Manuel Avila
Las construcciones del habla margariteña no se parecen a ninguna construcción lingüística realizada en distintos espacios geográficos del país. Son creaciones autóctonas que construidas por nuestros hablantes como particularidades lexicales que son parte de las creaciones lingüísticas particulares de las cuales se apodera el resto de los hablantes y las hace ley. Algunas de estas palabras o construcciones lingüísticas llevan una carga semántica sexual en sus marcha para dar un clima humorístico a la expresión entre ellas: qué sacaso, qué boliacas, qué regaderga, qué culito, qué te parece cholito y tantas otras construcciones lexicales que hacen el lenguaje creativo.
En relación con el “qué sacaso” que lo escuche en Los Robles a Alejandrito Avila, un agricultor pilarense a quién bautizaron con el nombre de “Què sacaso” porque él usaba esa construcción para responder a cualquier inquietud que le planteaban sus interlocutores.
Qué sacaso alude a una frase despectiva que significa sorpresa o burla ante la posición de uno de los hablantes. Es una forma de justificar algo que es evidente o como elemento burlón a cualquier posición incorrecta ante la vida. Por eso Alejandrito Avila se convirtió en un individuo complejo para sus interlocutores porque siempre respondía con ironía a distintas posiciones personales ante una posible respuesta incoherente.
Ante una frase de admiración el “qué sacaso” cabe perfectamente como un elemento lexical comodín que alude a sorpresa y desparpajo ante una propuesta oracional alejada de la realidad. Es posible que otras personas le den interpretaciones distintas de acuerdo a la ubicación en la cadena hablada. La limitación lingüística viene mal caso cuando los hablantes usan “qué sacaso de verga” o “qué sacaso de bolas” para incomodar, desconocer o desprestigiar a un hablante. Pero esa construcción lexical formada por un que relativo y por sacaso un significante sin precisión que termina siendo una fusión de sa con caso y que en el fondo es solo una palabra inventada para dar al lenguaje la creatividad y la arbitrariedad que realmente tiene el lenguaje.
“Qué sacaso” también significa que algo es evidente y conocido y que no necesita mucha explicación para justificar algo que ya es conocido, pues el hablante trata de intimidar en son de burla hablantes que no tienen consistencia a la hora de expresarse.
El lenguaje es rico en expresiones que el hombre las inventa, las crea para entenderse en un grupo social donde se mueve cada día y que los que están en su entorno con frecuencia logran entenderlo a la perfección. Eso no ocurre cuando el hablante usa esos términos para hacerse entender en una comunidad distinta a la suya y que termina dejando en el aire la comprensión del mensaje.
Cuándo escucha a Alejandrito Avila con su “qué sacaso” como muletilla la gente entendía que el campesino pretendía burlarse de sus interlocutores con una construcción lingüística extraña que nada aporta en la creatividad del lenguaje. Esa construcción lexical dejó en el camino cualquier posibilidad de entendimiento entre los hablantes porque al irrumpir en la cadena hablada solo deja un ambiente desolador a la hora de la interpretación del mensaje.
En el caso de Qué regaderga” usado por Ascensión “Chon” Suárez a la única persona que le escuché esa construcción lingüística quiero expresar que la palabra “regaderga” es significante sin significado usado por el hablante como comodín” a propósito para enredar la comprensión del lenguaje. No hay otra explicación técnica a la hora de evaluar la frase porque es solo la arbitrariedad del lenguaje y lo único que pretende el hablante es ir en contra de la naturaleza del lenguaje que debe buscar en el fondo solo la comunicación efectiva en una sociedad.
En el caso de “Qué boliacas” o “qué bolas tiene Bolaños” es una deformación del sustantivo bolas que al convertirlo en “boliacas” le suaviza el significado para evadir el vocablo soez y al referirse a Bolaños es una especie de repetición rimada que tiene coincidencia entre los sustantivos, pero que usa la repetición como un elemento para mostrar un elemento despectivo y solo eso.
La creatividad del lenguaje y su arbitrariedad en uso libre de las palabras lejos de beneficiar la comprensión del mensaje tiende a presentar diversas interpretaciones que le dan libertad al hablante para entender los mensajes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *