Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

ASUNCIÓN SILVA

                                               Imagen: Asunción Silva.

                                               Autor: Wilman Guerra (1998)

                                           Ubicación: Museo Nueva Cádiz,

                                                La Asunción, estado Nueva Esparta

Nuestra protagonista, Asunción Silva era nativa de la Ciudad de La Asunción, Provincia de Margarita, mujer humilde de quien se desconoce la mayoría de sus particulares, como: nacimiento, edad, padres, pajera de vida descendencia y destino, se le atribuía una deficiencia mental y, su oficio  era de “caminanta” por transitar a pie los áridos senderos de los vericuetos de la isla de Margarita, vendiendo su mercancía posiblemente pescado, pan o artesanía. El notable escritor costumbrista margariteño, José Joaquín Salazar Franco, -Cheguaco- (2000) en La Asunción Ciudad Procera. Aparte La Primera Partera de Luisa Cáceres, la refiere así: Que según le oía decir a su mamá Teodora Núñez, quien también había sido «caminanta» como ella, y a otras personas de importancia, que en la poca en que gobernaban los españoles en esta tierra, había un pobre mujer lunática, es decir, que perdía la razón en algunos pasos de luna, y que cuando estaba con esa enfermedad se la daba por recorrer las calles y caminos insultando al Rey y a los que gobernaban, mandándolos al diablo, por lo cual la encalabozaban hasta que le amainara el mal y quedaba como si tal cosa no le hubiera sucedido.”[1]

La “criolla” margariteña Asunción Silva es reconocida por haber explotado su condición mental, para ingresar intermitentemente al Fuerte Santa Rosa de La Eminencia conocido también como Castillo Santa Rosa de La Asunción., cuando le daba “el pronto” de vociferar a viva voz, sin medir palabras, insultos al Rey español, deseándole la muerte al Gobernador y sus aláteres, denunciando su tiranía y la forma arbitraria como trataban al pueblo. Y, con ese mismo ímpetu arengaban y alardeaba a los patriotas insulares, celebrando sus triunfos. Por esa razón, era apresada por la soldadesca realista,  a quienes también los denigraba con expresiones coloquialmente  groseras mientras la llevaban a rastras hasta ese Fortín, encerrándola a empujones en uno de los cuartuchos de esa instalación, cuyo mayor escándalo era el medio de  advertirle a los otros prisioneros su llegada, previniéndolos de ser portadora de información y su vez, recoger la de su salida.

Así como, por haber advertido a Luisa Cáceres de Arismendi, en una de las oportunidades de su reclusión en el Castillo  Santa  Rosa, sobre el beneplácito causado a sus guardianes al verla desfallecer en un constante llanto, cuya demostrada fragilidad, complacía a esos contrincantes de su reconocido cónyuge, que buscaban a través de ella obligarlo a aceptar un acuerdo deshonroso a cambio de su liberación. El loado escritor, Dr. Mariano de Briceño (1885), refiere a Asunción Silva de  forma innominada en  su libro Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi, como la humilde mujer que concientizo a esa jovenzuela, sobre su papel histórico por estar casada con un líder patriota. Consecuentemente, Luisa con gran entendimiento cambio totalmente su actitud ante sus carceleros, que la utilizaban como un arma de retaliación en contra de su loado esposo, ocultándoles a partir de ese momento su sentir con una actitud inmutable. Reseña presentada así: “Luisa , destituida absolutamente de consuelo, traspasado el corazón, atormentada con su tenebroso porvenir, derramaba en abundancia lágrimas que habrían ablandado á cualesquiera otros que no hubieran sido sus verdugos. El autor del Genio Cristiano ha observado con mucha exactitud: «que los tigres no se civilizan en la escuela de los hombres: pero los hombres si se convierten, á veces, en salvajes, en la escuela de los tigres.- La cautiva en su espantosa situación dio constantemente al llanto rienda suelta, hasta el día en que vió una mujer de humilde condición, presa en el castillo, que era, con motivo de su lloro, objeto de burla y escarnio para sus perseguidores.- Fué entonces que aquella tierna joven resolvió dominar sus penas con ánimo sereno, por extraordinarios que fuesen los tormentos que le deparase su destino. Desde de este acto supremo de una decidida voluntad, la débil niña cobró la fortaleza de heroína: jamás sus ojos volvieron á derramar lágrimas inútiles, á pesar de los insólitos martirios que continuaron agitando su desgraciada juventud . Al fin de sus penalidades se verán cuando fue que volvió á llorar la esposa del adalid de Margarita. Y no era que vislumbrase el término de sus vicisitudes. Al contrario, la Providencia había dispuesto probar á Luisa hasta el extremo de rebosar su cáliz de amargura. Preparábase nada menos que á ser madre, en  la mazmorra en que debía nacer su primogénito. Preparábase, decimos, no porque en orfandad tan espantosa, podía ella esperar, pensar siquiera, en algún auxilio humano, sino porque disponía su atribulado corazón á recibir la mayor adversidad con fortaleza [2]

