Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

EUSEBIA GONZÁLEZ DE TOVAR

                                    Imagen: Eusebia González de Tovar.

                                               Autor: Wilman Guerra (1998).

                                           Ubicación: Museo Nueva Cádiz.

                                               La Asunción, estado Nueva Esparta.

Eusebia González de Tovar nació en la Villa de Santa Ana del Norte de la Provincia de Margarita, esposa del patriota Francisco Tovar a quien acompaño en sus actividades revolucionarias. Por ello, fueron denunciados ante el temido teniente realista, Antonio Cobián, comandante del Castillo Fuerte Santa Rosa de La Eminencia, ubicado en la Ciudad de La Asunción, bajo cuya  arbitrariedad  estuvo  recluida nuestra heroína nacional María Luisa Cáceres de Arismendi -1815-. Cobián de inmediato, fraguo un ardid para apresar a esa pareja, quienes vivían a las afueras de esa Villa, acompañado de su subalterno de apellido Pardo y de varios soldados, en horas de la noche, recorrieron esa población con gran sigilo por ser una zona plagada de rebeldes. Arribando a las cercanías de ese hogar, le  ordenó a sus incondicionales ocultarse hasta nuevo aviso, llamando a la puerta de la casa fue atendido por Eusebia, saludándola de manera afectuosa, se presentó como el segundo de Simón Bolívar y,  por ser el portador de un mensaje para su esposo, requería su presencia. Eusebia,  adulada por ese embaucador, llamó a su marido a viva voz con gran entusiasmo:  “… levántate Francisco, que Dios nos protege aquí tienes el 2º de Bolívar que nos viene a quitar de encima a estos condenados”[1]

Cobián con gran astucia les informó falsamente sobre el próximo arribo de Simón Bolívar por las costas de Macanao, con una fuerza muy respetable, para combatir al contingente realista y por lo tanto, debían afinar los detalles sobre ese avance. Incautos paisanos halagados por el parlamento de esa visita, develaron información reservada para los involucrados sobre esa presencia. El historiador Francisco Javier Yánes en su libro  Historia de Margarita y Observaciones del general Francisco Esteban Gómez (1948) refiere: “ …llegó, habiendo dejado emboscada su gente a las mediaciones de la casa de Francisco Tovar que estaba en los confines del pueblo, y saludo con mucho cariño a la mujer de éste, le dijo “ciudadana, ¿Ud. se servirá decirme su nombre? Ella contesto Eusebia…”[2] Y en consecuencia, comenzaron los calvarios de esa pareja.

El Comandante Antonio Cobián, una vez logrado su objetivo, llamó a la tropa agazapada en la cercanía de esa vivienda, registrada minuciosamente con gran destrozo y apresando  a esos esposos a empujones y planazos los condujo hasta  la Casa Fuerte de Santa Ana. Reseñados como criminales sin derecho a defensa, fueron sentenciados a su sólo juicio. Convocando al pueblo, para acudir días después a la plaza central, a los fines de presenciar las condenas impuestas a esos enemigos del Rey Fernando VII.

Llegado el día y reunido los lugareños en la Plaza de Santa Ana frente a su Iglesia central, Francisco fue  colocado en un cepo. Y Eusebia semi-vestida con harapos y con un cartelón ubicado en el frente de su cuerpo con la inscripción: “Entusiasta defensora de la Causa de Bolívar” “Enemiga del Rey,” fue amarrada como bestia, con un bozal de dos riendas sujetas a su cabeza pasando por su espalda, la pasearon por esos alrededores, azotándola y empujándola para aligerar su paso con las  puntas de sus  bayonetas, que entre algarabías de pitos y tambores, burlas y rechifladas, los soldados arengaban “Viva el Rey” y “Mueran los Traidores.” Patético espectáculo, ver a una  humilde mujer desfallecida, herida y humillada por la supremacía de sus captores,  indignación sobrellevada por los presentes con la prudencia de un silencio general, voces selladas con la amenaza de correr esa misma suerte, si daban señales de cualquier contrariedad. Entonces sólo procedieron a retirarse a sus casas cerrando puertas y ventanas.

