Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

MARÍA LUISA CÁCERES DÍAZ DE ARISMENDI  -IV-

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Prolongando el relato anterior sobre las vivencias de nuestra heroína, doña María Luisa Cáceres Díaz de Arismendi, quien acorde con las instrucciones del brigadier Salvador de Moxó Cuadrado, Gobernador y Capitán General de las Provincias de Venezuela, -1815-1816 (interino) y 1816 -1817 (titular)-, la  embarcaron como prisionera en el Puerto de La Guaira, el 3 de diciembre de 1816 en el buque “El Populo” integrante de una flotilla de navíos, con destino a la ciudad española de Cádiz,  perseguida por unos corsarios, que lograron a distancia de las islas Bermudas, abordarla tomando su control con violencia, quedando en posesión de sus haberes y despojando a sus pasajeros de sus bienes, entre ellos, el brigadier don Manuel Fierro Sotomayor militar y político al servicio de España en Venezuela y la dama, doña Mercedes de Arévalo. El líder de esos aventureros informado sobre la situación de María Luisa, le ofreció sus servicios para llevarla a la isla de Margarita. Pero ella, ante ese desconocido con gran gentiliza rechazó su gracia, escogiendo continuar bajo la responsabilidad del capitán Nava mandante de la Capitanía General de Venezuela. Los asaltantes en un acto benigno, abandonaron la tripulación y sus pasajeros en la isla portuguesa Santa María del archipiélago de las Azores, situada en medio del océano Atlántico.

El brigadier Fierro ante esa eventualidad, dejo constancia en esa insularidad, sobre la meritoria decisión de doña María Luisa Cáceres de Arismendi de continuar a la orden de la Capitanía General de Venezuela, a los fines de beneficiarla ante las autoridades de España. El 3 de  enero de 1817 los capitanes Lorenzo Cattani y Nava, oficiales de la flota asaltadas  junto con el aporte de otros expedicionarios, entre ellos, el acaudalado brigadier Fierro y la señora de Arévalo, lograron fletar un navío que les permitió continuar su viaje a España, llevando consigo a Luisa. La escritora Carmen Clemente (2022) en el ensayo sobre Luisa Cáceres de Arismendi y Teresa Carreño, narra lo siguiente: La navegación fue borrascosa y el inseguro barco estuvo a punto de naufragar, sufriendo Luisa las consiguientes angustias y penalidades durante la travesía. A bordo es informada de que, al llegar a España, será confinada a la Casa de las Viudas o al Hospicio Provincial. Y sabiendo ella que estos establecimientos siempre se mantenían celosamente custodiados por una guardia, se propuso solicitar la reclusión en otro lugar más propicio a la evasión que ya en secreto meditaba.- A los cuarenta y cinco días de haber salido de La Guaira, y a los quince de la escala, arribó a San Lucas la esposa de Arismendi. Siguió por tierra junto con la comitiva hasta el Puerto de Santa María e inmediatamente pasó por mar a Cádiz, a donde llega el día 17 de enero de 1817.”[1]