Y con mayor preponderancia  se menciona la presencia de Asunción Silva por haber estado presente en la escena del parto de María Luisa, cuando el 26 de enero de 1816, encontrándose encarcelada en ese Fortín, fue obligada a acompañarla en ese difícil trance.

En esa ocasión Asunción en una de sus reclusiones en esa Fortaleza, sin mayor explicación la sacaron de su celda para asistir a esa otra cautiva, tendida en un catre  sufriendo las dolencias de su próximo alumbramiento, limitándose a confortarla por ignorar cómo mitigar esos malestares. Transcurridos unos días, observando como esa joven se consumía y la criatura no daba señales de nacer, dentro de su incultura, le solicitó al soldado custodio del lúgubre calabozo, le diera parte del aguardiente de su ración, para calentarle el cuerpo de esa parturienta, permitiendo el 26 de enero de 1816, el nacimiento de una criatura muerta, infausta noticia trasmitida a esa madre, cuyas lagrimas bañaban el cuerpo inerte de esa pequeña, acobijaba en sus brazos de manera amorosa, vistiéndola  con la ropita y la mantilla elaborada con las sobras del mismo material de los sacos, elaborados por ella donde se contenía la cargar de los explosivos utilizados, para repeler a su padre. Asunción enmudecida ante el llanto de esa madre sus palabras de consuelo sonaban vacías en ese lugre lugar, al cual la obligaron a abandonar de inmediato. Entendiendo Luisa con mayor criterio, que los hostiles contrarios a los ideales de su marido, la habían utilizado como un simple centro de venganza, negándole el derecho de darle vida a esa inocente criatura. Porque dicho cautiverio, le habían negado ese derecho.

Sobre ese nefasto acontecimiento, Carmen Clemente Travieso, de (2022) en su ensayo biográfico sobre Luisa Cáceres de Arismendi. Teresa Carreño, señala: “Luisa pasa tres días de angustia solitaria en esos críticos momentos en que toda mujer necesita la ayuda y compañía de otra mujer. Su natural recato la hizo guardar silencio, pero notando el cabo que no tomaba los alimentos, avisa al oficial de guardia y este dispone que otra señora, también prisionera, pase al calabozo de Luisa a prestarle los auxilios necesarios. La mujer designada para asistirla encuentra a Luisa agotada de tanto sufrir.- La lluvia de esos días mantenía el cuarto que le servía de prisión completamente empozado, y la buena mujer se da a la tarea de secarlo para poder acercarse a la enferma. Pide un poco de licor y se lo da a Luisa para hacerla entrar en calor y reanimar las fuerzas perdidas.- El día 26 -y bajo la reacción del vino tomado -da a luz una niña que nace muerta por asfixia.- (…) La mujer que la acompaña regresa a su calabozo, dejándola sola con el cadáver de su hija..”[3]

