Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

MARÍA LUISA CÁCERES DÍAZ DE ARISMENDI  -III-

                                                               Imagen: Luisa Cáceres, óleo sobre tela.

                                                Autor: Francisco Maduro Inciarte (1994)

                                                Disponible: https://www.venezuelatuya.com.

Y, continuando con el relato histórico sobre las memorias de nuestra protagonista, doña María Luisa Cáceres Díaz de Arismendi sobre el ensañamiento soportado por ser la esposa de nuestro héroe nacional, el general en jefe, Juan Bautista Arismendi Subero, ocasionado por sus infames enemigos, que la utilizaron como un medio de venganza, sometiéndola a atroces cautiverios, humillaciones y exilio. Entre otros: el brigadier Salvador de Moxó Cuadrado, Gobernador y Capitán General encargado de las Provincias de Venezuela, -1815-1817- remplazado por el  general de brigada Juan Bautista Pardo -1817-1819-  quien se había desempeñado desde 1815  como comandante general e intendente de la Provincia de Guayana y de las fuerzas de mar y tierra de las Provincias de Margarita, Cumaná y Barcelona; el teniente coronel Joaquín Urreiztieta, gobernador de la Provincia de Margarita, en sustitución del otro teniente coronel Antonio Herráiz; y, el teniente Antonio Cobián, comandante del Castillo Fuerte Santa Rosa de La Eminencia, donde ingresó  María Luisa el 17 de noviembre de ese mismo año de 1815.

En efecto, Juan Bautista Arismendi logró recuperar los espacios ocupados por los colonos españoles, apostados en la isla de Margarita, utilizando su experiencia como gran estratega y aguerrido militar, desató en contra de esos adversos una serie de ataques sistemáticos, que les fueron mermando su capacidad de respuesta. Movimiento emancipador que cada día conto con más partidarios, alcanzando agrupar una columna de más de 1.000 hombres y mujeres armados con lanzas, machetes, fusiles y otros utilizado ingeniosamente en esos enfrentamientos. Por ello, 17  de noviembre de 1815, obtuvo una victoria sobre la guarnición realistas de la villa de Santa Ana del Norte y de mayor connotación el  26 de enero de 1816 en El Mamey ubicado en las inmediaciones de La Asunción, cuyo reñido y prolongado combate, redujo al enemigo a confinarse en el Castillo Santa Rosa de esa Ciudad, cuyos morteros destruyeron sus almacenes y produjeron grandes bajas de muertos y heridos, entre estos últimos Urreiztieta, cuya gravedad lo sacó de combate.

En relación con lo anterior el brigada Juan Bautista Pardo le escribió al otro brigadier Salvador de Moxó, sobre lo susceptible de esa situación. El escritor, Mariano de Briceño (1885) en Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi, lo refiere así: “Los esfuerzos heróicos con que aquel pueblo defendía su independencia, sus hogares, los presenta con sublimidad el enemigo mismo que aspiraba á exterminarlo . «Prescindiendo , decía Pardo , de su fuerza armada, que es numerosa, y de su caballería , que pasa de doscientos hombres, tienen muchas trincheras y baterías en todos los caminos y lugares que dominan ; han puesto espías y puntos avanzados en todos los pasos y alturas, construido reductos y apurado de una manera no vista todos los medios de defensa que caben en la posibilidad, pues como saben han de morir, se defienden hasta con hondas y piedras de que á cada paso tienen hechos montoncitos, sobre el camino que conduce á delirio hasta formar almacenes de hondas y otros medios de que solo se había usado en tiempo de los moros. «[1]