El escenario trágico de nuestra protagonista, la santanense Eusebia González de Tovar la investigadora Mirla Alcibíades, (2021 en su obra Mujeres e independencia. Venezuela: 1810-1821,[3]la ubica como una mujer “Torturada” por la soldadesca española liderada por el despiadado Cobián, que le aplicó una de las torturas contenidas en la Enciclopedia del Horror de ese componente, infringida a los rebeldes patriotas y a todos aquellos que no cumplían fielmente sus propósitos o caprichos. Impuestas con mayor saña a las mujeres, que se deleitaban atormentándolas en lo físico y  contravenirles su pudor.

Y en el caso específico de Eusebia ese desnaturalizado personaje la sentenció a sufrir el procedimiento de aparejarla con  una bestia de carga, exhibiendo su deshonra con una vestimenta que precariamente cubría su cuerpo con harapos e infringiéndole el castigo aplicado a esos animales, que por su testaruda naturaleza eran azotados por sus amos. Torturas física y psíquicas que la convirtieron en un desecho humano. Por ese efecto, la liberaron en 1815 enloquecida  y ella ante la  realidad del descalabro de su vida le puso fin a ese tormento.

En relación con las semblanzas del “santanense”, Monseñor Andrés de  Jesús Márquez Gómez -1917-2005- , cuyos restos mortales reposan, junto a los de su hermano también sacerdote Tomás Márquez Gómez, en la nave lateral izquierda del templo colonial, de Santa Ana del Norte, donde presto por gran tiempo una distinguida misión sacerdotal, granjeándose grandes afectos, definió el gentilicio de sus coterráneos en su obra Árboles, pájaros y niños, así:“La gente de este pueblo, adicta a la causa de la independencia, era incapaz de una traición (…) Nunca un norteño delató al héroe, ni se dejó tentar, en su pobreza, por el alto precio puesto a su cabeza, ni se dejó intimidar con amenazas y castigos para que se apartara del camino de la lealtad prometida al héroe que luchaba por la Libertad.”[4]

La caracterización de la noble identidad del “santanense” presentada por tan ilustre prelado, Andrés Márquez Gómez,  precisa la vergüenza que debieron sentir los esposos Tovar-Gonzales, ante sus vecinos y compañeros de ideales, desacreditados ante su comunidad por haber violados ese código de honor, llevados por la vanidad de ser adulados por un extraño de porte y parlamento distinguido, sin haber acreditado debidamente la posición atribuida, logró embaucarlos. Consecuentemente, la superficialidad de ese engreimiento traicionó la nobleza de su origen y de un ideal. Desliz que dejo al descubierto planes de incursiones emancipadoras y la persecución de sus actores, que procurando su vida debieron ocultarse. Generándose el cambio de algunos planes de una logísticas en curso.

Trance no superado por la humilde Eusebia, que enterada de las secuelas de su ilusa presunción, la arrojaron al precipicio de la demencia, silenciando su vergüenza con una muerte provocada por su única voluntad. Y, por su parte, Francisco Tovar preso en el Castillo San Carlos Borromeo enterado esa fatídica noticia y ante la posibilidad de fuga o de ser objeto de liberación por parte de sus compañeros, fue enviado al Castillo San Felipe o Castillo Libertador, ubicado en Puerto Cabello, Provincia de Venezuela, quien utilizado como sirviente de la Mariana Real Española, logró  escapar y retornar a la isla de Margarita, incorporándose nuevamente a las filas republicanas, cuyos sentimientos de venganza, de justicia y de patria, ante esas infaustas vivencias, como un intrépido guerrero enfrentó la muerte con la frialdad de la indiferencia.

El docente e investigador, Iván Gómez León (2016)en su publicación Heroínas de Santa Ana del Norte. 1810-1817: La Villa de Santa Ana del Norte y sus Heroínas (Isla de Margarita) le da una gran preponderancia dentro del proceso geográfico-militar de la “Guerra de Independencia”, apreciándola como una ubicación de gran beneficio logístico. Catalogándola como: “… nervio focal de nuestras luchas independentistas en ese amplio territorio que, a través del estratégico puerto de Juangriego, la vinculaba con el área del Caribe.”[5]