Una vez arriba María Luisa a la ciudad de Cádiz, el siguiente 18 de enero, fue presentada por  el oficial Navas capitán del barco “El Populo” ante el Capitán General de Andalucía. El escritor, Mariano de Briceño (1885) en Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi, lo refiere así: “El Capitán General, su Secretario y  todo el personal de la oñeina fijaron los  ojos en el marino que comparecía allí  como custodio de una joven de 17 años, deportada por el Gobierno colonial de Venezuela.- / -La nota oficial de la partida de registro dijo el Capitán General á Navas . /  -No se me ha dado. / – Quién la remite? /  -S.E. el Capitán General de Venezuela.  -Porque delito!  -Lo ignoró. /   -Y entonces  cómo á venido a poder de usted esa joven!/  El señor Comandante del puerto de La Guaira dispuso sacarla de la bóvedas / para embarcarla en mi buque. /  – Y no entregó á usted la actuación judicial de su prisión?   – No, Excmo. Señor. /  De aquella escena fué silenciosa espectadora la esposa de Arismendi. /  (…)  Señor-dijo entonces Luisa- Soy la esposa de Arismendi; esto será acaso mi delito.- El capitán General debió pensar que á nadie puede hacerse responsable por acción de otro en que no ha tenido participación de ningún modo: que gobernante no ya de una sociedad bien ordenada, sino sencillamente racionales con buen sentido práctico, no podían, sin cometer un acto bárbaro, castigar en la mujer los delitos del esposo, por enormes que fue sean;  (…)  Usted ésta, pues, en libertad de vivir en cualquier punto de España, confinada. (…)  Entonces, el Capitán General le asigno la pensión de quince duros, imponiéndole la obligación de presentarse mensualmente al Juez de Alzada, á quien debería dar el correspondiente recibo.”[2] Dicho Funcionario prudentemente, para no contravenir a los Agentes de esa colonia ultramarina, sometida nuevamente a la voluntad absoluta de rey Fernando VII, le notificó que en España tenían la condición de desterrada, teniendo la potestad de escoger entre residir en el Hospicio Provincial o en la Casa de las Viudas, oferta rechazada por tener entendido que  ambos lugares estaban albergados por mujeres contrarias a su moralidad y custodiados por soldados. (Vigilancia inconveniente para  fraguar su huida hacia la isla de Margarita, como en efecto sucedió).

Presente en el sitio el capitán Lorenzo Cattani, dándole una solución a ese asunto manifestó, que había realizado diligencias para albergar a doña María Luisa en la casa del médico don José María Morón y su esposa doña Concepción Pepet, quienes convivían con dos hermanas dispuestas a asumir su custodia. Proposición aceptada por el Capitán General de Andalucía, con la condición de constituir una fianza para garantizar su estadía en esa localidad  y  adquirir el compromiso de presentarla ante el juez de alzada cada mes o al ser requerida. 

Cumplido con lo exigido por ese Capitán General, Luisa fue albergada por los Morón-Pepet, cuya renta asignada por la Corona le permitía pagar su alojamiento y subsistencia. En consecuencia, esa joven después de haber sufrido atroces ignominias y expatriada de su tierra natal por un extranjero vil, en esa Ciudad podía  disponer de una vivienda modesta pero limpia y confortable, así como, disfrutar de cierta libertad. A pesar de sufrir las añoranzas por  la lejanía de su esposo y demás seres queridos, confiada en su devota fe religiosa de tener algún día mensajes de sus distantes apegos.

Y, a los efectos, de obtener Luisa mayores ingresos para cubrir sus gastos personales, aprovecho su habilidades en la costura y en cuidar enfermos. En relación con su permanencia en esa ciudad de Cádiz, la citada escritora Carmen Clemente Travieso, (2022) lo revive así: La familia, en cuyo seno se hallaba recluida, pudo pronto apreciar la suave índole de la joven expatriada, y su carácter afable y circunspecto le inspiró una gran estimación, sin que pasaran muchos días antes que fuera ya considerada como una hija de la casa. Le proporcionaron ropa de marinos para que ganara algún dinero, pagándole por cada pieza dos reales de vellón. Luisa terminaba dos por día, cosiendo hasta las ocho de la noche.- El capitán Navas, quien vivía en la isla de León, inmediata a la ciudad de Cádiz, la nombra madrina de un hijo a quien deseaba cristianar, y Luisa acude ante las autoridades a pedir una licencia para poder salir de la ciudad. (Este trivial incidente le fue más tarde de mucha utilidad).- Sus relaciones con la familia Morón se estrechaban cada día más y en la grata intimidad y confianza por ellos brindadas, Luisa les dio a conocer su historia, siendo de este modo como aquellos amigos se impusieron de los tristes antecedentes de su vida, interesándose en su suerte y tomando parte en las penalidades y en las esperanzas de la bella joven expatriada.” [3]

En el curso de esa estancia de sosiego, María Luisa se fue recuperando de las dramáticas vivencias pasadas, interrumpida por un llamado de la Autoridad local, que le informó estar relacionado con el Informe elaborado por el brigadier Fierro, entregado en la isla portuguesa Santa María del archipiélago de las Azores, cuando se produjo el asalto de los referidos corsarios, en cuya referencia, estaba especificada, así:“…la presentaba como una “virtuosa esposa” de uno de los monstruos de la rebelión, que había despreciado la oportunidad de restituirse a su familia para acogerse a la clemencia con que el amor paternal del rey recibía siempre a los vasallos extraviados de ultramar que protestaban de nuevo lealtad.- Tal era el pensamiento del oficioso memorial y el objeto de la citación que llevó a Luisa a la Capitanía General.” [4]