Indetenible exaltación patriota que regó el territorio insular con la sangre de los vencidos realistas. Implacables ofensivas acaudilladas por Arismendi que obligó a Salvador Moxó a poner en conocimiento al almirante Pablo Morillo que se encontraba enfrascado en someter a la Nueva Granada. Correspondencia fechada  12 de enero de 1816, en la cual le indica: «La cosa de la isla es muy formal. Las líneas de los enemigos están marcadas en regla, y las baterías perfectamente construidas, lo que me hace creer que tienen un oficial facultativo. (…)  Si se deja perder la isla, se incendia el continente.”[2] Así, lo reseñó Mariano de Briceño. Por esos efectos Moxó, ante ese avance patriota decidió  trasladar a María Luisa, el  29 de enero de 1816, al castillo San Carlos de Borromeo ubicado en la bahía de Pampatar con el fin de embarcarla  rumbo al puerto de La Guaira y remitirla finalmente a España. Medida ejemplarizante en contra de su rebelde esposo, que estaba causando grandes estragos a la voluntad absoluta de la España de Felipe VII.

Por ese motivo, el comandante Cobián ideo nuevos vejámenes en contra de María Luisa como el suscitado cuando regresaba de lavar su ropa en el rio, le presentaron la deshonrosa propuesta de mejorar su reclusión a cambio de entregar su virtud de fiel esposa. Dicho escritor Mariano de Briceño, (1885) lo presenta, así: “Una vez, al volver Luisa al Castillo, de una de esas escursiones que tenían por objeto lavar su único vestido, encontró que debía ocupar, no su calabozo, sino la pieza del Coronel del regimiento que guarnecía la fortaleza. En este crítico momento se convirtió en reina del Castillo, la que era más que esclava de aquellos depravados militares.  Llamó al asistente mismo del Coronel , y con la superioridad que se arroga la virtud resuelta y denodada sobre entes degradados, se hizo conducir al lugar que se le había destinado, y allí dispuso que su triste lecho fuese restituido al calabozo que ocupaba. Nadie se atrevió á oponerle resistencia: su voluntad fué respetada y cumplida con presteza.[3]. Situación, superada con el aplomo de su inquebrantable temple, minimizando a ese personaje que no se atrevió a utilizar la fuerza.

Ante ese fracaso, ese vil personaje ideó simular su fusilamiento y al efecto, la  sacaron de su celda a empujones, conduciéndola hasta una explanada en cuyo lugar le hicieron conocer el sentido de ese caminar. Luisa sin resistencia ni pedir clemencia por su vida aceptó el final de sus tormentos. La notable escritora, Carmen  Clemente de Travieso (2022) en Luisa Cáceres de Arismendi. Teresa Carreño. Ensayos biográficos, lo narra así: “Luisa, con su personal entereza de ánimo, se presenta ante sus verdugos, quitándose antes sus zarcillos de oro, única prenda que le quedaba, y entregándolos como premio de gratitud al soldado que con tanta bondad la tratara durante su enfermedad. El soldado se niega a recibirlos y solo a instancias de ella los acepta.- De pie espera Luisa la orden de fuego, recostada de un árbol sobre el cual se apoya en un instante de debilidad, en que parece que las fuerzas, que hasta allí la han dirigido, la hubieran abandonado de repente.- Pasan los minutos, y la víctima, con los ojos abiertos, en actitud erguida, fría, indiferente, aguarda el instante que le arrebatará el último aliento… Su pensamiento está tan lejos de la escena que no se da cuenta de que han pasado varios minutos y ella todavía está de pie y viva… Los soldados, a unos pasos distantes de ella, la apuntan con sus fusiles. ¿Cuánto tiempo pasa? Luisa no lo sabe. Ella está en el dintel de la eternidad, con sus ojos desmesuradamente abiertos, sostenida por su admirable valor, impávida como la estatua del dolor.- El oficial, después que la contempla torturada, bajo el frío de la muerte, da la orden a la escolta para que la regresen nuevamente a la prisión.”[4]

