Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

MARÍA LUISA CÁCERES DÍAZ DE ARISMENDI -I-

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Heroína, patriota venezolana, nacida en la ciudad de Caracas capital de la Provincia de Venezuela el 25 de septiembre de 1799, bautizada como María Luisa Cáceres Díaz, mayormente distinguida por su primer nombre “Luisa.” Hija del matrimonio formado por el distinguido, profesor de latín, gramática e historiador, don José Domingo Cáceres de origen canario y su esposa, doña  Carmen Díaz de Cáceres. Luisa, tuvo dos hermanos Félix y Manuel Cáceres Díaz. Su padre la enseñó a leer y a escribir, recibiendo una ilustrada instrucción, en cuyo respetable hogar de ambiente austero y de amorosos cuidados, le inculcaron los valiosos principios de normas morales, religiosas y sociales acorde todo con el sistema patriarcal de esa época. Desde muy temprana edad, resaltó por la hermosura de sus finas facciones, de estatura mediana, de porte y andar elegante, de trato gentil con refinados modales, de parlamento prudente y recatado.

Integrada a la elite social de la ciudad de Caracas, durante el mes de diciembre de 1813 en una fiesta de Navidad, celebrada en la residencia familiar del general José Félix Rivas, le fue presentado el coronel margariteño, Juan Bautista Arismendi, que en esa ocasión se desempeñaba como Gobernador Militar interino de Caracas, cuyo titular era el general Ribas, quedando prendado de la joven María Luisa, que por encontrarse viudo podía permitirse cortejarla, manifestándole sus honradas pretensiones a su padre, don José Domingo Cáceres, para poder visitarla de manera formal, quien por considerarla aun una niña de sólo catorce años de edad, no aceptó esa proposición pero tampoco la rechazó. A partir de ese momento en las oportunidades de coincidir socialmente María Luisa con Juan Bautista, ella trataba de evitar sus galanteos. Intimidada posiblemente ante ese reconocido personaje, cuya diferencia de edad superaba los veinte años. Pero él, prendado de amores con el tiempo en curso, esperaba obtener, la autorización paterna.

Durante el año de 1814 la familia Cáceres-Díaz le correspondió sufrir grandes tragedias, iniciada cuando don  Domingo Cáceres como  hombre de hábitos extraños a la guerra, su amigo, el comandante republicano Juan José Toro le solicitó  el 6 de marzo de ese año su compañía en la guarnición de Ocumare del Tuy y por ese motivo se vio obligado a acudir a su llamado, abandonando su casa, sus discípulos y sus estudiantes para ir en su ayuda. Oportunidad cuando el oficial español Francisco Rosete caracterizado por sus acciones crueles al mando de su tropa, conformada mayoritariamente por esclavos sublevados, asaltaron ese mismo día esa Guarnición, donde don Domingo por encontrarse de visita no quiso huir junto a Juan José Toro, estimando como hombre pacífico y bondadoso, que su vida sería respetada. Pero al salir a la Plaza, para informarse sobre esa situación sin alcanzar palabra, recibió la muerte de uno de esos agresores.  

La familia de Cáceres-Díaz al recibir la noticia de la muerte de su patriarca, don Domingo Cáceres quedo desbastada y Félix como hijo mayor, decidió a escondidas de su madre, incorporarse al componente patriota para vengar la muerte de su progenitor, uniéndose al mando del coronel, Juan Bautista Arismendi, Comandante de la Milicia caraqueña, que el día 14 de marzo de ese año de 1814, organizó una apurada expedición con unos 800 adolescentes y estudiantes, para auxiliar a los sitiados de la Guarnición de Ocumare del Tuy, en cuyo grupo se encontraba Félix Cáceres Díaz hermano mayor de María Luisa. Incursión fracasada donde fue apresado junto con otros jóvenes combatientes y a quienes Rosete el 16 de marzo de 1814 ordenó fusilar.  Por lo tanto, a escasos diez días del fin trágico del padre de esa familia, moría también el hijo mayor. En ese encuentro Arismendi salvo su vida milagrosamente, regresando a la isla de Margarita durante el mes de abril, tomando nuevamente sus responsabilidades de gobierno. Los reconocidos  escritores e historiadores, Rafael María Baralt Pérez y Ramón Díaz Martínez, (1915) en el Resumen de la Historia de Venezuela, a esos facinerosos los refiere así: “Rosete el primero violó el recinto sagrado, pues sus tropas, después de haber robado y saqueado el pueblo, derribaron a hachazos las puertas de la iglesia y regaron con la sangre de algunos ancianos el coro, la nave principal y el ara misma de los altares; luego sacándolos en las puntas de las lanzas, esparcieron por las calles y caminos sus cuerpos mutilados.«[1] Posteriormente, el 20 de marzo el general José Félix Ribas desbandó la pequeña guarnición dejada por Rosete en Ocumare y entrando al pueblo sólo encontró: “…ruinas y  el silencio del sepulcro: obra de trescientos cadáveres, la mayor parte de niños y mujeres, yacían insepultos por el pueblo y sus inmediaciones.”[2]