En base a lo anterior,  se le exigió a Luisa manifestar su lealtad al Rey de España y reconocer a su consorte como “traidor”, respondiendo: Soy incapaz de deshonrar á mi marido con la firma que se me pide: su deber es servir a su patria y liberarla: Señor, yo no puedo aconsejar un crimen á Arismendi. Soy su esposa y conozco mi deber.- Estas palabras, de una natural elocuencia, fueron publicadas en la prensa de Cádiz y en la de Londres, aunque muy desfiguradas. El capitán general las refería a sus compañeros observando que ya España no podía contar con las Américas./ -Si una joven- les dijo  en poder de sus enemigos manifiesta tanto dominio y fortaleza, ¿qué no harán sus libres compatriotas? Sus valientes frases causaron una honda impresión en los habitantes de la ciudad, y en ella se fijaron las miradas públicas, por lo que Luisa juzgó acertado no salir a la calle.[5] Publicación beneficiosa que, posteriormente, le permitió obtener la ayuda necesaria, para fraguar su retorno a la isla de Margarita.

María Luisa acogida a su devoción católica y en particular a la advocación marina de la Virgen del Valle, que había salvado la vida a Juan Bautista en el cruento enfrentamiento, librado en el “Mamey” el 25 de enero de 1816, cuando un soldado enemigo le disparo de frente, impactando la bala en la Medalla de esa Virgen, impidiendo su muerte. Ella piadosamente acudía a ese fervor, pidiendo protección para sus afectos con el beneficio de unirse pronto a todos ellos. El escritor margariteño José Joaquín Salazar Franco -Cheguaco- (1991) en El General Juan Bautista Arismendi Historia y Leyendas. Aparte La Medalla de Arismendi, refiere ese milagro así: “…el Gral. Juan Bautista Arismendi dirigiendo en persona una de esas batallas, que le dieron renombre y lo llenaron de gloria en la guerra de Independencia, fue disparado, casi a quemarropa, por un soldado enemigo, en el sitio conocido como «El Mamey, yendo la bala a chocar directamente contra una Medalla de la Virgen el Valle, que el General nunca desamparaba, lo que impidió que le perforaran el cuerpo al General y le ocasionara la muerte.”[6]

Por lo tanto, Luisa no perdía la ilusión de tener noticias sobre su compañero de vida, Juan Bautista y el desenlace de sus ideales patriotas, cuyas vagos conocimientos tenía a través de unos sacerdotes que habían habitado temporalmente en Venezuela, entre ellos Antonio Pérez Velazco, (quien en el tiempo fue designado Arzobispo electo de Caracas) y otros de apellidos Betancourt y Atencio. Suponiendo, que la falta de publicidad sobre esos hechos eran un buen augurio de lo contrario, esa monarquía, le hubiera dado gran divulgación. Arismendi en ese tiempo batallado en Guayana, pensaba rescatar a su esposa con gran determinación.

Entrando el año de 1818 el coronel patriota Francisco Carabaño Aponte quien residía en  Cádiz un día la alcanzo en una de sus caminares por esa Ciudad, manifestándole su intención de comunicarle un mensaje de un caballero de nacionalidad inglesa de apellido Tottem, preso en el castillo de San Sebastián, interesado en ayudarla. Pero, ante lo indebido del sitio para conversar tan reservado tema y con el orden moral de la época, lo invitó a acompañarla a la residencia Morón-Pepet, donde disponía de la privacidad requerida para hablar con gran confianza, cuyas escasas visitas dispensadas por los referidos prelados le eran respetadas por esas nobles personas. Informada sobre las intenciones de ese personaje poseedor de una sólida fortuna, dispuesto a socorrerla en la actual desventura. Luisa, interesa en esa proposición, le manifestó su deseo de conocerlo. Efectivamente, fijada la ocasión en compañía de Francisco lo visitó en ese recinto carcelario, cuya persona le causó una grata impresión, agradeciéndole su noble gesto y cuya oferta debía meditar antes de darle su respuesta, que en caso de ser aceptada, los gastos generados por esa arriesgada aventura, le serían cancelados totalmente  por su marido.

