Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

MARÍA CONCEPCIÓN MARIÑO-CARIGE DE SANDA

                        Imagen: Concepción Mariño.                                        

                               Autor: Francisco Marcano (2009)

                                Ubicación: Museo Nueva Cádiz,

                                    La Asunción, estado Nueva Esparta.

Siguiendo con el curso de  las vivencias de María Concepción Mariño-Carige de Sanda, usualmente distinguida como Concepción Mariño, sobre las experiencias revolucionarias vividas junto a su  hermano Santiago durante la “Gesta Independentista de España,” con mayor presencia cuando él con sus compañeros arribaron a su hato-hogar de “Chacachacare” en julio de 1812, huyendo de las persecuciones del general  Domingo Monteverde firmante con el general  Francisco de Miranda  la “Capitulación del Ejército Republicano” el 25 de julio de 1812. Y como, se refirió en la entrega anterior, esos emigrados fueron acogidos por Concepción con la venia de instalar en sus predios un clandestino Cuartel General donde se planificó la “Expedición de Oriente”, para recuperar el territorio perdido por esa capitulación.

Incursión patriota que logró victoriosamente ocupar las provincias de Cumana el 3 de agosto de 1813 y la de Barcelona el siguiente 19, la cual aunada a la culminación de la Campaña de Admirable con la entrada triunfal de Simón Bolívar a la cabeza de su ejército en  Caracas el  6 de agosto de ese año, se le dio inicio a la Segunda República conocido como el periodo histórico transcurrido entre 1813 y 1814. Decadencia  ubicada con la derrota sufrida por los patriotas en la batalla de La Puerta el 15 de junio de 1814, originándose la “Emigración de Oriente el 6 de julio de 1814, sumado al triunfo de los realistas, el 5 de diciembre de 1814, en la batalla de Úrica y el siguiente 11 en la Quinta Batalla de Maturín, dándole fin a esa etapa histórica.

En ese nuevo ciclo de infortunio, Santiago Mariño y Simón Bolívar nuevamente sufrieron el camino del destierro del País, en esta oportunidad, compartiendo falsas imputaciones, fueron proscritos por compañeros militares, arribando a Cartagena de Indias el 25 de setiembre de 1814, dirigiéndose posteriormente a  la isla de Jamaica y finalmente a  la isla de Haití, siendo acogidos por su presidente Alexandre Sabès Pétion, quien los apoyó y les procuró lo apropiado  para recuperar lo despojado en ese revés.  

Por lo tanto, el 31 de marzo de  1816 se produjo la primera expedición desde Haití hacia Venezuela, partiendo desde el puerto de  los Callos de San Luis llegaron  el 3 de mayo a las costas de Juangriego de la Provincia de Margarita y el siguiente  6 de mayo de ese año de 1816 se celebró una Asamblea de Notables en la Iglesia de Santa Ana del Norte, quedando reconocido el Libertador como Jefe Supremo de la República y de sus Ejércitos y al general Mariño como segundo al mando. Hechos narrados con mayores detalles en las entregas preliminares.

Y continuando con la secuela de las  vivencias de nuestra protagonista, doña María Concepción Mariño de Sanda, siempre pendiente de las situaciones de Santiago, inmerso en sus campañas por el oriente del País al frente de su ejército, entre triunfos y derrotas, encontrándose replegado en la ciudad de Maturín, en el mes de setiembre de 1917, cuando enfermo a instancia de su hermana fue trasladado de inmediato al hato de “Chacachacare”, recibido con afectuosas atenciones logró su pronta recuperación. Concepción y Santiago, por su estrecha familiaridad y camarería, en esa ocasión debieron compartir desvelos, experiencias y, ella con su ingenio femenino debió advertirlo sobre intrigas y desavenencias, que no faltaban en ese componente.

Santiago Mariño asimismo en el mes de enero de 1820 nuevamente se quebrantó de salud en Angostura pasando a  Güiria, resultando lógico que su intención era recuperarse en el hogar familiar de Chacachacare, querencia acogida con gran beneplácito por su hermana, debiendo en esa oportunidad, aprovechar para afinar detalles sobre las necesidades requeridas por el Ejercito Patriota en este nuevo período y la capacidad de ella para cubrirlas. Por esa razón, Concepción de inmediato, reanudo sus  viajes por las islas vecinas visitando a sus proveedores de armas cuyas compras y despachos estaban coordinados con los itinerarios de sus barcos. Y, en caso necesario, previno la logística para ocultar tan valioso material en “Chacachacare. En cuyo Plan no se permitían errores.