Pero ese año de 1814, no sólo fue adverso, para la familia Cáceres Diaz, también lo fue para la naciente República de Venezuela, en cuyo curso sucumbió la Segunda República -1813-1814-.[3] Iniciada con el gran éxito de la “Campaña Admirable” cuando el Libertador Simón Bolívar el 14 de mayo de 1813 en su avance hacia Venezuela desde Colombia, emancipó a la mayoría de las Provincias occidentales del País, como: Mérida, Barinas y Trujillo, entrando triunfalmente a Caracas  el 6 de agosto de 1813. Culminación asombrosa, que aunado una serie de combates y conquistas obtenidas en la “Campaña de Oriente” cuando en  enero de 1813 desde la isla de Trinidad el componente patriota liderado por Santiago Mariño, José Francisco Azcue, José Francisco Bermúdez y Manuel Piar y otros republicanos, después de suscribir el 11 de enero de 1813 el Acta de Chacachacare, desembarcaron de forma furtiva en la península de Paria, logrando el 3 de agosto de 1813 recuperar la ciudad de Cumana lo cual permitió la unificación del oriente del país bajo el mando patriótica. Pero esta nueva etapa alternada entre victorias y derrotas, comenzó a decaer por la pérdida sufrida en la batalla de La Puerta, el 15 de junio de 1814, permitiendo el avance del sanguinario José Tomas Boves hacia la ciudad de Caracas, para desbastarla, “ a saco y degüello,” aspiración detenida hasta el 9 de julio por el General José Félix Rivas en Valencia, que al final fue vencida.

                Imagen: pintura al óleo representando la “Emigración de Oriente”.

                Autor Tito Salas (1913)

                Ubicación: Casa Natal de Simón Bolívar y Palacios. Caracas, Venezuela.

Por ese efecto, el general Simón Bolívar ante la imposibilidad de defender la ciudad de Caracas el 7 de julio de 1814 ordenó su evacuación, saliendo esa caravana conformada mayoritariamente por esos citadinos y otras personas vecinas, tomando el camino de Petare se dirigieron a  los Valles de Barlovento con rumbo hacia Barcelona cuyo bastión patriota era el lugar más seguro para brindarle refugio a esos peregrinos, que huían de las lanzas del temido Boves. Éxodo conocido como la “Emigración a Oriente.”

Columna de aproximadamente de 20.000 personas, integrada, como se indicó, por una gran mayoría de capitalinos y aledaños de diversas edades, sexos, condiciones étnicas y sociales a los cuales, se le iban sumando otros peregrinos, que también trataban de escapar de las crueldades de los realistas, protegidos en la retaguardia por Bolívar y una mermada tropas de 1.200 soldados a la cual, posteriormente se les unió el general José Félix Rivas y su milicia, así como, otros sobrevivientes del enfrentamiento acaecido en Valencia durante el mes de julio de 1814 donde resultaron derrotados por Boves.