El denotado escritor, Mariano de Briceño en su antedicha obra señala sobre ese desdichado asunto, relata: “Notando el proveedor que la joven presa no tomaba ninguna especie de alimento y que al mismo tiempo padecía, penetró al cuarto día la novedad que le aquejaba. Dió parte de la ocurrencia al oficial de guardia, y entonces se dispuso que una señora, encerrada en otro calabozo del Castillo, pasase al de Luisa á prestarle los auxilios necesarios.- La asistenta improvisada, desde luego creyó llegado su último momento. Ignorando lo que ocurría, no pudo siquiera sospechar el destino que la autoridad daba à su persona en la emergencia. Todo preso entonces sindicado de patriota, al verse removido del lugar en que se hallaba, debía creer que un banquillo le esperaba; así es que la asistenta llegó, llena de espanto, al calabozo en que se necesitaban los auxilios . Halló á Luisa sufriendo resignadamente sus dolores. Llovía á la sazón, y el agua que corría por el suelo de la pieza, había convertido en pantano la humedad ordinaria del recinto. A la enfermera le ocurrió pedir un poco de vino para reanimar las fuerzas de la paciente, ya agotadas . Se trajo, tomólo ésta, y en la reacción que le produjo, salió de su cuidado el 26.- La criatura nació casi asfixiada. La asistenta requirió inmediatamente la intervención del oficial de guardia para que fuese bautizada. Quizo la casualidad que el bautizante fuese el mismo que pretendiese imponer á la madre el nombre que debía llevar su hijo. Sin recordar probablemente semejante circunstancia, preguntó: Que nombre se le pone -Juan Bautista, respondió la madre, creyendo varón su primogénito.- Era una niña y estaba muerta..- La asistenta volvió inmediatamente á su respectivo calabozo”[4]

Y el renombrado José Joaquín Salazar Franco, -Cheguaco- (2000) en su citado libro, cuando alude la presencia de Asunción Silva en el infausto nacimiento de la primogénita del matrimonio Arismendi-Cáceres, le reconoce el mérito de haberle salvado la vida a la madre más no a la hija, cuya responsabilidad afrontó sin conocer el oficio de comadrona y sobre ese ambiente indica: “En una ocasión en que la tenían metida en el Castillo Santa Rosa, por lo ya dicho (y donde al final muere la  desdichada), la sacaron de su celda para que sirviera de partera a Doña Luisa Cáceres, mujer del caudillo Arismendi, a quien también tenían presa, y que sin nunca haber ejecutado el arte de partera, ni conocer nada de esos menesteres, llevó a cabo su misión, salvando a la Doña, aunque no a la criatura, de quien se dijo que había nacido muerta o que la habían matado los gorrúos.[5]

Las controversias sobre el nacimiento de esa chiquilla, afirmada por algunos escritores que nació sin vida y, otros haber sido asesinada por los soldados del Castillo Santa Rosa, tales debates se reseñaron en una de las entregas anteriores sobre las memorias de nuestra adalid, doña Luisa Cáceres de Arismendi. La intervención de Asunción Silva en ese infortunado alumbramiento se convirtió desde entonces en una paradoja de burla en contra de los enemigos del pueblo, que en forma coloquial la divulgaron de generación en generación, recalcada precisada por el reconocido escritor, José Joaquín Salazar Franco -Cheguaco- (2000) en La Asunción Ciudad Proceras, como sigue: “Y desde aquel entonces, cuando la gente se enteró del acontecimiento, empezaron a decir, como para burlarse de los malvados y sentenciar su derrota: Cuando el parto ta’ derecho, hasta Asunción Silva». A este dicho  muchos lo han interpretado indistintamente, pero no sería un pecado considerar esta versión de la vieja «Chica» Franco, cuando menos, de prudente aceptación.[6]