Aceptada por Luisa la ayuda propuesta por  Mr. Tottem,  se comenzó a planificar esa fuga con gran discreción, sin ser rebelada a tercera personas, debiendo buscarse una para vía para eximir a la familia Morón-Pepet, sobre la fianza otorgada a la autoridades locales, por sentirse moralmente obligada a no causarles ningún perjuicio. El día fijado para esa evasión, estaba sujeto a la llegada al puerto de Santa María de una fragata mercante con bandera norte-americana. En el momento oportuno Luisa solicitó a la Capitán General de Andalucía un adelanto del pago de su pensión y una licencia para pasar un mes en la isla de León, concedido todo sin observación. El día anterior a ese ardid, se lo comunicó a esos bienhechores, quienes con gran afecto aprobaron su decisión, agradeciendo todas sus bondades y  les notificó sobre la licencia obtenida, para ausentarse por un mes de esa Ciudad, cuyo lapso cumplido, don José María Morón debían notificar su ausencia a esa Capitanía General, a los fines de eximir  su responsabilidad sobre su evasión y el pago de  la “fianza.

 El 19 de marzo de 1918  doña Luisa Cáceres de Arismendi en compañía de Caraballo, se trasladaron a pie en hora de la noche, portando un pequeño lio, hacia el puerto de Santa María, subiéndose a un bote que la traslado mar afuera, abordando la referida fragata distinguida con un estrellado pabellón. El tiempo de pernota de ese anclaje fueron para Luisa horas de angustias ante el riesgo afrontado. Y, para evitar la suspicacia de los tripulantes de esa nave por la presencia de una joven viajando sola y con poco equipaje, el Capitán les informó que era una maestra familiar retornando a su vida en Filadelfia. Ese oficial la ubico en un camarote cerrando las escotillas con la advertencia de no salir a cubierta hasta nueva orden. Durante la travesía se suscitó un temporal, soportado en la soledad de ese pequeño espacio, cuyo larga  etapa disfruto por sentirse alejada de la tutela de España y próxima a llegar a sus querencias.

El día  3 de mayo del año en curso, Luisa arribó al puerto de Filadelfia, siendo alojada en la casa del Capitán del barco, quien de inmediato salió a notificar el cumplimiento de su misión. Al día siguiente, fue visitada por el corresponsal de Mr. Tottem, quien le brindó un trato cordial y respetuoso, alojándola inicialmente en una honrada posada, cambiándose a otra de su mayor agrado y con la ayuda de una costura mejoró su vestimenta con un concienzudo presupuesto. Tiempo después fue contactada por el coronel patriota Luis Francisco Rieux, quien le entregó una carta de  Juan Bautista y el rosario regalado el día de su boda, a los fines de evitar dudas sobre su misión, cancelando todos los gastos ocasionados en su escape y otros sufragados por Mr. Tottem según con lo convenido. En esa temporada conoció a los familiares del almirante patriota Lino de Clemente, quienes le brindaron un afectuoso apoyo durante su estadía en esa Ciudad. Llegado el día y bajo el acompañamiento del coronel Rieux, se embarcó en dicho Puerto de Filadelfia, con rumbo a la  isla de Margarita haciendo escala en  la isla de San Thomas.