Emigración, desplazada  con personas a  pie, otras a caballo o en carretas cargando sus mermados haberes. Éxodo donde se encontraba la familia Cáceres-Díaz, reducida a la joven Luisa, acompañada de su madre, doña Carmen Díaz de Cáceres su hermano menor Manuel y tres tías y una joven esclava; así como, otras familias distinguidas de la ciudad de Caracas. Durante la primera jornada esos caminantes, pudiendo mantener una limpieza en el vestido y alimentarse con buenas provisiones y otros menos, afortunados comían de la ración de la tropa. En cuyo siguiente tránsito se fueron mermando esos recursos al extremo de sólo anhelar la sobrevivencia. Trágico peregrinaje desplazado por caminos tortuosos, selváticos y los arenales de la costa, atravesando ríos, sacando fuerzas para no perecer en el camino, cuyas vestimentas se desgarraba, convirtiéndose en una caravana de personas harapienta, descalzas y hambrientas, durmiendo a la intemperie en cada jornada, donde algunas perecían por el cansancio, enfermedades, ahogadas en los ríos o devoraras por las fieras de los bosques transitados, cuya numerosa emigración era auxiliada precariamente por los oficiales y la tropa.

La familia Cáceres-Diaz en ese avance, muriendo las tres tías y su  esclava, afrontado mayor  escases de alimentos y cuyo descanso nocturno no aminoraba la fatiga del trajín de las largas caminatas, cuyos cuerpos exhaustos se tendían sobre la dureza de la tierra, sin conciliar el sueño. Situación, donde ancianos, mujeres, hombres y niños extenuados ante la imposibilidad de avanzar, se tendían a la vera de los caminos, esperando  la muerte y cuyas familias los dejaban atrás con resignación. Escenas de horror  cuando en esos trayectos se observaban cadáveres insepulcros devorados por buitres y otras alimañas, en cuyos márgenes también se refugiaban personas enfermas sin asistencia médica; de niños aferrados a la madre inerte o muerta y en fin situaciones indescriptibles donde la realidad era un relato dantesco. Escenario repetido en todo ese trayecto, cuando como un gran privilegio en uno de los lugares donde pernoctaron, la familia Cáceres-Díaz fue asistida por un amigo de la familia, que pudo ubicarlas en una de las casas proporcionadas a los emigrados, facilitadas por personas piadosas con la capacidad de brindarles un alojamiento precario y una racionada porción de comida y agua. En ese trayecto  Luisa perdió sus zapatos teniendo que caminar  por esos pedregosos atajos sin calzado; también la familia Cáceres-Díaz  perdió la mula donde cargaban sus mermadas provisiones. Luisa con los pies sangrantes aminoraba su caminar y un desconocido con un inusitado gesto de bondad le curo sus heridas y, quitándose sus  cotizas se las calzó. En fin,  escenas de altruismo y, otras fatídicas eran repetidas en ese andar, donde la realidad superaba el relato.

Y cuando arribaron a la zona montañosa de Capaya, la estación de lluvia genero grandes barriales, varándose animales y personas, cuyas estrechas trochas y sus  escarpadas aumentaron el peligros de esos transeúntes. Bolívar, los oficiales y la tropa no escatimaban esfuerzos para ayudarlos haciendo mayor énfasis en asistir a mujeres, ancianos y niños. Adelantada esa etapa debieron pasar por los ardientes arenales de la laguna de Tacarigua y del Unare, trayecto donde las raciones de comida se redujeron notablemente. Pero el joven Diego Ibarra, edecán del Libertador les proporcionó a la familia Cáceres-Días un cartucho de carne, lo cual les permitió mitigar su hambre y recobrar algo de fuerza vital.

El notable escritor, Mariano de Briceño (1885) Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi, narra un escueto particular sobre las trágicas escenas sufrida por los peregrinos de “La Emigración a Oriente,” así: “Los que no morían de sed ó de cansancio, perecían por la fiebre intermitente, propia de los lugares insalubres del trayecto. Nacían niños bajo las bóvedas del cielo, que pasaban inmediatamente á mejor vida. Una madre ya cadáver, fué hallada con su hijo, vivo todavía, que solicitaba en vano el alimento de su seno helado. Algunas de estas criaturas fueron recogidas por los Curas de los pueblos del tránsito. Se conserva la memoria de dos que el de Petare salvó de la muerte por haberlos tomado del camino, en donde los zamuros habían maltratado los ojos á uno de ellos.- La última faz de horrores y miserias que presentó la emigración jamás podrá la pluma representarla exactamente.”[4]

