Manuel Avila

El homenaje que el Maestro Prieto hace en su obra Pueblo de La Mar es parte del amor que tuvo ese asuntino insigne por el Pueblo de La Mar. Es un sinfín de recuerdos que el escritor asuntino le dedicó a una Ciudad que con la llegada del Puerto Libre perdió el rumbo para terminar convertida en una tierra de soledades.
Prieto escribió “Un anillo de viento enlazado en las ramas/anillo azul entre dos claridades/rellenado de personas, de cazuelas/de tiestos en las calles pobladas de recuerdos/. Esa es la Porlamar de siempre barnizada de recuerdos fatuos que le corroen el alma a los mercaderes de los nuevos tiempos a quienes no les importa ni recuerdos, ni huellas ni nada.
“En la playa se escucha el vocerío/animadas las gentes miran llegar los barcos/un marullo de pueblo trae en la cresta/caluroso murmullo solidario/convivir es la forma apacible de vivir/en una tierra de amorosa entraña”. El ruido bullanguero del pueblo de alma noble ve llegar los barcos que fabrican el silencio a punta de navaja y formón. Es una tierra noble dibujada por Prieto Figueroa para mostrar al mundo los tejidos del silencio.
A los lejos la visión borrosa de los barcos fantasmas salpican de bullaranga al gentío que muele huellas y salpica los flecos de los hombres y mujeres de una tierra de entraña amorosa.

Esa Porlamar apacible se contaminó de comercios que llegaron a imponer su ley en un mundo cargado de compradores angustiados que llegaban al centro del Pueblo de la Mar con su cargamento de escombros y adornos traídos de otras latitudes para embellecer una bahía preñada de peces multicolores.
El Poeta Prieto Figueroa describe la invasión de los extranjeros al señalar “Numerosos paisanos compiten con los árabes/venidos tras el brillo de las perlas en el siglo pasado/es puja y regateo que baja a diez lo que marca veinte/siempre con la sonrisa entre los labios”.
Es que los pescadores de perlas que se vinieron con la vorágine de Cubagua volvieron a sonar la flauta para espantar a los nuestros que vieron en esos gritos y lenguaje complicado un grito inteligible de la humanidad para alertar a los insulares de la amenaza que se le venía encima. Ese fue el alerta del Maestro Prieto a los porlamarenses, pero muchos creyeron que un universal y de esa dimensión quería protagonismo a través de su poesía. Y ocurrió la tragedia cuando la Ciudad Marinera perdió su visión de cosmopolita tradicional para sustituir sus tiendas emblemáticas por luces de neón de todos los colores, por avisos luminosos que solo encandilaban a los nativos de la Margarita de ayer para convertirlos en prisioneros de viajeros desconocidos que se trajeron sus costumbres para sembrarlas en esa Porlamar que duele.

Prieto señala en uno de sus versos “Ahora en este tiempo de ahora/hicieron el Puerto Libre/y por mar o por aire”. Ese aviso flameante en su poesía incandescente no llegó a ninguna parte y apenas cuatro o cinco adelantados vieron lo que le venía la Margarita alocada que se llenó de drogas, prostitución, juegos y con mercachifles por todos lados que solo buscaban dinero fácil para llevárselo a otras latitudes.
Con esos paquetes comerciales se trajeron de tierras lejanas costumbres alejadas de lo nuestro y se impusieron costumbres ajenas a nuestra cultura hasta en la música, las comidas, la vestimenta y tantas formas de vida que no forman parte de nuestra esencia de vida.
Por eso Prieto escribió “Ingresaron nombres de la Bíblia/ pusieron precio a todo/casas, tierras, mujeres y paisajes/En el confuso ambiente, marihuana, aguardiente/ u una teoría de tratantes transeúntes”. Con esa lección de unos de sus hijos más preclaros cualquier pueblo hubiese reaccionado, pero no fue nuestros caso porque seguimos el ritmo de los sonidos engañosos y compramos espejitos de colores para matar nuestro desarrollo.
“Tiendas, tiendas con nombres de extranjeros/ venden hasta el resuello/mercancías de lejanos continentes / letreros anunciando la subasta,/ el amor es mercancía/ en mercados oscuros del desprecio/ los muchachos masturbando sus anhelos/ en ilusivos paraísos de la droga”. Ese canto a Porlamar le salió del alma al poeta asuntino para intentar salvar a su Margarita, pero fue en vano porque ilusos con cartera consiguieron una veta para hacer dinero fácil. Y concluyó su alerta señalando “El Faro sin farero, ni luces en la noche/ la Sirena varada en otra playa/sin temblor de palabras el saludo/ mudo el afecto y la expresión amiga/ no hay tiempo que perder/ pagas, te vas y nadie te despide”. Sentenció Prieto la muerte anunciada de una Ciudad de la Mar entregada al silencio, la desidia y el abandono.
Al final se cumplió la profecía de Prieto que se había adelantado con su poesía al escribir “A la Ciudad hermosa/ le nacieron verrugas de siglos desechados; los barrios marginales de los pobres/ arrinconan la miseria, el abandono”. Y después del Puerto Libre que nos quedó. Solo ruinas y barrios empobrecidos que aparecieron de la nada para convertir a Porlamar en un eslogan despectivo “Porlamar de mis amores” que fue una burla en ele tiempo a la Ciudad y su gente. Eso es lo que hay en medio de escombros y visiones deformadas de una realidad que está presente y no tiene formas para escapar de la prisión en que la dejaron encadenadas a la miseria los creadores de Dutty free shop”

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