Marí Luisa desconocía, el  origen del pertinaz ensañamiento ideado en su contra, el cual se correspondía a la retaliación de los adversarios de su marido, frustrados por las derrotas infringidas, que cada día le permitían recobraba exitosamente espacios usurpados. No obstante, ella como mujer “criolla” sustentada en sus principios morales y religioso, sabia elevarse sobre esas  bajezas, desafiándolos con el silencio de su desprecio, lo cual era apreciado por algunos subalternos de esa tropa. Y, ante esos triunfos republicanos, fue trasladada en los medianos días de marzo de 1816 al Castillo San Carlos de Borromeo, recibiendo los mismo maltrato de los pasados tres meses, fue alojada en una inhóspita mazmorra y alimentada con una ración de harina con aceite.  Dos días después fue escoltada por una comitiva al mando del cabo Rubio hasta el puerto de embarque de la bahía de Pampatar, cuando fue informada sobre su transferencia al Puerto de La Guaira en la goleta de guerra, “General Morillo” al mando del alférez de fragata Juan Gabazo. Nave atracada mar afuera, cuya distancia debía salvarse en bote. Por ello, se instruyó a unos marineros semi desnudos de realizar ese traslado, quienes tomándola a la fuerza, ofendieron su pudor, lo cual ella rechazó. Ante esa escena, el cabo Rubio pidió permiso para cumplir su misión y con el debido acatamiento la tomó en sus brazos, colocándola en dicho transporte, entregándole un fardo con ropas aseadas, incluyéndole otros artículos, lo cual descubriría posteriormente, cuando afrontó nuevos  infortunios. La actitud de ese joven era el reflejo de la admiración de la tropa por sus cualidades. Esa travesía, la soportó sentada en una silla ubicada en la cubierta del barco sin moverse, cuya tripulación le inspiraba gran temor y  ellos tampoco, le brindaron ningún tipo de consideración.

Al día siguiente arribó al Puerto de La Guaira, en cuyo muelle la esperaba una multitud, situación narrada por el citado Mariano de  Briceño (1885) como sigue:“… , ávido de ver á la esposa de Arismendi, cuyo cautiverio ocupaba ya la atención pública.  Condújola la escolta á presencia del Comandante de la plaza, el Teniente Coronel don Remigio María Bobadilla, alojado en la antigua Factoría, que hoy es casa de aduana. (…)  Qué provecho podía reportar de tal presentación el servicio público del Rey.  La prisión de la joven no reconocía causa legal. Acusada que hubiese sido del delito de infidencia, tocaba solo al competente Tribunal la instrucción del proceso. Pero entonces las leyes de la monarquía y sus formas judiciales no podían proteger á los patriotas que eran parias para los pretorianos españoles. Por esto Bobadilla insultó á Luisa brutalmente. En sus acriminaciones débale á entender que la fidelidad á su marido y la firmeza con que sostenía su opinión, eran todo su delito.[5]  En efecto, fue confinada en el Fuerte San Carlos ubicado en la población del actual estado Vargas: «Por orden de Bobadilla pasó Luisa a una de las últimas piezas de la Factoría, en donde quedó encerrada bajo llave… Al día siguiente la trasladaron  al Parque de Artillería, edificio que hoy sirve de cuartel en la Plaza de la Alameda. Ocupó un estrecho cuarto ventilado sólo por la ventanilla que da a la misma plaza, cerca de la puerta de entrada donde se coloca un centinela.»[6]

Posteriormente fue trasladada a la ciudad de Caracas como prisionera y con un visible deterioró físico, fue ingresada el 22 de marzo de 1816, al Convento de las Hermanas de la Concepción de Caracas, recibida por su Abadesa, que la acogió con gran humanidad cristiana, sin conocer el origen de su presencia y cumpliendo con las ordenes de esas autoridades la alojó en un aposento bajo su sólo cuidado. En cuyo encierro no se le permitieron visitar la Iglesia ni cumplir con los servicios religiosos. Recuperada su salud, la Abadesa le solicitó elaborar un paño bordado para el altar del Convento, lo cual realizó con esmero, durante esos meses de encierro.