A los veintitrés días de la partida de Caracas de esa multitud lograron arribar a Barcelona el 29 de julio de 1814, donde pensaron haber superado esas desventuras. María Luisa su madre Carmen y hermano Manuel de once años  fueron albergados en un lugar, que les permitió restablecerse de la fatiga de tan penoso calvario, padeciendo Luisa de alta fiebre, que logró superarla sin asistencia médica, ni medicinas. Pero, como consecuencia de la derrota sufrida por los patriotas el 17 de agosto de 1814 en la batalla de Aragua de Barcelona, debieron abandonar esa Ciudad y continuar su trayecto pasando por Rio Chico y siguiendo hacia Cumaná, en ese recorrido María Luisa con los pies hinchados, sólo lograba arrastrarse, su madre consciente del peligro de rezagarse de la comitiva, que avanzaba hacia la vía de El Pozuelo, con la asistencia de su hijo Manuel, lograron alzarla penosamente, ellos la reanimaban con palabras amorosas  resaltando su valentía por haber logrado sobrevivir las penurias transitadas y cuyo fin estaba próximo. María Luisa con su llanto trataba de apagar esas voces, escena que  llamó la atención de Simón Bolívar, cuyas lagrimas cubrían el bello rostro de esa niña sostenida por una maternal señora y  un joven, cuyos pies desformes por su hinchazón le impedían caminar, conmovido la alzo colocándola  en el anca de su cabalgadura y tranquilizando a su identificada madre le manifestó su intención de auxiliarla. Por cuanto su condición de militar heroico nunca le hizo perder su gran sentido humanístico y dejar de reconocer la sutileza de la belleza femenina. Mariano de Briceño, (1885) en su libro Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi, narra ese hecho así:  “Al salir de este lugar la caravana, fue que Bolívar fijó su atención en una niña á quien el sufrimiento arrancaba acerbo llanto. Sus delicados pies desnudos é hinchados daban razón de su fatiga. El Libertador, movido á compasión, la colocó con cuidado en el anca de su cabalgadura. Una buena porción del camino anduvo así, hasta que llamó á un robusto moreno, jinete de su guardia.- “Páez le dijo tomo usted esta niña en su caballo. Con la vida me responderá usted del encargo: se me ha de entregar á mí en persona.- Así quedaron separada madre e hija.”[5]

La escritora Carmen  Clemente de Travieso (2022) en su libro Luisa Cáceres de Arismendi. Teresa Carreño. Ensayos biográficos, presenta esa remembranza así: “Al salir nuevamente la caravana, Bolívar fija su atención en la niña que llora porque no puede caminar ni sostenerse en pie y, movido a compasión, la coloca en el anca de su cabalgadura. Recorre así gran parte del camino y luego la entrega a Páez, encareciéndole mucho su cuidado. Así se separan la madre y la hija. Páez la coloca en el anca de su bestia y de este modo la lleva a Santa Fe, caserío cercano a Cumaná. (En sus últimos años, la esposa de Arismendi recordaba este incidente, encomiando la lealtad, el respeto y los cuidados que le prodigara el jinete de Bolívar. Páez atendía a todo: a su alimento, al agua, al descanso de la niña sometida a su cuidado. Estas atenciones la atrasaron, y Luisa se aterraba al verse sola, con aquel tosco y comedido oficial, transitando por los bosques solitarios).”[6]

Simón Bolívar no tenía idea que, esa delicada y hermosa niña de nombre María Luisa, desvalida  en medio de esa multitud humana, donde se  habían  suscitados las más terribles desgracias, ella había logrado conmover sus más sensibles sentimientos de piedad para evitar su inminente muerte. Y, precisamente, desconocer que era el amor del insigne militar, Juan Bautista Arismendi quien en los meses siguientes la desposaría. Porque precisamente Juan Bautista era uno de sus más preciados compañeros de armas con quien siempre había compartido ideales desde los mismos inicios de la “Guerra de Independencia” y además, de ser uno de sus más leales amigos, cuya fidelidad y nobleza en tiempos de ambiciones, traiciones, triunfos y derrotas, lo acompaño con gran constancia, reconociéndolo siempre como la máxima autoridad política y militar de nuestra Nación, el Jefe Supremo. Por esa razón,  Bolívar distinguía a Arismendi como un ilustre caudillos y al pueblo margariteño con grandes elogios por su inusitado heroísmo. Y, menos aún podía prever el Libertador, que esa delicada infanta a la postre se convertiría en una adolescente de singular fortaleza y personalidad, cuya entereza le permitiría afrontar las adversidades del despotismo español, elevándose como una heroína sobre esas adversidades y convertirse en una mártir compartiendo sus mismos desvelos.