Ante ello, los isleños de Chacachacare y Trinidad se volvieron a acostumbrar a verla viajar frecuentemente. Era extraña la semana que no salía hacía Trinidad o Jamaica alguna veces acompañada de sus amigas Antonieta Clarige y Henrrieta Celeste, con la justificación de visitar otras damas distinguidas de esa sociedad inglesa, para compartir cotilleo social. Y en otras ocasiones, el pretexto era realizar compras de vestuario para sus hijos, esposo o propias o suministros para su hogar o  adquirir vestimenta para sus servidores. Subterfugios válidos, para camuflar ese contrabando en los bultos de esas complacencias.

Justificados viajes, realizados por Concepción con tanto aplomo y frivolidad, que dejó de intrigar a las autoridades españolas como inglesas, pero ella sin confiar en esa silencio mantuvo discreción, por cuanto un error acarrearía perjuicios impredecibles. Y, en otras ocasiones realizaba esas travesías con ese mismo propósito, pero en la sola compañía de uno de sus más fieles esclavos, Salvador quien era el mejor capitán para ese tipo de incursiones marinas. Concepción en todas esas misiones dejaba a sus hijos al cuidado de su fiel esclava Martina, con instrucciones precisas ante cualquier eventualidad. Regresos celebrados con las algarabías de sus hijos, complacidos con juguetes, ropas y chucherías y, Martina alagada con hermosas indumentarias, por cuanto para ella era una hija más.

En este nuevo periodo  la familia Mariño-Sanda, como se indicó, nuevamente respondiendo al llamado de la Patria, aportando lo requerido para librar combate en la Batalla de la sabana de Carabobo, triunfante el 24 de junio de 1821, lográndose en definitiva la liberación de Caracas el día 29 de junio y la instauración de la República de Venezuela. Desafíos posteriores presentados por los relistas en la «Campaña de Occidente” y  en  la posterior “Batalla del Lago de Maracaibo, conllevo por su derrota a la firma de la Capitulación correspondiente en Maracaibo el 3 agosto de 1823 entre el vencido, el mariscal de campo español, Francisco Tomás Morales y Alonso, autoridad de mayor rango de la  monarquía de Fernando VII en Venezuela y, el vencedor, el general de brigada venezolano, Manuel Antonio Manrique Villegas. Abandonando definitivamente esos monárquicos el territorio nacional con la inclusión de los rebeldes apostados en Puerto Cabello. Eventos reseñados en data anterior.  

María Concepción Mariño de Sanda fue el producto de la crianza inculcada por sus ancestro por parte de su madre, heredo la génesis aguerrido de su estirpe irlandesa y de su padre sus ideas republicanas, quienes además, les infundieron un sentido de pertenencia y querencia por su insularidad natal, la isla de Margarita. Carmen Clemente Travieso (2022) reconocida periodista pionera del feminismo en este país en su libro Mujeres de la Independencia (Seis Biografías de Mujeres Venezolanas) señala lo siguiente: “Se notaba en ellos la influencia en lo irlandés y en lo español. La rebeldía les venía desde lejos. Eran enemigos de las tiranías y autocracias de cualquier género; y por la influencia social y política inglesas eran partidarios de instituciones liberales. Por ello no es extraño que en su casa tuvieran cabida todos los que se rebelaban contra la tiranía opresora de las autoridades españolas. Ni tampoco que sintiéndose más venezolanos que ingleses, pusieran sus bienes y arriesgaran sus vidas al servicio de la libertad de su patria.[1]

Mirla Alcibíades, (2021) notable investigadora y especialista en la cultura del XIX  en su obra Mujeres e independencia. Venezuela: 1810-1821 de manera magnífica clasificó las  actividades de esas féminas, durante esa etapa, según sus respectivos protagonismos, acorde con lo extraído de los archivos de la Academia Nacional de la Historia y el Archivo General de la Nación.  Indicando en la parte  Preliminar de esa obra, lo siguiente: “Allí pude afinar el objetivo de una búsqueda factible: ¿cuáles fueron los espacios de participación de la mujer durante la guerra de Independencia?[2]

Y en base a ello, colocó a  nuestra  protagonista, María Concepción Mariño-Carige de Sanda, en el renglón de “Anfitriona” por haber albergado en  su hato de Chacachacare a su hermano Santiago y a sus cuarenta y cinco acompañantes, acogida referida anteriormente, que permitió idear la Expedición de Oriente” con la suscrición previa del Acta de Chacachacare, el 11 de enero de 1813,  en la cual se fijaron sus parámetros ideológicos. Y ella por esos auspicio fue reconocida como “La Magnánima Señora.” Calificación de “Anfitriona” apreciada por esa autora así: “En otra casa, la habitación familiar de la hermana de uno de los líderes del movimiento emancipador en el oriente del territorio, se realizaron reuniones orientadas por ideas de libertad. Ciertamente, Caracciolo Parra Pérez nos ha hablado de los encuentros organizados por Concepción Mariño -esposa de don José María Sanda- en su hogar. Era dueña de haciendas tanto en el islote de Chacachacare como en la costa venezolana. De ella se sabe que puso su casa a disposición de los renombrados cuarenta y cinco hombres que salen del islote a hacer república. En una de esas habitaciones se redactó el famoso juramento que no pudo esquivar nombrarla, sin duda debido al desempeño protagónico que tuvo esta patriota declarada. Decía así el citado manifiesto, conocido como Acta de Chacachacare[3]