El 23 de noviembre de 1816  Arismendi teniendo un importante control sobre la isla de Margarita, conminó a Simón Bolívar a regresar a Venezuela, a través de las costa de esa insularidad, quien se encontraba albergado por el presidente haitiano Alexandre Sabès Pétion. En ese efecto, Bolívar inició la organización de una expedición conocida como la Primera  Expedición de Haití, que partió el 31 de marzo de 1816 del puerto de Los Cayos de San Luis. Incursión organizada bajo el beneplácito del presidente de esa insularidad, Alexandre Sabès Pétion y armada con la ayuda del general haitiano Ignacio Marión, logrando conformar una milicia de ciento cincuenta hombres entre civiles, oficiales y soldados. En ella iban destacados  personajes nacionales y extranjeros compañeros fieles de  los ideales de Bolívar, entre otros: Santiago Mariño, Manuel Piar, Juan Bautista Bideau, Carlo Luigi Castelli, Carlos Soublette, Henri Louis Ducoudray Holstein, Gregor MacGregor, Francisco Antonio Zea, Pedro León Torres, Renato Beluche, Ambrosio Plaza, Pedro Briceño Méndez, Pedro María Freites, Bartolomé Salom, Manuel Valdés, Diego Ibarra, Juan Carlos Chamberlain, Juan Bailío, Carlos Eloy Demarquet. Quedando excluido en ese viaje José Francisco Bermúdez y Mariano Montilla por sus grandes diferencias con el Libertador. Incursión equipada con un buen armamento de más de 6.000 fusiles, municiones, víveres, una imprenta completa, y una importante suma de dinero. Y con la ayuda de Luis Brión organizó una pequeña flota de 7 goletas acompañada de la otra de su amigo Robert Sutherland, “La Fortune.” Viajando el Libertador en la distinguida con su apellido  “Bolívar” al mando del capitán de fragata Renato Beluchi en cuyo trayecto libró un exitoso enfrentamiento naval en contra de los realistas conocido como la “Batalla de Los Frailes”, archipiélago ubicado al este de Margarita, arribando a sus costas por el puerto de Juangriego el 3 de mayo de 1816, siendo recibido por Juan Bautista Arismendi con grandes honores protocolares e instaló su Comando. El desembarque de Bolívar en Margarita intimido a los realistas sitiados por Arismendi en el Castillo Santa Rosa de La Asunción y quienes de manera audaz lo abandonaron y se trasladaron al  otro Castillo de San Carlos de Borromeo.

El siguiente 6 de mayo se celebró en la Iglesia la de villa de Santa Ana del Norte, una Asamblea de Notables Patriotas convocada y presidida por el general Juan Bautista Arismendi, cuyos presentes le ratificaron a Simón Bolívar su  jerarquía como Jefe Supremo de los Ejércitos de Venezuela y de Nueva Granada, quedando designado como segundo al mando el general Santiago Mariño. Siendo ascendidos Juan Bautista al rango de General en Jefe y otros cuatro miembros de su familia en diferentes grados y otros oficiales. En esa misma ocasión nuestros Libertador proclamo la suspensión del decreto de  “Guerra a Muerte” y declaró la libertad de los esclavos. También, anunció, “ el tercer periodo” de la República y autorizó a los pueblos a nombras sus diputados para formar un Congreso con las misma facultades acordadas en la etapa de la Primera República -1810-1812-.

El  24 de mayo de 1816, Bolívar dando marcha a esa nueva “Expedición Libertadora” abandonó la isla de Margarita, dejándola apertrechada con suficiente armamento. Llegando a tierra firme por las costas de Carúpano, logrando vencer a su paso la resistencia realista, continuando hacia Cariaco, donde instaló su Comando, enviando el  1º de julio, a Santiago Mariño a la locación de Güiria, la cual tomó sin mayores problemas; y a Manuel Piar a Maturín que también cumplió su objetivo. Igualmente Bolívar aprovecho la ocasión para contactar a  otros jefes, que combatían en el interior del País, quienes conocida su presencia le ratificaron su conformidad con lo acordado en la Asamblea Popular realizada días antes, el 28 de ese mismo mes de junio, cuando se acordó unirse en un sólo cuerpo castrense todo el componente republicano bajo su única autoridad como su Jefe Supremo de los Ejércitos de Venezuela.