Restablecida María Luisa, se reencontró con su madre doña Carmen y con su hermano Manuel en Cumaná, donde habían arribado el 25 de agosto de 1814 con el grueso de los emigrados de Caracas y los demás, que se habían integrado durante ese dificultoso caminar. Pero ante la avanzaba de un contingente enemigo, que no podía ser repelido por el ejército patriota, debieron abandonarla con prisa y dirigirse unos a la Carúpano y otros a Maturín.

Ese mismo día, 25 de agosto en hora de la noche llegó Bolívar a Cumaná, reuniéndose con Santiago  Mariño y José Félix Rivas, que cuando fueron avisados el siguiente 26 de la partida de la escuadrilla de buques al mando de bucanero Giovanni Bianchi, que sin autorización había alzado velas, llevándose las armas, 24 cajones de plata labrada y las alhajas, sacadas por Bolívar de la Iglesias caraqueñas para evitar ser apropiadas por los realistas, cuyo tesoro había sido custodiado por Santiago Mariño y embarcarlo en La Guaira a bordo de la flota de ese marinero y arribado a Cumaná sin problemas. El Libertador confiándole el control de esa localidad a los generales Rivas y Piar,  embarco junto el Mariño tras la búsqueda del filibustero italiano, logrando alcanzarlo frente a las costa de Margarita y cuando pretendieron desembarcar en esa Isla para concluir ese asunto, Piar los atacó con los cañones del Castillo San Carlos de Borromeo ubicado en Pampatar. Obligando a Bolívar y Mariño a negociar con Bianchi de buque a buque, quedando convenido con Bianchi poner las armas á disposición del gobierno de Margarita, entregar parte de la flotilla y devolver los dos tercios de los caudales apropiados, tomando el resto de esos haberes como el pago por los servicios prestados.

Regresando Bolívar y Mariño a Carúpano el 3 de septiembre y recibidos por José Félix Ribas aliado con Manuel Piar, que desvirtuando la realidad sobre esa ausencia, obtuvieron el apoyo de otros caudillos militares de esa Provincia, emitiéndose un decreto de proscripción donde los acusaban falsamente de haber desertado del ejército. Por ello, fueron arrestados bajo el cargo de traición a la República y despojados de sus autoridades castrenses. Falsas acusaciones instigadas por Rivas y Piar que ambicionando tomar el control de la “Guerra de Independencia”, lograron su objetivo, quedando José Félix Ribas designado como el Jefe Supremo de Occidente y Manuel Piar como Jefe Supremo de Oriente. Sin embargo, Giovanni Bianchi en un gesto de nobleza hacia su amigo Santiago Mariño le propuso a José Félix Rivas cumplir con lo pactado con Bolívar y Mariño en alta mar a cambio de ser liberados. Rivas enterado que Piar venía desde Margarita con 200 hombres para fusilarlos, consideró pertinente enviarlos al exilio, con el beneficio de  haber recuperado un lote de armas y parte del botín conseguido por Bolívar, así como, frustrar su muerte con quien estaba emparentado como su tío  político por estar casado con su tía, doña María Josefa Palacios, hermana de su madre.  Bolívar antes de partir a ese exilio, se despidió de Venezuela, publicando un “manifiesto” datado en Carúpano 7 de setiembre de 1814 y suscrito como Libertador de Venezuela y General en Jefe de sus ejércitos, dirigido a sus ciudadanos, dando cuenta de sus operaciones, donde sin mencionar la insubordinación de sus referidos subalternos, artífices de esa calumnia: “… no se quejó,(que la queja trae descredito) alejándose de aquel torbellinos de ambiciones y de infeliz malevolencia, ofreció á sus compatriotas volver á liberarlos, jurándoles que el augusto título de Libertador que le habían dado, no sería en vano. -Libertador ó muerto, les decía, mereceré siempre el honor que me habéis hecho…”[7] En consecuencia,  el día 8 de septiembre de 1814 Bolívar y Mariño fueron embarcados en la nave “El Arrogante” con rumbo hacia Cartagena de Indias. Bianchi antes de partir de Cartagena le entrego a Santiago Mariño 36 quintales de la plata labrada y alhajas de oro y algo de dinero, como un aporte a la libertad de Venezuela. En el devenir de los tiempos siguientes esos caudillos traidores y ambiciosos sólo sufrieron derrotas, quedando sepultada la Republica. Además de lo transcrito otras notas fueron tomadas del libro Correspondencia General del Libertador Simón Bolívar del afamado político y escritor venezolano Felipe Larrazábal (1865)[8]

