Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

TOMASA FELICIANA VICUÑA

          Imagen Alegórica de la combatiente  patriota.

   Disponible: https://juanmartorano.wordpress.com.

La presente temática está dirigida a exaltar el protagonismo de las “Mujeres Margariteñas en la Gesta Independentista de España, iniciamos ese ciclo de heroínas con una singular mujer Tomasa Feliciana Vicuña  originaria de Tacarigua de la pasada  Provincia de Margarita, cuya fecha de nacimiento y de su muerte se desconocen. Hija de Florentina Vicuña, nativa de esa misma localidad. Tomasa se desposo con el reconocido héroe el teniente José Victorino Guzmán Marcano, ingresado al Ejército Patriota en 1815, ascendido por el Libertador en 1816 y reconocido en ese grado por el Gobierno Nacional en 1836. Matrimonio realizado en la Parroquia de Santa Ana del Norte en el año 1803, según Libro 4 de Matrimonios, Folios entre 10 y 25. El historiador académico, Domingo Carrasquero, (2020) en su libro Historia Breve de Los Apellidos de Mi Pueblo en el aparte:  Los Guzmán de Tacarigua, Estado Nueva Esparta, se refiere sobre la descendencia de esa pareja y posteriormente la proyecta, así: “Tal como afirmamos anteriormente, el primer indicio que hemos logrado localizar en Tacarigua, de la familia Guzmán, es el de Venancio Guzmán, padre del Héroe de la Independencia Teniente José Victorino Guzmán; Venancio, de quien presumimos debe haber nacido entre los años 1745 al 1749 en Carúpano, se casó con Paula Marcano, posiblemente entre los años 1774 y 1775 y, de cuya unión, hemos comprobado la descendencia de dos hijos llamados José (José Victorino y José Celedonio) y los otros dos con el nombre de Juan (Juan Ambrosio y Juan Concepción); la madre de Tomasa Feliciana Vicuña fue Florentina Vicuña, natural de Tacarigua y la descendencia de cada uno de los hijos mencionados, se narra a continuación:”[1]

             Árbol genealógico de Tomasa Feliciana Vicuña  y José Victorino Guzmán Marcano.

[2]

De Tomasa Feliciana Vicuña, se afirma que acompañaba usualmente  a su esposo, el patriota José Victorino Guzmán Marcano, en las acciones independentistas acaecidas en la Provincia de Margarita durante ese periodo, colaborando en los lugares y en las circunstancias requeridas, bien como enfermera, proveedora de alimentos o combatiendo en primera fila en contra del enemigo invasor y, cuando el escenario lo exigía recargando arcabuces, arengando a sus compañeros, con su inmortalizado grito: «Ni uno más pa’bajo cará[3]  Ella se distinguía por llevar siempre un “mapire” a sus espaldas -cesto de palma- contenido con  alimentos, agua,  municiones y en especial los famosos bálsamos caseros elaborados por las  mujeres tacarígüeras con las cuales, sanaban heridas y/o atenuaban dolores. Mujer caracterizada por su coraje, dispuesta a inmolarse para lograr la libertad de su terruño del usurpador español.

Por ello, Tomasa Feliciana Vicuña fue reconocida como una guerrera singular, destacándose por su heroísmo en la famosa la Batalla de Matasiete. Así lo reseña José Joaquín Salazar Franco, (Cheguaco) (1980) en su libro Rastrojeo de La Historia Margariteña en el aparte Las Tacarigüeras en la Batalla de Matasiete, cuando la destaca, así: “Entre estas mujeres tacarigüeras, cuenta la tradición oral, del arrojo de Tomasa Feliciana Vicuña, esposa del valiente Oficial José Victorino Guzmán, de quien se dice, que lo acompañaba en cada una de sus escaramuzas y le daba ánimo cual más, de modo que el pundonoroso patriota aumentara sus bríos hasta inmortalizar su grito de guerra de «ni uno más pa ‘bajo carajo», en el Portachuelo del Norte, e igualmente, se cuenta de esta noble mujer, que cuando el Libertador Simón Bolívar pasó por el pueblo de Tacarigua, en su primera incursión por Margarita, montada sobre una mesa, en plena calle, le improvisó un pequeño pero sentido discurso, lleno de encendido amor patriótico, que conmovieron las fibras del semi-dios de América, hasta el punto de sacar de sus alforjas una «moneda de oro» y ponerla en sus manos, que ésta en el mismo instante, en demostración de desprendimiento, donó a los «fondos de la ración de tropas» del ejército libertador. Honor y honra a estas nobles mujeres.”[4]