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Por esa razón, y por otras ventajas, la agraciada Santa Ana del Norte fue escenario de grandes acontecimientos históricos durante esa etapa independentista y dicho escritor ampliando su apreciación sobre esa locación, refiere: “De manera sorprendente, aquel pueblo hundido en su humildad extrema, sólo pendiente de sobrevivir a sus penurias en tierra y a las malcriadeces de la mar, atiende al llamado de la revolución e inicia un proceso mágico de transformación hacia estados superiores de conciencia revolucionaria y en la medida que se organiza, avanza y asume los desafíos del momento, se eleva, se agiganta y alcanza con sus manos el destello solar de su máxima expresión como ejemplo para todos los pueblos del mundo empeñados en lograr su liberación. De nada le valió al demencial colonialista su ensañamiento criminal, sus escalofriantes amenazas, las más horrendas  demostraciones de vil desprecio por la vida…[6]

La Villa de Santa Ana  también fue escogida por los provechos de sus tierras y el gentilicio de los “santanense”, por esos efectos,  Juan Bautista Arismendi, constituyó su hogar en la  hermosa casona de los predios familiares de esa zona, tanto en su primera nupcias contraídas con doña  María del Rosario Irala en 1804 como después de su viudez, en el segundo matrimonio celebrado con doña María Luisa Cáceres en 1814, residencia donde nació su  prolífera descendencia habida en ambos casamientos.

Así como, la seguridad de la locación de Santa Ana, también fue apreciada, para resguardar la preciada imagen de la “Virgen del Valle”,  cuando el coronel español Joaquín Urreiztieta, el 15 de noviembre de 1815 irrumpió violentamente en el Valle del Espíritu Santo para castigar a sus pobladores por haber auxiliado a un grupo de patriotas, arrasando, quemando viviendas y lo encontrado a su paso, mató sin piedad mujeres, hombres e incluso niño. Y, para infringirles un mayor castigo a esos feligreses entro en la Iglesia, con el fin de apoderarse de esa venerada Virgen,  quedando frustrada su intención: “la virtuosa maestra de escuela Doña Luisa Carrasco” la había sacado con antelación y conducido hasta Santa Ana del Norte, donde quedo resguardada por el patriota Francisco Esteban Gómez, permanencia duradera hasta haberse logrado la libertad definitiva de la Provincia de Margarita por el triunfo de los patriotas en la batalla de Matasiete el 31 de julio de 1817 y la partida del general Pablo Morillo el 17 de agosto de 1817, quien jamás volvió a pisar suelo margariteño.

Dicha Villa de Santa Ana de Norte fue y sigue siendo un placido y hermoso lugar distinguido por su hermoso templo y casonas coloniales,  hoy en día capital del municipio Gómez del estado Nueva Esparta, considerada de gran trascendencia en los anales de nuestras memorias histórica. Además, de ser la cuna de figuras notables de la etapa independentista, entre otros: Francisco Esteban Gómez, su esposa Petronila y sus cuñados Policarpo y Andrés de Mata-Romero, en cuya  hermosas casona de esa “Familia Principal” se hospedó el general en jefe Simón Bolívar, cuando acompañado de un grupo de oficiales y amigos, arribo en dos ocasiones a las costas de Juangriego procedentes de la isla de  Haití durante el año de 1816.

Igualmente, Santa Ana del Norte marco un hito en el proceso histórico de nuestra independencia, cuando en la primera Expedición de Haití arribada a las costas de Juangriego el 3 de mayo de 1816 por el componente de militares y civiles liderado por Simón Bolívar. El siguiente 6, se celebró en su Iglesia una “Asamblea de Notables Ciudadanos” presidida por el general Santiago Mariño, que entre otros particulares, se reconoció al Libertador  como Jefe Supremo de la República y del Ejército, quien en consecuencia, declaró el “tercer período” de la República de Venezuela como “una e indivisible.” Ocasión aprovechada por un grupo de mujeres margariteñas, que le entregaron sus joyas a Bolívar para la adquisición de armas y la Cofradía del Santísimo Sacramento de Santa Ana le otorgó a tales efectos un préstamo como muestra de solidaridad con su “Gesta de Independencia.” Y fue precisamente por las bondades de esa locación donde se  instaló el sucesivo 8 de mayo el Cuartel General Patriota.