Y concentrándonos en la marea humana que había partido de Caracas el 7 de julio de 1814 y arribado a Carúpano, entre los días 24 y 25 de agosto, de donde tomaron  distintos rumbos, unos partieron para Maturín, otros se embarcaron hacia la isla de Margarita  y los más comprometidos políticamente con la causa patriota viajaron hacia las neutrales islas Antillas del mar Caribe. Pero todos en común tenían la esperanza de conseguir un mejor destino. La familia Cáceres-Díaz quedo varada en La Esmeralda, ubicada a 26 kilómetros aproximado de Carúpano, donde predominaba la angustia por la escasez de alimentos y las precarias condiciones de alojamiento. Logrando en el mes de septiembre embarcar al joven Manuel con rumbo a la isla de Margarita, para solicitar la ayuda de Juan Bautista Arismendi, que tenía a su cargo la responsabilidad de organizar la defensa de la Isla, que esperaba ser atacada por España. Enterado Arismendi de las presencias de María Luisa y su madre, Carmen, de manera inmediata las mandó a buscar, quienes arribaron al puerto de Pampatar en octubre de ese año de 1814, siendo alojadas en su casa, ubicada en la Ciudad de La Asunción, donde fueron atendidas de manera esmerada, acorde con la cordial amistad iniciada con esa familia en la Navidad de 1813 cuando se conocieron en la ciudad de Caracas en la casa del General José Félix Rivas, en cuyo encuentro quedo prendado en amores de la hermosa y gentil María Luisa.

En medio de un convulsionada situación política rodeada de grandes temores, María Luisa  cumplió quince años aceptando contraer matrimonio con el coronel patriota Juan Bautista Arismendi, veinticuatro años mayor que ella, viudo desde hacía dos años de doña María del Rosario Irala y padre de tres hijos habidos en ese matrimonio, ceremonia antecedida con las cortesías propia de las “Familias Principales” Cáceres Díaz y Arismendi Subero. María Luisa y Juan Bautista  se casaron el  4 de diciembre de 1814, cuyo enlace matrimonial quedó asentado en la Parroquia de la Villa del Norte de Santa Ana de la Provincia de Margarita, en el Libro de Casamiento de Blancos del año de 1815 al Folio Nº 85. La nueva familia de recién casados Arismendi-Cáceres estableció su hogar en las afueras de la Ciudad de la Asunción y posteriormente se mudaron a la Parroquia de la Villa de Santa Ana del Norte, donde Juan Bautista poseía una hermosa vivienda, logrando disfrutar de una relativa tranquilidad.  Durante esa unión nacieron once hijos incluyendo la niña nacida muerta en el Fuerte Santa Rosa de La Eminencia conocido como Castillo de Santa Rosa, ubicado en la Ciudad de La Asunción. Cuya descendencia fueron 12 hijos, 3 varones y 9 hembras, quienes fueron:[9]