Por ese efecto, Asunción Silva no solamente puede referirse como la mujer que asistió en trabajo de parto a nuestra encumbrada, Luisa Cáceres de Arismendi.  Así como, por haberla advertido sobre la procaz burla de la soldadesca republicana ante los sufrimientos de su cautiverio. Sino también, porque desde su limitado caminar le alumbró a los compatriotas cautivos del Fortín Santa Rosa un horizonte de esperanzas, como mensajera de las buenas nuevas sobre los avances independentistas, lo cual se deduce de la correspondencia referida por Mariano de Briceño (1885), en su citada obra, así: “El 29 de enero el Brigadier Pardo dirigió al capitán General Moxó esta carta que la Historia ha conservado: La mujer de Arismendi ha dado á luz en su prisión a un nuevo monstruo. Esta y otra señora presa he mandado al Gobernador de Pampatar envíe a la Guaira, donde debe estar sin comunicación. Arismendi, según voz, ha hecho matar á nuestros prisioneros, y en este caso, convendría decapitará a su mujer. También tengo entendido que esta señora escribe á su marido, y éste á aquella, y no conviene éste aquí.” Sigue después dando cuenta de una supuesta deserción de margariteños y de la desocupación del pueblo; y concluye con el siguiente párrafo: “Los enemigos envían continuamente mujeres con niños pequeños á llevar y traer noticias; y como es lastimoso matar á unas y otros , se les echa otra vez,  y esto puede costarnos caro; espero que me diga usted también, si todos los niños, las madres etc., han de morir, o que se ha de hacer con ellos anunciado.”[7]

Asunción Silva aprovechándose de su conducta bipolar era la mensajera perfecta para entrar y salir del Castillo Santa Rosa como bien lo expone, José Joaquín Salazar Franco (2000) así: “Que esta mujer, a quien llamaban Asunción Silva, cuando sobrevino la gran guerra, amparándose en el mal que por tiempo padecía, aparentaba con frecuencia la verdadera enfermedad y en ese trance de simulación, echaba vivas a la revolución y a la patria, y mueras al Gobernador español y a los tiranos, aún a sabiendas que, con ese proceder, se ganaba más rápidamente los maltratos, las malquerencias, los vejámenes y prisiones de los enemigos, lo que poco le importaba con tal de lograr su empleo, que no era otro, sino conseguir que la llevaran al castillo, donde disimuladamente podía enterarse de todo lo que allí acontecía, para venir a informar a los suyos, tan pronto la ponían en libertad.”[8]

Por lo tanto, Asunción Silva si bien comprende un orden subalterno en nuestro acontecer histórico, su modesta contribución, durante la época abordada, genero una microhistoria en los anales de esta insularidad. Indiscutiblemente, estuvo vinculada de forma discreta en ese pasado, cuando previno en una oportunidad a Luisa Cáceres de Arismendi sobre la inconveniente debilidad demostrada ante los enemigos de la Patria, que la desmejoraban como la esposa de uno de sus héroes, al sucumbir ante ellos con sus lágrimas, su encarcelamiento,  exponiéndose ante su pareja y seguidores como una mujer frágil y a su vez, evidenciado la incapacidad de ser rescatada de esa situación, cuya advertencia influenció en el cambio de actitud de esa inteligente mujer que llegó a convertirse en una “Máxima Heroína.” Así como, cuando la acompañó en la fatídica circunstancia del nacimiento de su primogénita, que no logró sobrevivir por el martirio infringido a su madre por los enemigos de la Patria.

Aunado a lo anterior,  Asunción Silva en esa etapa revolucionaria de la emancipación de España también desarrollo una doble misión, actuando a veces, como mensajera y en otras, como informante sobre el acontecer del Castillo Santa Rosa, donde ingresaba de manera itinerante bajo la fachada de una “lunática” que vociferaba insulto en contra de los colonos españoles, se le permitía con ese astuto disimulo entrar y salir de esa Fortaleza sin levantar sospechas. Aceptando ese encierro atroz con el riesgo de ser descubierta, cuya secuela era la tortura y la consiguiente condena a una muerte cruel.