El 26 de julio de 1818 llegó a la costa de Juangriego, superando la sorpresiva bienvenida, preparada por Juan Bautista Arismendi, acompañado de su madre doña Carmen Díaz de Cáceres, intercambiándose amorosos recibimientos. Oportunidad agolpada por una numerosa población  para manifestarle un sincero  afecto y acreditarla como“Máxima Heroína.” Mientras desembarcaba un bote cercano, se recostó a ese navío, abanderado “Jolly” cuyo propietario era el pirata irlandés Edward Seegar, recibiendo Luisa con gran misterio una nota del capitán Lorenzo Cattani, solicitando su ayuda por encontrarse preso en la embarcación de ese filibustero, que  después de robarle su nave y mercancía lo tenía prisionero. Informando a Juan Bautista sobre el mensaje recibido, este con gran autoridad obtuvo la libertad de Cattani y la devolución de los bienes despojados por ese aventurero, siendo acogido en el hogar Arismendi-Cáceres, con gran afecto y gratitud por los favores prestados a María Luisa en su instalación en la ciudad española de Cádiz. Durante el trayecto a su residencia constituido en Santa Ana del Norte Luisa continúo recibiendo a todo lo largo de ese trayecto grandes halagos y en la Iglesia de esa localidad se celebró un Te Deum en acción de gracia. Cortesías extendidas por varios días. Es de hacer notar, que Luisa regresó a su patria a la edad de 18 años, de los cuales vivió 3 años y unos meses más, bajo el signo del infortunio, en cuyos tiempos, se incrementaron sus cualidades, pero también su belleza con el porte de una adolescente de gran personalidad.

La honorable joven matrona, Luisa Cáceres de Arismendi, una vez superada esos homenajes,  se dedicó a sus responsabilidades domésticas, coronando su felicidad con el nacimiento de numerosos hijos, anteriormente reseñados. Y con una prudencia solidaria apoyó a Juan Bautista en todos sus ideales, regocijándose en esa nueva etapa de las mieles familiares y sociales. Pero también, le correspondió afronta las intrigas tejidas en el complicado mundo político por los nuevos agentes de ese devenir histórico, que pretendieron desacreditar a Juan Bautista considerado justamente como un héroe nacional y honorable político, cuya vida había dedicado a engrandecer la patria grande. Infamias desvirtuadas a la postre, cuya situaciones fueron:

La primera  se suscito cuando Francisco Esteban Gómez desempeñándose como gobernador de  la Provincia de Margarita y, Juan Bautista Arismendi, comandando sus Fuerzas Militares, les correspondió  recibir a un conjunto de voluntarios militares, conocidos como “Las Legiones Británicas”, arribados a las costas de Margarita, para incorporarse al ejército patriota en la “Guerra de Independencia.”  Y de acuerdo con las ordenes emitidas por el general en jefe Simón Bolívar, desembarcó en Juangriego el 7 de marzo de 1819, Rafael José Urdaneta siendo recibido por Arismendi y Gómez, que le informaron sobre la precariedad de la Isla, para darles alojamientos y alimentos a ese nutrido grupo de combatientes por estar mermada esa capacidad para suplir esos requerimientos ante los daños sufridos durante el lapso de la emancipación española. Y a ese efecto, Arismendi dirigió un despacho al Secretario de Interior del Gobierno, emitido en Juangriego el  14 de abril de 1819, reproducido en parte por el escritor Héctor Bencomo Barrios  (2022) en  El General en Jefe Juan Bautista Arismendi Una Vida al  Servicio de Venezuela, así: “… agotados, pues, todos los fondos y recursos de esta miserable Isla, no me queda otro arbitro que poner en consideración de U.S. el estado de incapacidad en que me hallo de proveer a la división del señor General Urdaneta de las raciones necesarias para llenar su encargo, si el excelentísimo señor Presidente, con la brevedad que le dicta su celo, no me auxilia con 600 o más reses por ahora. para continuar manteniendo-la expedición y para que lleve provisiones con que poder contar mientras que se provee del territorio que ocupe con sus armas.”[7]

Exigiendo Urdaneta además, disponer de una tropa de 500 hombres armados que bajo el mando del general Francisco Esteban Gómez, sería incorporada una división a la expedición en proyecto, que apoyaría a José Antonio Páez en los combates por venir y otro grupo en paralelo avanzaría para ocupar la costa apoyados por la división británica al mando coronel James T. English, pero bajo la subordinación de Urdaneta. Petitorio autorizado dos día después por Gómez. No obstante, aparentemente la tropa se negaba a abandonar la Isla supuestamente por orden de Arismendi. Atribuyéndose Urdaneta la potestad de apresar a Arismendi y trasladarlo como prisionero el 21 de julio en el bergantín “Bolívar” al puerto de Angostura, acusándolo ante el Congreso de la Republica por insubordinación al contravenir una orden del Libertador. Cargo que él negó bajo confesión, acompañando los documentos utilizados en su defensa. El citado escritor  Héctor Bencomo Barrios (2022) de cuyo libro se han tomado las notas anteriores concluyó: Guiado por el deseo de cumplir la misión lo mejor posible, es probable que Urdaneta se haya excedido en sus atribuciones.”[8] Con la acotación, que Urdaneta había sido enviado por el Libertador a la isla de Margarita para cumplir un objetivo específico, en cuyo caso no se contemplaba  apresar y acusar a un oficial de mayor jerarquía a la suya como fue el caso Arismendi. 