Pero la referida Mirla Alcibíades, (2021) además de titular a Concepción Mariño como “Anfitriona”, a nuestro entender, también le correspondía ser reconocida como “Activista” y  “Proveedora” durante ese movimiento histórico. Porque, no sólo fue “dueña  magnánima.”  Igualmente, como “Activista”  se involucró en la “Expedición de Oriente” y en la reunión previa a esa partida, celebrada el 11 de enero de 1813 textualizada en el “Acta de Chacachacare” cuya presencia fue distinguida como “La Magnánima Señora”, que tomando en cuenta su  nivel de ilustración, resulta factible su mediación en la redacción de ese famosa “Acta. Y, en la víspera del desplazamiento de esos guerreros a Güiria  los agasajó  con una parrilla a lo venezolano, oportunidad, atendiéndolos como anfitriona y  como “Activista” al compartir sus inquietudes e incertidumbre, los motivó con ahincó republicanos, exaltando sus virtudes como combatientes de una  noble causa, vaticinándoles el cometido de esa “Expedición” como en efecto sucedió, la recuperación de las provincias de Cumaná y Barcelona.

Y, doña Concepción Marrillo de Sanda con la ponderación de “Proveedora” se corresponde con su aporte en la dotación bélica y el transporte de oficiales y la soldadesca desde Chacachacare hasta Güiria para sortear ese espacio marino en naves de su propiedad, que permitió el inicio de dicha “Expedición”.  Asimismo, en el año de 1821 como “Proveedora” suministró armamentos y demás implementos requeridos en la famosa Batalla de la Sabana de Carabobo -24 de junio de 1821- a instancias de su hermano, en función de Jefe del Estado Mayor y del general en jefe Simón Bolívar como presidente de la República. Obligaciones asumidas con gran exactitud.

Imagen: La victoria patriota en la Batalla de Carabobo.

Autor: Obra Iván Chariston  Belsky S/F.

Ubicación: Desconocida.

También como “Proveedora” colaboro con el suministró del material requerido para elaborar los uniformes utilizados por ese Ejercito Libertador en esa Batalla de Carabobo, permitiéndose las “Costureras” contar con lo precisado en los talleres, conformados por mujeres sin distingo de clase social o económica, que cortaban y cosían con premura los atuendos de esos milicianos, -a veces asesoradas por sastres-, elaborando: chaquetas, casacas, pantalones,  camisas, gorras, birretas, bonetes, medias, banderas y otros. Confecciones distinguidas por los uniformes azules de los oficiales resaltados con  adornos dorados a lo marcial de sus grados e insignias de rango castrense, adheridos a esas vestimentas por las habilidades de las “Bordadoras”que hilvanaba escarapelas, emblemas, charreteras, penachos y otros tipos de vistosas labores, resaltantes en los atavíos de nuestros héroes, permitiendo presentarse con una elegancia marcial ante al enemigo español. De esta narrativa se  tomaron  notas del citado libro de la escritora Mirla Alcibíades (2021) Mujeres e independencia. Venezuela: 1810-1821.[4]

Indiscutiblemente doña María Concepción fue una mujer extraordinaria, una idealista  independentista como su hermano Santiago, con quien compartió riesgos y desafíos. Ella de particular personalidad y recio carácter, se elevó sobre los arcaicos patrones de su época. Colaboró con gran presencia y constancia en  la instauración de la República de Venezuela lograda por el triunfo de nuestros héroes en la famosa Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821.  Sin embargo, ella no demandó reconocimientos ni loas, continúo siendo la gran matrona en su hato-hogar e históricamente “La Magnánima Señora” del Acta de Chacachacare. Acontecer medianamente divulgado en las memorias de nuestros laureles.

Al morir Santiago en la Victoria, actual estado Aragua, el 4 de septiembre de 1854, Concepción todavía seguía viviendo en su hato-hogar cuya fecha  exacta sobre  su muerte hasta el presente es una incógnita, algunos historiadores indican que falleció el mismo año de su hermano y  otros, la colocan en 1864, en todo caso para 1866 ya había fallecido.[5] Querido ser, que marco su porvenir en un proceso histórico, que por compartir sus ideales republicanos lo siguió incondicionalmente en esa convulsionada etapa de emancipación.  