Pero, los realistas lograron recibir notables refuerzos, agrupándose en su Cuartel General de Cumaná, que les permitió marchar con una potente tropa, enfrentando arduamente a Bolívar y su milicia cuya supremacía militar logró vencerlo, al mismo  tiempo el jefe realista Rafael López derrotó en Punche a las tropas de Monagas, Rojas y Cedeño, que se había apresurado a auxiliar a Bolívar, logrando los vencidos retirarse al puerto de Carúpano, con los flancos descubiertos, les negaba la posibilidad de dirigirse al interior del país, cuya única salida era la marítima. Por ello,  Bolívar se dirigió a Ocumare de la Costa por la ruta marina  y luego a  Choroní con el objeto de salvar por esa misma vía  las vidas y los preciados cajones del parque de las armas,  resguardas en ese lugar y al efecto le dio instrucciones al comandante Bartolomé Salom. Oportunidad, cuando se presentó con gran apremio Isidro Alzuru como mensajero de Carlos Soublete, cuya comisión originó gran confusión y un desastre, el cual lo narra perfectamente el historiador Felipe Larrazábal  en La Vida y Correspondencia General del Libertador Simón Bolívar, así: “Isidro Alzuru, á quien había dejado en el poblado para que por su medio le comunicara Soublete lo que ocurriera.  Alzuru por sorpresa, por aturdimiento, ó por traición, (esta se acreditó después) dio al Libertador la falsa nueva de que las tropas españolas estaban entrando en Ocumare, y que las republicanas habían seguido precipitada y perdidamente para Choroní.-  Esta falsa noticia, opuesta en un todo a la que Soublette enviaba á dar, causó en el puerto la mayor alarma y confusión. Muchos hubo, imprudentes, que temerosos de mayor desgracia, se arrojaron al agua para ganar las embarcaciones. Salom y otros oficiales instaban en tanto á Bolívar que se embarcase; urgíanle con mil razones … Su posición tenía en sobresalto á todos sus oficiales. El Libertador se embarcó en el Indio libre con algunos elementos y bagajes. Villaret picó luego los cables y se hizo á la vela, buscando en el mar abierto la seguridad. Cuando Soublette supo el desorden de Ocumare, producido por la noticia de Alzuru, envió al comandante Borrás á desmentirle; más era tarde, pues Villaret, aunque en las aguas de Ocumare, no estaba ya al alcance de la voz humana.”[7]  

Continuando con lo narrado por Larrazábal sobre los resultados de tan funesta situación,  Bolívar totalmente derrotado se dirigió a la isla de Bonaire y tiempo después  arribó a Güiria el 16 de agosto de 1816 siendo recibido fríamente  por Santiago Mariño, que bajo diversos pretextos se oponía a respetar la orden de reunir la tropa y  dirigirse a Maturín  para apoyar  a Piar  y tomar Guayana.  El siguiente 22 de agosto una chusma instigada  por Bermúdez, que había logrado llegar a Güiria antes que Bolívar,  comenzaron a gritar ¡Abajo Bolívar! y ¡Viva Mariño y Bermúdez! Situación que  permitió el desconocimiento de Simón Bolívar por parte de los generales José Francisco Bermúdez y Santiago Mariño quienes en un asonada conspirativa movido por la animosidad del primero y la ambición de poder del segundo, desconocieron su autoridad. Obligándolo al exilio y cuando se dirigía al embarcadero, en medio de ese algarabío, Bermúdez segado por su odio hacia Bolívar en un acto frenético desenvaino su espada para agredirlo, fatalidad frustrada por la intervención del coronel Manuel Isava y el Lic. Gaspar Marcano, que evitaron un horrendo crimen. El Libertador sin detenerse en ese trance superado con gran dignidad y espada en mano, se embarcó en el “Indio Libre” hacia su nuevo destino dándole la espalda a esos infames. Simón Bolívar debió rememorar, que un año atrás  había sido objeto de una situación similar, cuando al arribar a Cumaná procedente de Caracas fue acusado falsamente junto con Santiago Mariño de haberse apropiado de los objetos de valor salvado por él de la apetencias de los secuaces liderados por José Tomas Boves cuando se dirigía a esa Ciudad para arrasarla. Incursión realista, que  había dado origen a la “Emigración de Oriente.” Infamia fraguada por José Félix Ribas y Manuel Piar con el objeto de tomar el mando sobre la Guerra de Independencia, cuyas injurias los obligaron a desterrarse en Cartagena.

