Por Mitzy Capriles de Ledezma.

Ya Carlos Andrés Pérez dejó de ser el estadista inédito en España. Mas de un centenar de personas reunidas en la sala de proyección de filmes que funciona en La Casa América en Madrid, concluyeron después de ver con atención la producción que lleva la firma de Siboney Films S.A, que dirige el cineasta venezolano Carlos Oteiza, que fue, sin la menor duda, un visionario. Esa sentencia fue la que prevaleció en los juicios que cada observador revelaba en medio de murmullos, exclamaciones cruzadas de sentimientos expresados en preguntas y reflexiones que conducían a identificar a CAP como ese líder político intuitivo, sagaz y definitivamente preclaro a la hora de advertir, premonitoriamente, todo el vendaval que traería consigo la aventura golpista mezclada con los brotes de antipolitica que cegaba a mucha gente que no repararon en tomar en cuenta esas predicciones del hombre que fue asediado como el “culpable ideal”, tal cual como lo definido en el transcurso de esa película, la analista Colett Capriles.

El pasado martes 30 de mayo fue exhibido ese histórico documental que antepone el título de “Conversaciones en la soledad” con quien fuera dos veces Primer Magistrado Nacional. Después de disfrutar de todos los segmentos que recogen escenas, testimonios y acontecimientos que ayudan a comprender toda esa etapa plagada de arrebatos, histerismos, emboscadas, traiciones, confabulaciones y esperanzas truncadas, queda en la mente de los espectadores la interrogante que nos sacude a muchos venezolanos ¿Cómo fue posible caer en ese abismo por los propios pasos de quienes no llegaron a tener en cuenta la naturaleza de esos populistas que se aprovecharon de los deseos de cambios y rectificaciones que reclamaban la mayoría de los ciudadanos venezolanos? Esa pregunta queda respondida en ese esfuerzo fílmico que nos presenta la personalidad de Carlos Andrés Pérez, un ser humano que en medio de esos avatares que lo acorralaban, “nunca mostraba perturbaciones, mantenía calma y serenidad en sus presentaciones públicas y no se descargaba contra nadie, incluidos sus más enconados adversarios políticos”. Esa fue una de las impresiones conque salió de esos encuentros el cineasta Carlos Oteiza.

La película nos presenta al ser humano con sus hábitos hogareños, al líder político tradicional reinventándose y actualizándose con el manejo de los recursos tecnológicos, al hombre que no se rinde ante las adversidades y más bien trata de abrirse caminos desde su tierra natal que lo elige Senador de la Republica. El líder carismático pero reflexivo que fue capaz de usar la tribuna de oradores del parlamento, mientras su sede era acosada por montoneras que emulaban, tal como lo precisó el analista Pedro Benítez, el bochornoso ataque monaguista de 1848. Y ciertamente CAP se anticipaba a lo que desde ese año de 1999 comenzaríamos a experimentar los venezolanos. Era como si en vez de un micrófono tuviera frente a sus ojos de vidente una bola de cristal que le permitía captar todo ese vendaval que ahora escarmientan en cabeza propia los que a diferencia de CAP, miraban hacia otro costado, o más bien, algo peor, se prestaron a la consumación de esas profecías.

Carlos Oteiza no es el cineasta de CAP, no tuvo con él filiación partidista ni habían tenido amistad personal. Oteiza es un investigador acucioso, un historiador que empalma cada uno de esos episodios que servirán para que las nuevas generaciones de venezolanos puedan tener una versión objetiva de todos esos años que deben servir de lección para concluir en qué se hizo mal y qué errores no deberíamos jamás volver a cometer los venezolanos! Bravo, una vez más a Carlos Oteiza, por darnos a conocer a cabalidad, esos personajes vitales de nuestra Historia Contemporánea.

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