  • Juana Bautista Arismendi Cáceres 26.01.1816 nacida y muerta en el Castillo de Santa Rosa,  durante el cautiverio de su madre.
  • Carmen Arismendi Cáceres 1816-1853. Casada alrededor de 1845, isla de Margarita, estado Nueva Esparta, Venezuela, con Mariano Briceño Carmona.
  •  Aurora Arismendi Cáceres 1818-s/f.
  • Luisa Amalia Rufina Arismendi Cáceres 1820-s/f. Casada el 28 de mayo 1862 en Caracas con Mariano Briceño Carmona.
  • Miguel Arismendi Cáceres 1821-s/f. Soltero. Murió joven.
  • María del Rosario Arismendi Cáceres 1823-s/f conocida también como Rosario Arismendi esposa de Francisco Aranda Aponte.
  • Abelardo Arismendi Cáceres 1828-1902. Casado el 7 de enero 1854 en la Iglesia Parroquial de San Pablo, Caracas, con María Dolores de la Merced Smith Vera.
  • Dolores Arismendi Cáceres 1830-s/f. Casada el 7 de noviembre 1855, Caracas, con Cruz de LLamozas Básalo.
  • María Luisa Micaela Arismendi Cáceres 1832-s/f. Casada con Arístides Mora. 
  • Juan Bautista Arismendi Cáceres 1833- s/f. Casado alrededor de 1870 en la isla de Margarita, estado Nueva Esparta con Ana Teresa Plaza Caballero.
  • Ana Teresa Tomasa de Jesús Arismendi Cáceres 1834-1863. Casado con John Boulton Schimmel.
  • María Adela Silvestra Arismendi Cáceres 1838 s/f. Casada el 18 de septiembre 1871 en Caracas con Juan Nepomuceno de Las LLamozas Básalo.

Pero, en aquellos días de diciembre de 1814 las tempestuosas nubes de la guerra oscurecían el panorama de la Provincia de Margarita, cuyas circunstancias adversas le  habían puesto fin a la Segunda República -1813-1814-, pero a pesar de ello, en esa insularidad la espada patriota había logrado mantener izada la bandera tricolor de Venezuela. Futuro nada prometedor, por cuanto  Fernando  VII de  España  había logrado recuperar su monarquía el 11 de diciembre de 1814 mediante la firma del tratado en Valençay, firmado con el emperador Napoleón Bonaparte, poniendo fin a la controversia surgidas entre España y Francia. Y Fernando VII legitimado como Rey de España al desconocer la Constitución de Cádiz aprobada en 1812 retomaba el derecho de imponer su control absoluto en las colonias de América. Y a ese efecto, ordenó enviar una expedición a Venezuela con el objetivo de sofocar la rebelión emancipadora e imponer nuevamente su orden realista, designando al efecto como un mediador y pacificador a don Pablo Morillo con el título de mariscal de campo y Capitán General de todas las provincias de Venezuela.

Quedando prevenía la Provincia de Margarita para ser incursionada por esa fuerza militar española, como en efecto sucedió, el 7 de abril de 1815, cuando el mariscal Pablo Morillo desembarcó en las costas margariteñas y en cuya  narrativa próxima, se continuaran presentando esas memorias en la cual nuestra legendaria heroína, doña María Luisa Cáceres de Arismendi, tiene una gran connotación y por ende LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR …


[1] BARALT PÉREZ Rafael María y Ramón Díaz Martínez (2016) Resumen de la Historia de Venezuela. Caracas: Universidad Nacional Experimental. “Rafael María Baralt” Fondo Editorial UNERMB. Tomo II. 1783-1819. P. 286.

[2] Ibid.

[3] SEGUNDA REPÚBLICA. Período histórico de Venezuela comprendido entre 1813-1814.Iniciado con la liberación de Cumaná 03.08.1813- por las fuerzas del general Santiago  Mariño, conocida como la “Campaña de Oriente”; y con la acreditada “Campaña Admirable” comandada por Simón Bolívar, emancipando las provincias de Mérida, Barinas, Trujillo y Caracas. Concluyó con la derrota inicial de la Batalla de la Puerta el 15.06-1814 cuyo epilogo fue la Quinta Batalla de Maturín el 11.12.1814.  Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar (1977). 2ª Edición.  Tomos I-IV, Caracas, Venezuela: Editorial EXLIBRIS.

[4] BRICEÑO, Mariano de (1885) Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi. Segunda edición. Caracas: Imprenta El Monitor. Pp.40 y 50.

[5] Ibid. P. 51.

[6] TRAVIESO, Carmen  Clemente de (2022) Luisa Cáceres de Arismendi. Teresa Carreño. Ensayos biográficos. Primera Edición. Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana. P. 32.

[7] LARRAZÁBAL, Felipe (1865) Correspondencia General del Libertador Simón Bolívar New York, USA: Imprenta de Eduardo O. Jeneins. Tomo I. Capítulo XV. P, 332.

[8] Ibid.. Pp. 325 y ss.

[9] Disponible: https://gw.geneanet.org.

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