El escritor Jesús Manuel Subero (1922) en su libro titulado Matasiete Montaña de Gloria, exalta de manera general el heroísmo de  las féminas margariteñas en esa icónica batalla acaecida el 31 de julio de 1817en el cerro Matasiete, ubicado a las espaldas de la Ciudad de La Asunción, comparándolas con las aguerridas mujeres amazonas de la mitología clásica griega. Por lo tanto, definió a esas insulares como: “Mujeres Amazonas de estos días/ Cargando los heridos en hamacas,/ Aquí y allí llevando las veías, / Alimentando a la persona flaca;/ Y en esta confusión gritar olas:/ Si el enemigo vence y nos ataca,/Tomaremos fusil, espada y lanza/ De vencer  o morir con la esperanza.”[5]

Las actividades de las mujeres de esta Región Insular de La Costa de Las Perlas en la gesta independentista del colonialismo español, son resaltadas mancomunada, también, por el reconocido escritor Rosauro Rosa Acosta (1966) en su obra Heroínas Margariteñas, así: “De incalculable valor fue la participación de la mujer margariteña en la lucha por la Independencia de su isla y de Venezuela entera. (…) Contribuyeron con dinero, joyas, trabajo, para la dotación de uniformes, para la compra de víveres y de armamentos, bordaron y tremolaron banderas, estuvieron al frente de los hospitales de sangre y enfermerías, fueron a los frentes de batallas y acompañaron por todos los caminos el desplazamiento de las tropas, espiaban al enemigo y llevaban mensajes y noticias a los cuarteles.” Y citando el  libro Historia de Margarita del  Dr. Francisco Javier Yanes,  reproduce la intervenciones de nuestra féminas insulares con ese mismo criterio: “Las mujeres son tan patriotas y belicosas como los hombres y además tienen otras virtudes superiores a estos. Que si estuvieran barnizadas con lo que por moda se llama civilización, presentarían un modelo de civismo que dejaría muy atrás lo que con razón o sin ella se cuenta de las amazonas, de las griegas y romanas…”[6]

En relación con la participación de la mujer margariteña en esa gesta emancipadora, el  novelista Eduardo Blanco en su publicación Venezuela Heroica, citado por el reconocido escritor margariteño José Joaquín Salazar Franco en su  edición La Tacarigua de Margarita, reproduce lo  siguiente: “Eduardo Blanco, en su «Venezuela Heroica», las representa en la fulgurosa Batalla de Matasiete, que marco el ocaso del coloniaje español en nuestra amada tierra, brazo a brazo con otras isleñas dando ánimo a sus hijos caídos en la feroz refriega, rasgando sus enaguas para aplicar un vendaje de emergencia a un luchador herido, reclamando un arma para el marido que ha logrado reincorporarse a raíz de su oportuno auxilio, llevando parque al hermano combatiente, o cargando alimentos en sus enormes y repletos «manires» (cesto de mimbre)[7] atados a la espalda sin muestras de cansancio ni temor reflejados en sus resueltos cuerpos, sino con la gallardía caracterizada en su rostros, para implorar a su inseparable Virgencita del Valle, el triunfo de los suyos, «costare lo que costare. (…) Además de, muchas otras muestras de desprendimiento y heroicidad, también se ha venido transmitiendo de generación en generación, como timbre de orgullo, el gesto patriótico de las «tacarígüeras», que en el aciago año del 1814, aportaron un número considerable de gallinas, para con otras obtenidas en diferentes partes de la Isla, reunir 500, que mandaron como colaboración para los heridos de las batallas de «La Victoria» y «San Mateo» (J. V. G.) ; igualmente la buena acogida que supieron dispensarle a los emigrados del centro de la República, en la desastrosa retirada de ese infausto año;» [8]