Y ésta nueva oportunidad en Güiria se repetía algo similar, un ultraje con nuevos actores y otra escena, pero con un objetivo común “traición por ansias de poder.” Conjuro fraguado en contra del Libertador por el ambicioso Santiago Mariño cuyo interés era sustituirlo en la jefatura de Jefe Supremo del Ejército Patriota y como su segundo al mando su declaro enemigo José Francisco Bermúdez, con lo cual, se finalizaba el origen y propósito de esa conspiración. Dolorosa situación cuyo  gran amigo, Santiago Mariño, lo había desertado ante un revés del destino, que nuevamente lo conducía al destierro abordo el “Indio Libre” con rumbo a la hospitalaria isla Haití donde estaba su gran amigo, el presidente Alexandre Sabès Pétion. El citado Dr. Felipe Larrazábal, concluye ese Capítulo así: Despójese á la historia de la verdad , y no queda más que un recitado insípido é inútil. Acusar á nuestros amigos, alabar á nuestros enemigos, no nos debe dar, pues, inquietud ni mortificación. Desprendámonos de las personas; contémos los hechos.” Y en ocasiones cuando los amigos de Bolívar le recomendaban tomar venganza, respondía “El más noble y honesto género de venganza, era perdonar.” “El desprecio es la más política de venganza; no hay venganza como el olvido. [8]

Después del fracaso de esa Primera Expedición de Haití, procedente del Puerto de  Los Cayos, y lograda por Juan Bautista Arismendi la expulsión definitivamente de los realistas de la Provincia de Margarita, acordó con la gran mayoría de notables oficiales entre ellos: José Antonio Anzoátegui, José Tadeo Monagas, Manuel Antonio Cedeño, Pedro Zaraza, Andrés Rojas y otros del  centro del País, que sólo el genio de Simón Bolívar y su talentoso liderazgo podía unir las fuerzas emancipadoras del colonialismo español, cuya ausencia originada por miserables traiciones y ambiciones de unos pocos, habían sumido al País en una anarquía de caudillismos locales, frustrando el mago objetivo de  lograr instaurar de manera definitiva la República. Por ello, sin dilación debía apoyarse su retorno a Venezuela y a ese efecto, se comenzó con un cruce  de correspondencia entre Arismendi y Bolívar, cuyo llamado motivo su salida el 21 de diciembre de 1816 del puerto de Jacmel de la isla de Haití con la ayuda de su incondicional amigo, el presidente haitiano Alexandre Sabès Pétion, logrando armarse una nueva expedición, debidamente equipa y acompañado de sus leales seguidores, Bolívar abordó la goleta “Diana” propiedad del almirante Felipe Luis Brión Detrox con destino a las  costa de Juangriego, arribando el siguiente 28, cuando fue recibido por el coronel Francisco Esteban Gómez porque Juan Bautista Arismendi lo espera en tierra firme organizando su llegada. Y continuando su avance arribó a Barcelona el 1° de enero de 1817, acogido por Arismendi lo condujo al Cuartel General instalado en el convento de San Francisco, posteriormente conocido como la «Casa Fuerte”, siendo proclamado por un importante contingente de oficiales y tropas allí reunidos.  De seguida Bolívar junto con su  Estado Mayor planificó las estrategias consiguientes.  El escritor y general de brigada Héctor Bencomo Barrios (2022) en El General en Jefe Juan Bautista Arismendi Una Vida al  Servicio de Venezuela, refiere: “El 17 de abril, en  el sitio llamado La Palmita, al sur de Barcelona, el Libertador, junto con los generales Arismendi y Soublette y las unidades del ejército, inicia su movimiento hacia Guayana. Con estas acciones se considera cancelado todo cuanto se había previsto para la campaña sobre Caracas. El Libertador ha tomado esta decisión convencido de las grandes ventajas que le reportaría la liberación de Guayana, para lo cual orienta todo su esfuerzo para el logro de tan atractivo objetivo estratégico.”[9] Y en este mismo sentido el otro escritor Eduardo Blanco en Venezuela Heroica, sobre ese mismo particular refiere: “El pensamiento de Bolívar se había fijado en Guayana; y, al efecto, había comisionado ya, desde el 10 de enero al General Arismendi para someter al dictamen de Piar el plan que se proponía realizar, y entenderse al propio tiempo con los Generales Cedeño, Monagas y Zaraza. Este pensamiento del Libertador fue de vital importancia para el desarrollo de las futuras operaciones militares. Dominar el Orinoco, era dar a la revolución gran incremento; era enlazar las operaciones de Páez, hasta entonces aisladas, con las de los diversos cuerpos republicanos que lidiaban en las llanuras de Caracas y Barcelona, en la provincia de Cumaná y en la misma Guayana.”[10]