Sobre la vida y destino de Concepción Mariño existen una serie de incógnitas por averiguar, entre otros: Datos sobre sobre las actas de su bautismo, matrimonio y los  nacimientos ciertos de sus hijos -en la entrega anterior hubo una inconsistencia en algunas de esas fechas-. Precisiones sobre su providencia una vez alcanzada la República; su acta de defunción y la de su esposo José María Sanda y lugares de sepulturas; el rumbo de sus hijos Sanda-Mariño y sus respectivas descendencias; la dirección del patrimonio de esa inmensa fortuna, y sobre el despojó de su propiedad privada de “Chacachacare”, ubicada en la jurisdicción de Trinidad del dominio colonial Inglés. En todo caso, ese pequeño islote quedo perdido en las crónicas de Venezuela, a pesar de  haber formado parte de una microhistoria en los anales de un pasado glorioso.

“La Magnánima Señora” la activa e irreductible mujer “criolla” nunca rompió vínculos con su tierra nativa, la isla de Margarita, se mantuvo ligada a esa insularidad como su hermano Santiago, sentido de pertenencia a su terruño, que cada uno de ellos desde sus distintos espacios y responsabilidades le entregaron a la Patria grande parte de su vida, sin medir riesgos ni consecuencias, todo en favor de alcanzar la soberanía. Por ello, dejaron de ser “criollos-españoles” de un colonialismo, para ser reconocido en la soberana República de Venezuela como “ciudadanos venezolanos.”

 Ideales iniciados en Caracas un 19 de abril de 1810 asumidos por la Provincia de Margarita el 4 de mayo. Y, en siguiente devenir, el 5 de julio de 1811 un “Congreso Constituyente” conformado por un representante de Margarita, don Placido Maneiro y ediles de otras  provincias de: Caracas, Cumaná, Barinas, Barcelona, Margarita, Mérida y Trujillo, consagraron la República de Venezuela como una nación libre del dominio de España, que no aceptó la perdida de esa Colonia, dando origen a los enfrentamientos  entre republicanos y patriotas, conocido como  la “Guerra de Independencia” que para algunos historiadores concluyó entre  1810 y 1821 y para otros, entre 1810 y 1846 como bien lo presenta el afamado investigador Dr. Francisco Alfaro Pareja en su artículo El conflicto por la independencia de Venezuela: una historia de paz imperfecta.[6]

Doña María Concepción Mariño-Carige de Sanda fue y sigue siendo una mujer de todos los tiempos su fiel disposición republicana fue la antorcha encendida que ilumino no sólo la “Expedición de Oriente” sino además la crucial “Batalla de Carabobo”, fuego extinguido cuando la Patriase se lo permitió. Por esos efectos, se reclama su derecho de yacer al lado de su bien amado hermano, el general en jefe Santiago Mariño Carige, cuyos restos mortales están en el Altar de la Patria, el Panteón Nacional, desde el 29 de enero de 1777 y la sepultura de Concepción es desconocida, quizás perdida en el fantasmal Chacachacare. Estremecidas épocas donde formó parte del gentilicio de las heroínas de nuestra Tierra de Gracia. En consecuencia, LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…


[1] TRAVIESO, Carmen Clemente (2022) Mujeres de la Independencia (Seis Biografías de Mujeres Venezolanas. Caracas, Venezuela: Colección Bicentenario Carabobo Comisión Presidencial Bicentenaria de la Batalla y la Victoria de Carabobo. Preprensa e impresión: Fundación Imprenta de la Cultura. P. 280

[2] ALCIBÍADES, Mirla (2021) Mujeres e independencia. Venezuela: 1810-1821. Colección Bicentenaria Carabobo. Caracas, Venezuela: Comisión Presidencial Bicentenaria de La Batalla y La Victoria de Carabobo. Preprensa e Impresión: Fundación Imprenta de la Cultura. P. 20.

[3] Ibid. Pp. 37 y 38.

[4] Ibid. Pp. 31 y siguientes

[5] Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar (1997). Caracas, Venezuela: Fundación Polar 2ª Edición.  Tomos I-IV, Editorial EXLIBRIS.

[6] ALFARO PAREJA, Francisco. (2013) El conflicto por la independencia de Venezuela: una historia de paz imperfecta. Revistas Científicas Políticas Revista Politeia, Nº 51, Vol. 36. Instituto de Estudios Políticos, Universidad Central de Venezuela UCV, 2013. Pp. 33-49

              

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