Es de hacer notar que esa icónica Batalla de Matasiete librada a las faldas del cerro homónimo el 31 de julio de 1817, bajo el mando  del coronel Francisco Esteban Gómez  acompañado del Estado Mayor del componente militar patriota de la otrora Provincia de Margarita, conformado entre otros por los oficiales: Joaquín Maneiro, Juan Aldama, Policarpo de Mata, Rafael Picazo, Juan Esteban Figueroa, Juan Miguel de Lárez, Pablo Ruiz, haciendo alarde de un gran ingenio militar, concentraron en las faldas de la serranía circundante a la Ciudad de La Asunción a un mermado grupo, conformado por: integrantes de esa tropa, paisanos de todas las edades, sexo y condición social, que acudieron a ese llamado, equipados con sus rudimentarios implementos de labranza, cuchillos, machetes, arpones, lanzas y otros utensilios de ataque y  también por los diestros flecheros guaiqueríes, afirmándose que no llegaban a un total de 2.000 combatiente, quienes con un arrojo inusitado enfrentaron al General realista Pablo Morillo conocido como “El Pacificador” y a su entrenado ejército, calculado en unos 3.500 veteranos militares. Es decir la fuerza española superaba 3 a 1 al contingente margariteño. Por ese efecto, sustentando en ese poderío, el soberbio general Morillo de manera airada le exigió  al coronel Gómez la rendición de su devaluada milicia, bajo la amenaza de: “En esa isla desleal no quedarán, ni  cenizas, ni aún la memoria de los rebeldes, que despreciaron la piedad del Soberano y se empeñaron en su exterminio.”[9]  

A Pablo Morillo, nuestro héroe neoespartano, Francisco Esteban Gómez, le respondió con todo el estilo de su  ilustración, así: “Si Vuestra Excelencia fuere vencedor, se hará señor de los escombros, de las cenizas y de los lúgubres vestigios que quedarán de nuestra constancia y valor. Con ellos podrá satisfacer la tiránica ambición de su Soberano, pero jamás podrá dominar la Isla de Margarita, ni mucho menos decir que se le rindieron sus ilustres defensores.”[10]

Escenario, que le permitió a nuestro héroe independentista, el afamado coronel  Francisco Esteban Gómez, arengar a su contingente patriota, así: “MORIR O VENCER.” Milicianos republicano que en una  contienda asimétrica, se batieron como titanes del olimpo del Dios de La Guerra y bajo el amparo de la protección divina de su patrona, la Virgen del Valle, cuya pérdidas de coterráneos les influía mayores bríos, para atacar con mayor furia a ese enemigo usurpador. Feroz batalla donde esos margariteños se destacaron por su arrojo y valor, combatiendo sin distingo de condición étnica, social, militar, conformado por hombre y mujeres, que desde distintas posiciones combatieron al enemigo, en el cual se destacó la figura femenina de Tomasa Feliciana Vicuña, visión presentada en la Revista Virtual Venezolana de Ángel Golovko “Datea Venezuela” con el contexto siguiente: “El General Patriota Francisco Esteban Gómez salió desde La Asunción el 31 de julio de 1817, esperando la bajada de los realistas a las faldas del Cerro Matasiete  para enfrentar su ataque a pesar de la evidente desventaja numérica en la que sus fuerzas se encontraban, sin embargo, los soldados patriotas y varias mujeres como Tomasa Feliciana Vicuña lucharon cuerpo a cuerpo hasta que en la tarde, los realistas se retiraron hacia Porlamar gracias a que desde el Fortín la Libertad los patriotas le cerraron el paso.”[11]

 Batalla escenificada icónicamente en la titulada “Montaña de La Gloria” por el escritor margariteños Jesús Manuel Subero (1977) en su libro Matasiete: Montaña de La Gloria.  En ese sentido el no menos distinguido José Joaquín Salazar Franco, (1984) -Cheguaco-  en su obra El General Francisco Esteban Gómez en La Memoria del Pueblo en el aparte Francisco Esteban Gómez y Las Mujeres de Matasiete destaca la participación de nuestras adalides margariteñas, donde formó parte Tomasa Feliciana Vicuña, relatando lo siguiente: (…) las mujeres tuvieron una participación destacadísima durante la lucha emancipadora, al extremo de que muchas de ellas por su arrojo y valentía merecieron el reconocimiento de heroínas conque pasaron a la posteridad. El papel que generalmente desempeñaban las mujeres en el propio campo de batalla se limitaba por lo regular y con muy contadas excepciones, a recoger las armas de los caídos en las refriegas y llevárselas a los que mas las necesitaban; cargar cartuchos y distribuirlos entre los combatientes; acopiar y repartir las raciones y hasta poner el bocado en los labios de los peleadores; atender a los heridos y hacerles las curas de emergencia; darle agua a los que tenían sed y algunas otras cosas de igual categoría, y no fue sino hasta el 31 de julio de 1817, día de la Batalla de Matasiete, cuando el Gral. Francisco Esteban Gómez, viendo que le clareaban las líneas por efecto de los caídos y no encontrando a la mano por los momentos hombres con quienes reponerlas, aceptó a las mujeres su propuesta de incorporación al frente, con los mismos derechos y privilegios que los hombres. (…) De allí que se tenga que aceptar sin regateos el dicho popular de que las mujeres contribuyeron grandemente al triunfo de los margariteños en la memorable Batalla de Matasiete.”[12]

