera global, como una imagen sin rostro o invisibilizadas en nuestra loables memorias. Trasgresiones históricas, que ha repercutido negativamente en las crónicas de ese pasado glorioso. Silencio, omisiones o estrategias donde aún permanecen cautivas en ese ignominioso olvido o sólo una sobra de esos tiempos gloriosos.

Por esos efectos, continuando con la temática en futuras publicaciones, se resaltaran algunas vivencias de un grupo de mujeres significativas, que ocuparon espacios importantes durante las épocas abordadas, cuyos aportes pincelaron un gentilicio particular en esta Tierra de Gracia, donde convergieron los fundamentos ancestrales étnico-sociales e imaginarios de: La Guaiquerí, la Española y la esclava Africana, definiéndolas de manera resumida, así: La nativa Guaiquerí, distinguida por su espléndida belleza, aferrada a sus querencias, cuya gran nobleza estaba coronada con la sencillez de su naturaleza, que cuando se unió al hombre conquistador procreo una prole mestiza. El determinante carácter de la Española arribada a esta insularidad, salvando distancias y desafíos, se unió a su esposo castellano, donde impuso sus tradiciones y engendró hijos “criollos.”  Y la Africana integrada inicialmente a estos espacios como esclava, su indómita energía y con una taimada acción superó la adversidad de su señor de quien pario hijos mulatos. Mixtura étnica-social que en gran medida formó la personalidad de la mujer insular, la margariteña y sus características de identidad, integrada por una irisación de diversas tonalidad, integrada por la mayor gradación venida de España, con la añadidura tornasolada de la originaria nativa Guaiquerí y  la pincelada de un matiz de la arribada de África. Porque, en La Región Insular de La Costa de Las Perlas, LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR ….


[1] ESTADO NUEVA ESPARTA.  Integrado actualmente por las islas de Margarita, Cubagua y Coche, distinción  propuesta inicialmente en el Congreso de Cariaco por el canónigo José Cortés de Madariaga, celebrado entre los días 8-9.05.1817 en Cariaco, actual estado Sucre,  desconocido por el Libertador Simón Bolívar, Rafael Urdaneta, Antonio José de Sucre y un grupo de numeroso oficiales, por carecer de legalidad, quedando en consecuencia disuelto a finales de mayo de 1817. Distinción debidamente reconocida en la Constitución aprobada el 28. 03.1864 por la Asamblea Constituyente y promulgada el 13.04.1864, donde constituida la “República de Venezuela» se acordó su división en 20 estados y un Distrito Federal como su capital. Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar (1977) 2ª Edición.  Tomos I-IV, Caracas, Venezuela: Editorial EXLI-BRIS.

[2] MORALES FERRRER, Vicente (2023) Córdova, España: Las Mujeres en la Historia. Editorial Almuzara.1ª Edición. Pp. 214 y ss.

[3] TRAVIESO, Carmen Clemente (2022) Prólogo Josefina Ernst de Marín. Mujeres de la Independencia. Seis biografías de mujeres venezolanas. Caracas, Venezuela. Colección Bicentenaria de Carabobo. Comisión  Presidencial al  Bicentenaria de la Batalla y de la Victoria de Carabobo. Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Pp. 14 y 15.

[4] GARCÍA BALLESTEROS, Aurora (1985) ¿Espacio Masculino, Espacio Femenino? Notas para la Aproximación Geográfica al Estudio del Uso del Espacio en la Vida Cotidiana. Madrid, España: Ediciones de la Universidad Autónoma de Madrid Instituto Universitario de Estudios de la Mujer. P. 17.

[5] BLANCO, Eduardo, (1883) Venezuela Heroica. Cuadros Históricos. Aparte: Matasiete 31 de julio de 1817 XI.  Aumentada y Corregida 2ª Edición. Caracas: Imprenta Bolívar. Pp. 375 y 376.

[6] TRAVIESO, Carmen Clemente (1964) Prólogo Josefina Ernst de Marín, Mujeres de la Independencia. Seis biografías de mujeres venezolanas. México: Talleres Gráficos de México. P. 11.

[7] Ibid. MORALES FERRRER, Vicente (2023). Las Mujeres en la Historia.

[8] SALAZAR FRANCO, José Joaquín -Cheguaco- (1984) El General Francisco Esteban Gómez en la memoria del pueblo en el aparte Francisco Esteban Gómez y Las Mujeres de Matasiete. Tacarigua de Margarita. Colección Bicentenaria Francisco Esteban Gómez. Tacarigua de Margarita, estado Nueva Esparta: Editorial Fundación -Cheguaco-. P. 20.

[9] SALAZAR FRANCO, José Joaquín. -Cheguaco- (1980) Rastrojeos de la Historia Margariteña. Santa Ana, isla de Margarita, estado Nueva Esparta: Editores SENECA, Alcaldía del Municipio Gómez.

[10] Ibid. BLANCO, Eduardo (1981) Venezuela Heroica  P. 384 y ss.

[11] YANES, Francisco Javier (1948) Historia de Margarita y Observaciones del general Francisco Esteban Gómez. Caracas: Editor: Ministerio de Educación Nacional, Dirección de Cultura, Republica de Venezuela. Pp. 149 y 150.

[12] QUINTERO, Inés (2003) Las Mujeres de Venezuela Historia Mínima. Caracas: Fondo Editorial de la Fundación de los Trabajadores Petroleros y Petroquímicos de Venezuela FUTRAPET. P 16.

[13] Ibid. YANES, Francisco Javier (1948) Historia de Margarita y Observaciones del general Francisco Esteban Gómez Pp. 191 y 192.

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