España comenzó a votar este domingo en unas elecciones generales adelantadas a las que llega la derecha como favorita, frente al presidente del gobierno saliente, el socialista Pedro Sánchez, en el poder desde 2018.

Los colegios electorales abrieron a las 09:00 horas (07:00 GMT). Unos 37,5 millones de electores están llamados a renovar por cuatro años a los 350 miembros del Congreso de los Diputados y a elegir a 208 senadores.

Casi 2,5 millones de personas ya votaron por correo, una cifra récord, con muchos españoles de vacaciones en pleno verano.

Los colegios cerrarán a las 20:00 horas (18:00 GMT) y una hora más tarde se publicarán los primeros resultados.

Un giro a la derecha en la cuarta economía de la Unión Europea (UE), tras el de Italia el año pasado, asestaría un nuevo golpe a la izquierda, que ahora solo gobierna en media docena de sus 27 países miembros, a menos de un año de las elecciones del Parlamento del bloque.

Un golpe tanto más simbólico, en el país que desempeña actualmente la presidencia semestral de la UE.

Los analistas y encuestas publicadas hasta el lunes estimaban casi cierta la victoria del Partido Popular (PP) de Alberto Núñez Feijóo. Pero la prohibición de divulgar sondeos en los cinco días anteriores al voto invita a la prudencia.

Sobre todo porque a principios de semana todavía había muchos votantes indecisos (en torno a uno de cada cinco) y porque no está claro si las elevadas temperaturas veraniegas pueden afectar la comparecencia en las urnas.

– Alianza con la ultraderecha –

Pese a todo, «sería una sorpresa muy importante que el PP no sea el partido más votado. Otra cosa es que pueda formar gobierno», dijo a la AFP el politólogo Pedro Riera Sagrera, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid.

Feijóo aspira a alcanzar la cifra mágica de 176 diputados, la mayoría absoluta de los 350 del Congreso de los Diputados. Pero ninguna encuesta le atribuye ese resultado.

Por tanto, tendría que recurrir a una alianza y su único socio potencial es Vox, un partido ultranacionalista y ultraconservador formado en 2013 a partir de una escisión del PP.

Y ahí radica el problema de Feijóo, como se vio en las negociaciones del PP con Vox para establecer pactos en varias regiones arrancadas a la izquierda en las elecciones locales del 28 de mayo.

En esas discusiones, el partido de extrema derecha se negó a ceder en sus posturas más polémicas, como el cuestionamiento de la noción de violencia de género, su rechazo al movimiento LGBT y la negación del cambio climático.

El líder de Vox, Santiago Abascal, ya avisó al PP de que el precio de su apoyo sería entrar en el gobierno de Feijóo, lo que significaría el regreso de la extrema derecha al poder por primera vez desde la dictadura franquista (1939-1975).

-«No es lo óptimo» –

Hasta el final, Feijóo mantuvo vagas sus intenciones respecto a Vox.

«A dos días de votar, un candidato no debe contestar con quién va a pactar. ¿Por qué? Porque no renuncio a tener una mayoría suficiente», dijo en una entrevista publicada el viernes en el diario El Mundo, añadiendo que un gobierno de coalición con Vox «no es lo óptimo».

Sánchez, que convocó elecciones legislativas anticipadas en España tras la derrota de los socialistas en las municipales y regionales del 28 de mayo, hizo de Vox un arma para movilizar al electorado de izquierdas tentado por la abstención.

En el debate del miércoles, afirmó que la llegada al poder del «tándem» formado por el PP y Vox «sería no solamente un retroceso para España», sino también «un serio revés para el proyecto europeo».

Para Sánchez, la única alternativa a esa perspectiva sería la permanencia en el poder de la coalición actual, formada en 2020 entre su partido socialista y la izquierda radical.

Podemos, el socio incómodo de Sánchez durante los últimos tres años, fue absorbido y sustituido este año por Sumar, formación liderada por la ministra de Trabajo, la comunista y muy pragmática Yolanda Díaz.

Aun así, Riera cree que las posibilidades de que la coalición de izquierdas se mantenga en el poder son escasas.

En cambio, ve «un riesgo importante» de un Congreso sin mayoría, que obligaría a una nueva votación dentro de unos meses.

AFP

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