Enfrentamiento donde el Ejército Patriota tuvo un mermada baja de: 5 Oficiales muertos solamente; y,  heridos: 10 Oficiales, 60 Soldados de Infantería; 20 Soldados de Caballería. En contraposición con las inmensas pérdidas del Ejército Español que fueron 500 entre heridos, muertos y desaparecidos. La derrota del general Pablo Morillo resultó una vergonzosa deshonra para España, quien escribió sobre ese particular lo siguiente: “El combate de Matasiete fue sangriento y tenaz: los rebeldes se batieron desesperadamente… y estuvieron tan obstinados, que a pesar de las repetidas perdidas que sufrían en las cargas de su Caballería, volvían al ataque con tal furia, que muchas veces se les vió mezclados con las tropas ligeras.[13] Testimonio referido por el coronel Adolfo Ramírez Torres (1962) en su edición Batalla de Matasiete.

En la historia militar de Venezuela se afirma, que el contundente triunfo obtenido por el componente patriota de la Provincia de Margarita en la Batalla de Matasiete al mando de Francisco Esteban Gómez, encumbró a esos insulares en la misma cima de otras batallas gloriosas libradas en esos tiempos y en otros lugares de esa “Guerra de Independencia” donde ese componente de milicianos insulares integrado por oficiales, tropa, paisanos y los flecheros guaiqueríes,  contribuyeron notablemente a la reconquista de la República. Ese triunfo marcó pauta en esa etapa por darle paso a la construcción de un País soberano e independiente del dominio extranjero. El triunfo de Matasiete significó el retiro definitivo de esos extranjero de la Provincia de Margarita, que a partir de ese glorioso momento, ese usurpador a la postre, la abandono para siempre, convirtiéndose este territorio en ser el primero en declararse libre del colonialismo de España.

Por lo tanto, Tomasa Feliciana Vicuña nacida en el hermoso pueblo de Tacarigua conocido por la exquisites de sus fruto y vegetales y cuyos nativos aborígenes acompañaron al mestizo  Francisco Fajardo, en sus aventuras colonizadoras, ella igual que sus coterráneos descolló en la insularidad de Margarita durante esa convulsionada etapa, donde las féminas insulares desarrollaron diversas facetas en ese universo, bien desde su ámbito doméstico suministrando alimentos y recursos a los patriotas en combate o prisioneros o en la clandestinidad; indistintamente desempañándose como: espías o informante; algunas prestando sus hogares para reuniones políticas y conspirativas independentistas; sin distinción, financiaron con sus bienes la compra de armamentos y otros necesarios a tales fines; además fungieron como enfermeras, curanderas, parteras; algunas resultaron exiladas o emigradas y, en un inusitado grado, sufrieron prisión, torturas, humillaciones públicas y exilios.

En el caso de nuestra protagonista, Tomasa Feliciana, ella como otras isleñas, pelearon en diversos combates armados, influenciando con su valor a sus pares patriotas, en cuya avatares Tomasa se distinguía por su grito: «Ni uno más pa’bajo cará…”, llevando siempre a cuesta en su mapire los pertrechos requeridos en esos enfrentamientos, entre otros, alimento y agua, sin faltar sus famosas pócimas para curar heridas y dolencias.  Y es necesario acotar que sobre la vida de esta interesante mujer se dejan muchas incógnitas por despejar, lo cual requiere de mayores investigaciones sobre su destino, se conoce que enviudó el 23 de agosto de 1855 y fue pensionada por el Gobierno Nacional en 1856. Escasas referencias que deben ser ampliadas en las memorias históricas de esta Región Insular.