Y retomando el tema sobre nuestra protagonista Eusebia González de Tovar, el horroroso castigo infringido a esa humilde mujer, como sucedió en otros casos de igual o peor crueldad infringidos  por esas mentes desquiciadas,  durante más de trescientos años de su imposición colonialista, en cuyo transcurso expoliaron sin medidas las riquezas de los suelos marinos de la Región Insular de La Costa de Las Perlas, etapa en la cual pretendieron esclavizar a los autóctonos Guaiquerí, además de haberlos despojarlos de sus tierras e invadido su imaginario ancestral, su taimada sabiduría les permitió superar esos infortunios, logrando permanecer en el tiempo y trasmitirles a sus descendencias el linaje de sus cualidades.

Y, en  cuyo transcurso de ese devenir  en la etapa de la Colonia cuanto el nativo se rebeló  de la tiranía española, reclamando el derecho natural de ser dueños de sus destinos y poseedor de sus espacios, España arremetió en contra de esta Tierra de Gracia, pretendiendo con mayor despotismo acallar las voces del “criollo”, cuyo heroísmo ancestral opacado en el pasado, se activó en ese presente, con el liderazgo de sus coterráneos, entre ellos, Juan Bautista Arismendi, Francisco Esteban Gómez, Santiago Mariño entre otros, cuyos idearios republicanos los condujo a guerrear  infatigablemente en la liberación de su espacio, la Provincia de Margarita, con el lema ¡Vencer o Morir!

En conclusión, dichos usurpadores, durante su presencia en esta Tierra de Gracia, desataron una violencia desmedida en contra de esos insulares, pretendiendo doblegarlos con la supremacía de su terror, el cual,  le era aplicado a las  mujeres con mayor encono. Porque el  imaginario de esas féminas superaba su maldad, cuya génesis forjada ante el desafío de  lidiar con el indómito mar de su entornó y con los caminos dificultosos de sus espacios, su carácter estaba forjado para enfrentar tormentos, cuando debía proteger sus  afectos y su terruño. Gallarda gesta, perfectamente evidenciado en las memorias de esta Región, pero en cuya  narrativa aparecen como una sombra.

Por lo tanto, las mujeres insulares, se incorporaron al llamado de la Patria Chica, uniéndose a sus hombres conformaron un pueblo épico y como amantes de la libertad, ellas, sin distingo de clase étnica, social o económica, se integraron a la Patria Grande, ocupando las  posiciones requeridas. Y, algunas más osadas arropadas bajo la bandera tricolor, cruzaron las fronteras de su mar Caribe integrándose en tierra firme a la “Guerra de Independencia”, que en definitiva instauró la República de Venezuela, en cuyos anales históricos fueron omitidas.

Y,  en la micro historia de la una de las hijas de la “Margarita Heroica”, la “ Margarita  Espartana”, nuestra protagonista, nacida en la Villa de Santa Ana del Norte, Eusebia González de Tovar, en las memorias regionales es una sombra y  en las nacionales una total desconocida, deshonroso silencio de ese pasado glorioso, donde LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…


[1] YANES, Francisco Javier. (1948) Historia de Margarita. y Observaciones del general Francisco Esteban Gómez. Historia y biografía Caracas, Venezuela: Editor Ministerio de Educación Nacional, Dirección de Cultura. Serie azul. Volumen 28. Biblioteca Popular Venezolana. P. 219.

[2] Ibid.

[3] ALCIBÍADES, Mirla (2021) Mujeres e independencia. Venezuela: 1810-1821. Colección Bicentenaria Carabobo. Caracas, Venezuela: Comisión Presidencial Bicentenaria de La Batalla y La Victoria de Carabobo. Preprensa e Impresión: Fundación Imprenta de la Cultura. Pp.214 y 215.

[4] MÁRQUEZ GÓMEZ, Andrés (1979) Árboles, pájaros y niños. Caracas: Editor: Ediciones Paulinas. Primera Edición.

[5]  GÓMEZ LEÓN,  Iván (2016) Heroínas de Santa Ana del Norte.- 1810-1817: La Villa de Santa Ana del Norte y sus Heroínas (Isla de Margarita). Disponible: http://ivanegomezl.blogspot.com.

[6] Ibid.

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