La investigadora y escritora  Mirla Alcibíades en su libro Mujeres e independencia. Venezuela: 1810-1821 sobre la naturaleza especial o condiciones de las mujeres  dedicadas en la época emancipadora de España a realizar en favor de la Republica  labores de espías, informantes o mensajeras, sintetiza: “Entre esas cualidades podemos contar sangre fría, temple; habilidades para obtener la información, saber preguntar sin levantar sospecha; capacidad de observación; tener contacto con las fuerzas opositoras para infiltrarse sin levantar sospechas; cuando menos, un/una cómplice para que llevara la información a las filas. Obviamente, la discreción era fundamental.”[9]

Asunción Silva era una mujer pueblerina de condición servicial, una indigente, sin cultura, cuyo oficio de “caminanta” le había abierto un horizonte en los andares de su insularidad, cuyos rincones atesoraba a todo evento.  Por ese efecto, en favor de esas convicciones consintió ser encarcelada para de cumplir su misión, dándole con su servicio la esperanzas a los compañeros cautivos, en el Fortín Santa Rosa, con las buenas nuevas de los éxitos emancipadores, logrados con el liderazgo del general  Juan Bautista Arismendi y de otros héroes de esta Provincia de Margarita, cuyo triunfal batallar cada día recuperaba las esferas usurpadas por esos indeseables extranjeros, ofreciéndole a sus pares la expectativa de una prona libertad e incorporarse a su familia  y a esa cruzada.

Por ese efecto, mujeres como Asunción Silva contribuyeron en la medida de sus espacios a darle a la isla de Margarita, la distinción de ser considerada como la noble, la heroica, cuyo pueblo unido sin distingo de condición ética, social, sexo o edad en forma mancomunada lograron en la etapa de la Independencia de España, erigirse como la última Provincia que abdicó en 1815,  ante el poderío bélico del rey español Fernando VII. Condición de súbditos aceptada por corta data, por cuanto su estirpe se reveló y, nuevamente en francos combates obtuvieron la emancipación definitiva de su insularidad en 1816, incorporándose plenamente a la “Guerra de Independencia” cuya presencia margariteña se destacó por su intrépido guerrear, favoreciendo con su aporte  la exitosa instauración del imperio de la República, cuyo procedencia nativa era distinguía con nombre de mujer, de una flor o la perla, cuya victoria soportó todo tipo de sacrificio, la entrega fue total, donde LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…


[1] SALAZAR FRANCO, José Joaquín -Cheguaco- (2000) La Asunción Ciudad Procera. Aparte La Primera Partera de Luisa Cáceres. Primera Edición. La Asunción, isla de Margarita: Editores SENECA, Alcaldía de Arismendi. FEDECENE Fondo Editorial Gabriel Bracho Montiel. P. 55.

[2] BRICEÑO, Mariano de (1885) Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi. Segunda edición. Caracas: Imprenta El Monitor. Pp. 98

[3] TRAVIESO, Carmen Clemente de (2022) Luisa Cáceres de Arismendi. Teresa Carreño. Ensayos Biográficos. Primera Edición. Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana.  Pp. 38 y 39.

[4] Ibid. P.  101.

[5] Ibid. P. 55.

[6] Ibid. Pp. 56.

[7] BRICEÑO, Mariano de (1885) Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi. Segunda edición. Caracas: Imprenta El Monitor. Pp. 101y 102.

[8] Ibid. P. 55.

[9] ALCIBÍADES, Mirla (2021) Mujeres e independencia. VENEZUELA: 1810-1821. Colección Bicentenaria Carabobo. Caracas, Venezuela: Comisión Presidencial Bicentenaria de La Batalla y La Victoria de Carabobo. Preprensa e Impresión: Fundación Imprenta de la Cultura. P. 110.

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