Por ese efecto, el Poder Legislativo, por la petición realizada el 8 de setiembre por el diputado Ramón García Cádiz, acordó: “…consciente como estaba el Congreso de los vicios substanciales que había en el proceso, resuelva su casación, mande archivarlo, y que así con respecto a dicho general como a cuanto pueda comprender ese negocio haya un olvido absoluto y como si no. hubiese existido.”[9] Y el siguiente el 14 setiembre de 1819 por mayoría de voto de ese mismo Cuerpo Legislativo el general en jefe Juan Bautista Arismendi fue designado como Vicepresidente de la Republica en sustitución  de Juan Francisco Antonio Zea Díaz, que días antes había presentado su renuncia.  Y el 22 de diciembre de 1819 Arismendi recibió de Bolívar el nombramiento de Comandante del Ejército de Oriente integrado por las Provincias de Barcelona, Cumaná, Margarita y parte oriental de Caracas.[10]

Y la segunda incidencia, fue cuando concluida la “Guerra de Independencia” después del triunfo de los patriotas en la gloriosa Batalla Carabobo, el 24 de junio de 1821, entró la República en la adecuación de sus leyes e instituciones, patrocinios aprovechado por  el español Antonio Ruiz para recuperar la propiedad de la hacienda “Yaguaraparo», ubicada en la Provincia de Cumaná, confiscada por el libertador Simón Bolívar de acuerdo con un  decreto dictado el 3 de septiembre de 1817 emitido en Guayana sobre el “Secuestro y la Confiscación de los Bienes” -1810-1821-pertenecientes a españoles y el otro referido a “La Repartición de Bienes Secuestrados.” Dicho reclamante por encontrarse ese bien en posesión de Juan Bautista Arismendi lo acusó de haberlo adquirido por manu militari. En consecuencia, exigía su devolución. Omitiendo citar ese accionante la legalidad de tales Decretos y lo refrendado por el Congreso de la República en su sesión del 24 de diciembre de 1819 que había confirmado esa adjudicación a un héroe de la Patria.[11]  Pretensión presentada ante el Poder Ejecutivo, cuyo  Secretario de Guerra y Marina por orden del vicepresidente de ese Poder, Francisco José de Paula Santander opinó: «Esta decisión pertenece a los tribunales de secuestros, que deben aplicar estrictamente la ley.»[12] Demanda declarada por el Poder pertinente como inoficiosa, sin lugar a derecho, quedando desvirtuada la falsa acusación de ese español, que pretendía bajo un falso supuesto violentar el orden legal, perjudicando a  un ilustre personaje del acontecer histórico de la Nación, el general en jefe Juan Bautista Arismendi.[13]

El matrimonio Arismendi-Cáceres superadas tan infortunadas situaciones, que en esencia no alteraron la armonía de ese matrimonio ejemplar, que disfrutaba de una formidable familia, en cuyo refugio María Luisa era su eje, dedicada a la formación de su cuantiosa descendencia como madre y esposa amorosa e incondicional compañera de su pareja, lo apoyó con su notable sensatez. Manteniéndose en contacto con las necesidades de la comunidad margariteña, para asistirla cuando se lo requerían. Población que la apreciaba como una mujer gentil, de gran sensibilidad humana y distinguida como heroína y mártir de las convulsionadas etapas del acontecer nacional.