Tomasa Feliciana Vicuña no fue una mera espectadora de las convulsionada época vivida en la otrora Provincia de Margarita durante la etapa Independentista, no se limitó en ser  la hija, la esposa o la madre de … Ella por sí misma, fue una protagonista de esos sucesos, se desempeñó como una heroína en esos avatares históricos, no obstante está omitida en los registros oficiales de la historia de esta Región Insular, donde se han ocultado sus gallardas acciones, quedando omitida de ese rango regional y por ende del nacional. Omisiones observando por la mayoría de los referidos escritores cuando al ponderar la participación de la mujer insular en tales acciones, ella es incluida en esas memorias dentro de un conglomerado de innombradas féminas, mujeres sin rostro sin identidad, una sombra del hombre-patriota, del hombre-heroico.

Por lo tanto, Tomasa Feliciana Vicuña merece ser reconocida con un mayor nivel histórico con el merecido derecho de ser elevada al altar de la Patria como una loable mujer, distinguida como una adalid  de los tiempos memorables de la Región Insular de la Costa de Las Perlas, donde LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR….


[1] CARRASQUERO, Domingo (2020) Historia Breve de Los Apellidos de Mi Pueblo. GUZMÁN. Colección Valentín Malaver I Nº 7. Tacarigua de Margarita.  Patrocinado Fundación Cheguaco. P. 8. Disponible: https://cheguaco.org.

[2] Ibid.

[3] SALAZAR FRANCO, José Joaquín -Cheguaco- (1972)  La Tacarigua de Margarita. Tacarigua, isla de Margarita.  Impreso: La Asunción. Talleres de la Imprenta Oficial del Estado Nueva Esparta. P. 9. Disponible: https://cheguaco.org.

[4] SALAZAR FRANCO, José Joaquín. -Cheguaco-  (1980). Rastrojos de la Historia Margariteña en el Aparte Las Tacarigüeras en la Batalla de Matasiete.  Disponible: Ibid. https /www.cheguaco.org.

[5] SUBERO N., Jesús M. (1977). Matasiete Montaña de Gloria. Pampatar, isla de Margarita: Consolidada de Ferris, C.A. CONFERRI. P. 71.

[6] ROSA ACOSTA,  Rosauro (1966) Heroínas Margariteñas. Pampatar, isla de Margarita: Tipografía Litografía Chía. Texto digitalizado por para uso académico y educativo, sin fines de lucro por el  Licdo. Frank Omar Tabasca. Disponible: frank_otl@hotmail.com. Pp. 4, 5 y ss.

[7] MANIRE, variedad de mapire con dos asas para meter los brazos hasta los hombros y sostenerlo a la espalda.

[8] Ibid. SALAZAR FRANCO, José Joaquín -Cheguaco- (1972)  La Tacarigua de Margarita. P. 10.

[9] BLANCO, Eduardo, (1883) Venezuela Heroica. Cuadros Históricos. Aparte: Matasiete 31 de julio de 1817 XI.  Aumentada y Corregida 2ª Edición. Caracas: Imprenta Bolívar. P. 396

[10] SALAZAR FRANCO, José Joaquín (2000) -Cheguaco- La Asunción. Ciudad Procera”. La Batalla de Matasiete Editores: SENECA, Sistema Eléctrico del Estado Nueva Esparta C. A. Alcaldía de Arismendi, Estado Nueva Esparta. Impresión: Gráficas Internacional. P.68.

[11]Revista Virtual Venezolana de Ángel Golovko “Datea Venezuela” Ministerio del Poder Popular para la Educación. U.E. Centro Educativo Montalbán. Caracas, Venezuela. Disponible: https://issuu.com/naruto17.

[12] SALAZAR FRANCO, José Joaquín (1984) -Cheguaco- El General Francisco Esteban Gómez en La Memoria del Pueblo. Aparte Francisco Esteban Gómez y  Las Mujeres de Matasiete. Tacarigua de Margarita: Publicaciones del Centro Bolivariano del estado Nueva Esparta Colección Bicentenaria Francisco Esteban Gómez.  P. 20. Disponible: https://www.cheguaco.org.

[13] RAMÍREZ TORRES, Adolfo (1962) Batalla de Matasiete. La Asunción, estado Nueva Esparta: Texto digitalizado por para uso académico y educativo, sin fines de lucro por el  Licdo. Frank Omar Tabasca. Disponible: frank_otl@hotmail.com.

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