 La unión de esos héroes nacionales cumpliendo con su deber patriota, arropados bajo la bandera tricolor de Venezuela,  superaron con gran criterio las desavenencias y traiciones del pasado, lo cual permitió la instauración de la Tercera República, que culminó con el triunfo  obtenido en la Batalla de Carabobo el 24 de junio de  julio de 1821, considerada como la acción más importante de la “Guerra de Independencia.”  Y a pesar de ese triunfo un grupo de oficiales y tropas realistas, se empeñaron en defender lo indefendible dando origen a la «Campaña de Occidente» y la “Batalla del Lago de Maracaibo” en cuya contienda naval resultaron derrotados los españoles por los nacionales,  el 24 de julio de 1823, con lo cual, se le puso fin al capítulo de la “Guerra de Independencia.” Extendida formalmente entre regulaciones pacíficas y violentas por casi treinta y siete años -1810-1846-. Firmándose la Capitulación pertinente en Maracaibo el 3 agosto de 1823 como vencido el mariscal de campo, el español Francisco Tomás Morales y Alonso, autoridad de mayor rango de la  monarquía de Fernando VII en Venezuela, ante el vencedor venezolano, el general de brigada patriota Manuel Antonio Manrique Villegas. En consecuencia los relegados realistas abandonaron definitivamente el territorio nacional, después de haberlo colonizado España por más de trescientos años.

Retomando el destino de nuestra heroína, Luisa Cáceres de Arismendi ante los triunfos obtenidos por su esposo en la Provincia de Margarita, aunados a los avances patriotas en el territorio nacional, el 24 de noviembre de 1816  el brigadier Salvador Moxó ordenó su salida del Convento de las Hermanas de la Concepción de Caracas con destino a la Plaza de La Guaira con el fin de embarcarla con premura a España, para ser enjuiciada por el crimen de “Lesa Majestad.”  Mariano de Briceño, (1885) lo refiere en su citada obra, así: El Mayor pidió la presa. La Abadesa la entregó. Vestía Luisa un modesto traje de zaraza y el sombrero usado que una dama amiga de las monjas consiguiera. Al presentarse en la portería, descubrió la muchedumbre que con ansia y bullicio destemplado la aguardaba. La mujer fuerte ante sus feroces enemigos, sintió vivamente la impresión de aquella escena que ponía en tormento su modestia y su pudor. Su ánimo flaqueó de tal manera, que estuvo á punto de caer desmayada en el umbral. Concentrando, con todo, su energía, se repuso lo bastante para poder tomar con entereza la triste cabalgadura que á paso de tropa guió la escolta hacia el camino de la Guaira. Inclinada la cabeza, encendidas las mejillas, conturbada y trémula, emprendió el largo camino de amarguras que en el día esperaba. (…) La pérdida de la Isla de Margarita, irritando las malas pasiones de Moxó, las había dirijido contra la víctima inocente que estaba en su poder.”[11]