Sin embargo, el 19 de septiembre de 1819, ese matrimonio decidió fijar su residencia en la ciudad de Caracas, permitiéndose Arismendi ejercer sus actividades políticas de manera más directa. Falleciendo en esa Ciudad el 22 de junio de l841 a los sesenta y nueve años de edad cuya última gestión pública la desempeño representando la Provincia de Margarita como Senador principal en el Congreso de la República de Venezuela con sede en esa Ciudad y cuyos  restos están inhumados en el Panteón Nacional desde el 29 de enero de 1877. Luisa después de su viudez supero discretamente ese pesar arropada por el afecto de su numerosa familia y los más allegados amigos. Murió años después por una fractura de cráneo originada por una caída el 2 de junio de 1866 a los sesenta y siete años de edad.

Por todo ello, la transcendental vida de doña María Luisa Cáceres de Arismendi la han reproducido escritores nacionales y extranjeros, reconociéndola siempre como una mujer poseedoras de cualidades extraordinarias, de distinguidas virtudes y de un loable patriotismo. Vinculada a la tierra natal de su pareja, en cuyo espacio paso la mayor parte de su vida, se casó con un reconocido líder militar, Juan Bautista Arismendi, constituyeron su hogar en ese arraigado terruño y en esa querencia su dicha la completo con el nacimiento de numerosos hijos. Esfera donde también, sufrió las infamias de los enemigos de su cónyuge, que la utilizaron como un instrumento de venganza.

                                        Cuadro al óleo de María Luisa Cáceres de Arismendi.

      Autor: Emilio Jacinto Mauri (1899)

      Ubicación: Salón Elíptico de la Asamblea Nacional de la

                                                     República Bolivariana de Venezuela. Caracas.

Por esos efectos, esa  renombrada “mujer criolla” es enaltecida con mayor preminencia, en la ciudad capital del estado Nueva Esparta, La Asunción, cuya Plaza Mayor conmemorada a nuestro Libertador Simón Bolívar, en un espacio en paralelo con una división imaginaria está una Plaza distinguida a su memoria con una escultura de su imagen. Reconocida además, en la letra del himno estadal como: “Luisa la mártir, la egregia heroína.” Destacando su nombre diversos entes educativos y otras instituciones públicas y privadas e incluso en vías de circulación principal de esa insularidad. El Poder Legislativo del estado de Nueva Esparta instituyó la condecoración en única clase  “Luisa Cáceres de Arismendi.” Ponderada igualmente en otras latitudes de nuestro ámbito nacional. Porque María Luisa Cáceres de Arismendi es una notable representación del orgullo de nuestro nacionalismo, sufrió como mártir las infamias de la Colonial y su heroicidad forma parte de los anales de nuestra Independencia del domino español. Es por ello que, el Ejecutivo Nacional le concedió el mérito de ser la primera mujer encumbrada en el altar de la Patria, el Panteón Nacional, desde el 24 de agosto de 1876 y en tales relatos LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR …


[1] TRAVIESO, Carmen Clemente  (2022) Luisa Cáceres de Arismendi. Teresa Carreño. Ensayos biográficos. Primera Edición. Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana.  P. 55

[2] BRICEÑO, Mariano de (1885) Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi. Segunda edición. Caracas: Imprenta El Monitor Pp. 164 y 165.

[3] Ibid. TRAVIESO, Carmen Clemente  (2022) Pp. 59 y 60

[4] Ibid. P. 59

[5] Ibid.Pp.59 y 60.

[6] SALAZAR FRANCO José Joaquín -Cheguaco- (1991) El General Juan Bautista Arismendi Historia y Leyendas. Tacarigua de Margarita: Fondo Editorial Gabriel Bracho Montiel Primera Dedicado A FEDECENE en sus 25° Aniversario Imprenta Oficial del Estado Nueva Esparta. Primera Edición P. 18.

[7] BENCOMO BARRIOS,  Héctor (2022) El General en Jefe Juan Bautista Arismendi Una Vida al  Servicio de Venezuela, Caracas: Prensa e Impresión La Galaxia. Fundación Polar. P. 183.

[8] Ibid. P. 184.

[9] Ibid. P.190

[10] Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar. (1977) Caracas:  Editorial EXLIBRIS. 2ª Edición.  Tomos I-IV.

[11]  Actas del Congreso de Angostura, Pp. 249-250.

[12] Gaceta de la República de  Colombia, Nº 43-1, 11 de agosto de 1822.

[13]Ibid.

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