El 24 de noviembre de 1816  María Luisa fue traslada a la Plaza de La Guaira especie de mazmorra subterránea, conocido como “El Infiernito” sitio destinado para encarcelar a los presos políticos,  por no considerar segura la reclusión anterior en el Fuerte San Carlos de esa misma localidad, quedando nuevamente a merced del despotismo de esa soldadesca y confinada en una celda, que por estar ubicada en una cueva no tenía ventilación, cuyos olores emanados de otros cuartos, cuando estaban ocupados, les producían a los reclusos una muerte lenta por asfixia. Al día siguiente sin haber probado bocado, le proporcionaron una asquerosa ración de comida, que no probo. Sin embargo, un vecino de infortunio, el patriota M. Escurra, le prestó algunos útiles de servicios que agradeció y de manera sorprendente recibió un azafate de comida, lo cual le permitió recobrarse.[12] Notas tomadas del libro de Mariano Briceño.

María Luisa Cáceres Díaz de Arismendi o simplemente Luisa de Arismendi durante todo este tiempo estuvo totalmente incomunicada, ignorando las buenas nuevas sobre los triunfos de las fuerzas republicanas comandadas por su marido Juan Bautista en Margarita y el avance indetenible del laurel patriotas por otras regiones del País, Por esos motivos, el brigadier Salvador de Moxó Cuadrado, como se refirió anteriormente, con el fin de alejarla  de la posibilidad de ser liberada, y “…nublado el horizonte de la política del Rey, el triunfo completo de Arismendi en Margarita, por fuerza había de refluir sobre su esposa.”[13] Ordenó el siguiente 3 de diciembre de 1816 enviarla a la ciudad española de Cádiz abordando como prisionera el buque “El Populo” capitaneado por un marinero de apellido Navas, en cuyo trayecto nuestra destacada heroína afrontará nuevas experiencias, donde  LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…


[1] BRICEÑO, Mariano de (1885) Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de ArismendiSegunda edición. Caracas: Imprenta El Monitor. P. 104.

[2] Ibid.

[3] Ibid. P. 109.

[4] TRAVIESO, Carmen Clemente de (2022) Luisa Cáceres de Arismendi. Teresa Carreño. Ensayos biográficos. Primera Edición. Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana.  Pp. 42 y 43.

[5] Ibid. 110.

[6]  Ibid. P. 110

[7]  LARRAZÁBAL, FELIPE. La Vida y Correspondencia General del Libertador Simón Bolívar. New York, USA: Andrés Cassard (1885). Imprenta Eduardo O. Jennis. Tomo I. P. 433.

[8] Ibid. Pp. 433 y ss.

[9] BENCOMO BARRIOS,  Héctor (2022) El General en Jefe Juan Bautista Arismendi Una Vida al  Servicio de Venezuela, Caracas: Prensa e Impresión La Galaxia. Fundación Polar P. 159.

[10] BLANCO, Eduardo. Venezuela Heroica (1881) P. 157. Edición digital producida por Livres. Disponible: www.livres.org.ve

[11] Ibid. P. 125.

[12] Ibid. P. 126.

[13] Ibid. 124.

Un comentario

  1. Interesante y necesario conocer vida,🇻🇪🥁obra y valor, de la Heroína. En perímetro amplio de cárceles no doblegaron espiritu patriota revolucionaria. Hasta entrada triunfal en Puerto de Juangriego, en caravanas de flores con esposo Juan Bautista Arismendi, hasta Villa El Norte. Fue 23 de julio, no recuerdo el año. Luego tuvo muchos hijos. En internet pueden buscar HISTORIA de MARGARITA. Mariano Gracia. Bisnieto radicado en Colombia, en 400 pg. Obra inédita de estados próceres Gloria de Nueva Esparta. Luis Rodríguez Gamero

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